lunes, 15 de abril de 2013


EL FORTÍN

Nº 68 (Marzo-Abril 2013)
SIONISMO Y NACIONALISMO EUROPEO
Una lectura desapasionada de los textos del fundador del sionismo, Teodoro Herzl, nos permite establecer definitivamente ciertos conceptos y evitar cualquier tipo de confusión, tal como se ha venido haciendo hasta la actualidad, respecto del significado de tal movimiento y diferenciarlo con claridad de lo que es en cambio el judaísmo en cuanto religión y concepción del mundo.
El sionismo, más que haber sido históricamente un movimiento propiamente judío, ha sido en cambio no solamente europeo en su origen, sino en cuanto a los principios modernos y laicos que lo informaron como un nacionalismo de fundamentos románticos e idealistas provenientes principalmente del mundo germánico de donde era originario el fundador de tal movimiento. (SIGUE)
por Marcos Ghio
por Julián Ramírez
REPORTES DE LA AGENCIA DE NOTICIAS KALI-YUGA (por Walter Preziosi)
COLABORACIÓN ESPECIAL
O critério decisivo (en portugués)
por Mateuz Azevedo

viernes, 12 de abril de 2013


EN  SIRIA  NACE  UNA  FUERZA  SUPRANACIONAL


  

Un adolescente de 16 años de la ciudad de Ceuta, España abandonó a su familia y se dirigió a Turquía. Desde allí se comunicó telefónicamente con su familia y les dijo que se dirigía a Siria para luchar por la causa de Alá junto con los yihadistas. Esto no es una simple anécdota. Desde hace un tiempo diversos medios de comunicación nos informan acerca de personas  que desde diferentes partes del mundo se dirigen a  Siria para participar en la yihad, es decir, en la guerra santa que allí se desarrolla. Y esto es un hecho de gran importancia y en torno al cual caben algunas reflexiones
     Estamos acostumbrados a que las guerras se libran por territorios,  por motivos geopolíticos, por el petróleo o los recursos naturales, por la “patria” por la democracia, por el  espacio vital o por la “civilización”.
     Pero en la actual guerra de civilizaciones uno de los bandos combatientes lo hace por principios tradicionales, y esos son los combatientes por la causa de Dios contra los defensores del mundo moderno, materialista, economicista, consumista, pervertido y ateo. Todo ello bajo la bandera de la democracia y los sacrosantos derechos humanos.
      El hombre último, es decir el moderno, no puede entender que haya quienes hagan la guerra por una idea trascendente, metafísica y en la actual confrontación, religiosa, aún con las limitaciones que ésta pueda tener.
     El hecho de que hombres de distintos países se reúnan para una lucha común más allá de sus diversos orígenes debe ser motivo de admiración y de reflexión. Esos hombres han encontrado su verdadera Patria. Así lo escribía Julius Evola cuando decía refiriéndose a los que se han despojado de  todo naturalismo: “Nuestra verdadera Patria es la TRADICIÓN”.
     Y no muy lejos de esto estuvo Nietzsche cuando escribió que las guerras religiosas eran las más importantes, porque ello significaba que los pueblos todavía creían en causas superiores.
     Hoy día se han terminado las visiones parciales. Los nacionalismos han finiquitado salvo los que sean portadores de la TRADICIÓN. Frente a un poder mundialista que promete destruir a la humanidad sólo cabe contrastar con un poder opuesto de orden espiritual que domine la Tierra y que reconstruya la idea del Imperio sagrado.
      Cuando en el título nos referimos a una fuerza supranacional la estamos diferenciando substancialmente de lo que es internacional, puesto que esto último tiene relación con acuerdos entre países y de lo que se trata es de acuerdos por encima de las naciones.
     En este sentido el Frente Cristiano Islámico del cual formo parte como católico, brega para que la lucha no sea solamente islámica, sino que se amplíe otras religiones.
    Finalmente confieso que un viejo como el que escribe tiene envidia de ese adolescente de 16 años al que mi referí al comienzo de esta nota..

San Carlos de Bariloche, 9 de abril del 2013.

JULIÁN  RAMÍREZ
    
    

    

lunes, 8 de abril de 2013


TEODORO HERZL Y EL PERIODISMO MUGRIENTO DE LA ARGENTINA


Días pasados en la república Argentina, país caracterizado por tener un periodismo sucio, venal y principalmente impune en cuanto a sus calumnias consuetudinarias vertidas contra las personas que han sido puestas en su mira, en tanto que para ello cuenta además con la pasividad de una justicia complaciente, leímos unos conceptos inverosímiles que pasaremos a comentar. Pero antes de ello queremos decir unas palabras más respecto de tal ‘periodismo’.
A partir del virus democrático, que padecemos desde hace tantos años en manera cada vez más desembozada superando en sus efectos hasta a la imaginación más creativa, se ha ido gestando entre nuestros medios masivos de difusión una especie nueva de periodistas con caracteres que nunca se habían conocido antes. Y en la medida que estamos viviendo en un tipo de sociedad en donde no es el pueblo el que imita a sus gobernantes, sino a la inversa son éstos los que lo hacen con el primero, asumiendo los hábitos y costumbres de sus sectores numéricamente mayoritarios y por supuesto con menor educación, los aludidos ‘comunicadores sociales’ (término que al menos sirve para indicarnos a esta nueva especie sustituta de lo que siempre fue un periodista verdadero), más que formar a las personas elevándolas desde su condición a una dimensión superior, se han convertido en cambio en verdaderos entes masificados preocupados principalmente por brillar y obtener así el tan anhelado rating que los catapulte en la cima de las preferencias colectivas. De este modo esta nueva especie, en tanto abocada a imitar a los sectores más bajos de la sociedad hasta en sus léxicos y en sus errores gramaticales a fin de hacerse populares, lejos de mejorar a las personas sobre las que influyen las terminan empeorando al consolidarlas y acrecentarlas en sus vicios y defectos. Agreguemos además que, tal como dijimos en otras oportunidades, esta era actual ha significado una verdadera subversión en todos los planos, no ahorrando en tal labor deletérea ni siquiera al mismo lenguaje en el que se ha venido efectuando una verdadera obra de demolición, por lo cual palabras que siempre tuvieron un significado positivo y superior, tales como discriminar, reprimir, derecha, autoridad, formalidad, aristocracia, alma, espíritu, etc., hoy por el contrario se han convertido en sinónimo de disvalores así como de cosas que deben ser sin más combatidas como algo muy malo o como supercherías supersticiosas que impiden el progreso y emancipación de los pueblos. De la misma manera que inversamente sucede con otras que siempre fueron reputadas como cosas negativas y que hoy son en cambio exaltadas como bondades y arquetipos beneficiosos, tales como desinhibido, desprejuiciado, informal, transgresor, libertario o aun la palabra izquierda que siempre fue concebida como sinónimo de siniestro y torpe. A esto debe agregarse también un conjunto de términos soeces que anteriormente en cualquier familia bien constituida hubieran significado descalificación y castigo para los niños que los profiriesen, y que hoy en día en cambio, en tanto se imita a lo inferior y adolescente, son utilizadas habitualmente por tales ‘comunicadores’ como un signo distintivo de libertad y emancipación, cuando no de verdadera desfachatez y mal gusto. Y tal anomalía ha debido tener por supuesto a sus promotores cotidianos, que es justamente esta especie pegajosa y letal de los ‘comunicadores sociales’ que son respecto del periodismo verdadero lo que la democracia puede ser respecto de cualquier régimen normal. Se trata de un periodismo especializado en sembrar por doquier todo tipo de confusiones sea respecto de las personas como de las ideas que se sostengan, amparándose  como siempre en la hipócrita libertad de prensa, la que se ha convertido en una verdadera libertad de mentir y desinformar sin que por supuesto la ‘justicia’ democrática, o en vías de serlo cada vez más, levante un solo dedo en su contra en la medida que tal especie, en tanto poseedora muchas veces de un rating descomunal, se ha hecho acreedora de la libertad más absoluta de deformar no sólo la mente de las personas, sino hasta el mismo significado de las palabras que se utilizan.
Calificar al piquetero leninista D’Elía como ‘neonazi’, tal como ha hecho uno de esos especímenes antes mentados, el ‘comunicador’ Lanata, por el mero hecho de haber adherido a un régimen cuyo líder niega la existencia del Holocausto judío, es de una frivolidad sin límite. Amén de que, como bien se ha señalado, dicha postura no es algo asumido por la totalidad del régimen iraní, sino únicamente por quien lo dirige y que tal cosa por lo demás no se la hayamos escuchado decir nunca al aludido piquetero, tal calificación ideológica no resiste el menor análisis. En primer lugar que la mera observación física del carácter notoriamente mestizo del aquí aludido debería sin más llevarnos a la hilaridad respecto del tal dicho. En segundo lugar que son dos cosas sumamente diferentes la negación de un determinado hecho histórico, el pretendido genocidio de 6 millones de judíos, con la adscripción a una ideología que sostiene sea la superioridad de una determinada raza, así como el carácter determinante que en una persona pueda tener la adscripción a un cierto grupo racial, lo cual sin más no tiene nada que ver con el marxismo, concepción política a la que manifiestamente adhiere el aquí acusado, la que en cambio considera a la economía como el factor determinante.  Pero el hecho esencial  de lo formulado por el aludido periodista, quien no por nada ha sido un fanático promotor y sostenedor del sionismo y del Estado de Israel, el cual a su vez no casualmente ha sido un profundo defensor de la democracia en la Argentina, consiste en que su mensaje posee un objetivo de mayor alcance, por supuesto no expresado en forma manifiesta, y es el de estar permanentemente alertando respecto de la peligrosa presencia del antisemitismo (término que hoy se confunde con el nazismo) lo que es aquello que como un verdadero combustible permite la existencia del ente sionista al que ostensiblemente sirve el aludido comunicador.
Dijo al respecto el fundador de tal movimiento: “Comprendo el antisemitismo. Los judíos nos hemos conservado como cuerpo extraño en medio de diferentes naciones. En el ghetto hemos adquirido ciertas cualidades antisociales. Nuestro carácter se ha corrompido… y esto es necesario remediarlo por medio de otra presión. El antisemitismo es la consecuencia de la emancipación de los judíos. … En el fondo no perjudicará a los judíos, sino que se convertirá en un movimiento útil al carácter judaico.” (167-68).  Es decir que, como el judío es un pueblo que nunca se podrá adaptar a vivir en una sociedad que no es la propia, el antisemitismo es entonces un movimiento no solamente comprensible en cuanto a su existencia, sino además necesario para que se decida a tomar la decisión de constituirse en Estado o a emigrar hacia el mismo una vez que se haya gestado como ahora. Por lo tanto para el sionismo, en el caso de que no hubiese más nazis, habría que inventarlos, tal como sucede actualmente con D’Elía.
Y con respecto a que sean no judíos, como el caso del Sr. Lanata, los defensores a ultranza del Estado de Israel dejemos que sea una vez más el aludido Herzl el que nos dé la adecuada respuesta.
“Si Dios quiere que retornemos a nuestra patria histórica, desearíamos, como exponentes de la cultura occidental, llevar la limpieza, el orden y las esclarecidas costumbres del Occidente a aquel rincón del Oriente (es decir Palestina) que actualmente está infestado y abandonado.” (232) (Ver Teodoro Herzl, Páginas escogidas, Editorial Israel, Buenos Aires, 1949). Es decir que el sionismo, más que ser un movimiento propiamente judío, es en el fondo ‘occidental’, del mismo modo que las restantes ideologías que informan tal contexto cultural. En este caso se caracteriza por utilizar el problema judío en función de los fines expansivos del ‘occidente’.*
Moraleja entonces: existe en la Argentina un periodismo sucio y desinformador, pero tal cosa no es un hecho casual, sino que se encuentra perfectamente inducida por poderes que lo utilizan para sus fines propios.

* En el próximo número de El Fortín, a aparecer en estos días, reproduciremos otros importantes textos del autor aquí aludido en donde se muestra la estrecha vinculación existente entre el nacionalismo europeo, principalmente de Bismarck y el Kaiser alemán, y el sionismo en el siglo XIX.

Marcos Ghio
7/04/13

viernes, 5 de abril de 2013


LA  PAZ  DE  FRANCISCO

   
         
   Hemos analizado el reciente mensaje “urbi et orbi” del papa Francisco dado a conocer el domingo de Pascua , en virtud que en él se expresan consideraciones de política internacional que comienzan a señalar los rumbos de su pontificado.
     En el breve mensaje menciona  una docena de veces la palabra “paz” , de manera que indagaremos qué significa “paz” en el lenguaje papal.
     Menciona expresamente a palestinos, israelíes, a Siria, a Irak, a Nigeria y a Malí, lugares todos ellos en los cuales hay guerras que desarrolla el fundamentalismo islámico contra el mundo moderno, y  ¿qué significa pedir la paz en esos lugares?  Ni más ni menos que favorecer las posiciones del mundo moderno, mantener el “statu quo”, desalentar todo ímpetu guerrero y heroico de los luchadores yihadistas, y reemplazar todo ello por una paz  femínea, llorosa y suplicante totalmente contraria al espíritu viril y guerrero de los que pelean en la vía de Dios..
     En su mensaje se preocupa por los rehenes en Nigeria pero nada dice de los presos en Guantánamo y de los aviones “drones” que el asesino Obama usa en varias guerras y que está dispuesto a utilizar en cualquier parte del mundo, incluso en el mismo territorio norteamericano y contra sus propios nacionales llegado el caso.
     Se preocupa por la “inestabilidad” en Malí pero nada dice que se prepara una intervención en Malí de varios países europeos para buscar la estabilidad deseada por Francisco. Así lo leemos en una noticia proveniente de Bruselas del 2-4-13 y que dice: “La misión europea para  formar y dar apoyo a las fuerzas del ejército de Malí  ha arrancado este martes. Tal y como estaba previsto, con el objetivo de contribuir a la ESTABILIZACIÓN del país”.
     Francisco hace referencia a la “amada Siria” y deseándole la paz cuando esto indudablemente favorecería al tirano laico Assad cuyos días están contados, situación que preocupa mucho a Occidente.
     Esta constante referencia a la paz no es solo patrimonio de Francisco sino de todo el mundo moderno y corresponde a su avanzado estado de feminización, a la naturaleza de la mujer y a la constante pérdida en el mundo moderno de los valores viriles, heroicos y guerreros. Por eso y conforme a una filosofía extremo-oriental, el yang, principio masculino se encuentra en retirada frente al yin principio femenino.
     El mundo moderno representa el yin, el espíritu tradicional es el yang. De esa manera los que están por la guerra santa son combatidos por el principio femíneo. La paz a “outrance” contra una virilidad espiritual.
San Carlos de Bariloche, 3 de abril del 2013.
JULIÁN  RAMIREZ

lunes, 1 de abril de 2013


EL PAPA PERONISTA



Indudablemente la elección de Jorge Bergoglio como papa ha causado una gran conmoción mundial y más aun en la República Argentina de donde es originario el aludido. Como han sido muchísimas las cosas que se han dicho, sea a favor como en contra, respecto de su persona trataremos aquí de señalar lo que a nuestro entender es lo principal.
En primer lugar hay que destacar que el sector de la Iglesia contrario a su elección se ha encargado de sembrar el desprestigio hacia su figura propalando por diferentes medios una vasta literatura encargada de poner en evidencia el carácter masón y judaico representado por Bergoglio, cuya presencia en la cúspide de dicha institución según éstos significaría sin más un avance de tales organizaciones para hacerse definitivamente con la misma. Al respecto queremos decir dos palabras. En realidad no creemos en manera alguna que la llegada del argentino al trono de Pedro tenga que ser encarada desde este punto de vista por la sencilla razón de que la Iglesia ya desde hace tiempo y en especial a partir del Concilio Vaticano II ha dejado de ser propiamente católica para aproximarse en cambio a una de las tantas versiones que componen el vasto espectro del protestantismo cristiano. Y esto principalmente a la luz de las sustanciales modificaciones acontecidas a partir del aludido evento, el que, si bien en sus comienzos se perfiló como simplemente pastoral, terminó paulatinamente transformando en manera radical la totalidad del culto dando así cabida a una religión nueva. Fue así como el misterio de la transubstanciación, por el cual el filósofo y pastor protestante Hegel vociferaba en contra del catolicismo considerándolo por tal dogma como una superchería medieval, hoy ha prácticamente desaparecido quedando tan sólo como una palabra vacía de contenido, en modo tal que el rito de la comunión, ceremonia católica esencial, ha pasado a convertirse en una mera rememoración de lo acontecido en la última cena de Jesús dejando así de ser un acto mágico y consagratorio de transformación de un ente físico en el cuerpo real del Dios, perdiéndose de este modo el carácter propiamente sagrado y como perteneciente a una dimensión no propiamente humana que tenía antes la misa. Agreguemos además que tal modificación junto a otras no menos esenciales, como la sustitución de la lengua y la música sacra por expresiones seculares y mundanas, ha tenido que estar acompañada también por otros actos de nivel público que no han hecho más que confirmar tal renuncia esencial por lo cual indudablemente nos hallamos con una religión que no es más la católica que se practicara durante casi dos mil años, sino una de las tantas manifestaciones de la modernidad en sus aspectos pseudoreligiosos y de espiritualidad new age encargadas meramente de la medicinal función de satisfacer y llenar vacíos existenciales. Por lo cual sostener hoy en día que la masonería y el judaísmo en sus elementos seculares hayan podido efectuar maniobra alguna de infiltración con este nuevo nombramiento peca de una ingenuidad absoluta, cuando no de manifiesta mala fe. La Iglesia ya estaba infiltrada y contaminada desde mucho antes de esta elección y el retorno del catolicismo a su carácter originario no sobrevendrá en manera alguna de un cónclave de cardenales, sino solamente a través de una verdadera revolución restauradora que deberá acontecer principalmente a partir de aquellos que, en tanto han percibido los males actuales, han resuelto decididamente apartarse de la Iglesia con la finalidad de tener manos libres para corregir tal anomalía.
Por lo tanto el problema de Bergoglio pasa por un terreno menor al de carácter teológico y religioso, al que se ha querido aludir capciosamente, para ingresar en cambio en el de la política moderna, ámbito en el cual el Vaticano, especialmente en los últimos tiempos, ha tomado un rumbo decidido con la intencionalidad de suplantar su hegemonía espiritual, perdida en forma ya definitiva, por un influjo mayor en el plano de los acontecimientos utilizando para ello el prestigio adquirido milenariamente por tal institución.
Y es aquí en donde a nuestro entender adquiere un cierto relieve tal figura. A tal respecto, en un afiche que colmara las calles de Buenos Aires apareció la foto del nuevo Papa acompañada de una consigna que decía: ‘argentino y peronista’. En realidad queremos decir que el primer dato, a pesar de haber sido aquel en el cual se puso un énfasis mayor, resulta en el fondo irrelevante pues tiene que ver con una circunstancia ocasional en la vida del nuevo pontífice, hijo de inmigrantes italianos que recularon a la Argentina por razones de conveniencia, por lo cual, si bien en la geografía relativa a su lugar de nacimiento su elección puede haber sido diferente de lo habitual, no lo es en cambio en la composición étnica a la que han pertenecido también la mayoría de los papas en toda la historia. Desde este último punto de vista, que es en el fondo el más importante, ha sido más contrastante en su momento la elección de sus dos predecesores, polaco el uno y alemán el otro, quienes pusieron coto a una larga hegemonía italiana en el ejercicio de tal función. Lo significativo y novedoso es en cambio que sea un peronista el que llegue a la misma y en tal aspecto consideramos que esta elección política efectuada por Bergoglio en vida se vincula a la otra relativa a la orden sacerdotal a la que se adscribiera desde los mismos inicios de su vida religiosa, la de los jesuitas, lo cual también ha sido sumamente novedoso en la elección de un pontífice. Jesuitismo y peronismo han tenido históricamente características en el fondo muy comunes. En los dos casos, religioso el uno y político el otro, se ha tratado de corrientes que le han dado una importancia especial y determinante a la realidad histórica subordinando a la misma los principios que se tuviesen. Sea el peronismo como el jesuitismo pusieron como meta propia la acumulación de poder como elemento prioritario en su accionar, no hesitando, en función de ello, en incurrir en las intrigas más dispares. En pocas palabras a ninguno de los dos en el fondo le ha interesado tanto el triunfo o la validez de un principio a través del mantenimiento de una ortodoxia, cuanto que el bando al cual hubiesen adscrito fuese el que finalmente triunfara. En función de esta meta es que la Compañía ha estado siempre a la cabeza de todos los movimientos de adaptación y renovación acontecidos en el seno de la propia religión efectuados con la finalidad de poder encauzar los cambios que acontecen en el mundo hacia el terreno de la Iglesia a fin de que ésta pudiese asumir una función hegemónica en los mismos. Fue tanto el oportunismo y el maquiavelismo históricamente manifestado, acompañado a su vez de un carácter sumamente intrigante que llegaba incluso a la trasgresión de normas morales elementales, que el mismo Vaticano terminó suprimiéndola en el siglo XVIII, para más tarde permitir su retorno aunque con importantes disminuciones en su presencia en el seno de tal institución.
En tal aspecto el peronismo en el fondo ha sido también un jesuitismo pero llevado al terreno político. El apotegma peronista de que ‘la realidad es la única verdad’ contrastante con una postura ortodoxa de dar prioridad en cambio al predicado de tal proposición, ha estado corroborada con la praxis de todos los gobernantes de tal signo que ha tenido la Argentina. Comenzando por Menem quien se hiciera famoso por sus volteretas ideológicas y la asombrosa facilidad con la que podía pasar de un extremo al otro en el campo de las ideas en tanto que, como buen peronista, acompañaba a la realidad, que era la única verdad, en sus cambios sucesivos, hasta llegar a los mismos Kirchner quienes, también sin ruborizarse siquiera, han transitado por los planos más dispares y contrastantes: desde haber sido los defensores del más crudo liberalismo hasta llegar a convertirse en los representantes latinoamericanos del más desembozado populismo izquierdista. Esto último es a su vez lo que se acaba de manifestar ahora cuando, a pesar de que Bergoglio, en sus funciones de cabeza de la Iglesia en la Argentina, fue combatido con vigor hasta el límite de negársele todas las audiencias solicitadas y no estar nunca presentes los Kirchner a ninguna de sus ceremonias religiosas, en señal de rechazo, ahora, luego de su elección papal, la actual presidenta ha asumido en cambio una postura de abierto idilio con su figura llegándose hasta el límite de la desfachatez cuando uno de sus voceros oficiales ha hablado, también sin siquiera ruborizarse, de la necesidad de confiscarlo para sí a fin de poder ganar en las próximas elecciones.
A todo esto habría que agregar también que Bergoglio, siendo sacerdote llano, militó activamente en el peronismo adhiriendo al grupo Guardia de Hierro (que no tiene nada que ver con su homónimo rumano) el cual se destacaba justamente por su carácter jesuítico de sostener una obediencia cadavérica al jefe del propio movimiento en tanto que se consideraba que era de esa forma y no razonando y discrepando en los principios que el mismo iba a poder triunfar*.
Agreguemos finalmente que, desde el punto de vista de la política internacional, la presencia de un jesuita y por lo demás peronista ha al parecer ya producido cambios significativos que pueden llegar a ser aprovechados en un sentido superior. Por ejemplo, Bergoglio, a diferencia de su predecesor, ha manifestado su intención de iniciar un diálogo con el Islam. A pesar de que bien sabemos que lo hará con los sectores modernos de tal religión, ello representa sin lugar a dudas un cambio en el rumbo y un alejamiento respecto de posturas más duras y comprometidas como las asumidas por quien lo precediera. No por casualidad tal medida ha producido en lo inmediato el alejamiento de la Iglesia de una de las principales adquisiciones de Ratzinger, el sionista egipcio converso Magdi Allam, quien ha declarado su ruptura con la misma al percibir que ésta, al pregonar el diálogo, ha renunciado ahora a combatir al Islam, el gran enemigo para él de la humanidad ‘civilizada’. Recordemos que el papa anterior había puesto a tal religión en un plano de total enemistad contrastante con la estrecha cercanía que sostenía en cambio y asiduamente con el sionismo sea judío como cristiano. Y esto había hecho que varios exponentes de tal postura se terminaran convirtiendo al catolicismo, como además del antes aludido, el caso de Tony Blair y por poco el de George Bush. Esto es sin lugar a dudas un reacomodamiento que nos indica muy jesuíticamente que la Iglesia percibe un quiebre en la situación en el ‘mundo libre’ y que es necesario conciliar con el Islam a fin de evitar que triunfe su sector más radical. Pero estamos recién en los comienzos y los tiempos nos darán detalles mayores.

* Luego de haber despotricado hasta el cansancio en contra del cardenal Bergoglio al que se acusaba de complicidad con las torturas y desapariciones del anterior gobierno militar ahora el peronismo de los Kirchner lo ha convertido en una especie de mentor espiritual por un lado y por el otro, aun sin renunciar a tales convicciones, se ha sentido satisfecho con que el mismo haya manifestado que visitará el país luego de las elecciones de octubre y no antes, para no interferir en el resultado. Evento éste al cual tales personas le asignan una descomunal importancia pues, de ser multitudinario el triunfo del gobierno, tal como esperan, ello daría alas al proyecto de reformar la constitución y poder reelegir eternamente a Cristina, tal como sucediera con Chávez en Venezuela.


Marcos Ghio
30/03/13

lunes, 11 de marzo de 2013


DE BOLÍVAR A CHÁVEZ: DE LA TRAGEDIA A LA COMEDIA



Prescindiendo plenamente del impacto emocional que ha causado en el mundo entero el fallecimiento del líder venezolano Hugo Chávez, bosquejaremos aquello que consideramos como lo esencial de su figura.
Chávez se calificó a sí mismo de bolivariano, es decir se consideró un seguidor y un promotor contemporáneo del principal proyecto de Simón Bolívar de querer constituir una gran patria latinoamericana que pudiese convertirse en una potencia importante en el planeta. Tanto lo obsesionó tal figura que, aprovechando su poder, hizo desenterrar su salma con la finalidad expresa de querer demostrar lo que sus seguidores más fanáticos sostenían: que el mismo había sido envenenado por las ‘fuerzas imperialistas’ a fin de coartar su proyecto. Es de destacar al respecto que, a pesar de los minuciosos estudios efectuados utilizando todos los avances de la tecnología moderna, nunca pudo llegar a demostrarse en manera alguna tal hipótesis, por lo cual, para encubrir el fracaso, se derivó la atención hacia el develamiento de la fisonomía real del ‘prócer’ la que sí en cambio se pudo determinar por tales procedimientos. Pero hubo otro descubrimiento complementario que fuera soslayado para la opinión pública, aunque trascendiera en un primer momento causando un verdadero estado de sorpresa y conmoción. Se pudo saber así que la salma bolivariana se encontraba envuelta en una bandera británica, país este último que es preciso reconocer que gozó de grandes simpatías por parte sea de Bolívar como de su predecesor Miranda. Es de recordar al respecto que ambos hicieron hasta lo imposible por granjearse la simpatía del imperio de Albión para llevar a cabo sus proyectos ‘libertadores’. Se conserva al respecto una famosa esquela de Bolívar en la cual le proponía a su majestad la reina el establecimiento de una colonia en Centroamérica, la que posteriormente fuera Honduras británica, a fin de poder garantizar mejor la práctica del librecomercio en tal nuevo mundo ‘liberado’. Y este fenómeno, que entre otras cosas contara con los ponderados aportes de la masonería, fue un hecho muy generalizado entre los movimientos independentistas del siglo XIX de nuestro continente. El famoso plan de operaciones, elaborado por Mariano Moreno en la gestación de la Revolución de Mayo, tenía como premisa principal también el establecimiento del libre comercio con Inglaterra que había sido expresamente prohibido por el virrey Cisneros. De la misma manera que otros próceres como Alberdi y Sarmiento repudiaban en sus obras al gaucho y al español por su carácter perezoso, monacal y poco productivo como en cambio expresaba el yanqui, producto privilegiado y arquetípico del capitalismo gestado en Gran Bretaña. Y no es de extrañar al respecto que las tribus aborígenes de América fueran los principales aliados de los realistas en contra de tal ‘independencia’ ya que en el fondo los pueblos originarios de nuestro continente tenían más simpatía hacia una concepción del mundo que privilegiaba la trascendencia antes que con el oscuro materialismo que encerraba al hombre dentro del universo del consumo y la producción. Fue justamente un famoso ejército de indios el que resistiera hasta el final en contra del 'libertador' Bolívar.
Pero los siglos pasan en forma vertiginosa y ahora nos encontramos con circunstancias diferentes, pero, tal como dijera Carlos Marx, la historia suele repetirse en modo tal que lo que antes se nos aparecía bajo la forma de una tragedia vuelve a suceder nuevamente pero esta vez como una divertida comedia. Y esto es justamente lo que se está produciendo ahora. Una vez más en materia de bolivarianismo se suele hablar de conjuras y envenenamientos, antes con arsénico, tal como se decía en el caso de Bolívar, o inyectando células cancerinógenas como ahora en el de Chávez. Y como siempre en los dos casos tales conspiraciones quedarán con el tiempo en el olvido una vez más por la falta de pruebas convincentes. Y ello no porque sea imposible que tales acontecimientos pudiesen suceder, sino porque habría que preguntarse en los dos casos: ¿por cuáles razones el imperio en sus diferentes figuras iba a envenenar a aquel que en el fondo lo favorecía? En el primer caso proponiéndole establecer una colonia propia y aliada de su gobierno y practicando su misma concepción del mundo. Y en el segundo, en donde ya el imperialismo no es más Inglaterra sino los EEUU: ¿por cuál razón este último iba a eliminar a la gallina de los huevos de oro, es decir al gobernante del país que le surtía diariamente de un millón de barriles de petróleo?
Y éste es el aspecto que resulta más risueño del fallecido Chávez. Nos hemos cansado de escucharle verborrágicos discursos ‘en contra del imperialismo’, pero ha sido justamente gracias a sus generosos aportes petroleros que este último ha podido llevar a cabo sin inconvenientes sus campañas tan denostadas en Irak y Afganistán. Curiosamente, a cambio de tan vital recurso, Chávez ha recibido en abundancia un papel pintado de color verde que es a su vez la moneda de curso en el país gobernado por su socio, también ‘antiimperialista’, Correa. Cuando se le preguntó al primero cómo podía explicar tal incongruencia, manifestó que una cosa era la economía y otra la política, lo cual nos recordaba a un coetáneo suyo, ex militar carapintada argentino que, luego de embolsar una importante suma de dinero de un denostado hombre público, explicó que no se podía hacer política sin dinero. Faltó por supuesto alguien que en su momento le contestara que un revolucionario verdadero, además de no negociar nunca con alguien del sistema, no le vende petróleo a los EEUU, sino que por el contrario lucha por destruirle su capacidad energética. Es de recordar al respecto que Bin Laden, hijo de un empresario del petróleo, además de emplear la totalidad de su fortuna para combatir al ‘imperio’, en vez de hacer negocios con éste se encargaba de destruirle los oleoductos pues sostenía que solamente minándolo en su capacidad energética se lo podía vencer. Es que en el fondo, a pesar de sus rimbombantes discursos, Chávez no quería vencer a los norteamericanos, sino negociar con ellos para ser respetado como un igual. Es decir no quería salir del sistema, de la misma manera que su antecesor Bolívar. No por nada era ‘bolivariano’.
Pero en honor de este último hay que reconocer que aunque fuera un inapreciable aliado del británico, al menos combatió con valor y decisión en el campo de batalla en contra del imperio español al que logró vencer. Chávez en cambio no libró batalla alguna, salvo en sus interminables discursos, en contra del tan denostado imperio norteamericano, al que no le ahorró epíteto descalificatorio alguno en el momento mismo en que lo llenaba de barriles de petróleo. Tal como decía Marx, una vez más la historia se repite pasando de la tragedia a la comedia*.

*Aunque en honor a la verdad debemos reconocer que Chávez, quien quiso amoldarse en vida al sistema internacional vigente, fue un militar de agallas en el orden interno, superando en esto en mucho a sus referentes peronistas carapintadas de la Argentina. Así pues, luego de su primer fallido golpe de Estado, manifestó su intención de no rendirse y de luchar hasta el final en una nueva intentona, la cual le fue finalmente exitosa. Luego, ya en el poder, ante un golpe similar que lo sacó por unas horas del mando, no se escapó del mismo 'para evitar derramamientos de sangre', sino que persistió hasta el final logrando así derrotar a la maniobra enemiga.

Marcos Ghio
9/03/13

lunes, 4 de marzo de 2013

EL CARÁCTER UNIVERSAL DEL PENSAMIENTO EVOLIANO


Un conflicto suscitado con un par de personas, participantes de un foro que se autotitula ‘evoliano’, trajo a colación el siguiente interrogante. ¿Es el autor Julius Evola un pensador europeo o en cambio, a pesar de haber formulado sus actividades en tal continente, sus principios son universales e incluso contrarios en múltiples aspectos a un pretendido nacionalismo europeo (o indoeuropeo, de acuerdo al más pomposo concepto asumido por tales cultores) que pretende encerrar su legado a tal acotada esfera? Veamos.
1)     En su obra El Arco y la Clava nuestro autor se ha opuesto por igual sea a aquellos que han querido hablar de una superioridad del Occidente respecto del Oriente, como a la inversa a quienes han querido hacer de tal civilización el verdadero reservorio espiritual de la humanidad en su conjunto. No consideró pues ni como Hegel la superioridad del Occidente respecto del Oriente, ni como Guénon la del Oriente respecto del Occidente, sino que manifestó que las categorías tradicionales que él reivindica pueden hallarse en cualquiera de los dos contextos culturales.
2)     En tal perspectiva, al referirse al carácter indoeuropeo del Buddha, no quiso por esto, al modo de racistas del estilo de Gobineau, manifestar la superioridad de tal grupo racial sobre los restantes, ni tampoco considerarlo como el origen de todas las verdaderas civilizaciones. Simplemente con tal constatación quiso expresar que los límites entre el Oriente y el Occidente no son una cosa infranqueable, sino que existen influjos recíprocos que pueden haber sido tanto un beneficio, como en este último caso, como en cambio una verdadera destrucción y desgracia, tal como fuera por ejemplo la colonización de India y China por parte de Inglaterra y la consecuente ‘occidentalización’ que hoy vive el Oriente en tales países, a los que se les han agregado también otros como el Japón, con la irrupción de fenómenos tales como el materialismo, la democracia y el consumismo.
3)     Que de ninguna manera Evola ha considerado la superioridad de la raza blanca sobre las de color; que en todo caso lo que pudo haber manifestado ha sido que dentro de tales contextos pueden haberse desarrollado en mayor o menor medida fenómenos de esplendor como de decadencia, pero que ninguno de ellos es carácter exclusivo de una determinada raza en particular. Que cuando en el período anterior a la Gran Guerra manifestó que mientras que en lo ario primaba una espiritualidad activa y solar y en el contexto semítico una de carácter pasivo y lunar no consideró nunca que esto fuese un fenómeno propio de una determinada raza, sino en todo caso que donde más se había manifestado una cosa era en alguna de ellas.
4)     En ningún caso manifestó que los fenómenos de espiritualidad solar hayan sido cosa propia y exclusiva del hombre indoeuropeo, sino que describió la presencia de fenómenos de tal tipo aun en religiones o tradiciones espirituales que no lo eran en manera alguna, como el taoísmo, el zen o aun en el judaísmo por él tan denostado varias veces, dicho fenómeno también se había manifestado a través de la cábala así como en el también semítico Islam supo calificar de manera elogiosa a la doctrina de la guerra santa o jihad a la que consideró como abiertamente tradicional emparentándola con lo mejor de la tradición aria. Y fenómenos de tal tipo son recurrentes en toda su obra por lo que sería largo y tedioso enumerarlos todos. Por lo que sin más puede recabarse que el origen hiperbóreo y solar de las grandes tradiciones no se encuentra hoy en día referido a comunidad o raza alguna en particular, sino que es patrimonio de la humanidad entera en grados diferentes.
5)     Como filósofo de la libertad nunca consideró que la raza produzca al ser humano sino a la inversa, es el hombre el que produce la propia raza, del mismo modo que, de acuerdo a la doctrina metafísica de la preexistencia, es el espíritu el que determina y elige la propia existencia. Se encuentra pues lejos de todas las doctrinas modernas, aun las que se disfrazan de evolianas, como las aquí aludidas, que consideran que el hombre es un producto de una realidad que lo trasciende, en este caso para este grupo se trataría de la raza física a la que se pertenece la que hace que se pueda o no ser de una determinada manera, por lo cual mientras que un indoeuropeo estaría en condiciones de alcanzar una dimensión espiritual y activa, uno que no lo es en cambio cuanto más puede expresar una de carácter meramente psíquico*.
6)     Luego del conflicto bélico, cuando se diluyeron definitivamente las posibilidades de que la tan mentada ‘raza aria’ pudiese otorgar al mundo una apertura hacia la dimensión de la trascendencia, luego de la caída de los fascismos en sus posibilidades superiores, del mismo modo que tras la modernización ya definitiva del catolicismo con el Concilio Vaticano II, la antes usada dicotomía ario-semita había perdido todo tipo de sentido por lo que en los tiempos venideros los términos a usar ya han debido ser mundo moderno contra mundo tradicional, encontrándose en diferentes medidas personas de tal tipo en las más distintas etnías. De allí la consigna evoliana de que nuestra patria es la idea y no la etnía a la que se pertenece.
7)     Que contrariamente a lo que manifiestan tales sectores, paradojalmente los arios y los blancos hoy se encuentran en la retaguardia y en mayor medida adheridos a los valores modernos. En cambio donde más se manifiestan los tradicionales es entre los pueblos de color. Fenómeno éste ya denotado por Evola en sus obras más maduras, pero que en los últimos tiempos se ha visto superado aun más.
8)     Así pues Evola si bien tuvo conceptos duros hacia la raza negra ello estuvo determinado por dos cosas. En primer lugar porque condenó el fenómeno de la negritud, es decir el culto del negro que hoy se realiza en la sociedad moderna en sus fases más terminales, viéndose en éste el grado de perfección más alta, de la misma manera que en épocas pasadas filósofos como Rousseau rendían culto al salvaje primitivo y a su sociedad ideal. Y en segundo lugar porque constató que culturalmente la raza negra no había producido expresiones culturales superiores, lo cual sin embargo no le estaba vedado para nada en un futuro. Justamente hoy en día, cuando Evola ya no está, es en el contexto de la raza negra en Malí o en Somalia en donde se están manifestando las expresiones más altas de la jihad y la guerra de civilizaciones contra el mundo moderno compartido también por razas de todos los colores.
9)     Para finalizar digamos que donde más se expresa el carácter universal del pensamiento evoliano es a través de su explícita adhesión a la doctrina de la unidad trascendente y metafísica entre las grandes religiones y tradiciones espirituales por la cual se sostiene la necesidad de una gran unidad ecuménica y esotérica entre los representantes de las principales religiones de la tierra para hacer frente aunadamente a la gran anomalía moderna. Es de destacar que los pseudo-evolianos en cambio se oponen a tal concepto y por el contrario llaman a luchar en contra del Islam fundamentalista en estrecha inteligencia con movimientos seculares y laicos como el sionismo.

·        Es de destacar que los ‘indeuropeístas’ a pesar de todo no forman un bloque común  y suelen tener desinteligencias semánticas entre ellos. Así pues, mientras que Alcántara manifiesta expresamente que los judíos y los negros, como toda raza que no sea la suya, carecen de espíritu, teniendo sólo alma, Martín dice en cambio que tienen un tipo de espíritu diferente del blanco, que sería uno de carácter lunar. Acá hay que recordarle a este último que, de acuerdo a la dicotomía usada entre otros por los hermetistas, en la esfera del yo interior, el alma es la luna, representando el principio femenino y pasivo, mientras que el espíritu es en cambio el sol, lo masculino y activo, por lo cual, cuando se hace alusión a una espiritualidad lunar, en el fondo se está refiriendo a un yo que, en tanto pasivo, no puede alcanzar propiamente el plano del espíritu.

Marcos Ghio
3/03/13