miércoles, 1 de mayo de 2013

¡ARRIBA ESPAÑA Y ABAJO EUROPA!



El Sr. Alcántara desde un blog del que nos ha expulsado por carecer de argumentos para defender su delirio consistente en sostener que la raza europea, a la que él pertenece, es superior a todas y, lo más grave todavía, querer comprometer en ello nada menos que a la figura de Julius Evola quien, en citas puntuales por nosotros señaladas y las que nunca pudo refutar, decía exactamente lo contrario, nos acusa de incurrir por ello en posturas ‘de corte cosmopolita, igualitarista y democratizante según las cuales a todas las razas se les asigna igualdad de potencialidad en el plano del Espíritu’ en tanto que nos negaríamos a reconocer que los únicos que tendrían propiamente un espíritu divino serían los pertenecientes a la misma etnía de Alcántara. Todo este absurdo es manifestado por él en tanto que en su momento hemos afirmado la evidencia de que hoy en día es entre razas de color y no propiamente europeas en donde se manifiestan posturas más acordes con la Tradición que él reivindica verbalmente. Estas mismas, a diferencia de la situación que hoy vive la Europa consumista y materialista que conocemos, formulan y ponen en práctica la guerra santa en contra del mundo moderno y en contra también de ese adefesio que es la Unión Europea, institución tan reivindicada por el aludido como por sus amigos, tal como veremos. Y esto es justamente lo que sucede en Irak, en Siria, en Somalia, en Malí, en Pakistán, o en Afganistán entre otros lugares en donde se combate a fuerzas invasoras integradas muy democráticamente entre otros por su propio país junto a una cincuentena de estados satélites y laderos de los EEUU. Pero agreguemos que, para convalidar su punto de vista en la aludida nota, acude a un material escrito por un estrecho colaborador suyo, el ya por todos conocido Enrique Ravello, quien aporta datos interesantes e inverosímiles a su racismo europeo. Esto acaba de aparecer en una publicación difundida por Alcántara en donde se publica una nota de Ravello titulada Evola y Romualdi, que es una copia ampliada de una conferencia por éste brindada hace unos nueve años cuando pretendió homenajearlo a Julius Evola en un nuevo aniversario de su muerte atribuyéndole, como un verdadero contrabandista, principios totalmente antitéticos respecto de los que sostuviera el maestro italiano y que fueran en su momento refutados puntualmente en un texto titulado Evola y los nacionalistas europeos que aparece como capítulo de nuestra obra En la era del paria. Este nueva nota tiene la ventaja de ampliar algunos conceptos de la anterior poniendo más en claro lo que Ravello y su adlátere Alcántara pretenden decirnos, teniendo además por vía transitiva valor sumo al poner en evidencia la situación de tremendo marasmo en la que hoy se encuentra su país.
Digamos al respecto que la cada vez más incesante crisis que vive nuestra madre patria, con ya el 30% de su población desocupada, nos hace pensar siempre más si no tenía razón Franco cuando decía que España tenía que mantenerse alejada de los demás países de Europa contaminados de protestantismo y de marxismo y permanecer en cambio firme y decidida en su catolicismo raigal, cerrada en sus fronteras para adentro y mirando en cambio a otros continentes con los cuales existían afinidades ancestrales, como el nuestro.
Claro que no es eso lo que manifiestan los grupos denominados identitarios europeos, o indoeuropeos, o más directamente sionistas europeos en tanto que, tal como veremos, concuerdan estrechamente con Israel en que se debe combatir sin más y con todas las armas al alcance al ‘terrorismo internacional’, es decir al fundamentalismo islámico. Y esto mismo está formulado en la plataforma del partido catalán antiespañol integrado por ambos.
El Sr. Ravello, que suele mencionarme y con razón, ya que nos encontramos en posturas antitéticas, opina exactamente al revés de nosotros sobre dicho tema. Él piensa muy mal de lo que fuera el gobierno de Franco criticándolo no en los errores por todos nosotros reconocidos, sino justamente en las cosas más acertadas que ha tenido. Así pues nos dice textualmente en el aludido artículo que lo que caracterizaba negativamente a su régimen era:
1. Una idea de España cerrada, cubierta de una retórica neo-imperial pero realmente extremadamente jacobina, y consecuente liberalista, igualitaria y uniformizadora, hasta tal punto que hace literalmente imposible la presencia de esta derecha radical en territorios como Cataluña, País Vasco y Galicia.
2. Un catolicismo axfisiante (
sic) convertido en moral y en moralina pequeño burguesa que obsesionó a varias generaciones de españoles con el temor al “pecado” y el castigo divino hasta extremos que, de contarlos aquí, parecerían cómicos, pero que en absoluto lo son.
3. Hispanoamericanismo/Africanismo. España se reconocía en comunión con Hispanoamérica continente muy parcialmente poblado por descendientes de europeos, excepto los casos de Uruguay y Argentina y zonas concretas del resto de países. Viendo, a su vez, en África el lugar natural de expansión y alianzas de España.

4. Antieuropeísmo. Todo lo que venía de Europa, era concebido como pecado como posible alienación de la reserva espiritual de Occidente, o, incluso como racismo.

Todas estas cosas, que para Ravello serían tremendamente malas, insistimos, nos parecen realmente extraordinarias y hacen que cada vez lo queramos más a Franco. Con respecto al punto 1) consideramos que el gran valor de éste ha sido el de poner por encima de todos los intereses de las partes, en este caso las regiones, los distintos grupos sociales, etc.,  a la Nación como entidad suprema e integradora. Justamente ello ha estado en contraste claro con los separatismos localistas de los diferentes grupos regionales. No casualmente sea R. como A. forman parte como dirigentes o simpatizantes del grupo separatista Plataforma por Cataluña que promueve por diferentes vías la escisión de Cataluña respecto de España para integrarse como Estado confederado en la Unión Europea. Acotemos además que tal postura no es para nada antiliberal, pues el liberalismo es hoy en día también separatista de la misma manera que los aludidos identitarios.
2) Una de las cosas que más reivindicamos de Franco fue justamente esa ‘moralina’ que el mismo sostuviera por contraste y rechazo hacia la Europa del destape, coincidiendo en esto en gran medida con el fundamentalismo islámico que tiene entre sus metas principales, de la misma manera que en su momento Franco, la de volver a vestir a la mujer, la de hacerla regresar al hogar y a la crianza de los hijos y que el sexo vuelva al seno del matrimonio, como atributo esencial de la reproducción de la especie y no como obsesión patológica, tal como se vive y fomenta en estos días. Una vez más lo opuesto exacto a lo afirmado por los identitarios. Así como también resaltamos como positivo un deseo ferviente a fin de que España regrese a su catolicismo y repudie los arrebatos paganizantes (del peor paganismo) sustentados por tales grupos.
3) y 4) Lo esencial. Fue muy grande ese ideal de que España volviese a su meta imperial y buscara la cercanía con los que en su momento y no hace tantos siglos, integraran junto a ella un imperio que, al decir de Carlos V, ‘era tan grande que nunca se ponía el sol’, como contraste pleno ante la Europa caduca contra la cual Franco luchó y que finalmente no pudo evitar que invadiera su territorio como ahora. Por ello ¡qué grande fue el antieuropeísmo de Franco y qué minúsculo representa en cambio el europeismo de tales personajes nefastos de la nueva derecha! Pero lo más grave y molesto es que, en su racismo europeísta, Ravello y Alcántara repudien nuestra composición racial pues según ellos en América sólo habría muy pocos europeos, por lo que sería un continente muy poco recomendable para ellos tal como lo sería en cambio Europa repleta de arios rubios y de ojos azules. América -y los aludidos nos lo recuerdan siempre- está llena de negritos y ‘sudacas’ que al parecer influyen mucho en los descendientes europeos que allí fueron para civilizarla. Resaltemos la incongruencia de que los dos identitarios, a pesar de llenarse tanto la boca de antiliberalismo, tal como vemos, coinciden con nuestros liberales vernáculos, como Sarmiento y Alberdi, que querían saturarnos de europeos para evitar el influjo excesivo de los cholos y gauchos perezosos.
Casualmente este tema es traído nuevamente a colación cuando Ravello en ocasión de querer tomar falsamente a Julius Evola como un contraste respecto de la derecha franquista, se refiere a mi persona. Pero digamos en primer término que, contrariamente a tales conceptos errados, Evola concibió siempre a Franco y a Oliveira Salazar de Portugal como sabios gobernantes y con palabras muy parecidas a los nuestras. Según R. y A, en cambio el autor italiano sería sin más un pensador europeo. Sin embargo el primero debe reconocer en su escrito que fue un argentino, es decir una persona perteneciente a un país de raza inferior, muy cholo y no suficientemente ario y europeo, el que difundió a Evola en su propio país, aunque aclarando falsamente, como para querer corregir un poco el inconveniente, que eso aconteció ‘de su mano’. Lo cual es falso totalmente pues cuando presenté las primeras obras del italiano en España y lo conocí a Ravello en una conferencia, éste era un muchacho casi adolescente que prácticamente se informaba de tal obra a través de mi persona, y que en todo caso lo que sucedió fue que participó en su distribución  algunos años más tarde. Lo insólito es que agregue, como para explicar tal hecho, que el suscripto, a pesar de ser argentino, sería de origen lombardo (ni siquiera dice italiano puesto que de la misma manera que rechaza a España también lo hace con Italia, en consonancia con sus amigos de la impúdica Lega), pero que una vez más, debido a mi condición nacional inferior, tras haber sido pretendidamente expulsado de la enseñanza por defender la dictadura militar, fui lo mismo recompensado con un salario, ‘pues tales cosas solamente pueden suceder en un país como la Argentina’, debido justamente a su condición no suficientemente indoeuropea y laboriosa, lo cual sin embargo habría permitido dedicarme en mi ocio a la traducción de las obras de Evola.
Aclarémosle al racista Ravello que no es cierto que haya defendido el gobierno militar, sino que fui un  opositor del mismo, tanto de haber sido excluido de la enseñanza universitaria durante ese período. Que tampoco fui expulsado de la enseñanza media como él dice, ni se me pagó sueldo alguno por no trabajar como afirma falsamente. Que no soy hijo de lombardos por ninguna rama, sino simplemente de italianos de diferentes regiones. Que soy por lo tanto antieuropeo, del mismo modo que Evola y Franco. Que es mentira, tal como él dice, que haya dicho que el 11 M fue un hecho tradicional, sino un acto de guerra justificable plenamente en razón de la participación de su país en la entente yanqui europea que invadiera Irak produciendo casi un millón de muertos en 10 años de ocupación. Con seguridad que con Franco estas cosas no habrían sucedido. Que estoy a favor de lo que él llama en forma condenatoria el terrorismo internacional, en coincidencia con Obama y Netanyahu. No por nada la Europa que él tanto defiende ha sido servil a tales poderes. Y con respecto a sus aseveraciones, respaldándose en Romualdi y no compartidas en nada por Evola e incluso criticadas con suma dureza*, de que el europeo ‘sería el pueblo destinado a portar el logos… la raza olímpica por excelencia”, hay que ser muy ciego o muy crédulo -y estamos convencidos de que ni Ravello ni Alcántara en el fondo se la creen- como para sostener tales cosas observando la realidad actual de Europa. Nosotros no solamente no creemos que los europeos sean una raza privilegiada, sino por el contrario pensamos que en estos momentos representan lo peor de todo, del mismo modo que Rusia, Israel y Norteamérica, sus productos finales, en tanto que tanto el capitalismo, como el marxismo y el sionismo tuvieron una matriz europea originaria.
Por eso volviendo a lo primero que dijo Alcántara en el sentido de que éramos cosmopolitas porque no creíamos en la superioridad de su raza sobre todas las restantes, queremos aclararle que es todo lo contrario: no lo somos en tanto estamos convencidos de que la misma no sólo no es superior, sino que es inferior a las demás.


* Dice al respecto Evola en relación a la exaltación de lo indoeuropeo efectuada en su momento por Romualdi y actualmente por Alcántara y Ravello: En cuanto a la capacidad de conjunto de los valores ‘indoeuropeos’ ... de poder operar como una nueva solidaridad y unidad supranacional occidental, dados los tiempos actuales por los que transitamos, a diferencia de lo que dice Romualdi (y agregaríamos Alcántara y Ravello), somos sumamente escépticos: no creemos para nada que pueda visualizarse algún suelo apto de resonancia y cristalización.
Il Conciliatore, agosto 1970.






Marcos Ghio


1/05/13





viernes, 26 de abril de 2013


COMUNICADO DEL CENTRO EVOLIANO DE AMÉRICA

MISIÓN ‘PACIFICADORA’ EN MALÍ
Ante el absoluto silencio de medios de prensa argentinos hoy entretenidos con distintos problemas relativos a rencillas políticas parlamentarias, informamos que en el día de ayer el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en unanimidad y sin el veto de Rusia y China, ha votado por la intervención militar en la república africana de Malí con la finalidad de auxiliar a la potencia militar francesa en su guerra en contra de los islamistas y la minoría étnica tuareg. Queremos destacar especialmente que la República Argentina integra desde comienzos de este año tal Consejo de Seguridad como miembro no permanente, por lo cual, al haberse votado en unanimidad tal resolución, dicho país ha dado su conformidad a dicha invasión. Sería sumamente interesante que el ministerio de Relaciones Exteriores argentino explicara cómo se compagina esta política con su permanente campaña internacional por descolonizar las islas Malvinas. Asimismo se debería informar también cuántos soldados argentinos del contingente inicial de 12600 asignados integrarán dicha fuerza ‘pacificadora’.
Marcos Ghio, presidente.
Julián Ramírez, secretario por la Argentina.

Por Walter Preziosi

lunes, 22 de abril de 2013


LAS HISTORIAS ARGENTINAS


La historia argentina, aunque bien podría serlo de cualquier otro país del planeta, puede ser sintetizada de la siguiente manera.
Desde los mismos orígenes coloniales y antes de ello, aun en ciertas regiones de América, esta sociedad fue tradicional y de castas. Se concebía aquí al orden social y político como un cuerpo orgánico en el cual cada parte cumplía con su función propia y así como aun hoy en día se reputa como un absurdo que sea la totalidad de las personas y no un cuerpo colegiado el que decide quiénes serán los médicos o arquitectos, de la misma manera acontecía y con mayor razón con cuestiones tan complicadas y sutiles como el gobierno de un Estado y lo relativo a la política internacional. Asimismo se consideraba también que el ser humano así como en su inmensa mayoría necesitaba ser gobernado, también y con mayor razón precisaba de la presencia de una institución superior y trascendente que le indicara las causas y fines por las cuales se encontraba aquí en esta vida señalándole asimismo el camino hacia una dimensión superior a ésta de carácter efímero y pasajero. Pero a partir del siglo XIX se produjeron cambios radicales y revolucionarios, aunque ya hubiesen estado preanunciados antes en pequeños círculos de intelectuales. Los ideales modernos impuestos a partir de la Revolución Francesa y difundidos por el mundo europeo por Napoleón Bonaparte, estuvieron presentes en nuestro territorio, primero a través de logias operativas de origen masónico y luego logrando entrometerse en los distintos movimientos independentistas surgidos en el momento de quiebre acontecido en la Madrepatria con la invasión napoleónica. Aun así una sana reacción nacional inserta en nuestra misma tradición logró durante al menos la primera mitad de dicho siglo hacer retroceder a la modernidad, hasta llegar finalmente a los trágicos acontecimientos de 1852 con la derrota de Caseros y el paulatino triunfo de los ideales liberales y unitarios.
Se inaugura aquí la segunda historia argentina, es decir la que estamos viviendo en forma cada vez más pronunciada y decadente desde hace ya más de 160 años. Es la etapa de ingreso a la modernidad, es decir a los ideales impuestos a partir de la revolución francesa, aunque es bueno destacar que no ha estado sin embargo carente de contradicciones y conflictos internos. La misma ha tenido dos expresiones diferentes y cada vez más caducas y deletéreas y que en la actualidad pueden distinguirse de manera contundente entre los conceptos hoy acuñados de simple modernidad y de postmodernidad, que es la etapa final y póstuma de la misma modernidad, en tanto que es la que arrastra sus consecuencias más extremas y decadentes. Para el nuevo orden impuesto a partir de la derrota de Caseros la sociedad jerárquica y tradicional, volcada hacia los valores de lo trascendente, debía ser suplantada por un universo social en el que rigiesen en cambio valores inmanentes y puramente humanos tales como la igualdad y la democracia, por los cuales el hombre, en vez de remitirse en sus acciones hacia una dimensión superior a la mera vida, tuviese a esta misma como su meta suprema y final. Pero desde los mismos inicios de tal sistema moderno y secular se formularon ciertas salvedades. Los ideólogos modernos consideraron en un primer momento que, si bien los hombres eran iguales por principio, en la realidad, debido a siglos enteros de ignorancia y superstición, aquellos en que rigió el orden tradicional, las personas no estaban en condiciones por igual de ejercer plenamente sus derechos. Por lo tanto coexistían dos tipos de humanidades: la de los ilustrados y la de los ignorantes, es decir el grueso de la masa embrutecida por tantos siglos de superstición a la que había que educar. Fue por ello que el principal ideólogo de esta nueva ideología, Esteban Echeverría, distinguió entre dos tipos diferentes de democracia y por lo tanto entre dos tipos de hombre, la ejercida por el pueblo racional y bueno, es decir los que estaban educados, y aquellos que, en tanto gobernados por sus pasiones e instintos, iban a elegir siempre mal, por lo cual era conveniente educarlos y corregirlos a fin de que todos finalmente y por igual pudiesen alcanzar el mundo de la razón. Se consideró así que la humanidad tenía que tener una meta ulterior a esta misma vida, aunque no por ello menos inmanente, la de obtener finalmente que todos llegasen a ser iguales no solamente de derecho sino también de hecho. Para lo cual se solicitaba a los propios contemporáneos que se sacrificaran en función de generaciones futuras que podían llegar a gozar finalmente de tal felicidad que se le negaba al grueso de la gente en razón de su brutalidad instintiva y para la cual habrían trabajado como un puente en función de un fin superior. Hubo muchas reacciones ante tal utopía liberal. Estuvieron aquellos que, de la misma manera que Bakunin le achacara a Marx en el sentido de que había que realizar el comunismo ya y no dentro de mil años para que lo pudiesen disfrutar otros, aquí se solicitó en cambio, luego de más de medio siglo de democracia selectiva, que la misma fuese ‘para todos’ y que la tan mentada igualdad fuera ya y ahora y que no hubiese que esperar más para los futuros descendientes. Además es de destacar que quienes la estaban practicando con el liberalismo no eran tampoco élites espirituales o filósofos en sentido platónico, sino simples mercaderes y banqueros, es decir personas aferradas a bienes de carácter inmanente. Sucesivos movimientos de fuerza en contra de tales clases dirigentes corrompidas partieron del falaz error de que el mal estribaba no en que hubiesen sido élites sustitutas las que usurparon el poder, sino en que fueran sólo algunos los que gobernaran y no todos. Es decir que tales revoluciones no negaron el principio, esto es la democracia, sino que la consideraron imperfecta porque se presentaba sólo fragmentada y precaria por lo que se la debía superar con más democracia. Llegamos así a la ley Sáenz Peña del año 1915 con el voto universal y obligatorio y por lo tanto con los regímenes populistas que ha ido conociendo el país durante buena parte del pasado siglo y éste. El populismo es justamente llevar la democracia hacia sus consecuencias últimas. Ya no se precisa más, tal como decían antes los meramente modernos, un simple embadurnamiento racional en los principios asegurado por la educación democrática y común lo que puede hacer obtener el buen gobierno, sino que éste emana en cambio de la voluntad a secas de las masas, la cual sabría en razón de una sabiduría intrínseca aunque no expresable por palabras debido a su carente educación, lo que habría que hacer para el buen gobierno de una sociedad. Es decir el jefe para un régimen populista no gobierna propiamente, sino que simplemente se dedica a interpretar y descifrar el sentimiento y la ‘voluntad’ de las masas, lo cual es hecho periódicamente a través de urnas y elecciones. Se considera así que el instinto del pueblo es superior a la razón de los filósofos. Los políticos son pues intérpretes y no propiamente gobernantes. Henos así que esta convicción populista es lo que explica también  esa pululación de encuestas interrogadoras e interpretadoras de la voluntad última de la gente la cual estaría toda por igual y numéricamente en las mismas condiciones de saber lo que está mal o bien. Como no se puede votar las 24 horas del día eso mismo lo hace la encuesta para indicarle al político lo que debe o no hacer. La igualdad ahora se acompaña así con la democracia total, que es propiamente el significado último de la postmodernidad, es decir la modernidad en su fase terminal y póstuma. Es la idea del carpe diem, de disfrutar el día y renunciar a cualquier meta ulterior a uno mismo. La premodernidad había subordinado la vida del hombre a un más allá del tiempo y la historia, la modernidad en cambio no ha terminado con esta subordinación, sino tan sólo ha cambiado el más allá por el más acá de carácter histórico respecto del cual nuestra existencia sería siempre un simple medio para otra cosa que nos excede. Es por lo tanto el hombre que carece no solamente de metas superiores, sino de cualquier meta que no sea disfrutar al máximo el mero presente. Y como la democracia se ha convertido en el bien supremo, ante todas las crisis galopantes que se viven día a día, la idea ha sido que la democracia se cura siempre con más democracia.
Ese verdadero cáncer argentino que ha sido el peronismo, producto final y más avanzado del populismo democrático ha traído a tal país cada vez más democracia. Así pues luego de que se implantara la democracia para todos con la ley Sáenz Peña, el peronismo la ha hecho también para todas en 1952. Hoy en esta interminable secuela de democracia total hemos llegado también al voto de los adolescentes, mañana será también el de los niños. Todo se democratiza, la familia, las fuerzas armadas, la justicia. Y el mal ha sido que las distintas revoluciones victoriosas en contra del peronismo han estado siempre enarbolando la democracia como alternativa, es decir la modernidad en contra de la postmodernidad. La revolución del 55 volvió al adefesio liberal de 1853, copiada de la constitución de los EEUU y en última instancia de la declaración de los derechos del hombre de la Revolución Francesa. La revolución del 76 se hizo también para instaurar una democracia sana, lo cual es un imposible pues es la democracia la enfermedad. Toda democracia trae siempre más democracia, del mismo modo que una enfermedad tiende a expandirse.
La nueva historia argentina, si llegara a escribirse, deberá significar sin más un retorno a una sociedad orgánica y tradicional, tal como existiera siempre en estas tierras antes de la anomalía moderna.

Marcos Ghio
21/04/13

lunes, 15 de abril de 2013


EL FORTÍN

Nº 68 (Marzo-Abril 2013)
SIONISMO Y NACIONALISMO EUROPEO
Una lectura desapasionada de los textos del fundador del sionismo, Teodoro Herzl, nos permite establecer definitivamente ciertos conceptos y evitar cualquier tipo de confusión, tal como se ha venido haciendo hasta la actualidad, respecto del significado de tal movimiento y diferenciarlo con claridad de lo que es en cambio el judaísmo en cuanto religión y concepción del mundo.
El sionismo, más que haber sido históricamente un movimiento propiamente judío, ha sido en cambio no solamente europeo en su origen, sino en cuanto a los principios modernos y laicos que lo informaron como un nacionalismo de fundamentos románticos e idealistas provenientes principalmente del mundo germánico de donde era originario el fundador de tal movimiento. (SIGUE)
por Marcos Ghio
por Julián Ramírez
REPORTES DE LA AGENCIA DE NOTICIAS KALI-YUGA (por Walter Preziosi)
COLABORACIÓN ESPECIAL
O critério decisivo (en portugués)
por Mateuz Azevedo

viernes, 12 de abril de 2013


EN  SIRIA  NACE  UNA  FUERZA  SUPRANACIONAL


  

Un adolescente de 16 años de la ciudad de Ceuta, España abandonó a su familia y se dirigió a Turquía. Desde allí se comunicó telefónicamente con su familia y les dijo que se dirigía a Siria para luchar por la causa de Alá junto con los yihadistas. Esto no es una simple anécdota. Desde hace un tiempo diversos medios de comunicación nos informan acerca de personas  que desde diferentes partes del mundo se dirigen a  Siria para participar en la yihad, es decir, en la guerra santa que allí se desarrolla. Y esto es un hecho de gran importancia y en torno al cual caben algunas reflexiones
     Estamos acostumbrados a que las guerras se libran por territorios,  por motivos geopolíticos, por el petróleo o los recursos naturales, por la “patria” por la democracia, por el  espacio vital o por la “civilización”.
     Pero en la actual guerra de civilizaciones uno de los bandos combatientes lo hace por principios tradicionales, y esos son los combatientes por la causa de Dios contra los defensores del mundo moderno, materialista, economicista, consumista, pervertido y ateo. Todo ello bajo la bandera de la democracia y los sacrosantos derechos humanos.
      El hombre último, es decir el moderno, no puede entender que haya quienes hagan la guerra por una idea trascendente, metafísica y en la actual confrontación, religiosa, aún con las limitaciones que ésta pueda tener.
     El hecho de que hombres de distintos países se reúnan para una lucha común más allá de sus diversos orígenes debe ser motivo de admiración y de reflexión. Esos hombres han encontrado su verdadera Patria. Así lo escribía Julius Evola cuando decía refiriéndose a los que se han despojado de  todo naturalismo: “Nuestra verdadera Patria es la TRADICIÓN”.
     Y no muy lejos de esto estuvo Nietzsche cuando escribió que las guerras religiosas eran las más importantes, porque ello significaba que los pueblos todavía creían en causas superiores.
     Hoy día se han terminado las visiones parciales. Los nacionalismos han finiquitado salvo los que sean portadores de la TRADICIÓN. Frente a un poder mundialista que promete destruir a la humanidad sólo cabe contrastar con un poder opuesto de orden espiritual que domine la Tierra y que reconstruya la idea del Imperio sagrado.
      Cuando en el título nos referimos a una fuerza supranacional la estamos diferenciando substancialmente de lo que es internacional, puesto que esto último tiene relación con acuerdos entre países y de lo que se trata es de acuerdos por encima de las naciones.
     En este sentido el Frente Cristiano Islámico del cual formo parte como católico, brega para que la lucha no sea solamente islámica, sino que se amplíe otras religiones.
    Finalmente confieso que un viejo como el que escribe tiene envidia de ese adolescente de 16 años al que mi referí al comienzo de esta nota..

San Carlos de Bariloche, 9 de abril del 2013.

JULIÁN  RAMÍREZ
    
    

    

lunes, 8 de abril de 2013


TEODORO HERZL Y EL PERIODISMO MUGRIENTO DE LA ARGENTINA


Días pasados en la república Argentina, país caracterizado por tener un periodismo sucio, venal y principalmente impune en cuanto a sus calumnias consuetudinarias vertidas contra las personas que han sido puestas en su mira, en tanto que para ello cuenta además con la pasividad de una justicia complaciente, leímos unos conceptos inverosímiles que pasaremos a comentar. Pero antes de ello queremos decir unas palabras más respecto de tal ‘periodismo’.
A partir del virus democrático, que padecemos desde hace tantos años en manera cada vez más desembozada superando en sus efectos hasta a la imaginación más creativa, se ha ido gestando entre nuestros medios masivos de difusión una especie nueva de periodistas con caracteres que nunca se habían conocido antes. Y en la medida que estamos viviendo en un tipo de sociedad en donde no es el pueblo el que imita a sus gobernantes, sino a la inversa son éstos los que lo hacen con el primero, asumiendo los hábitos y costumbres de sus sectores numéricamente mayoritarios y por supuesto con menor educación, los aludidos ‘comunicadores sociales’ (término que al menos sirve para indicarnos a esta nueva especie sustituta de lo que siempre fue un periodista verdadero), más que formar a las personas elevándolas desde su condición a una dimensión superior, se han convertido en cambio en verdaderos entes masificados preocupados principalmente por brillar y obtener así el tan anhelado rating que los catapulte en la cima de las preferencias colectivas. De este modo esta nueva especie, en tanto abocada a imitar a los sectores más bajos de la sociedad hasta en sus léxicos y en sus errores gramaticales a fin de hacerse populares, lejos de mejorar a las personas sobre las que influyen las terminan empeorando al consolidarlas y acrecentarlas en sus vicios y defectos. Agreguemos además que, tal como dijimos en otras oportunidades, esta era actual ha significado una verdadera subversión en todos los planos, no ahorrando en tal labor deletérea ni siquiera al mismo lenguaje en el que se ha venido efectuando una verdadera obra de demolición, por lo cual palabras que siempre tuvieron un significado positivo y superior, tales como discriminar, reprimir, derecha, autoridad, formalidad, aristocracia, alma, espíritu, etc., hoy por el contrario se han convertido en sinónimo de disvalores así como de cosas que deben ser sin más combatidas como algo muy malo o como supercherías supersticiosas que impiden el progreso y emancipación de los pueblos. De la misma manera que inversamente sucede con otras que siempre fueron reputadas como cosas negativas y que hoy son en cambio exaltadas como bondades y arquetipos beneficiosos, tales como desinhibido, desprejuiciado, informal, transgresor, libertario o aun la palabra izquierda que siempre fue concebida como sinónimo de siniestro y torpe. A esto debe agregarse también un conjunto de términos soeces que anteriormente en cualquier familia bien constituida hubieran significado descalificación y castigo para los niños que los profiriesen, y que hoy en día en cambio, en tanto se imita a lo inferior y adolescente, son utilizadas habitualmente por tales ‘comunicadores’ como un signo distintivo de libertad y emancipación, cuando no de verdadera desfachatez y mal gusto. Y tal anomalía ha debido tener por supuesto a sus promotores cotidianos, que es justamente esta especie pegajosa y letal de los ‘comunicadores sociales’ que son respecto del periodismo verdadero lo que la democracia puede ser respecto de cualquier régimen normal. Se trata de un periodismo especializado en sembrar por doquier todo tipo de confusiones sea respecto de las personas como de las ideas que se sostengan, amparándose  como siempre en la hipócrita libertad de prensa, la que se ha convertido en una verdadera libertad de mentir y desinformar sin que por supuesto la ‘justicia’ democrática, o en vías de serlo cada vez más, levante un solo dedo en su contra en la medida que tal especie, en tanto poseedora muchas veces de un rating descomunal, se ha hecho acreedora de la libertad más absoluta de deformar no sólo la mente de las personas, sino hasta el mismo significado de las palabras que se utilizan.
Calificar al piquetero leninista D’Elía como ‘neonazi’, tal como ha hecho uno de esos especímenes antes mentados, el ‘comunicador’ Lanata, por el mero hecho de haber adherido a un régimen cuyo líder niega la existencia del Holocausto judío, es de una frivolidad sin límite. Amén de que, como bien se ha señalado, dicha postura no es algo asumido por la totalidad del régimen iraní, sino únicamente por quien lo dirige y que tal cosa por lo demás no se la hayamos escuchado decir nunca al aludido piquetero, tal calificación ideológica no resiste el menor análisis. En primer lugar que la mera observación física del carácter notoriamente mestizo del aquí aludido debería sin más llevarnos a la hilaridad respecto del tal dicho. En segundo lugar que son dos cosas sumamente diferentes la negación de un determinado hecho histórico, el pretendido genocidio de 6 millones de judíos, con la adscripción a una ideología que sostiene sea la superioridad de una determinada raza, así como el carácter determinante que en una persona pueda tener la adscripción a un cierto grupo racial, lo cual sin más no tiene nada que ver con el marxismo, concepción política a la que manifiestamente adhiere el aquí acusado, la que en cambio considera a la economía como el factor determinante.  Pero el hecho esencial  de lo formulado por el aludido periodista, quien no por nada ha sido un fanático promotor y sostenedor del sionismo y del Estado de Israel, el cual a su vez no casualmente ha sido un profundo defensor de la democracia en la Argentina, consiste en que su mensaje posee un objetivo de mayor alcance, por supuesto no expresado en forma manifiesta, y es el de estar permanentemente alertando respecto de la peligrosa presencia del antisemitismo (término que hoy se confunde con el nazismo) lo que es aquello que como un verdadero combustible permite la existencia del ente sionista al que ostensiblemente sirve el aludido comunicador.
Dijo al respecto el fundador de tal movimiento: “Comprendo el antisemitismo. Los judíos nos hemos conservado como cuerpo extraño en medio de diferentes naciones. En el ghetto hemos adquirido ciertas cualidades antisociales. Nuestro carácter se ha corrompido… y esto es necesario remediarlo por medio de otra presión. El antisemitismo es la consecuencia de la emancipación de los judíos. … En el fondo no perjudicará a los judíos, sino que se convertirá en un movimiento útil al carácter judaico.” (167-68).  Es decir que, como el judío es un pueblo que nunca se podrá adaptar a vivir en una sociedad que no es la propia, el antisemitismo es entonces un movimiento no solamente comprensible en cuanto a su existencia, sino además necesario para que se decida a tomar la decisión de constituirse en Estado o a emigrar hacia el mismo una vez que se haya gestado como ahora. Por lo tanto para el sionismo, en el caso de que no hubiese más nazis, habría que inventarlos, tal como sucede actualmente con D’Elía.
Y con respecto a que sean no judíos, como el caso del Sr. Lanata, los defensores a ultranza del Estado de Israel dejemos que sea una vez más el aludido Herzl el que nos dé la adecuada respuesta.
“Si Dios quiere que retornemos a nuestra patria histórica, desearíamos, como exponentes de la cultura occidental, llevar la limpieza, el orden y las esclarecidas costumbres del Occidente a aquel rincón del Oriente (es decir Palestina) que actualmente está infestado y abandonado.” (232) (Ver Teodoro Herzl, Páginas escogidas, Editorial Israel, Buenos Aires, 1949). Es decir que el sionismo, más que ser un movimiento propiamente judío, es en el fondo ‘occidental’, del mismo modo que las restantes ideologías que informan tal contexto cultural. En este caso se caracteriza por utilizar el problema judío en función de los fines expansivos del ‘occidente’.*
Moraleja entonces: existe en la Argentina un periodismo sucio y desinformador, pero tal cosa no es un hecho casual, sino que se encuentra perfectamente inducida por poderes que lo utilizan para sus fines propios.

* En el próximo número de El Fortín, a aparecer en estos días, reproduciremos otros importantes textos del autor aquí aludido en donde se muestra la estrecha vinculación existente entre el nacionalismo europeo, principalmente de Bismarck y el Kaiser alemán, y el sionismo en el siglo XIX.

Marcos Ghio
7/04/13

viernes, 5 de abril de 2013


LA  PAZ  DE  FRANCISCO

   
         
   Hemos analizado el reciente mensaje “urbi et orbi” del papa Francisco dado a conocer el domingo de Pascua , en virtud que en él se expresan consideraciones de política internacional que comienzan a señalar los rumbos de su pontificado.
     En el breve mensaje menciona  una docena de veces la palabra “paz” , de manera que indagaremos qué significa “paz” en el lenguaje papal.
     Menciona expresamente a palestinos, israelíes, a Siria, a Irak, a Nigeria y a Malí, lugares todos ellos en los cuales hay guerras que desarrolla el fundamentalismo islámico contra el mundo moderno, y  ¿qué significa pedir la paz en esos lugares?  Ni más ni menos que favorecer las posiciones del mundo moderno, mantener el “statu quo”, desalentar todo ímpetu guerrero y heroico de los luchadores yihadistas, y reemplazar todo ello por una paz  femínea, llorosa y suplicante totalmente contraria al espíritu viril y guerrero de los que pelean en la vía de Dios..
     En su mensaje se preocupa por los rehenes en Nigeria pero nada dice de los presos en Guantánamo y de los aviones “drones” que el asesino Obama usa en varias guerras y que está dispuesto a utilizar en cualquier parte del mundo, incluso en el mismo territorio norteamericano y contra sus propios nacionales llegado el caso.
     Se preocupa por la “inestabilidad” en Malí pero nada dice que se prepara una intervención en Malí de varios países europeos para buscar la estabilidad deseada por Francisco. Así lo leemos en una noticia proveniente de Bruselas del 2-4-13 y que dice: “La misión europea para  formar y dar apoyo a las fuerzas del ejército de Malí  ha arrancado este martes. Tal y como estaba previsto, con el objetivo de contribuir a la ESTABILIZACIÓN del país”.
     Francisco hace referencia a la “amada Siria” y deseándole la paz cuando esto indudablemente favorecería al tirano laico Assad cuyos días están contados, situación que preocupa mucho a Occidente.
     Esta constante referencia a la paz no es solo patrimonio de Francisco sino de todo el mundo moderno y corresponde a su avanzado estado de feminización, a la naturaleza de la mujer y a la constante pérdida en el mundo moderno de los valores viriles, heroicos y guerreros. Por eso y conforme a una filosofía extremo-oriental, el yang, principio masculino se encuentra en retirada frente al yin principio femenino.
     El mundo moderno representa el yin, el espíritu tradicional es el yang. De esa manera los que están por la guerra santa son combatidos por el principio femíneo. La paz a “outrance” contra una virilidad espiritual.
San Carlos de Bariloche, 3 de abril del 2013.
JULIÁN  RAMIREZ