ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE UNA NUEVA NOTA DEL SEÑOR GRAZIANI
NOTA ACLARATORIA
Como resultado de nuestra anterior réplica a su nota sobre Rusia en el siglo XXI, Tiberio Graziani envió una nueva nota a la página de Tsunami Político explicando que la misma había sido escrita hace exactamente un año por lo que de esta manera quería explicarnos las razones de sus inexactitudes, sin embargo le agrega otra reciente de hace unos días en la que aparecen otras mucho más groseras que pasaremos a reseñar.
El Sr. Graziani se ha dado cuenta de que los argentinos no comemos vidrio por lo que ha tratado ahora de enmendarnos el error que cometiera anteayer al enviarnos un material desactualizado con un año de antigüedad en el que se cometían innumerables imprecisiones como las que hiciéramos notar oportunamente en nuestra anterior réplica. Hoy, tras comprobar que los argentinos estamos informados de lo que pasa en el mundo, nos envía un texto más actual. Sin embargo no por ello deja de cometer muchos de los errores que le achacáramos en el anterior. Debemos acotar al respecto que lo que diferencia a éste del texto del año pasado es que ahora han cesado los efusivos entusiasmos y optimismos que para su causa le suscitaba el actual régimen del tándem Putin-Medvedyev redactando una nota que pretende a primera vista ser más moderada aunque lamentablemente (para él) no lo logra. Por ejemplo si antes nos decía que Rusia se había erguido como una barrera de contención de la Otan, ahora, a la luz de los últimos acontecimientos, nos habla de un ‘partenariado Rusia-Otan’ en el cual no es que el ex régimen bolchevique se ha unido con los norteamericanos para hacer frente a su enemigo común, el fundamentalismo islámico, sino que la participación rusa en la Otan es para ‘contener el dispositivo militar atlántico’. Es decir, no solamente nosotros comeríamos vidrio, sino al parecer los mismos norteamericanos que habrían invitado a Rusia a integrase a la Otan para ser contenidos.
Digamos que el término ‘contención’ para referirse a los logros de su ídolo Putin aparece en todas partes. Sigue insistiendo en que habría ‘contenido los impulsos secesionistas’ de Chechenia, a pesar de que es público y notorio, reconocido hasta por el mismo gobierno ruso, que su política en tal región ha fracasado abiertamente. La gran diferencia entre el régimen de Putin y el anterior de Yeltsin es que si antes se hablaba solamente de secesionismo chechenio, hoy el movimiento se ha expandido también a Dagestán, a Ingushetia y en el día de ayer también a las provincias confederadas de Balkaria, Kabarda y Karachai en donde en un ataque certero fue muerto su jefe policial. Es decir que ahora con Putin cada día que pasa nos enteramos de que hay un nuevo Estado que se quiere separar de Rusia.
Pero en esta última nota agrega Graziani unas perlas realmente imperdibles. Por supuesto que él continúa desarrollando acá también su esquema geopolítico por el cual los únicos sujetos de la historia son las naciones y que a su vez es la geografía y no la manera de pensar que se tenga lo que determina el modo de ser de éstas. Por ejemplo no es que los EEUU se hayan convertido en una potencia imperialista porque en tal país primó desde su misma fundación un protestantismo mesiánico que diera cabida a su actual sionismo expansionista, sino que es su condición marítima ‘lo que le impone los comportamientos colonialistas’. Nos preguntamos al respecto por qué la Argentina o Chile o Brasil que son también países marítimos no han desarrollado tales comportamientos.
Pero la perla viene ahora. Según él hay tres tipos de países, los hegemónicos entre los cuales ubica a EEUU, Rusia, China y la India (¿), los subordinados y los emergentes que serían aquellos que se han independizado respecto de los anteriores y quieren ocupar un lugar en la política internacional y entre éstos ubica a los países de la América meridional, entre los cuales se encuentra especialmente la Argentina de Kirchner. Dejando por un momento la Venezuela de Chávez, respecto de la cual bien sabemos que si bien sostiene un antiimperialismo norteamericano éste es puramente verborrágico, ya que les vende petróleo, realmente habría que preguntarse cuáles serían las políticas de este gobierno que lo ubican como enfrentado a los EEUU. Casualmente en el día de ayer, tras la reunión de nuestra presidenta con su par Obama, ha quedado absolutamente en claro el total y pleno apoyo que se le brinda a tal potencia.
Pero más absurdo todavía es que Graziani, para el cual obviamente en tanto no se trata de un Estado el fundamentalismo islámico no existe, cuando se refiere a la crisis que hoy viven los EEUU nos habla de un ‘impasse militar en el teatro afgano’ (la palabra talibán o Al Qaeda no aparece una sola vez en su discurso) que no sería tan grave como en cambio la ‘pérdida de control de vastas porciones de América meridional’. Es decir que Chávez y Cristina les habrían causado mucho más daño a los norteamericanos que el movimiento talibán. Por lo cual el fundamentalismo no estaría derrotando hoy en día a los EEUU y a sus aliados de la Otan, entre los cuales se encuentra también su partenaire Rusia, sino que se estaría viviendo solamente una impasse ya que la modernidad de la cual todos estos países participan con seguridad va a terminar ganando la partida.
Graziani termina su nota con una expresión de deseos, a diferencia de la anterior de un año atrás en la que daba por descontado que Putin iba a restaurar la Unión Soviética haciendo frente a los EEUU. Invita a su mentor a que lo apoye a Irán en su programa atómico. Lamentablemente tampoco en esto ni la potencia hegemónica rusa ni la China le han hecho caso. Han condenado al régimen iraní conminándolo a que suspenda su programa nuclear y han firmado un tratado para hacer frente todos juntos a un mismo enemigo, del cual por supuesto el pobre Graziani ni siquiera le dedica una línea, el fundamentalismo islámico.
Por último no podemos menos que manifestar nuestro profundo desagrado por el calificativo que nos dedica a todos los que somos de esta región. Nos llama América indiolatina. Queremos contestarle que nosotros no somos ni indios ni latinos, somos simplemente americanos del sur. El término latino fue utilizado por los yanquis para diferenciarnos de ellos que se reputaban como los auténticos americanos. En Europa suele decirse América para denominar a la sigla EEUU. Ellos no tienen el monopolio de ese término, forman parte de la región norte de un mismo continente. Menos aun somos indio americanos, término utilizado con una connotación descalificatoria hacia nuestro período colonial que reivindicamos. No casualmente el movimiento guerrillero marxista de nuestro país se calificaba a sí mismo como indoamericano.
Marcos Ghio
14/04/10
jueves, 15 de abril de 2010
martes, 13 de abril de 2010
RÉPLICA A LA NOTA DE TIBERIO GRAZIANI: RUSIA EN EL SIGLO XXI
Se acaba de publicar en castellano en la página Tsunami Político un artículo de italiano Tiberio Graziani en el que se exalta la política exterior de Rusia a través de sus nuevos gobernantes, Putin-Medvediev. En tanto lo consideramos como el texto que con mayor fundamentación ha efectuado la defensa de tal postura hemos decidido realizar una réplica del mismo, la que se encuentra en una línea similar a la que meses pasados efectuáramos de dos publicaciones afines, una chilena y otra argentina (1).
Sr. Director de Tsunami:
En el día de ayer su honorable página web ha editado un lamentable artículo de un autor italiano, Tiberio Graziani, conocido por su postura abiertamente favorable a los intereses de un imperialismo ruso que intenta resucitar, afortunadamente sin éxito, la dupla Putin-Medyediev, en un fallido intento por querer reproducir la triste experiencia que fuera para el mundo la desaparecida Unión Soviética, con sus millones de mártires y perseguidos, aunque, tal como veremos seguidamente, con ciertos inconvenientes adicionales. Ignoramos la fecha de esta nota pero por lo desactualizada suponemos que debe haber sido escrita al menos hace un año, de lo contrario no se entendería el pasaje en donde el aludido afirma que entre los varios éxitos obtenidos por el déspota ruso ex KGB Putin se encontraría el de haber logrado «contener con firmeza el secesionismo chechenio y daguestano e infundir confianza a la población». Demás está decir que esta información es notoriamente falsa y desactualizada. Diariamente en tal región se suceden acciones de guerra producidas por los grupos que luchan por la independencia de su país ilegítimamente ocupado y éstas incluso se han extendido hasta el mismo territorio ruso en acciones de represalia, tales como los recientes atentados contra el expreso Moscú- San Petersburgo y contra el subte de Moscú en la semana pasada entre otros.
Pero yendo puntualmente a la fundamentación que el autor da a su postura, digamos que la misma en lo esencial no es muy diferente de la que sostiene el marxismo y por tal causa no resulta un hecho casual su apoyo al régimen del ex bolchevique Putin. De acuerdo a Carlos Marx las ideologías son superestructuras mutables de una invariable económica que las sustenta en su condición de justificativos de sus acciones de dominio en circunstancias distintas. Así pues para un marxista tanto la religión como las distintas concepciones políticas que no son la propia, como el liberalismo y el fascismo por ejemplo, son expresiones mutables de una misma realidad que es la clase burguesa opresora, siendo por lo tanto discursos diferentes y circunstanciales elaborados con la misma finalidad de justificar el propio dominio sobre las otras clases. La concepción ‘geopolítica’ formulada por Graziani sustituye al concepto de clase económica el de ‘espacio geográfico’ por lo cual, mientras que el marxista concibe la historia como una incesante lucha entre clases por el control de la economía, el geopolítico del estilo de Graziani considera que lo es entre espacios geográficos dispares los cuales también utilizarían a las diferentes ideologías como instrumentos de dominio de acuerdo a las circunstancias mutables. De este modo no habría para él una diferencia sustancial dentro del espacio geográfico ruso entre lo que fuera el zarismo y el comunismo soviético, del mismo modo que entre éstos y el actual régimen de Putin, pues representan todos ellos formas diferentes por la que se ha expresado en el tiempo una misma realidad determinada por una finalidad de dominio.
Nosotros partimos del concepto exactamente opuesto sea al de los geopolíticos como de los marxistas. Para nosotros son las ideas y las concepciones del mundo lo que diferencian a las personas y no las distintas condiciones materiales, sean las clases sociales, sean los espacios geográficos, u otras categorías similares. Para nosotros así como no es la clase social lo que determina nuestra manera de pensar, tampoco ello acontece con nuestra situación geográfica o histórica. Que en tanto el hombre es un ser libre por naturaleza, son las ideas las que determinan su manera de ser y no a la inversa. Somos nosotros los que pensamos y no los que somos pensados. Desde tal punto de vista, es decir en tanto medido a partir de lo que son los principios, por ejemplo el comunismo está mucho más cerca del liberalismo que del zarismo a pesar de que el primero y el último puedan haber tenido un mismo origen territorial, en la medida que mientras que las dos primeras posturas se fundan en principios inmanentes y seculares, es decir materialistas, el zarismo era en cambio una concepción sagrada, imperial y metafísica de la política. De acuerdo a lo que afirmara un grande como Solzyenitzyn, a diferencia de lo que manifiesta en cambio el Sr. Graziani, el comunismo no ha sido la continuidad sino la derogación del antiguo zarismo.
En su lamentable trabajo, que ni siquiera hubiera sido capaz de escribir un comunista estaliniano, Graziani se manifiesta preocupado porque luego de la caída del comunismo EEUU haya avanzado por Europa. Desde ya que a nosotros como tradicionalistas no nos puede gustar en manera alguna el progreso de los EEUU, pero menos todavía nos hubiera gustado un mundo en el que el comunismo hubiese ganado la partida. Y esto por la siguiente razón, que si bien los dos, EEUU y URSS, son materialistas, con el primer régimen por lo menos tenemos la posibilidad de estar escribiendo estas cosas, de haber sido el comunismo el vencedor con seguridad que habríamos sido enviados a clínicas de recuperación mental o a Gulags como Solyenitzyn quien cometiera durante la guerra el grave delito de haber llamado ‘papito’ a Stalin en una carta personal.
Graziani, en su enfoque geopolítico, prescinde de señalarnos las diferencias entre la ex Unión Soviética y el actual régimen de Putin. Manifiesta que lo bueno de este último es que intenta recrear el antiguo imperio soviético luego de la gran crisis del 90 que produjo su desintegración. Le explicaré la diferencia que en cambio existe entre ambos. Con el comunismo, debido a la gran censura existente, en Occidente no se sabía o se disimulaba un poco que los grandes jerarcas eran, además de representantes de los ‘intereses históricos del proletariado’, también multimillonarios. Hoy esto además de saberse se exhibe en público de manera indecorosa y sin ningún tapujo. Es más, los grandes jerarcas rusos son actualmente también multimillonarios obscenos, como el caso entre otros tantos de Abramovich, dueño de un club de futbol inglés y dispensador de gran cantidad de castillos europeos a sus múltiples amantes. Pero esta gran afinidad entre capitalismo y comunismo no es sólo una cuestión de la Rusia actual, sino también de China en donde es el partido comunista el que promueve el consumismo y la gran economía de mercado, siendo el principal sostén del dolar norteamericano.
Causan literalmente risa los logros geopolíticos que según Graziani habría obtenido Putin en política internacional desde que gobierna. Dice que a diferencia de lo que aconteciera con sus predecesores en la primera invasión a Irak en 1990, en el 2003 Rusia «se marginó de la agresiva intervención militar en el Iraq de Saddam Hussein». Le refrescaremos la memoria. Si en 1990 hubo un sector de patriotas rusos, capitaneados en ese entonces por el nacionalista Zyrinowsky, que envió voluntarios para luchar del lado de Saddam Hussein, en el 2003, Putin ni siquiera esbozó una protesta formal a la invasión que determinó la caída y posterior ejecución de Saddam.
Resulta llamativo además el gran silencio que brinde a la invasión a Afganistán. ¿En este caso Putin ‘se marginó’? Todo lo contrario colaboró decisivamente en tal invasión prestando sus Estados satélites del Asia central bases para que los norteamericanos pudiesen invadir. Y hoy en día, ante la ofensiva talibán, no son los Estados satélites de Rusia los que prestan sus instalaciones sino el mismo Estado ruso quien posibilita que por sus territorios transiten los convoyes logísticos que llevan pertrechos a las fuerzas de la Otan que allí luchan.
Causan gracia y también malestar los profundos silencios del autor. Él se indigna porque EEUU haya cooptado en la Otan a muchos Estados que antes formaban parte o estaban asociados con la antigua URSS, sin embargo silencia ciertos hechos esenciales. Que la Otan, de acuerdo a lo que ha explicado recientemente su actual secretario general, Anders Rasmussen, ha dejado de ser el organismo pensado en función de poner freno a la expansión comunista, pues tal peligro ha desaparecido, para en cambio convertirse en un freno del avance del fundamentalismo islámico o del ‘terrorismo internacional’, término este último compartido por Putin y que es utilizado para calificar a los patriotas caucásicos que luchan por su independencia. No por casualidad, además de prestarle a tal organización enemiga sus territorios para que invadan a una nación fundamentalista, sino que también Graziani silencia el hecho de que Rusia tiene un veedor permanente en tal organización. Es decir ahora que con Putin y con China el comunismo se ha sacado la careta y se ha mostrado como lo que realmente era, un capitalismo de tono mayor, hay que ocuparse del enemigo verdadero.
Más gracioso todavía es que nos diga que Putin ha reivindicado al Islam como parte integrante de la idiosincrasia rusa y que no lo está persiguiendo, como en cambio habían hecho sus predecesores. Pero eso no es muy diferente de lo que está haciendo Obama ; no es que no quieran al Islam, sino que desean un Islam tibio, moderno, capitalista. Es por eso que lo quieren en la Unión Europea con Turquía pues piensan democratizarlo. El otro Islam, el verdadero, el que no acepta el materialismo capitalista comunista, ése está en contra de Putin y le disputa soberanía en el Cáucaso, tras haber constituido un Emirato en tal región. Lástima que tampoco Graziani haga mención de ello.
Insistimos : causa mucha gracia Graziani. Quizás si el autor de la traducción hubiese puesto la fecha de su nota a lo mejor nos hubiésemos podido explicar por qué no dice nada del reciente tratado de Praga firmado entre Obama y Medvedyev evitando que otros países, como Irán por ejemplo, puedan tener armas nucleares con lo cual, tal como dijera ayer nuestro colega Preziosi, los imperios del mar y de la tierra han terminado uniéndose en los logros geopolíticos comunes.
Descartamos que el Sr. Graziani conteste a esta nota, pero sería sumamente provechoso que lo hiciesen en su defensa todos aquellos que en este país y en Chile promueven sus ideas.
Con cordiales saludos.
Marcos Ghio
13/04/10
Se acaba de publicar en castellano en la página Tsunami Político un artículo de italiano Tiberio Graziani en el que se exalta la política exterior de Rusia a través de sus nuevos gobernantes, Putin-Medvediev. En tanto lo consideramos como el texto que con mayor fundamentación ha efectuado la defensa de tal postura hemos decidido realizar una réplica del mismo, la que se encuentra en una línea similar a la que meses pasados efectuáramos de dos publicaciones afines, una chilena y otra argentina (1).
Sr. Director de Tsunami:
En el día de ayer su honorable página web ha editado un lamentable artículo de un autor italiano, Tiberio Graziani, conocido por su postura abiertamente favorable a los intereses de un imperialismo ruso que intenta resucitar, afortunadamente sin éxito, la dupla Putin-Medyediev, en un fallido intento por querer reproducir la triste experiencia que fuera para el mundo la desaparecida Unión Soviética, con sus millones de mártires y perseguidos, aunque, tal como veremos seguidamente, con ciertos inconvenientes adicionales. Ignoramos la fecha de esta nota pero por lo desactualizada suponemos que debe haber sido escrita al menos hace un año, de lo contrario no se entendería el pasaje en donde el aludido afirma que entre los varios éxitos obtenidos por el déspota ruso ex KGB Putin se encontraría el de haber logrado «contener con firmeza el secesionismo chechenio y daguestano e infundir confianza a la población». Demás está decir que esta información es notoriamente falsa y desactualizada. Diariamente en tal región se suceden acciones de guerra producidas por los grupos que luchan por la independencia de su país ilegítimamente ocupado y éstas incluso se han extendido hasta el mismo territorio ruso en acciones de represalia, tales como los recientes atentados contra el expreso Moscú- San Petersburgo y contra el subte de Moscú en la semana pasada entre otros.
Pero yendo puntualmente a la fundamentación que el autor da a su postura, digamos que la misma en lo esencial no es muy diferente de la que sostiene el marxismo y por tal causa no resulta un hecho casual su apoyo al régimen del ex bolchevique Putin. De acuerdo a Carlos Marx las ideologías son superestructuras mutables de una invariable económica que las sustenta en su condición de justificativos de sus acciones de dominio en circunstancias distintas. Así pues para un marxista tanto la religión como las distintas concepciones políticas que no son la propia, como el liberalismo y el fascismo por ejemplo, son expresiones mutables de una misma realidad que es la clase burguesa opresora, siendo por lo tanto discursos diferentes y circunstanciales elaborados con la misma finalidad de justificar el propio dominio sobre las otras clases. La concepción ‘geopolítica’ formulada por Graziani sustituye al concepto de clase económica el de ‘espacio geográfico’ por lo cual, mientras que el marxista concibe la historia como una incesante lucha entre clases por el control de la economía, el geopolítico del estilo de Graziani considera que lo es entre espacios geográficos dispares los cuales también utilizarían a las diferentes ideologías como instrumentos de dominio de acuerdo a las circunstancias mutables. De este modo no habría para él una diferencia sustancial dentro del espacio geográfico ruso entre lo que fuera el zarismo y el comunismo soviético, del mismo modo que entre éstos y el actual régimen de Putin, pues representan todos ellos formas diferentes por la que se ha expresado en el tiempo una misma realidad determinada por una finalidad de dominio.
Nosotros partimos del concepto exactamente opuesto sea al de los geopolíticos como de los marxistas. Para nosotros son las ideas y las concepciones del mundo lo que diferencian a las personas y no las distintas condiciones materiales, sean las clases sociales, sean los espacios geográficos, u otras categorías similares. Para nosotros así como no es la clase social lo que determina nuestra manera de pensar, tampoco ello acontece con nuestra situación geográfica o histórica. Que en tanto el hombre es un ser libre por naturaleza, son las ideas las que determinan su manera de ser y no a la inversa. Somos nosotros los que pensamos y no los que somos pensados. Desde tal punto de vista, es decir en tanto medido a partir de lo que son los principios, por ejemplo el comunismo está mucho más cerca del liberalismo que del zarismo a pesar de que el primero y el último puedan haber tenido un mismo origen territorial, en la medida que mientras que las dos primeras posturas se fundan en principios inmanentes y seculares, es decir materialistas, el zarismo era en cambio una concepción sagrada, imperial y metafísica de la política. De acuerdo a lo que afirmara un grande como Solzyenitzyn, a diferencia de lo que manifiesta en cambio el Sr. Graziani, el comunismo no ha sido la continuidad sino la derogación del antiguo zarismo.
En su lamentable trabajo, que ni siquiera hubiera sido capaz de escribir un comunista estaliniano, Graziani se manifiesta preocupado porque luego de la caída del comunismo EEUU haya avanzado por Europa. Desde ya que a nosotros como tradicionalistas no nos puede gustar en manera alguna el progreso de los EEUU, pero menos todavía nos hubiera gustado un mundo en el que el comunismo hubiese ganado la partida. Y esto por la siguiente razón, que si bien los dos, EEUU y URSS, son materialistas, con el primer régimen por lo menos tenemos la posibilidad de estar escribiendo estas cosas, de haber sido el comunismo el vencedor con seguridad que habríamos sido enviados a clínicas de recuperación mental o a Gulags como Solyenitzyn quien cometiera durante la guerra el grave delito de haber llamado ‘papito’ a Stalin en una carta personal.
Graziani, en su enfoque geopolítico, prescinde de señalarnos las diferencias entre la ex Unión Soviética y el actual régimen de Putin. Manifiesta que lo bueno de este último es que intenta recrear el antiguo imperio soviético luego de la gran crisis del 90 que produjo su desintegración. Le explicaré la diferencia que en cambio existe entre ambos. Con el comunismo, debido a la gran censura existente, en Occidente no se sabía o se disimulaba un poco que los grandes jerarcas eran, además de representantes de los ‘intereses históricos del proletariado’, también multimillonarios. Hoy esto además de saberse se exhibe en público de manera indecorosa y sin ningún tapujo. Es más, los grandes jerarcas rusos son actualmente también multimillonarios obscenos, como el caso entre otros tantos de Abramovich, dueño de un club de futbol inglés y dispensador de gran cantidad de castillos europeos a sus múltiples amantes. Pero esta gran afinidad entre capitalismo y comunismo no es sólo una cuestión de la Rusia actual, sino también de China en donde es el partido comunista el que promueve el consumismo y la gran economía de mercado, siendo el principal sostén del dolar norteamericano.
Causan literalmente risa los logros geopolíticos que según Graziani habría obtenido Putin en política internacional desde que gobierna. Dice que a diferencia de lo que aconteciera con sus predecesores en la primera invasión a Irak en 1990, en el 2003 Rusia «se marginó de la agresiva intervención militar en el Iraq de Saddam Hussein». Le refrescaremos la memoria. Si en 1990 hubo un sector de patriotas rusos, capitaneados en ese entonces por el nacionalista Zyrinowsky, que envió voluntarios para luchar del lado de Saddam Hussein, en el 2003, Putin ni siquiera esbozó una protesta formal a la invasión que determinó la caída y posterior ejecución de Saddam.
Resulta llamativo además el gran silencio que brinde a la invasión a Afganistán. ¿En este caso Putin ‘se marginó’? Todo lo contrario colaboró decisivamente en tal invasión prestando sus Estados satélites del Asia central bases para que los norteamericanos pudiesen invadir. Y hoy en día, ante la ofensiva talibán, no son los Estados satélites de Rusia los que prestan sus instalaciones sino el mismo Estado ruso quien posibilita que por sus territorios transiten los convoyes logísticos que llevan pertrechos a las fuerzas de la Otan que allí luchan.
Causan gracia y también malestar los profundos silencios del autor. Él se indigna porque EEUU haya cooptado en la Otan a muchos Estados que antes formaban parte o estaban asociados con la antigua URSS, sin embargo silencia ciertos hechos esenciales. Que la Otan, de acuerdo a lo que ha explicado recientemente su actual secretario general, Anders Rasmussen, ha dejado de ser el organismo pensado en función de poner freno a la expansión comunista, pues tal peligro ha desaparecido, para en cambio convertirse en un freno del avance del fundamentalismo islámico o del ‘terrorismo internacional’, término este último compartido por Putin y que es utilizado para calificar a los patriotas caucásicos que luchan por su independencia. No por casualidad, además de prestarle a tal organización enemiga sus territorios para que invadan a una nación fundamentalista, sino que también Graziani silencia el hecho de que Rusia tiene un veedor permanente en tal organización. Es decir ahora que con Putin y con China el comunismo se ha sacado la careta y se ha mostrado como lo que realmente era, un capitalismo de tono mayor, hay que ocuparse del enemigo verdadero.
Más gracioso todavía es que nos diga que Putin ha reivindicado al Islam como parte integrante de la idiosincrasia rusa y que no lo está persiguiendo, como en cambio habían hecho sus predecesores. Pero eso no es muy diferente de lo que está haciendo Obama ; no es que no quieran al Islam, sino que desean un Islam tibio, moderno, capitalista. Es por eso que lo quieren en la Unión Europea con Turquía pues piensan democratizarlo. El otro Islam, el verdadero, el que no acepta el materialismo capitalista comunista, ése está en contra de Putin y le disputa soberanía en el Cáucaso, tras haber constituido un Emirato en tal región. Lástima que tampoco Graziani haga mención de ello.
Insistimos : causa mucha gracia Graziani. Quizás si el autor de la traducción hubiese puesto la fecha de su nota a lo mejor nos hubiésemos podido explicar por qué no dice nada del reciente tratado de Praga firmado entre Obama y Medvedyev evitando que otros países, como Irán por ejemplo, puedan tener armas nucleares con lo cual, tal como dijera ayer nuestro colega Preziosi, los imperios del mar y de la tierra han terminado uniéndose en los logros geopolíticos comunes.
Descartamos que el Sr. Graziani conteste a esta nota, pero sería sumamente provechoso que lo hiciesen en su defensa todos aquellos que en este país y en Chile promueven sus ideas.
Con cordiales saludos.
Marcos Ghio
13/04/10
lunes, 1 de marzo de 2010
A propósito de una obra de Stanley Payne
ESPAÑA Y EL CATOLICISMO
España fue una sustancia metafísica constituida en una lucha que durara unos ochocientos años en contra de una de las peores herejías que tuviera que padecer el cristianismo cual fuera el Islam en su territorio. Concepción ésta contraria a la idiosincrasia aria en que se sustentara por la que se sostuviera a la manera pagana la unidad esencial entre la naturaleza humana y divina a través del dogma Trinitario, encontrándose ello en contraposición con el concepto semita para el cual el abismo ontológico entre ambas realidades es irreversible y solamente se supera con la subordinación absoluta de la primera respecto de la segunda. (1) Esta lucha por la independencia y la unidad nacional que consumara España a finales del siglo XV estuvo por lo tanto intrínsecamente unida con la propia religión, el catolicismo, y no fue por ello una casualidad que tal epopeya fuese calificada como una Cruzada y que la pareja real que gobernaba el país en el momento de la victoria final tuviese el nombre de 'Reyes católicos', en tanto que desde sus mismos orígenes la Nación española y el catolicismo fueron una unidad esencial e inescindible y ello es también lo que explica cómo en nuestro días, sea por el regionalismo o por la pretendida europeización, tal concepto se encuentre en crisis en simultaneidad con su catolicismo. Y fue también por ello, en tanto que movilizada por tal espíritu metafísico, que en España se plasmara el último intento imperial y católico que conociera el Occidente, en el siglo XVI a través de los proyectos fallidos de Carlos V y Felipe II quienes fueran los últimos representantes del Sacro Romano Imperio. Nuestro continente americano, a través de su descubrimiento y conquista, fue una de las principales expresiones de tal impulso metafísico e imperial.
Este hecho peculiar de la historia española, lo relativo a sus estrechos e inescindibles vínculos con el catolicismo desde el mismo momento de su fundación y epopeya, es justamente el tema que trata la interesante obra de Stanley G. Payne titulada El catolicismo español, editada en 2006 por Planeta. Payne es un catedrático norteamericano que se ha dedicado vastamente a tal temática habiendo puesto un especial énfasis en el período franquista, respecto del cual ha publicado obras tales como El primer franquismo y Franco y José Antonio. El valor que tiene tal autor es no solamente el vasto trabajo bibliográfico efectuado para poder escribir una obra tan extensa en cuanto a su temática, sino principalmente por tratarse de un investigador aséptico respecto del cual no puede decirse para nada que escriba por encargo o determinado por ciertos influjos ideológicos. Su obra es de lo más objetiva que pueda concebirse y si en todo caso pueden achacárseles algunas lagunas, las misma están principalmente determinadas por las carencias doctrinarias de un autor de tal tipo ajeno totalmente a una dimensión metafísica y teológica; sin embargo insistimos en que la misma es sumamente valiosa por su carácter testimonial. Por ejemplo puede señalarse aquí lo significativo que representa el hecho de que el autor, proviniendo de un medio notoriamente signado por el protestantismo, sin embargo sea capaz de decirnos que la famosa Inquisición española, que ha sido siempre utilizada como un estigma para condenar al oscurantismo de tal país, produjo menos muertes que las efectuadas en una sola noche por el monarca francés con los protestantes en la famosa masacre de San Bartolomé, u otras similares efectuadas a la inversa por protestantes con católicos en Alemania.
Hechas estas importantes salvedades queremos señalar aquí que hay una problemática esencial que puede recabarse de la lectura del texto y es que el autor, aun sin explicarnos las razones de ello, constata en múltiples oportunidades cómo el catolicismo español a pesar de haber sido el más combativo y fiel a la ortodoxia de toda Europa, sin embargo fue al mismo tiempo combatido severamente en diferentes circunstancias por la institución eclesiástica que lo debía apoyar. Por supuesto que Payne, debido a las limitaciones doctrinarias antes mentadas, ignora la profunda antítesis existente en el seno de tal religión entre güelfismo y gibelinismo o entre heleno y judeo-cristianismo, pero insistimos el hecho puntual está representado aquí porque ello, aun sin darnos las razones, sea resaltado por una figura ideológicamente neutral y por la gran documentación que nos aporta al respecto.
Yendo al desarrollo puntual de su obra diremos que Payne divide la historia del catolicismo español en tres períodos diferentes de acuerdo al desafío que tuvo que enfrentar. El primero, el más largo, fue el del islamismo que abarcara entre los siglos VII y XV el que fue llevado a cabo a través de la reconquista, el segundo estuvo representado por el protestantismo que fue confrontado a través de la contrarreforma, la que, si bien se manifestara en toda Europa, tuvo su origen preciso y principal motor en suelo español. Finalmente el tercero por el que estaríamos atravesando que es el liberalismo cuyo origen hay que hallarlo a fines del siglo XVIII, con la Revolución Francesa primero y con la invasión napoleónica a España luego y es aquí en donde el autor se destaca por señalar que fue en suelo español, a través de la Guerra Civil, que también recibiera el nombre de Cruzada, que se produjo la más importante reacción antiliberal por parte del catolicismo en toda la historia, la que estuviera precedida por otras reacciones no victoriosas durante el siglo XIX por parte del carlismo y otros conatos católicos similares. Es respecto de este último período que el autor nos aporta los datos más significativos y nos detalla cuál fuera la actuación de la Iglesia católica sea respecto de Franco como de las otras reacciones antiliberales anteriores.
Señalemos de pasada que quizás la principal laguna del texto se manifieste cuando el autor trata respecto de los períodos de Carlos V y Felipe II no explicándonos en el caso del primero las razones por las cuales el papa Paulo IV, a pesar de haber calificado a España como una 'cría de judíos y musulmanes', sin embargo prefiriera aliarse con el sultán turco y con el no tan católico monarca francés para hacerle frente. De mismo modo que no hay ni siquiera una alusión a la acción subversiva realizada por la Iglesia durante la colonia a través de frailes como Bartolomé de las Casas.
Pero indudablemente el período que el autor más conoce es el contemporáneo y más específicamente el perteneciente al gran desafío liberal y es aquí en donde decíamos que nos proporciona los datos más interesantes. Por ejemplo nos hace notar cómo la Iglesia católica, si fue muy dura e intransigente con respecto a las herejías anteriores, sin embargo mantuvo por lo general una postura de blandura respecto del liberalismo, el cual en España durante los dos siglos aquí aludidos, el XIX y el XX tuvo las posturas más crueles y sanguinarias en contra del catolicismo llegando a efectuar quemas y masacres de sacerdotes como no aconteciera ni siquiera con la Revolución Francesa en sus peores períodos de jacobinismo, ni tampoco con la ocupación musulmana.
En España la primera reacción antiliberal fue en la lucha por la sucesión monárquica entre carlistas e isabelinos, siendo esta última una rama liberal y la primera en cambio de carácter tradicionalista. El autor nos hace notar cómo durante las diferentes guerras civiles entre ambos bandos, 'el papado permaneció neutral, negándose a reconocer a ninguno de los contendientes, aunque manteniendo relaciones diplomáticas normales con Madrid (es decir con la monarquía liberal) mientras que todas las jerarquías de la Iglesia rendían obediencia al nuevo gobierno' (pg. 112). Y si bien a raíz de las revoluciones masónicas de 1848 hubo un cierto resurgimiento del catolicismo tradicional y la aparición de figuras significativas como Balmes y Donoso Cortés, impulsadas por la presencia de un pontífice notoriamente antiliberal como Pío IX con su encíclica Quanta Cura y su Sillabus, y ello daría lugar a un cierto resurgir del tradicionalismo católico en tal nación, sin embargo tal situación se revertiría más tarde con los pontífices posteriores. Fue así como León XIII en 1884, con su encíclica Inmortale Dei, modificó tal orientación alentando a los católicos a colaborar en política con los liberales, es decir a participar del régimen democrático. Esta nueva política vaticana hacia el liberalismo conocida como el ralliement, consistente en hacerle concesiones a tal ideología moderna con la finalidad de 'cristianizarla', tuvo efectos importantes y deletéreos en el seno del tradicionalismo español. Así pues en el carlismo se produjo una escisión entre los seguidores a ultranza del papa quienes estaban dispuestos a acatar cualquiera de sus volteretas y los ortodoxos, representados por Carlos Nocedal, que fundarían entonces el Movimiento Integrista, representado por los carlistas intransigentes, la que duraría hasta la muerte de su fundador.
Pero donde las cosas demostraron un carácter inverosímil fue en lo relativo a las relaciones entre la Iglesia católica y el franquismo. Aquí el autor nos señala que, a pesar de todo lo que se considera en contrario, las relaciones entre el Vaticano y famosa Segunda república contra la se sublevara el Caudillo 'distaron mucho de ser de una animosidad inquebrantable'. Lo que sucedía es que la Iglesia en ese entonces apostaba a un liberalismo moderado. Pero fue justamente el hecho de que el liberalismo, en sus expresiones extremas marxistas y anarquistas, agudizara las persecuciones en contra de la Iglesia lo que hizo que ésta tuviese que moderar sus apoyos hacia la República y luego volcarse hacia el franquismo aunque siempre con reservas. Al respecto no puede soslayarse el hecho de que durante todo el período de la Segunda República hubo actitudes ambivalentes por parte del Vaticano, en ese entonces representado por el nuncio Pacelli, quien sería luego el papa Pío XII, quien en ningún momento apoyó a los sectores ortodoxos y 'se mostró sumamente acomodaticio' en relación al gobierno. Fue en cambio una reacción de la población católica lo que frenó los impulsos subversivos de la república que abiertamente hablaba de la destrucción de dicha religión, más que la acción de la Iglesia. Esto hasta se hizo ostensible en plena guerra civil. Durante el período que duró entre 1936 y 1939 'el papa Pío XI consideraba impolítico tener que tomar partido por alguno de los dos bandos' (pg. 231), aun cuando los republicanos habían destruido ya templos y matado a sacerdotes en cantidades inverosímiles. Y cuando se produjo el triunfo de Franco 'el papado esperó a que al menos 12 gobiernos lo reconocieran para proceder a hacer lo propio' (239).
Es de destacar luego que si bien durante el régimen franquista hubo jerarquías católicas que lo apoyaron calurosamente como representando su período el de la restauración de tal religión en dicho territorio, siempre la Iglesia mantuvo una actitud ambivalente, habiendo sido al mismo tiempo aquel ámbito en el cual se desarrollaría la oposición a dicho régimen. Pero todo se agudizaría notoriamente con el Concilio Vaticano II. El cardenal Montini, antes de ser el papa Paulo VI, había hecho pública una nota de repudio al régimen de Franco por una inminente ejecución política de un terrorista comunista (258). Concordando con el principal biógrafo de Franco, Ricardo de la Cierva, Payne opina que el verdadero verdugo del franquismo fue el papa Paulo VI y su política implementada a partir del Concilio Vaticano II. Es decir el Caudillo que supo capear el resultado adverso de la Segunda Guerra Mundial recibió la verdadera derrota por parte de la Iglesia la que curiosamente terminó socavando al único régimen plenamente católico que aun existía. La tarea de destrucción paulatina del catolicismo en España operada por el Vaticano fue de una pertinacia y de un ensañamiento sin límites. En primer lugar porque la subversión bolchevique que había sido aplastada durante la guerra civil pudo durante un período largo esconderse y camuflarse en el seno de las jerarquías eclesiásticas, actuando, tal como sucediera también en nuestro país, varias iglesias como refugios de guerrilleros. Al mismo tiempo se fue paulatinamente vaciando al clero español de todo su elemento tradicional suplantándoselo por sectores liberales abiertos o encubiertos. Nos recuerda también cómo en las iglesias se fueron de a poco distorsionando los sacramentos, los ejercicios espirituales, siendo todo ello sustituido en cambio por el activismo social. Por ejemplo 'se les decía a los fieles que dejaran de rezar el rosario y que no se preocuparan por hacer bautizar a sus hijos, se los apartó de la confesión, se introdujeron en las misas cambios arbitrarios, etc.' (265) Para llegar a sostener que en los comienzos de la década del setenta la mayoría de los clérigos era de ideología notoriamente izquierdista. Todo esto trajo también aparejado un incesante abandono en las vocaciones sacerdotales, que en pocos años disminuyeron a menos de la mitad. Pero la crisis principal entre la Iglesia y el franquismo se la tendrá con el atentado que produjera la muerte del heredero de Franco el almirante Carrero Blanco. Se sostuvo y no sin razones que dicho asesinato sólo pudo acontecer por las protecciones especiales que el clero había brindado a los terroristas. Fue así que cuando se produjera su entierro una multitud de fieles al franquismo gritó al unísono la consigna "Tarancón al paredón' para referirse al primado eclesiástico que se encontraba presente en la ceremonia.
Lo que vino después ya pertenece a nuestros días. El liberalismo se dio cuenta de que para destruir el catolicismo no había que quemar templos y matar curas, sino comprendió que era una cosa muy diferente tal religión de la institución eclesiástica vaticana, siempre dispuesta a traicionar y a servir al amo moderno, es decir, el güelfismo semítico presente desde sus mismos orígenes como un verdadero cáncer de nuestra religión. Era suficiente conciliar con éste para obtener la destrucción de la cristiandad que no pudiera lograrse en cambio ni con la cimitarra, ni con el libre examen de Lutero, ni con la guillotina.
Ésta es pues la conclusión que se recaba de la lectura atenta de la obra.
(1) Sin embargo esta precisión no rechaza sino por el contrario ratifica en los tiempos actuales la necesidad de una alianza esencial entre los fundamentalismos de todas las religiones, en especial el islámico, frente a una herejía superior y más profunda que no solamente niega el carácter divino del hombre, sino el mismo concepto de la divinidad, tal es el mundo moderno.
Marcos Ghio
ESPAÑA Y EL CATOLICISMO
España fue una sustancia metafísica constituida en una lucha que durara unos ochocientos años en contra de una de las peores herejías que tuviera que padecer el cristianismo cual fuera el Islam en su territorio. Concepción ésta contraria a la idiosincrasia aria en que se sustentara por la que se sostuviera a la manera pagana la unidad esencial entre la naturaleza humana y divina a través del dogma Trinitario, encontrándose ello en contraposición con el concepto semita para el cual el abismo ontológico entre ambas realidades es irreversible y solamente se supera con la subordinación absoluta de la primera respecto de la segunda. (1) Esta lucha por la independencia y la unidad nacional que consumara España a finales del siglo XV estuvo por lo tanto intrínsecamente unida con la propia religión, el catolicismo, y no fue por ello una casualidad que tal epopeya fuese calificada como una Cruzada y que la pareja real que gobernaba el país en el momento de la victoria final tuviese el nombre de 'Reyes católicos', en tanto que desde sus mismos orígenes la Nación española y el catolicismo fueron una unidad esencial e inescindible y ello es también lo que explica cómo en nuestro días, sea por el regionalismo o por la pretendida europeización, tal concepto se encuentre en crisis en simultaneidad con su catolicismo. Y fue también por ello, en tanto que movilizada por tal espíritu metafísico, que en España se plasmara el último intento imperial y católico que conociera el Occidente, en el siglo XVI a través de los proyectos fallidos de Carlos V y Felipe II quienes fueran los últimos representantes del Sacro Romano Imperio. Nuestro continente americano, a través de su descubrimiento y conquista, fue una de las principales expresiones de tal impulso metafísico e imperial.
Este hecho peculiar de la historia española, lo relativo a sus estrechos e inescindibles vínculos con el catolicismo desde el mismo momento de su fundación y epopeya, es justamente el tema que trata la interesante obra de Stanley G. Payne titulada El catolicismo español, editada en 2006 por Planeta. Payne es un catedrático norteamericano que se ha dedicado vastamente a tal temática habiendo puesto un especial énfasis en el período franquista, respecto del cual ha publicado obras tales como El primer franquismo y Franco y José Antonio. El valor que tiene tal autor es no solamente el vasto trabajo bibliográfico efectuado para poder escribir una obra tan extensa en cuanto a su temática, sino principalmente por tratarse de un investigador aséptico respecto del cual no puede decirse para nada que escriba por encargo o determinado por ciertos influjos ideológicos. Su obra es de lo más objetiva que pueda concebirse y si en todo caso pueden achacárseles algunas lagunas, las misma están principalmente determinadas por las carencias doctrinarias de un autor de tal tipo ajeno totalmente a una dimensión metafísica y teológica; sin embargo insistimos en que la misma es sumamente valiosa por su carácter testimonial. Por ejemplo puede señalarse aquí lo significativo que representa el hecho de que el autor, proviniendo de un medio notoriamente signado por el protestantismo, sin embargo sea capaz de decirnos que la famosa Inquisición española, que ha sido siempre utilizada como un estigma para condenar al oscurantismo de tal país, produjo menos muertes que las efectuadas en una sola noche por el monarca francés con los protestantes en la famosa masacre de San Bartolomé, u otras similares efectuadas a la inversa por protestantes con católicos en Alemania.
Hechas estas importantes salvedades queremos señalar aquí que hay una problemática esencial que puede recabarse de la lectura del texto y es que el autor, aun sin explicarnos las razones de ello, constata en múltiples oportunidades cómo el catolicismo español a pesar de haber sido el más combativo y fiel a la ortodoxia de toda Europa, sin embargo fue al mismo tiempo combatido severamente en diferentes circunstancias por la institución eclesiástica que lo debía apoyar. Por supuesto que Payne, debido a las limitaciones doctrinarias antes mentadas, ignora la profunda antítesis existente en el seno de tal religión entre güelfismo y gibelinismo o entre heleno y judeo-cristianismo, pero insistimos el hecho puntual está representado aquí porque ello, aun sin darnos las razones, sea resaltado por una figura ideológicamente neutral y por la gran documentación que nos aporta al respecto.
Yendo al desarrollo puntual de su obra diremos que Payne divide la historia del catolicismo español en tres períodos diferentes de acuerdo al desafío que tuvo que enfrentar. El primero, el más largo, fue el del islamismo que abarcara entre los siglos VII y XV el que fue llevado a cabo a través de la reconquista, el segundo estuvo representado por el protestantismo que fue confrontado a través de la contrarreforma, la que, si bien se manifestara en toda Europa, tuvo su origen preciso y principal motor en suelo español. Finalmente el tercero por el que estaríamos atravesando que es el liberalismo cuyo origen hay que hallarlo a fines del siglo XVIII, con la Revolución Francesa primero y con la invasión napoleónica a España luego y es aquí en donde el autor se destaca por señalar que fue en suelo español, a través de la Guerra Civil, que también recibiera el nombre de Cruzada, que se produjo la más importante reacción antiliberal por parte del catolicismo en toda la historia, la que estuviera precedida por otras reacciones no victoriosas durante el siglo XIX por parte del carlismo y otros conatos católicos similares. Es respecto de este último período que el autor nos aporta los datos más significativos y nos detalla cuál fuera la actuación de la Iglesia católica sea respecto de Franco como de las otras reacciones antiliberales anteriores.
Señalemos de pasada que quizás la principal laguna del texto se manifieste cuando el autor trata respecto de los períodos de Carlos V y Felipe II no explicándonos en el caso del primero las razones por las cuales el papa Paulo IV, a pesar de haber calificado a España como una 'cría de judíos y musulmanes', sin embargo prefiriera aliarse con el sultán turco y con el no tan católico monarca francés para hacerle frente. De mismo modo que no hay ni siquiera una alusión a la acción subversiva realizada por la Iglesia durante la colonia a través de frailes como Bartolomé de las Casas.
Pero indudablemente el período que el autor más conoce es el contemporáneo y más específicamente el perteneciente al gran desafío liberal y es aquí en donde decíamos que nos proporciona los datos más interesantes. Por ejemplo nos hace notar cómo la Iglesia católica, si fue muy dura e intransigente con respecto a las herejías anteriores, sin embargo mantuvo por lo general una postura de blandura respecto del liberalismo, el cual en España durante los dos siglos aquí aludidos, el XIX y el XX tuvo las posturas más crueles y sanguinarias en contra del catolicismo llegando a efectuar quemas y masacres de sacerdotes como no aconteciera ni siquiera con la Revolución Francesa en sus peores períodos de jacobinismo, ni tampoco con la ocupación musulmana.
En España la primera reacción antiliberal fue en la lucha por la sucesión monárquica entre carlistas e isabelinos, siendo esta última una rama liberal y la primera en cambio de carácter tradicionalista. El autor nos hace notar cómo durante las diferentes guerras civiles entre ambos bandos, 'el papado permaneció neutral, negándose a reconocer a ninguno de los contendientes, aunque manteniendo relaciones diplomáticas normales con Madrid (es decir con la monarquía liberal) mientras que todas las jerarquías de la Iglesia rendían obediencia al nuevo gobierno' (pg. 112). Y si bien a raíz de las revoluciones masónicas de 1848 hubo un cierto resurgimiento del catolicismo tradicional y la aparición de figuras significativas como Balmes y Donoso Cortés, impulsadas por la presencia de un pontífice notoriamente antiliberal como Pío IX con su encíclica Quanta Cura y su Sillabus, y ello daría lugar a un cierto resurgir del tradicionalismo católico en tal nación, sin embargo tal situación se revertiría más tarde con los pontífices posteriores. Fue así como León XIII en 1884, con su encíclica Inmortale Dei, modificó tal orientación alentando a los católicos a colaborar en política con los liberales, es decir a participar del régimen democrático. Esta nueva política vaticana hacia el liberalismo conocida como el ralliement, consistente en hacerle concesiones a tal ideología moderna con la finalidad de 'cristianizarla', tuvo efectos importantes y deletéreos en el seno del tradicionalismo español. Así pues en el carlismo se produjo una escisión entre los seguidores a ultranza del papa quienes estaban dispuestos a acatar cualquiera de sus volteretas y los ortodoxos, representados por Carlos Nocedal, que fundarían entonces el Movimiento Integrista, representado por los carlistas intransigentes, la que duraría hasta la muerte de su fundador.
Pero donde las cosas demostraron un carácter inverosímil fue en lo relativo a las relaciones entre la Iglesia católica y el franquismo. Aquí el autor nos señala que, a pesar de todo lo que se considera en contrario, las relaciones entre el Vaticano y famosa Segunda república contra la se sublevara el Caudillo 'distaron mucho de ser de una animosidad inquebrantable'. Lo que sucedía es que la Iglesia en ese entonces apostaba a un liberalismo moderado. Pero fue justamente el hecho de que el liberalismo, en sus expresiones extremas marxistas y anarquistas, agudizara las persecuciones en contra de la Iglesia lo que hizo que ésta tuviese que moderar sus apoyos hacia la República y luego volcarse hacia el franquismo aunque siempre con reservas. Al respecto no puede soslayarse el hecho de que durante todo el período de la Segunda República hubo actitudes ambivalentes por parte del Vaticano, en ese entonces representado por el nuncio Pacelli, quien sería luego el papa Pío XII, quien en ningún momento apoyó a los sectores ortodoxos y 'se mostró sumamente acomodaticio' en relación al gobierno. Fue en cambio una reacción de la población católica lo que frenó los impulsos subversivos de la república que abiertamente hablaba de la destrucción de dicha religión, más que la acción de la Iglesia. Esto hasta se hizo ostensible en plena guerra civil. Durante el período que duró entre 1936 y 1939 'el papa Pío XI consideraba impolítico tener que tomar partido por alguno de los dos bandos' (pg. 231), aun cuando los republicanos habían destruido ya templos y matado a sacerdotes en cantidades inverosímiles. Y cuando se produjo el triunfo de Franco 'el papado esperó a que al menos 12 gobiernos lo reconocieran para proceder a hacer lo propio' (239).
Es de destacar luego que si bien durante el régimen franquista hubo jerarquías católicas que lo apoyaron calurosamente como representando su período el de la restauración de tal religión en dicho territorio, siempre la Iglesia mantuvo una actitud ambivalente, habiendo sido al mismo tiempo aquel ámbito en el cual se desarrollaría la oposición a dicho régimen. Pero todo se agudizaría notoriamente con el Concilio Vaticano II. El cardenal Montini, antes de ser el papa Paulo VI, había hecho pública una nota de repudio al régimen de Franco por una inminente ejecución política de un terrorista comunista (258). Concordando con el principal biógrafo de Franco, Ricardo de la Cierva, Payne opina que el verdadero verdugo del franquismo fue el papa Paulo VI y su política implementada a partir del Concilio Vaticano II. Es decir el Caudillo que supo capear el resultado adverso de la Segunda Guerra Mundial recibió la verdadera derrota por parte de la Iglesia la que curiosamente terminó socavando al único régimen plenamente católico que aun existía. La tarea de destrucción paulatina del catolicismo en España operada por el Vaticano fue de una pertinacia y de un ensañamiento sin límites. En primer lugar porque la subversión bolchevique que había sido aplastada durante la guerra civil pudo durante un período largo esconderse y camuflarse en el seno de las jerarquías eclesiásticas, actuando, tal como sucediera también en nuestro país, varias iglesias como refugios de guerrilleros. Al mismo tiempo se fue paulatinamente vaciando al clero español de todo su elemento tradicional suplantándoselo por sectores liberales abiertos o encubiertos. Nos recuerda también cómo en las iglesias se fueron de a poco distorsionando los sacramentos, los ejercicios espirituales, siendo todo ello sustituido en cambio por el activismo social. Por ejemplo 'se les decía a los fieles que dejaran de rezar el rosario y que no se preocuparan por hacer bautizar a sus hijos, se los apartó de la confesión, se introdujeron en las misas cambios arbitrarios, etc.' (265) Para llegar a sostener que en los comienzos de la década del setenta la mayoría de los clérigos era de ideología notoriamente izquierdista. Todo esto trajo también aparejado un incesante abandono en las vocaciones sacerdotales, que en pocos años disminuyeron a menos de la mitad. Pero la crisis principal entre la Iglesia y el franquismo se la tendrá con el atentado que produjera la muerte del heredero de Franco el almirante Carrero Blanco. Se sostuvo y no sin razones que dicho asesinato sólo pudo acontecer por las protecciones especiales que el clero había brindado a los terroristas. Fue así que cuando se produjera su entierro una multitud de fieles al franquismo gritó al unísono la consigna "Tarancón al paredón' para referirse al primado eclesiástico que se encontraba presente en la ceremonia.
Lo que vino después ya pertenece a nuestros días. El liberalismo se dio cuenta de que para destruir el catolicismo no había que quemar templos y matar curas, sino comprendió que era una cosa muy diferente tal religión de la institución eclesiástica vaticana, siempre dispuesta a traicionar y a servir al amo moderno, es decir, el güelfismo semítico presente desde sus mismos orígenes como un verdadero cáncer de nuestra religión. Era suficiente conciliar con éste para obtener la destrucción de la cristiandad que no pudiera lograrse en cambio ni con la cimitarra, ni con el libre examen de Lutero, ni con la guillotina.
Ésta es pues la conclusión que se recaba de la lectura atenta de la obra.
(1) Sin embargo esta precisión no rechaza sino por el contrario ratifica en los tiempos actuales la necesidad de una alianza esencial entre los fundamentalismos de todas las religiones, en especial el islámico, frente a una herejía superior y más profunda que no solamente niega el carácter divino del hombre, sino el mismo concepto de la divinidad, tal es el mundo moderno.
Marcos Ghio
viernes, 26 de febrero de 2010
HA MUERTO BIOLCATI
Días pasados, en forma sumamente ocasional, nos hemos enterado de la muerte del filósofo e ingeniero Vicente Alberto Biolcati a quienes todos siempre cariñosamente hemos llamado por el apellido. Biolcati fue entrañable amigo nuestro a quien conocimos hace casi cuarenta años en la Facultad de Filosofía y Letras cuando, ya en una edad madura, con cuatro títulos universitarios a cuestas, efectuaba exitosamente su quinta carrera. Pero él no era un estudiante crónico o un simple acumulador de diplomas. Su estudio de filosofía se debía principalmente al hecho de estar atravesando una severa crisis respecto de la modernidad y de la disciplina que él había cultivado a lo largo de su vida útil, la ingeniería en gas y petróleo. Él se había convertido en un severo crítico del mundo moderno y ya de grande había descubierto a la figura de alguien que efectuaría una negación radical del mismo, el francés René Guénon, de quien se convertiría en uno de sus principales difusores en nuestra lengua. Debemos reconocer aquí públicamente que fue él quien nos hizo conocer a tal autor y luego fue a través de este último y de su escuela que nosotros nos aproximamos posteriormente al pensamiento evoliano algunos años más tarde.
Siempre lo recordaremos el día en que lo conocimos como una figura contrastante con el medio sumamente superficial y verborrágico en el que nos encontrábamos en donde ser filósofo o estudioso de la filosofía era un simple recurso para sobresalir en sociedad mediante el uso de léxicos rebuscados. Biolcati en cambio era una persona precisa en sus aseveraciones, su lenguaje era impactante y tenía una gran capacidad de comunicación y de exponer en muy pocas palabras las propias ideas; el estudio de la filosofía no era para exaltarse a sí mismo en una sociedad que él reputaba como caduca, sino un medio para poder alcanzar el saber esencial del cual el Occidente se había apartado desde hacía siglos. A él le debemos una serie de obras iluminadas, pero especialmente su tesis de licenciatura titulada La Edad crepuscular que representa uno de los estudios más pormenorizados y profundos que se han escrito sobre el pensamiento de René Guénon en nuestra lengua.
Pero seríamos injustos en este breve homenaje si no recordáramos otro detalle de su vida que nos tocó vivir de cerca. Siendo ya licenciado de Filosofía tuvo que padecer como nosotros ese nefasto acontecimiento argentino cual fue el Proceso de Reorganización Nacional en el año 1976. Esta circunstancia fue, tal como hemos relatado en otras circunstancias, el verdadero momento en que se aceleró el proceso de declive de nuestro país. Principalmente porque sembró la confusión respecto de ciertos principios que eran los esenciales para sanearnos. Apareciendo falsamente como un fenómeno de derecha fue en realidad de izquierda en tanto promovió el liberalismo en todos sus matices. Fue propulsor de la economía de mercado y simuló combatir al marxismo confrontando únicamente con su aparato guerrillero y militar (1), pero no con la izquierda como fenómeno cultural a la que cobijó en las universidades, siempre y cuando no fuese violenta. Cuando en verdad ésa era la peor de todas, en tanto que era la que se camuflaba con el disfraz del cordero. Y además con su política de represión clandestina e ilegal la convirtió en víctima, tal como sucediera en nuestros días con la famosa muletilla de los Derechos Humanos y los 30.000 desaparecidos. Nos falta sólo recordar al respecto que al venderle trigo a la Unión Soviética, en plena guerra de Afganistán, a pesar de su anticomunismo declamado, le dio oxígeno a tal sistema para seguir oprimiendo por más años al pueblo mujaideen. No por nada el Partido Comunista Argentino calificaba al régimen del Proceso como progresista por tales medidas. Y todo esto se complementó con su desprestigio ostensible hacia la única institución capaz de salvar a nuestro país cual es la dictadura. En manos del Proceso Militar los argentinos sólo pudieron conocer una dictadura nefasta y corrompida que, tal como era su meta explícitamente sostenida, pretendía instaurar una ‘democracia sana’ con el tiempo, es decir la que tenemos ahora. Una corrupción profunda no podía sino dar cabida a otra del mismo tenor.
¿Y qué tendrá que ver esto con la muerte de Biolcati? Nos dirá alguno. Es que Biolcati, como tantos argentinos que no éramos ni izquierdistas ni adulones de los militares, fue despojado bajo tal gobierno de su empleo en la empresa de Gas del Estado en el que se había desempeñado por al menos 20 años y obligado a una edad ya madura a buscarse otros medios de sustento. Biolcati entonces resolvió exiliarse. Pero aquí habría que señalar que en esa época existieron dos tipos de exilio en relación al nefasto gobierno militar para aquellos que teníamos títulos universitarios y nos desempeñábamos en la enseñanza. Un exilio confortable en el exterior con doctorados, becas y cargos académicos, es decir curriculum para cuando terminase la pesadilla de la ‘dictadura idiota’ y en éste se enrolaron masivamente los izquierdistas quienes luego volvieron con grandes antecedentes para ocupar cargos universitarios y el otro, el de los que decidimos exiliarnos en nuestro propio país, en un exilio que podríamos llamar interior, de los desencantados, de aquellos que queríamos una dictadura verdadera que rectificara las cosas y no una preparación para la democracia.
En la Patagonia argentina, específicamente en la localidad cordillerana de El Bolsón, transcurrimos parte de nuestro exilio con el gran amigo Biolcati. Luego él se volvió antes al llegarle la edad de la jubilación y continuó, ya en democracia, publicando libros y colaborando más tarde con nosotros en las tareas de difusión de ideas efectuadas por el Centro de Estudios Evolianos, nombre originario de nuestra organización. De él conservamos múltiples conferencias, habiendo sido la última de todas la brindada el pasado 31 de agosto de 2007 en la ciudad de Buenos Aires, la que fue su verdadero canto del cisne, pues nunca más habría de volver a hablar. Ahora nos enteramos que tenía un problema grave de salud.
Queremos rendir nuestro homenaje al gran amigo citando las palabras con las que comienza una de sus últimas obras, La liturgia de Lucifer, las que guardan grandes analogías con las circunstancias que nos tocaran vivir:
“Sálvate y salva a los tuyos. No mires atrás ni te detengas en sitio alguno de esta miseria envasada. Sube a tu caverna en lo alto de la montaña a fin de evitar convertirte en una estatua de metal ferroso. Así no perderás la inteligencia, lo más valioso de ti”.
(1) Más tarde nos enteramos también que hubo una estrecha colaboración con la izquierda montonera en el exterior por parte de ciertos miembros del gobierno militar.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 26/02/10
Días pasados, en forma sumamente ocasional, nos hemos enterado de la muerte del filósofo e ingeniero Vicente Alberto Biolcati a quienes todos siempre cariñosamente hemos llamado por el apellido. Biolcati fue entrañable amigo nuestro a quien conocimos hace casi cuarenta años en la Facultad de Filosofía y Letras cuando, ya en una edad madura, con cuatro títulos universitarios a cuestas, efectuaba exitosamente su quinta carrera. Pero él no era un estudiante crónico o un simple acumulador de diplomas. Su estudio de filosofía se debía principalmente al hecho de estar atravesando una severa crisis respecto de la modernidad y de la disciplina que él había cultivado a lo largo de su vida útil, la ingeniería en gas y petróleo. Él se había convertido en un severo crítico del mundo moderno y ya de grande había descubierto a la figura de alguien que efectuaría una negación radical del mismo, el francés René Guénon, de quien se convertiría en uno de sus principales difusores en nuestra lengua. Debemos reconocer aquí públicamente que fue él quien nos hizo conocer a tal autor y luego fue a través de este último y de su escuela que nosotros nos aproximamos posteriormente al pensamiento evoliano algunos años más tarde.
Siempre lo recordaremos el día en que lo conocimos como una figura contrastante con el medio sumamente superficial y verborrágico en el que nos encontrábamos en donde ser filósofo o estudioso de la filosofía era un simple recurso para sobresalir en sociedad mediante el uso de léxicos rebuscados. Biolcati en cambio era una persona precisa en sus aseveraciones, su lenguaje era impactante y tenía una gran capacidad de comunicación y de exponer en muy pocas palabras las propias ideas; el estudio de la filosofía no era para exaltarse a sí mismo en una sociedad que él reputaba como caduca, sino un medio para poder alcanzar el saber esencial del cual el Occidente se había apartado desde hacía siglos. A él le debemos una serie de obras iluminadas, pero especialmente su tesis de licenciatura titulada La Edad crepuscular que representa uno de los estudios más pormenorizados y profundos que se han escrito sobre el pensamiento de René Guénon en nuestra lengua.
Pero seríamos injustos en este breve homenaje si no recordáramos otro detalle de su vida que nos tocó vivir de cerca. Siendo ya licenciado de Filosofía tuvo que padecer como nosotros ese nefasto acontecimiento argentino cual fue el Proceso de Reorganización Nacional en el año 1976. Esta circunstancia fue, tal como hemos relatado en otras circunstancias, el verdadero momento en que se aceleró el proceso de declive de nuestro país. Principalmente porque sembró la confusión respecto de ciertos principios que eran los esenciales para sanearnos. Apareciendo falsamente como un fenómeno de derecha fue en realidad de izquierda en tanto promovió el liberalismo en todos sus matices. Fue propulsor de la economía de mercado y simuló combatir al marxismo confrontando únicamente con su aparato guerrillero y militar (1), pero no con la izquierda como fenómeno cultural a la que cobijó en las universidades, siempre y cuando no fuese violenta. Cuando en verdad ésa era la peor de todas, en tanto que era la que se camuflaba con el disfraz del cordero. Y además con su política de represión clandestina e ilegal la convirtió en víctima, tal como sucediera en nuestros días con la famosa muletilla de los Derechos Humanos y los 30.000 desaparecidos. Nos falta sólo recordar al respecto que al venderle trigo a la Unión Soviética, en plena guerra de Afganistán, a pesar de su anticomunismo declamado, le dio oxígeno a tal sistema para seguir oprimiendo por más años al pueblo mujaideen. No por nada el Partido Comunista Argentino calificaba al régimen del Proceso como progresista por tales medidas. Y todo esto se complementó con su desprestigio ostensible hacia la única institución capaz de salvar a nuestro país cual es la dictadura. En manos del Proceso Militar los argentinos sólo pudieron conocer una dictadura nefasta y corrompida que, tal como era su meta explícitamente sostenida, pretendía instaurar una ‘democracia sana’ con el tiempo, es decir la que tenemos ahora. Una corrupción profunda no podía sino dar cabida a otra del mismo tenor.
¿Y qué tendrá que ver esto con la muerte de Biolcati? Nos dirá alguno. Es que Biolcati, como tantos argentinos que no éramos ni izquierdistas ni adulones de los militares, fue despojado bajo tal gobierno de su empleo en la empresa de Gas del Estado en el que se había desempeñado por al menos 20 años y obligado a una edad ya madura a buscarse otros medios de sustento. Biolcati entonces resolvió exiliarse. Pero aquí habría que señalar que en esa época existieron dos tipos de exilio en relación al nefasto gobierno militar para aquellos que teníamos títulos universitarios y nos desempeñábamos en la enseñanza. Un exilio confortable en el exterior con doctorados, becas y cargos académicos, es decir curriculum para cuando terminase la pesadilla de la ‘dictadura idiota’ y en éste se enrolaron masivamente los izquierdistas quienes luego volvieron con grandes antecedentes para ocupar cargos universitarios y el otro, el de los que decidimos exiliarnos en nuestro propio país, en un exilio que podríamos llamar interior, de los desencantados, de aquellos que queríamos una dictadura verdadera que rectificara las cosas y no una preparación para la democracia.
En la Patagonia argentina, específicamente en la localidad cordillerana de El Bolsón, transcurrimos parte de nuestro exilio con el gran amigo Biolcati. Luego él se volvió antes al llegarle la edad de la jubilación y continuó, ya en democracia, publicando libros y colaborando más tarde con nosotros en las tareas de difusión de ideas efectuadas por el Centro de Estudios Evolianos, nombre originario de nuestra organización. De él conservamos múltiples conferencias, habiendo sido la última de todas la brindada el pasado 31 de agosto de 2007 en la ciudad de Buenos Aires, la que fue su verdadero canto del cisne, pues nunca más habría de volver a hablar. Ahora nos enteramos que tenía un problema grave de salud.
Queremos rendir nuestro homenaje al gran amigo citando las palabras con las que comienza una de sus últimas obras, La liturgia de Lucifer, las que guardan grandes analogías con las circunstancias que nos tocaran vivir:
“Sálvate y salva a los tuyos. No mires atrás ni te detengas en sitio alguno de esta miseria envasada. Sube a tu caverna en lo alto de la montaña a fin de evitar convertirte en una estatua de metal ferroso. Así no perderás la inteligencia, lo más valioso de ti”.
(1) Más tarde nos enteramos también que hubo una estrecha colaboración con la izquierda montonera en el exterior por parte de ciertos miembros del gobierno militar.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 26/02/10
lunes, 8 de febrero de 2010
Nota aclaratoria:
Hace aproximadamente un mes en la página de Tsunami político apareció una nota de Adrián Salbuchi en donde pretendía contestar a un artículo que había yo publicado hace dos meses en donde refutaba los conceptos que el primero había vertido sobre el atentado de la AMIA. Luego de mi inmediata réplica a tal artículo, Salbuchi contestó en esa misma página con una breve esquela en donde se negaba a tener ningún tipo de debate conmigo pues decía tener ‘temas más constructivos’ de los que ocuparse. En esta nota aclaramos cuáles son esos temas a los cuales aludía en ese entonces.
EL DOBLE MENSAJE DEL SR. SALBUCHI
Adrián Salbuchi difundió tiempo atrás por esta misma página una nota de pretendida réplica a un artículo mío en el que realizaba fuertes críticas a su reciente informe sobre el atentado de la AMIA publicado por la izquierdista Red Voltaire. Luego de haber procedido a contestarle con críticas contundentes que ponían en claro a cuáles intereses él servía en tanto que en la aludida réplica se encargaba reiteradamente de descalificar al único movimiento que en la actualidad le hace frente a las fuerzas de la modernidad representadas paradigmáticamente por los EEUU, Rusia, China y la Unión Europea, es decir, al fundamentalismo islámico, Salbuchi contesta con una nueva carta que publica en tal página en donde literalmente se escapa del debate que el mismo ha suscitado con argumentos como el siguiente:
1) NO pienso perder el tiempo en contestarle a Marcos.
2) No tengo NADA personal contra él. Y finalmente:
3) Estoy muy ocupado en otros temas más constructivos.
Más allá de la llamativa familiaridad con la cual me trata, pues debo acotar que apenas lo conozco personalmente, veremos a continuación que no es verdad que no tenga NADA en contra mío y cuáles son esos 'temas más constructivos' que dice que lo ocupaban hace un mes.
Para esa fecha el aludido había armado una serie de conferencias por Yotube en internet en donde exponía sus habituales teorías conspirativas y montajistas encargadas, tal como nos tiene acostumbrados, no solamente de descalificar al fundamentalismo islámico, concordando así en tal mensaje con organizaciones como la CIA y el Mossad, sino sembrando entre sus interlocutores una sensación de impotencia respecto de la gran capacidad operativa y de inteligencia que tienen tales poderes, es decir una vez más el mismo objetivo que tienen dichos organismos.
Pero su 'ocupación' no era solamente la de exponer, sino esta vez sí someterse a un debate con sus diferentes oyentes virtuales, cosa que en cambio se negaba a hacer conmigo. Así pues un tal das81 le pregunta:
'digame señor Salbuchi, ¿que opina de lo que dice el gorila Marcos Ghio que usted es un elemento de propaganda yanqui, a pesar que el a (sic) defendido a la dictadura y su accionar antidemocratico?.'
Soslayando aquí el detalle de si es cierto o no que haya defendido al anterior gobierno militar, cosa que es notoriamente falsa de sólo leer mis informes críticos sobre el mismo, detengámonos un instante en la identidad del aludido interrogador. Se trata del escritor yanqui Kurt Sonnenfeld, 'exiliado' en nuestro país como tantos de su nacionalidad que se benefician con la diferencia cambiaria y del cual hablaremos en más detalle en nuestro próximo número de El Fortín en la habitual columna La Clava revelando algunos datos significativos respecto de esta persona. Lo que cabe acotar aquí son dos cosas, la primera es que si bien se trata de un norteamericano, ha asimilado ya con facilidad la dialéctica peronista imperante en nuestro suelo en el sentido de calificar a los argentinos que no son de tal ideología como de gorilas, lo cual nos hace recordar una vez más lo que revelara Walter Beveraggi Allende en el sentido de que Perón y Norteamérica nunca fueron verdaderamente enemigos. La segunda es que, como veremos, se trata de un furibundo demócrata y antinazi.
Llegados a este punto, si nos tuviésemos que remitir a los conceptos de Salbuchi aparecidos en la aludida carta deberíamos pensar que éste 'tiene temas más importantes de los que ocuparse'. Pero lo curioso es que en vez de debatir conmigo prefiera hacerlo con un yanqui y de la manera que veremos.
Así pues le contesta:
arsalbuchi (1 month ago)
Hola, "das81".... Qué querés que te diga...? Hay ciertos personajes que jamás aprenden.... El año pasado, Marcos Ghio me dedicó una serie de artículos para decir que se yo cuantas pavadas. Le dije que si tenía alguna duda sobre lo que escribo y digo, no tenía más que llamarme... pero, no. Prefirió mandarse una perorata pública y decir toda una sarta de pavadas. En fin, hay cierto boludos que son auténticamente incorregibles... Carodialmente, Adrian Salbuchi '
Soslayando el estilo auténticamente peronista que tanto reivindica Salbuchi ('Alpargatas sí, libros no') y que hoy vivimos en su plenitud con los incesantes ataques que el actual gobierno le dedica a todos los que piensan diferente, aclaremos aquí dos cosas. La primera es que cuando elaboramos nuestras notas críticas respecto de sus distintos informes no necesitábamos que nos aclarara ninguna duda, ya que su discurso es suficientemente claro. Por lo cual hubiera sido más positivo acudir a un debate de ideas y no incurrir como él hace en el insulto y la descalificación personal. Pero lo interesante a acotar aquí es que no es verdad lo que le dijo en su momento de que no tenía NADA en contra de mi persona, por lo que se nos ha revelado como un verdadero hipócrita y mentiroso.
Pero continuemos con el debate que no tiene desperdicio. Luego de tal 'revelación' el yanqui le contesta:
'¿Asi que le ofrecio debate y no quiso?. Bueno, no me extraña, mas aun si se fija el quilombo que se armo despues de su visita Peru y utilizo la misma defensa contra varios blogs (aunque Faverón fue un inepto al no haber profundizado la lectura y estudio de Evola para contraatacar mejor).'
Tal como vemos la educación que se recibe en los EEUU es sumamente mala y defectuosa ya que impide a sus productos comprender adecuadamente lo que se les dice. Salbuchi no le había manifestado que yo me había negado a un debate, sino lo contrario que él no lo quería hacer por las razones que alega. Por otra parte resulta sugestivo lo que expresa respecto del catedrático peruano marxista Faverón. El aludido enseña en los EEUU, como buen marxista que es, y posiblemente debe haber sido profesor de Sonnenfeld ya que éste se queja porque cuando estuve en Perú su maestro efectuó una crítica pública a Evola y a mi persona con la desfachatez de haber confesado no haber leído nunca nada de ambos. Con tales profesores es de imaginar los productos obtenidos.
Por último el yanqui cierra el debate con una grave advertencia.
'Sinceramente no entiendo, Ghio dice no ser nazi, aunque se asocio a Biondini.Para mi es algo peor que nazi o facista.
Es como un ultraconservador catolico de corte ocultista, Bastante peligroso. 'www.youtube.com/watch?v=wQY6v7bU2lg
Más allá del laurel que el yanqui me otorga de considerarme como más 'peligroso' que Salbuchi, el debate se concluye con un sugestivo silencio de éste. Y esto está muy mal pues él le tendría que haber explicado al yanqui dos cosas. La primera que es él y no yo el que se reivindica como nazi. La segunda es que él también asistió al programa radial de Biondini y no por ello el yanqui lo asocia con éste.
Pero la última acotación que queremos hacer es que si bien acierta en calificarme como católico ya que he sido bautizado en tal religión y tal vínculo es indeleble como a nivel natural puede serlo el sexo o la raza (aunque haya alguna de estas cosas que ciertas personas tienden a desnaturalizar) no es cierto que sea conservador ya que considero que no existe nada, empezando por el mundo que Sonnenfeld y Salbuchi representan, que haya que conservar. Y menos aun ocultista pues no oculto ninguna de mis ideas y todas las ellas, a diferencia de la persona con la cual debate, son expuestas públicamente y de cara al sol.
Marcos Ghio
Hace aproximadamente un mes en la página de Tsunami político apareció una nota de Adrián Salbuchi en donde pretendía contestar a un artículo que había yo publicado hace dos meses en donde refutaba los conceptos que el primero había vertido sobre el atentado de la AMIA. Luego de mi inmediata réplica a tal artículo, Salbuchi contestó en esa misma página con una breve esquela en donde se negaba a tener ningún tipo de debate conmigo pues decía tener ‘temas más constructivos’ de los que ocuparse. En esta nota aclaramos cuáles son esos temas a los cuales aludía en ese entonces.
EL DOBLE MENSAJE DEL SR. SALBUCHI
Adrián Salbuchi difundió tiempo atrás por esta misma página una nota de pretendida réplica a un artículo mío en el que realizaba fuertes críticas a su reciente informe sobre el atentado de la AMIA publicado por la izquierdista Red Voltaire. Luego de haber procedido a contestarle con críticas contundentes que ponían en claro a cuáles intereses él servía en tanto que en la aludida réplica se encargaba reiteradamente de descalificar al único movimiento que en la actualidad le hace frente a las fuerzas de la modernidad representadas paradigmáticamente por los EEUU, Rusia, China y la Unión Europea, es decir, al fundamentalismo islámico, Salbuchi contesta con una nueva carta que publica en tal página en donde literalmente se escapa del debate que el mismo ha suscitado con argumentos como el siguiente:
1) NO pienso perder el tiempo en contestarle a Marcos.
2) No tengo NADA personal contra él. Y finalmente:
3) Estoy muy ocupado en otros temas más constructivos.
Más allá de la llamativa familiaridad con la cual me trata, pues debo acotar que apenas lo conozco personalmente, veremos a continuación que no es verdad que no tenga NADA en contra mío y cuáles son esos 'temas más constructivos' que dice que lo ocupaban hace un mes.
Para esa fecha el aludido había armado una serie de conferencias por Yotube en internet en donde exponía sus habituales teorías conspirativas y montajistas encargadas, tal como nos tiene acostumbrados, no solamente de descalificar al fundamentalismo islámico, concordando así en tal mensaje con organizaciones como la CIA y el Mossad, sino sembrando entre sus interlocutores una sensación de impotencia respecto de la gran capacidad operativa y de inteligencia que tienen tales poderes, es decir una vez más el mismo objetivo que tienen dichos organismos.
Pero su 'ocupación' no era solamente la de exponer, sino esta vez sí someterse a un debate con sus diferentes oyentes virtuales, cosa que en cambio se negaba a hacer conmigo. Así pues un tal das81 le pregunta:
'digame señor Salbuchi, ¿que opina de lo que dice el gorila Marcos Ghio que usted es un elemento de propaganda yanqui, a pesar que el a (sic) defendido a la dictadura y su accionar antidemocratico?.'
Soslayando aquí el detalle de si es cierto o no que haya defendido al anterior gobierno militar, cosa que es notoriamente falsa de sólo leer mis informes críticos sobre el mismo, detengámonos un instante en la identidad del aludido interrogador. Se trata del escritor yanqui Kurt Sonnenfeld, 'exiliado' en nuestro país como tantos de su nacionalidad que se benefician con la diferencia cambiaria y del cual hablaremos en más detalle en nuestro próximo número de El Fortín en la habitual columna La Clava revelando algunos datos significativos respecto de esta persona. Lo que cabe acotar aquí son dos cosas, la primera es que si bien se trata de un norteamericano, ha asimilado ya con facilidad la dialéctica peronista imperante en nuestro suelo en el sentido de calificar a los argentinos que no son de tal ideología como de gorilas, lo cual nos hace recordar una vez más lo que revelara Walter Beveraggi Allende en el sentido de que Perón y Norteamérica nunca fueron verdaderamente enemigos. La segunda es que, como veremos, se trata de un furibundo demócrata y antinazi.
Llegados a este punto, si nos tuviésemos que remitir a los conceptos de Salbuchi aparecidos en la aludida carta deberíamos pensar que éste 'tiene temas más importantes de los que ocuparse'. Pero lo curioso es que en vez de debatir conmigo prefiera hacerlo con un yanqui y de la manera que veremos.
Así pues le contesta:
arsalbuchi (1 month ago)
Hola, "das81".... Qué querés que te diga...? Hay ciertos personajes que jamás aprenden.... El año pasado, Marcos Ghio me dedicó una serie de artículos para decir que se yo cuantas pavadas. Le dije que si tenía alguna duda sobre lo que escribo y digo, no tenía más que llamarme... pero, no. Prefirió mandarse una perorata pública y decir toda una sarta de pavadas. En fin, hay cierto boludos que son auténticamente incorregibles... Carodialmente, Adrian Salbuchi '
Soslayando el estilo auténticamente peronista que tanto reivindica Salbuchi ('Alpargatas sí, libros no') y que hoy vivimos en su plenitud con los incesantes ataques que el actual gobierno le dedica a todos los que piensan diferente, aclaremos aquí dos cosas. La primera es que cuando elaboramos nuestras notas críticas respecto de sus distintos informes no necesitábamos que nos aclarara ninguna duda, ya que su discurso es suficientemente claro. Por lo cual hubiera sido más positivo acudir a un debate de ideas y no incurrir como él hace en el insulto y la descalificación personal. Pero lo interesante a acotar aquí es que no es verdad lo que le dijo en su momento de que no tenía NADA en contra de mi persona, por lo que se nos ha revelado como un verdadero hipócrita y mentiroso.
Pero continuemos con el debate que no tiene desperdicio. Luego de tal 'revelación' el yanqui le contesta:
'¿Asi que le ofrecio debate y no quiso?. Bueno, no me extraña, mas aun si se fija el quilombo que se armo despues de su visita Peru y utilizo la misma defensa contra varios blogs (aunque Faverón fue un inepto al no haber profundizado la lectura y estudio de Evola para contraatacar mejor).'
Tal como vemos la educación que se recibe en los EEUU es sumamente mala y defectuosa ya que impide a sus productos comprender adecuadamente lo que se les dice. Salbuchi no le había manifestado que yo me había negado a un debate, sino lo contrario que él no lo quería hacer por las razones que alega. Por otra parte resulta sugestivo lo que expresa respecto del catedrático peruano marxista Faverón. El aludido enseña en los EEUU, como buen marxista que es, y posiblemente debe haber sido profesor de Sonnenfeld ya que éste se queja porque cuando estuve en Perú su maestro efectuó una crítica pública a Evola y a mi persona con la desfachatez de haber confesado no haber leído nunca nada de ambos. Con tales profesores es de imaginar los productos obtenidos.
Por último el yanqui cierra el debate con una grave advertencia.
'Sinceramente no entiendo, Ghio dice no ser nazi, aunque se asocio a Biondini.Para mi es algo peor que nazi o facista.
Es como un ultraconservador catolico de corte ocultista, Bastante peligroso. 'www.youtube.com/watch?v=wQY6v7bU2lg
Más allá del laurel que el yanqui me otorga de considerarme como más 'peligroso' que Salbuchi, el debate se concluye con un sugestivo silencio de éste. Y esto está muy mal pues él le tendría que haber explicado al yanqui dos cosas. La primera que es él y no yo el que se reivindica como nazi. La segunda es que él también asistió al programa radial de Biondini y no por ello el yanqui lo asocia con éste.
Pero la última acotación que queremos hacer es que si bien acierta en calificarme como católico ya que he sido bautizado en tal religión y tal vínculo es indeleble como a nivel natural puede serlo el sexo o la raza (aunque haya alguna de estas cosas que ciertas personas tienden a desnaturalizar) no es cierto que sea conservador ya que considero que no existe nada, empezando por el mundo que Sonnenfeld y Salbuchi representan, que haya que conservar. Y menos aun ocultista pues no oculto ninguna de mis ideas y todas las ellas, a diferencia de la persona con la cual debate, son expuestas públicamente y de cara al sol.
Marcos Ghio
viernes, 1 de enero de 2010
RESPUESTA A LA NOTA DE ADRIÁN SALBUCHI RELATIVA A MI PERSONA
http://www.tsunamipolitico.com/
No voy a esperar dos meses como Salbuchi para contestar a su carta, sino que lo voy a hacer ahora mismo a fin de no olvidar lo que tengo que decir.
1- Más allá de que yo, en mi nota anterior, no he entrado en calificaciones ideológicas respecto de S., ni que tampoco he dicho que sea de la misma doctrina de la Red Voltaire, quiero referirme a su análisis respecto de aquello que, según él, son actitudes distintas a asumir ante los medios de prensa del sistema. Mi contradictor afirma que mientras que él, con más sentido de la acción que yo, acepta ensuciarse las manos publicando artículos en los mismos (y nos da una interesante lista de publicaciones en donde suele editar notas en diferentes idiomas) yo en cambio, en tanto viviría en un ‘Olimpo intelectual’, me negaría a hacerlo. Le voy a contestar que ello no es así en mi caso particular. En tanto mi función es la de difundir ideas estoy dispuesto a hacerlo en cualquier medio que me lo ofrezca, sin importarme su ideología, siempre que, como bien dice S., ello sea ‘sin censura’. Lo que sucede es que el argumento habría que plantearlo de manera diferente y habría que preguntarse por qué el sistema acepta publicar las notas de Salbuchi y no las mías. Y ello tiene una respuesta muy sencilla: porque lo que éste escribe es afín con lo que piensa el sistema y en cambio lo que escribimos nosotros no lo es en manera alguna.
2- Pero por otro lado tenemos que S. afirma que ello no sería así en tanto que, mientras que él no lo hace, yo en cambio aceptaría las distintas ‘versiones oficiales’ respecto de la guerra en contra del fundamentalismo islámico y de los atentados contra la colectividad judía de Buenos Aires. Por lo cual una vez más no se entendería, si es que como acabo de decir no me niego a publicar en los medios del sistema, éste en vez de hacerlo conmigo lo hace en cambio son los textos de Salbuchi. Yo creo que en gran parte la explicación de su confusión se encuentra en gran medida en el carácter peronista que él asume públicamente -y también en esta nota- en cuanto a su ideología. Bien sabemos que es propio de un peronista la actitud esquemática de dividir el mundo entre los que son de su bando y los que no lo están, es decir los ‘antiperonistas’, en cuyo contexto entraríamos todos los que no compartimos la anterior postura. Sin embargo hemos visto cómo en nuestro país el sistema nos ha gobernado sea a través del peronismo (Menem, Kirchner, etc.), como del antiperonismo (Alfonsín, De la Rúa, etc.). Y ello ha sido por la sencilla razón de que ambas posturas no son antitéticas, sino que comparten puntos de vista similares en cuanto a su adhesión a la democracia y al dogma de la soberanía popular y el igualitarismo. Ahora bien, cuando S. manifiesta que por no compartir su discurso sostenemos la ‘versión oficial’, incurre en el mismo esquematismo antes mentado. Su error es no darse cuenta de que, así como el sistema nos gobierna a través de partidos distintos y hasta contrapuestos, no existe un solo discurso oficial, sino varios en función de las personas a las cuales éste va dirigido. Y así como el peronismo es el mensaje democrático que el sistema dirige a las clases bajas, el antiperonismo, en sus distintos matices, es el que lo hace en cambio con las clases medias, a todos los cuales no se puede convencer con un mismo discurso. En relación a los EEUU e Israel, que son las naciones involucradas en los hechos que aquí estamos analizando, existen dos tipos de posturas diferentes por parte de las personas y por lo tanto también deben formularse mensajes distintos. La de aquellos que están de acuerdo con ambos o en todo caso son indiferentes respecto de sus tropelías y la de los otros que siempre van a ser sus adversarios en tanto que están determinados por una actitud de rechazo. Es indudable que el discurso respecto de éstas no puede ser el mismo. A un simpatizante del sionismo hay que emitirle un mensaje que victimice a Israel, pero en cambio a uno que está en su contra hay que brindarle otro que, aun atacándolo, arribe a los mismos resultados del primero. Se trata en ambos mensajes de execrar al fundamentalismo islámico. Pues bien, sea en el mensaje pro-sionista, como en el que sostienen personas como Salbuchi hay por igual una actitud de rechazo hacia el accionar de dicha corriente. En el primer caso se la condena por terrorista y asesino, en el segundo por ser agente del primero. En los dos es por lo tanto representado como algo malo y negativo que en modo alguno admite una adhesión a su causa. Ésta es pues la principal razón por la que los artículos de S. se publican en los medios del sistema. Pero además en los discursos de éste hay un agregado que también lo convierte en agradable para éste. Cuando S. y otros montajistas nos señalan la gran capacidad de simulación que tienen EEUU e Israel en modo tal de hacer pasar como errores lo que en cambio serían grandes astucias, hay en el fondo una exaltación implícita del poder militar y de inteligencia de éstos, los cuales nunca se equivocarían y si algo les sale mal es porque ellos mismos se lo produjeron. Si bien aun no ha emitido ningún mensaje al respecto ya suponemos lo que va a decir en relación al reciente atentado de Navidad. El hecho de que la CIA estuviese informada con anticipación por el padre del fallido atacante que era simpatizante de Al Qaeda o que se hubiese interferido un mensaje de la sucursal yemenita de la organización manifestando que un nigeriano iba a producir un atentado, no es interpretado por S. como una deficiencia en el sistema yanqui, sino como una prueba (que por otro lado ellos mismos habrían producido) de que estaban armando un montaje para aterrorizar al mundo y justificar nuevas acciones de guerra. Todo lo cual es por otro lado una verdadera locura en cualquier sentido que se lo quiera analizar. Desde el punto de vista económico no se entiende por qué una nación que se encuentra en crisis tenga que incrementar hasta límites inauditos sus inversiones en materia de seguridad aérea. Por otra parte tampoco se percibe que un mundo aterrorizado quiera más acciones militares, cuando hasta ahora ha sido exactamente lo contrario lo que ha sucedido. El terror ha generado en cambio entre la población una actitud de derrotismo y de deseos de que se termine con todas las guerras, por la que no sería de extrañar que en corto tiempo en nuestro mundo masificado y consumista se enarbole la consigna de que ‘mejor fundamentalista antes que muerto’.
3- Los ejemplos que nos da S. para probarnos que Al Qaeda y los talibanes serían agentes de la CIA y del Mossad, además de ser sumamente funcionales al enemigo que lo que más quiere es que no se vea a tales organizaciones como victoriosas y alternativas, están sumamente desactualizados. Seguir sosteniendo todavía que la familia de Bin Laden y Bush son amigas y que esto demostraría la funcionalidad de tal organización a los yanquis, es un argumento vulnerable por cualquier sector que se lo mire. En primer lugar que en todo caso el amigo era el papá de Osama que tenía además unos 40 hermanos, quienes en su mayoría no siguieron su orientación. Pero además que tampoco se entiende por qué Bush, si contaba a su disposición con tal ‘amigo’, dejó que éste le gane la guerra en Afganistán, Irak, Pakistán, etc. y que por tales razones se convirtiese en el presidente más impopular de toda la historia, cuando si hubiese sido como dice S. lo lógico era que lo hubiese atrapado convirtiéndose así en exitoso.
Pero además de todo habría que agregar que si en un primer momento luego de la fulminante victoria en la invasión de Afganistán y la rápida destitución de Saddam en Irak se podía quizás haber pensado en una hábil maniobra de la CIA que habría hecho el 11S para obtener tales objetivos, ahora en cambio, a la luz de los últimos acontecimientos, no se entiende por qué si se trató de una maniobra exitosa hoy en día EEUU haya dejado de ser el imperio único que era antes y deba depender para efectuar sus acciones punitivas de países de segunda línea como Irán o Venezuela que hasta se dan el lujo de humillarlos. Recordemos además que con respecto a Afganistán algún peronista había dicho que, en tanto se trataba de un país sin petróleo, se lo invadió porque en realidad el objetivo último era Rusia. Pero sin embargo hoy vemos todo lo contrario, que Rusia y EEUU junto con la Otan están colaborando para combatir al talibán. Tal como vemos la hipótesis montajista echa agua por todos los costados que se la mire y cada día que pasa es cada vez más evidente que ha sido ella misma la se ha tratado de un montaje para tener paralizadas a muchas conciencias que se oponen a los EEUU ocultándoles la existencia de aquella fuerza que, además de oponérseles, les hace frente y los derrota.
4- En fin, S. habla casi nada de lo que originó su nota, los atentados contra la colectividad judía y me despacha nuevamente como sostenedor de la ‘versión oficial’, una vez más por no compartir la suya. Me sugiere que me ponga a buscar la Traffic, cuando bien sabe que no he discutido el hecho de que pudiese haber sido una prueba inventada, sino que simplemente he dicho que tal invento no probaba como él pretende que fueron los sionistas quienes se autoatentaron. Yo sigo insistiendo en que, amén de que ello no esté ‘probado’ como él pretende, tampoco se terminan entendiendo las razones de tal hecho cuando en realidad más bien las habría para suponer lo contrario. Que de la misma manera que en Gaza el Estado de Israel insistió hasta el final haber tenido nada más que 13 muertos en dos años de bombardeos y de invasión, de la misma manera en este caso le resulta sumamente funcional la hipótesis de Salbuchi de que son invulnerables y de que cualquier acción exitosa que se les haga es porque se la produjeron ellos mismos.
5- Por último rechazo también su insistencia en calificarme como una especie de intelectual de salón porque no comparto sus análisis y en cambio él sería una persona sumamente práctica y combativa. Yo quiero señalarle la paradoja de que mientras que él publica y puede viajar sin problemas de visa a países como los EEUU, en mi caso particular además de que por las razones antes alegadas solamente puedo publicarme a mi mismo, cada vez que he debido hacer algún viaje al exterior he tenido -como es público y notorio en el caso del Perú- una avalancha de inconvenientes y persecuciones. ¡Qué raro que esto le suceda al que sostiene la versión oficial y no en cambio al que da las ‘versiones contrarias al sistema’!
Con cordiales saludos y deseándole feliz 2010.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 1/1/10
http://www.tsunamipolitico.com/
No voy a esperar dos meses como Salbuchi para contestar a su carta, sino que lo voy a hacer ahora mismo a fin de no olvidar lo que tengo que decir.
1- Más allá de que yo, en mi nota anterior, no he entrado en calificaciones ideológicas respecto de S., ni que tampoco he dicho que sea de la misma doctrina de la Red Voltaire, quiero referirme a su análisis respecto de aquello que, según él, son actitudes distintas a asumir ante los medios de prensa del sistema. Mi contradictor afirma que mientras que él, con más sentido de la acción que yo, acepta ensuciarse las manos publicando artículos en los mismos (y nos da una interesante lista de publicaciones en donde suele editar notas en diferentes idiomas) yo en cambio, en tanto viviría en un ‘Olimpo intelectual’, me negaría a hacerlo. Le voy a contestar que ello no es así en mi caso particular. En tanto mi función es la de difundir ideas estoy dispuesto a hacerlo en cualquier medio que me lo ofrezca, sin importarme su ideología, siempre que, como bien dice S., ello sea ‘sin censura’. Lo que sucede es que el argumento habría que plantearlo de manera diferente y habría que preguntarse por qué el sistema acepta publicar las notas de Salbuchi y no las mías. Y ello tiene una respuesta muy sencilla: porque lo que éste escribe es afín con lo que piensa el sistema y en cambio lo que escribimos nosotros no lo es en manera alguna.
2- Pero por otro lado tenemos que S. afirma que ello no sería así en tanto que, mientras que él no lo hace, yo en cambio aceptaría las distintas ‘versiones oficiales’ respecto de la guerra en contra del fundamentalismo islámico y de los atentados contra la colectividad judía de Buenos Aires. Por lo cual una vez más no se entendería, si es que como acabo de decir no me niego a publicar en los medios del sistema, éste en vez de hacerlo conmigo lo hace en cambio son los textos de Salbuchi. Yo creo que en gran parte la explicación de su confusión se encuentra en gran medida en el carácter peronista que él asume públicamente -y también en esta nota- en cuanto a su ideología. Bien sabemos que es propio de un peronista la actitud esquemática de dividir el mundo entre los que son de su bando y los que no lo están, es decir los ‘antiperonistas’, en cuyo contexto entraríamos todos los que no compartimos la anterior postura. Sin embargo hemos visto cómo en nuestro país el sistema nos ha gobernado sea a través del peronismo (Menem, Kirchner, etc.), como del antiperonismo (Alfonsín, De la Rúa, etc.). Y ello ha sido por la sencilla razón de que ambas posturas no son antitéticas, sino que comparten puntos de vista similares en cuanto a su adhesión a la democracia y al dogma de la soberanía popular y el igualitarismo. Ahora bien, cuando S. manifiesta que por no compartir su discurso sostenemos la ‘versión oficial’, incurre en el mismo esquematismo antes mentado. Su error es no darse cuenta de que, así como el sistema nos gobierna a través de partidos distintos y hasta contrapuestos, no existe un solo discurso oficial, sino varios en función de las personas a las cuales éste va dirigido. Y así como el peronismo es el mensaje democrático que el sistema dirige a las clases bajas, el antiperonismo, en sus distintos matices, es el que lo hace en cambio con las clases medias, a todos los cuales no se puede convencer con un mismo discurso. En relación a los EEUU e Israel, que son las naciones involucradas en los hechos que aquí estamos analizando, existen dos tipos de posturas diferentes por parte de las personas y por lo tanto también deben formularse mensajes distintos. La de aquellos que están de acuerdo con ambos o en todo caso son indiferentes respecto de sus tropelías y la de los otros que siempre van a ser sus adversarios en tanto que están determinados por una actitud de rechazo. Es indudable que el discurso respecto de éstas no puede ser el mismo. A un simpatizante del sionismo hay que emitirle un mensaje que victimice a Israel, pero en cambio a uno que está en su contra hay que brindarle otro que, aun atacándolo, arribe a los mismos resultados del primero. Se trata en ambos mensajes de execrar al fundamentalismo islámico. Pues bien, sea en el mensaje pro-sionista, como en el que sostienen personas como Salbuchi hay por igual una actitud de rechazo hacia el accionar de dicha corriente. En el primer caso se la condena por terrorista y asesino, en el segundo por ser agente del primero. En los dos es por lo tanto representado como algo malo y negativo que en modo alguno admite una adhesión a su causa. Ésta es pues la principal razón por la que los artículos de S. se publican en los medios del sistema. Pero además en los discursos de éste hay un agregado que también lo convierte en agradable para éste. Cuando S. y otros montajistas nos señalan la gran capacidad de simulación que tienen EEUU e Israel en modo tal de hacer pasar como errores lo que en cambio serían grandes astucias, hay en el fondo una exaltación implícita del poder militar y de inteligencia de éstos, los cuales nunca se equivocarían y si algo les sale mal es porque ellos mismos se lo produjeron. Si bien aun no ha emitido ningún mensaje al respecto ya suponemos lo que va a decir en relación al reciente atentado de Navidad. El hecho de que la CIA estuviese informada con anticipación por el padre del fallido atacante que era simpatizante de Al Qaeda o que se hubiese interferido un mensaje de la sucursal yemenita de la organización manifestando que un nigeriano iba a producir un atentado, no es interpretado por S. como una deficiencia en el sistema yanqui, sino como una prueba (que por otro lado ellos mismos habrían producido) de que estaban armando un montaje para aterrorizar al mundo y justificar nuevas acciones de guerra. Todo lo cual es por otro lado una verdadera locura en cualquier sentido que se lo quiera analizar. Desde el punto de vista económico no se entiende por qué una nación que se encuentra en crisis tenga que incrementar hasta límites inauditos sus inversiones en materia de seguridad aérea. Por otra parte tampoco se percibe que un mundo aterrorizado quiera más acciones militares, cuando hasta ahora ha sido exactamente lo contrario lo que ha sucedido. El terror ha generado en cambio entre la población una actitud de derrotismo y de deseos de que se termine con todas las guerras, por la que no sería de extrañar que en corto tiempo en nuestro mundo masificado y consumista se enarbole la consigna de que ‘mejor fundamentalista antes que muerto’.
3- Los ejemplos que nos da S. para probarnos que Al Qaeda y los talibanes serían agentes de la CIA y del Mossad, además de ser sumamente funcionales al enemigo que lo que más quiere es que no se vea a tales organizaciones como victoriosas y alternativas, están sumamente desactualizados. Seguir sosteniendo todavía que la familia de Bin Laden y Bush son amigas y que esto demostraría la funcionalidad de tal organización a los yanquis, es un argumento vulnerable por cualquier sector que se lo mire. En primer lugar que en todo caso el amigo era el papá de Osama que tenía además unos 40 hermanos, quienes en su mayoría no siguieron su orientación. Pero además que tampoco se entiende por qué Bush, si contaba a su disposición con tal ‘amigo’, dejó que éste le gane la guerra en Afganistán, Irak, Pakistán, etc. y que por tales razones se convirtiese en el presidente más impopular de toda la historia, cuando si hubiese sido como dice S. lo lógico era que lo hubiese atrapado convirtiéndose así en exitoso.
Pero además de todo habría que agregar que si en un primer momento luego de la fulminante victoria en la invasión de Afganistán y la rápida destitución de Saddam en Irak se podía quizás haber pensado en una hábil maniobra de la CIA que habría hecho el 11S para obtener tales objetivos, ahora en cambio, a la luz de los últimos acontecimientos, no se entiende por qué si se trató de una maniobra exitosa hoy en día EEUU haya dejado de ser el imperio único que era antes y deba depender para efectuar sus acciones punitivas de países de segunda línea como Irán o Venezuela que hasta se dan el lujo de humillarlos. Recordemos además que con respecto a Afganistán algún peronista había dicho que, en tanto se trataba de un país sin petróleo, se lo invadió porque en realidad el objetivo último era Rusia. Pero sin embargo hoy vemos todo lo contrario, que Rusia y EEUU junto con la Otan están colaborando para combatir al talibán. Tal como vemos la hipótesis montajista echa agua por todos los costados que se la mire y cada día que pasa es cada vez más evidente que ha sido ella misma la se ha tratado de un montaje para tener paralizadas a muchas conciencias que se oponen a los EEUU ocultándoles la existencia de aquella fuerza que, además de oponérseles, les hace frente y los derrota.
4- En fin, S. habla casi nada de lo que originó su nota, los atentados contra la colectividad judía y me despacha nuevamente como sostenedor de la ‘versión oficial’, una vez más por no compartir la suya. Me sugiere que me ponga a buscar la Traffic, cuando bien sabe que no he discutido el hecho de que pudiese haber sido una prueba inventada, sino que simplemente he dicho que tal invento no probaba como él pretende que fueron los sionistas quienes se autoatentaron. Yo sigo insistiendo en que, amén de que ello no esté ‘probado’ como él pretende, tampoco se terminan entendiendo las razones de tal hecho cuando en realidad más bien las habría para suponer lo contrario. Que de la misma manera que en Gaza el Estado de Israel insistió hasta el final haber tenido nada más que 13 muertos en dos años de bombardeos y de invasión, de la misma manera en este caso le resulta sumamente funcional la hipótesis de Salbuchi de que son invulnerables y de que cualquier acción exitosa que se les haga es porque se la produjeron ellos mismos.
5- Por último rechazo también su insistencia en calificarme como una especie de intelectual de salón porque no comparto sus análisis y en cambio él sería una persona sumamente práctica y combativa. Yo quiero señalarle la paradoja de que mientras que él publica y puede viajar sin problemas de visa a países como los EEUU, en mi caso particular además de que por las razones antes alegadas solamente puedo publicarme a mi mismo, cada vez que he debido hacer algún viaje al exterior he tenido -como es público y notorio en el caso del Perú- una avalancha de inconvenientes y persecuciones. ¡Qué raro que esto le suceda al que sostiene la versión oficial y no en cambio al que da las ‘versiones contrarias al sistema’!
Con cordiales saludos y deseándole feliz 2010.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 1/1/10
jueves, 31 de diciembre de 2009
RESPONDIENDO A UNA NUEVA PROVOCACIÓN DEL SR. ROBERTSON
JOSE AGUSTIN VASQUEZ dijo...
No puedo estar más de acuerdo con la nota sobre los torpes comentarios de Ghio, quién cree que el hecho de imprimir la obra de Evola en castellano (mal traducido, por cierto) le otorga la propiedad intelectual del pensamiento del filósofo italiano, así como si un ignorante pastor evangélico creyera ser dueño de las Escrituras. Felicito al autor de la nota por su claridad incontestable
Preocupado por las bajas en las ventas de la revista Ciudad de los Césares, lo que no habría sido ocasionado por los graves disparates propalados, tal como haber apoyado la canallesca guerra de 5 días hecha por Rusia a la república de Georgia, o por haber exaltado al asesino bolchevique Che Guevara y otras cosas similares, sino por las críticas que nosotros le habríamos realizado a su respecto, Robertson ha vuelto al ataque en contra nuestro, esta vez a través de su ladero Agustín Vázquez que integra el staff de su publicación.
Según el aludido chupamedias, nuestra traducción de Evola no es la correcta, sino la que ha efectuado su jefe, la que lamentablemente mantiene inédita. De acuerdo a esta última el autor italiano no habría dicho que era un pensador ‘tradicionalista’, sino ‘muy moderno’, no habría manifestado que sostenía una concepción ‘cíclica de la historia’, sino ‘lineal’, no se habría definido como ‘gibelino’, sino como ‘güelfo’. No habría sido un crítico de Carlos Marx, sino que en cambio habría sido ‘muy marxista’, etc. Nos critica que por defender nuestras ‘malas traducciones’ de Evola actuamos como un ‘ignorante pastor evangelista que cree ser el dueño de las Escrituras’. Sin entrar a discutir si somos o no lo primero, lo cual no nos corresponde a nosotros contestar, debemos compartir con el aludido la comparación que él hace, en relación a los textos de Evola, con lo sucedido entre protestantes y católicos respecto de las Escrituras. Nosotros sostenemos la necesidad de que el pensamiento del autor italiano sea conocido en nuestra lengua y no mantenido en secreto a fin de que falsificadores profesionales como el Sr. Robertson puedan seguir distorsionándolo a su antojo. Lo cual afortunadamente hoy en día, gracias a nuestras ‘malas traducciones’ ya ha dejado de suceder. Quizás sea indagando en tales conductas que haya que encontrar los motivos por los cuales su publicación deba seguir existiendo gracias a subvenciones y no por las compras efectuadas por el público.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 31/12/09
JOSE AGUSTIN VASQUEZ dijo...
No puedo estar más de acuerdo con la nota sobre los torpes comentarios de Ghio, quién cree que el hecho de imprimir la obra de Evola en castellano (mal traducido, por cierto) le otorga la propiedad intelectual del pensamiento del filósofo italiano, así como si un ignorante pastor evangélico creyera ser dueño de las Escrituras. Felicito al autor de la nota por su claridad incontestable
Preocupado por las bajas en las ventas de la revista Ciudad de los Césares, lo que no habría sido ocasionado por los graves disparates propalados, tal como haber apoyado la canallesca guerra de 5 días hecha por Rusia a la república de Georgia, o por haber exaltado al asesino bolchevique Che Guevara y otras cosas similares, sino por las críticas que nosotros le habríamos realizado a su respecto, Robertson ha vuelto al ataque en contra nuestro, esta vez a través de su ladero Agustín Vázquez que integra el staff de su publicación.
Según el aludido chupamedias, nuestra traducción de Evola no es la correcta, sino la que ha efectuado su jefe, la que lamentablemente mantiene inédita. De acuerdo a esta última el autor italiano no habría dicho que era un pensador ‘tradicionalista’, sino ‘muy moderno’, no habría manifestado que sostenía una concepción ‘cíclica de la historia’, sino ‘lineal’, no se habría definido como ‘gibelino’, sino como ‘güelfo’. No habría sido un crítico de Carlos Marx, sino que en cambio habría sido ‘muy marxista’, etc. Nos critica que por defender nuestras ‘malas traducciones’ de Evola actuamos como un ‘ignorante pastor evangelista que cree ser el dueño de las Escrituras’. Sin entrar a discutir si somos o no lo primero, lo cual no nos corresponde a nosotros contestar, debemos compartir con el aludido la comparación que él hace, en relación a los textos de Evola, con lo sucedido entre protestantes y católicos respecto de las Escrituras. Nosotros sostenemos la necesidad de que el pensamiento del autor italiano sea conocido en nuestra lengua y no mantenido en secreto a fin de que falsificadores profesionales como el Sr. Robertson puedan seguir distorsionándolo a su antojo. Lo cual afortunadamente hoy en día, gracias a nuestras ‘malas traducciones’ ya ha dejado de suceder. Quizás sea indagando en tales conductas que haya que encontrar los motivos por los cuales su publicación deba seguir existiendo gracias a subvenciones y no por las compras efectuadas por el público.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 31/12/09
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