A propósito de una nota del periodista Juan Gelman en Página 12
LA NOSTALGIA DE LOS BOLCHEVIQUES
No hay duda alguna de que el 11S y la consecuente aparición en escena del fundamentalismo islámico como fuerza alternativa al capitalismo occidental, vencedor de la guerra fría, ha creado en más de un bolchevique consuetudinario un estado de severa crisis y desazón.
Acostumbrados como estaban a hacernos creer que el comunismo era la antítesis del capitalismo, no se han cansado de hacernos creer que en 1989 el muro del Berlín se cayó sólo formalmente y que Rusia y China se habrían en cambio travestido de capitalistas con la finalidad oculta de poder golpear mejor a su gran enemigo los EEUU simulando haberse hecho ellos también de su misma ideología para poder derrotarlo así con sus mismas armas.
¿Pero cómo explicar dentro de tal contexto el fenómeno de Al Qaeda y de los atentados del 11S? Para los bolcheviques, para quienes no existe enemigo posible del sistema capitalista que no sean ellos mismos, la explicación del hecho sólo es atribuible a un hábil montaje de la CIA la cual del mismo modo que se autoatentó para justificar una invasión del Asia Central, no estaría en realidad perdiendo la guerra en Afganistán, Irak, Somalia y Pakistán, sino en cambio ¡oh sorpresa! la estaría ganando. En realidad de acuerdo a la lógica de Chomsky, Fidel Castro y ahora también Juan Gelman en su nota del día de hoy en Página 12 (La guerra inflada), Al Qaeda en realidad no existiría, en tanto que serían apenas unos 50 militantes, posiblemente antes eran 70, pero se les murieron 20 en las Torres Gemelas, los talibanes del mismo modo que en el caso anterior serían inventados. Serían en realidad agentes de ellos como lo fueran antes en la guerra contra los rusos y ahora los seguirían obedeciendo simulando ganar la guerra ‘un poco’ para así justificar más presencia de fuerzas norteamericanas en el Asia, así como se hiciera antes con el estallido de las Torres. Es decir que de acuerdo a Gelman, Obama infla la guerra a propósito, da cifras falsas así puede mandar más soldados a Afganistán y para ello cuenta con la extraordinaria ayuda de los talibanes a los que a propósito les deja ganar un poquitito. ¿Y para qué todo ello? Pues bien, de acuerdo a la lógica bolchevique, esta estratagema maquiavélica tendría un destinatario seguro: sería para atacar a Rusia, o a ‘Eurasia’ empezando primero por Irán el gran aliado de la Rusia de Putin, para después terminar con éste. Es decir que de acuerdo a los bolcheviques Al Qaeda y los talibanes habrían sido inventados por los norteamericanos para controlar el mundo entero a fin de hallar ‘excusas’ para poder invadirlo y poder derrotar de una vez por todas al comunismo travestido de capitalismo. Es pues una guerra astuta entre enemigos que se han camuflado en sus fines.
Pero lo que no nos pueden explicar los nostálgicos bolcheviques, a los cuales se les han asociado fascistas de izquierda y sionistas travestidos de antiyanquis, es por qué curiosamente coinciden con la CIA en querer reducir a la nada a la única organización que los está derrotando realmente.
Así pues en tanto Al Qaeda no serían más de 50 hombres para Gelman lo de Somalia no sería nada, sino que se trataría de un nuevo invento, a pesar de que la organización de Bin Laden ya esté luchando en las calles de Mogadiscio, por supuesto que nada tampoco respecto del Magreb y de la guerra que estallara anteayer entre Al Qaeda y el gobierno títere de Mauritania. Sería una vez más todo un invento y por lo tanto, de la misma manera que la prensa occidental, el cronista bolchevique hace un silencio aparatoso respecto de todo lo sucedido. Por supuesto que nada tampoco respecto de las 290 acciones de guerra que el movimiento talibán en alianza estrecha con la organización de Bin Laden efectuara tan sólo en el día de ayer para lograr interferir con el proceso electoral organizado por Obama en tal país. Y por supuesto que nada tampoco, y dando cada vez más cabida a la desinformación, respecto a que Rusia y China hoy se han aliado con los norteamericanos y la Otan para hacer frente al fundamentalismo islámico que tienen en el seno mismo de sus países. Rusia en el Norte del Cáucaso y China en el Turquestán del Este. La reciente reunión de la CSO de la que participaran ambas naciones manifestó expresamente que el principal enemigo que hoy tienen no es Norteamérica sino… el ‘terrorismo internacional’, es decir el mismo enemigo que hoy tienen los EEUU.
Pero hay una razón complementaria por la cual el ex montonero marxista Gelman, habitual columnista del matutino hoy kirchnerista Página 12, concuerda con los EEUU en su condena del fundamentalismo islámico. Dicha vertiente, a diferencia del marxismo y del capitalismo liberal, está en contra del Estado laico y sostiene en cambio el carácter sagrado de la función política, considera que la meta de la vida del hombre no se encuentra en la inmanencia expresada por la libido sexual y por el materialismo económico, como en manera común opinan marxistas y capitalistas, sino en la trascendencia alcanzada a través de la vía heroica de la jihad. Por ello resultan comprensibles sus ataques compartidos con la CIA. Tal como dijera Heidegger, comunismo y capitalismo son metafísicamente iguales.
Walter Preziosi
19/09/10
domingo, 19 de septiembre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
LA GUERRA DE CIVILIZACIONES QUE ESTALLÓ UN 11S
En estos días y en los que se acercan varios temas concurrentes conmoverán a la opinión pública mundial. Se aproxima una fecha de significativa importancia que merece una serie de interpretaciones. Si lo juzgáramos desde el punto de vista moral el 11S del 2001 fue un hecho repudiable porque murieron intempestivamente unas 3000 personas y eso está muy mal como son malas todas aquellas guerras en las cuales mueren civiles que no se encuentran en el frente de batalla, como fue malo Hiroschima, como hoy lo es también Falluja en Irak en donde, a causa de las bombas de fósforo blanco enriquecido con uranio que lanzaran los norteamericanos, nacen niños malformados. Y como también sucede con los recién nacidos en el valle Afgano de Kunduz, y como todas esas inútiles masacres que conlleva esta guerra interminable. Guerra de la cual los medios no hablan habitualmente pues, a diferencia de las otras, se trataría de una ‘misión humanitaria’ para liberar a las mujeres de una opresión milenaria o para combatir al ‘terrorismo internacional’ por lo que no adquiere la categoría de las guerras convencionales entre naciones enfrentadas.
Pero nosotros el análisis lo queremos hacer desde un punto de vista político y no moral. Juzgamos pues los hechos y, tal como diría Karl Schmitt, la lucha antagonística entre amigo y enemigo, esa lucha irreversible que se ha dado en combatir independientemente de que nos guste o no. Dos bandos se han perfilado a partir de tal fecha en una guerra que podemos definir sin más como de civilizaciones y que ya lleva nueve años de existencia y que tiene visos de prolongarse mucho más en el tiempo. Pero acá, ya que hemos acudido a un concepto bastante trillado, queremos corregir en el uso del mismo al politólogo yanqui Samuel Huntington el cual, siguiéndolo a Spengler y a Toynbee, equipara tal guerra con un conflicto entre naciones, entre la nación islámica representante del Oriente contra la nación cristiana representante del Occidente. Y esto, lo hemos dicho hasta el cansancio, es una falacia absoluta ya que ni Al Qaeda o los talibanes se singularizan meramente por ser islámicos, ni tampoco Obama, o Zapatero, o Sarkozy por ser en cambio cristianos. Acá es en vez una lucha entre dos concepciones del mundo contrapuestas, lucha en la cual pueden participar de los dos bandos sea cristianos como musulmanes o budistas. Se trata de un proceso, el de la modernización, del cual las religiones no han permanecido ajenas, y la nuestra, la católica, en especial a partir del último Concilio en donde el papado, y tal lo demostrara con nosotros en la guerra de Malvinas, se encuadra abiertamente del lado del mundo moderno, el de la vida y el de la paz a cualquier precio aunque la misma signifique la pérdida del honor, siempre y cuando quede en pié nuestro pellejo.
En dicha guerra -y esto es lo que la distingue de otras- el antagonismo que existe es entre principios, en cambio en la guerra de naciones lo que contrastan son intereses, y los que allí luchan lo hacen en función de un mismo principio, consistente en un apetito de dominio de bienes materiales principalmente económicos o el mero despliegue de una voluntad de potencia. Con la modernidad, a diferencia de otras épocas, las guerras comenzaron a ser por meros intereses, la última guerra en la que se combatió por principios fue la Primera Guerra Mundial, la Segunda en cambio comenzó siendo por intereses y por conquista de espacios vitales para irse convirtiendo, finalizando casi la contienda, en una lucha entre concepciones del mundo simbolizada como democracia contra fascismo. En la guerra fría el conflicto fue abiertamente por intereses y se lo vio diáfanamente a través de su conclusión en tanto Rusia y Norteamérica luchaban por un mero dominio espacial y material del planeta. Ambos eran materialismos que disputaban para ver cuál de los dos era el más poderoso. En cambio ahora en los distintos frentes de batalla que se abrieron luego del 11S sea en Asia como en África, lo que se combate es por concepciones del mundo. Es un error hablar de lucha religiosa entre el Islam y el cristianismo como cree Huntington recreando nuevamente el espíritu de las Cruzadas. Hay islamistas modernos del mismo modo como hay cristianos tradicionales y fundamentalistas. Lo que distingue a uno de otro es el eje existencial en el que las dos civilizaciones se han encuadrado. O lo que es simple vida, comprendida como un despliegue ilimitado de libido y de apetitos materiales plasmados en un orden conocido como de democracia, tal es la modernidad, o en cambio lo que es supravida, eternidad, dimensión metafísica y en consecuencia un orden en el que el Estado se superpone a la sociedad en tanto se asocia con lo sacro, de allí el Califato, que es el equivalente a nuestro ideal de Imperio. Dicha figura no queda restringida a meros intereses nacionales, por tal razón por ejemplo Al Qaeda no lucha tanto por la independencia de Irak o de Afganistán o de otro país en donde está presente, sino por la derrota del mundo moderno y la instauración de su sustituto, un califato o un imperio universal.
Pero asociado a tales hechos el 11S ha tenido el valor de romper con un mito arraigado en nuestra civilización tras tantas décadas de Hollywood y de series televisivas pintándonos un imperio invencible, único, superior en eficiencia a todos los que han existido en la historia y además contando para ello con el auxilio de una serie de ideólogos que se han encargado de resaltarlo sea en forma de proselitismo como Fukuyama que llegaba a decir que con la caída del comunismo se había terminado la historia con la constitución de un imperio universal con sede en Nueva York, como pretendidamente negativa a través de toda esa pululación de teorías montajistas que adscriben al inventario de su poderío todo lo que sucede en la historia aun lo que en apariencias lo dañaría.
El mito de Rambo, es decir del Imperio omnipotente elaborado por el cine yanqui y retransmitido en clave intelectual por una interminable serie de escritores que lo han estado sirviendo en forma irresponsable en todos estos tiempos, se ha derrumbado estrepitosamente un 11S. Y esto no lo decimos simplemente por el hecho de que se demostró la ineficiencia del Imperio en poder derrotar a una simple organización que luego de aquella fecha ha multiplicado sus frentes de combate, sino por las diarias evidencias que cotidianamente se manifiestan en relación a tal hecho.
Hace un par de días la emblemática Condolezza Rice, principal secretaria de Estado y asesora del gobierno de Bush, nos ha narrado ciertos pormenores que nos ilustran en forma sintomática lo que fue aquella fecha. Resulta ser que en el mismo momento en que 19 mártires se inmolaban en las Torres Gemelas destruyendo unos 30 bancos y unas 100 mesas de dinero en el centro financiero del planeta, Condolezza nos explica cómo del lado contrario, el del mundo que privilegia la vida, el sexo y la economía entraba en un verdadero estado de colapso, cosa increíble en un Imperio del cual Fukuyama, Hollywood y la interminable falange de escritores y periodistas nos contaran gestas y capacidades inigualables. Resulta ser que el bunker de la Casa Blanca se llenó estrepitosamente de gente temerosa de correr la misma suerte que los habitantes de las Torres. El aire prontamente se convirtió en irrespirable y hubo que intervenir con la fuerza para sacar de allí a aquellas personas que no eran tan imprescindibles. Se quedó así la élite, pero no toda. Nos relata también al respecto que Bush le manifestó desde el lugar de dónde estaba su intención de dirigirse al bunker, pero Condolezza primeramente le sugirió y luego lo conminó a los gritos que se quedara en dónde estaba… Y Bush obedeció. Ya en ese momento una persona de color tomaba las grandes decisiones de la política del ‘imperio’. Pero lo más insólito fue lo siguiente. En menos de un instante colapsaron todos los medios de comunicación ultrasecretos de la dirigencia norteamericana y las comunicaciones importantes se tuvieron que hacer por celular, lo cual de haberse planeado en ese entonces un ataque de mayor envergadura hubiera terminado en pocos minutos con todo el poderío norteamericano por lo fácil que hubiese sido interferir esas comunicaciones.
Un tigre de papel, un imperio débil y crepuscular, el mundo moderno en su fase final de Kali-yuga.
Marcos Ghio
9/9/10
En estos días y en los que se acercan varios temas concurrentes conmoverán a la opinión pública mundial. Se aproxima una fecha de significativa importancia que merece una serie de interpretaciones. Si lo juzgáramos desde el punto de vista moral el 11S del 2001 fue un hecho repudiable porque murieron intempestivamente unas 3000 personas y eso está muy mal como son malas todas aquellas guerras en las cuales mueren civiles que no se encuentran en el frente de batalla, como fue malo Hiroschima, como hoy lo es también Falluja en Irak en donde, a causa de las bombas de fósforo blanco enriquecido con uranio que lanzaran los norteamericanos, nacen niños malformados. Y como también sucede con los recién nacidos en el valle Afgano de Kunduz, y como todas esas inútiles masacres que conlleva esta guerra interminable. Guerra de la cual los medios no hablan habitualmente pues, a diferencia de las otras, se trataría de una ‘misión humanitaria’ para liberar a las mujeres de una opresión milenaria o para combatir al ‘terrorismo internacional’ por lo que no adquiere la categoría de las guerras convencionales entre naciones enfrentadas.
Pero nosotros el análisis lo queremos hacer desde un punto de vista político y no moral. Juzgamos pues los hechos y, tal como diría Karl Schmitt, la lucha antagonística entre amigo y enemigo, esa lucha irreversible que se ha dado en combatir independientemente de que nos guste o no. Dos bandos se han perfilado a partir de tal fecha en una guerra que podemos definir sin más como de civilizaciones y que ya lleva nueve años de existencia y que tiene visos de prolongarse mucho más en el tiempo. Pero acá, ya que hemos acudido a un concepto bastante trillado, queremos corregir en el uso del mismo al politólogo yanqui Samuel Huntington el cual, siguiéndolo a Spengler y a Toynbee, equipara tal guerra con un conflicto entre naciones, entre la nación islámica representante del Oriente contra la nación cristiana representante del Occidente. Y esto, lo hemos dicho hasta el cansancio, es una falacia absoluta ya que ni Al Qaeda o los talibanes se singularizan meramente por ser islámicos, ni tampoco Obama, o Zapatero, o Sarkozy por ser en cambio cristianos. Acá es en vez una lucha entre dos concepciones del mundo contrapuestas, lucha en la cual pueden participar de los dos bandos sea cristianos como musulmanes o budistas. Se trata de un proceso, el de la modernización, del cual las religiones no han permanecido ajenas, y la nuestra, la católica, en especial a partir del último Concilio en donde el papado, y tal lo demostrara con nosotros en la guerra de Malvinas, se encuadra abiertamente del lado del mundo moderno, el de la vida y el de la paz a cualquier precio aunque la misma signifique la pérdida del honor, siempre y cuando quede en pié nuestro pellejo.
En dicha guerra -y esto es lo que la distingue de otras- el antagonismo que existe es entre principios, en cambio en la guerra de naciones lo que contrastan son intereses, y los que allí luchan lo hacen en función de un mismo principio, consistente en un apetito de dominio de bienes materiales principalmente económicos o el mero despliegue de una voluntad de potencia. Con la modernidad, a diferencia de otras épocas, las guerras comenzaron a ser por meros intereses, la última guerra en la que se combatió por principios fue la Primera Guerra Mundial, la Segunda en cambio comenzó siendo por intereses y por conquista de espacios vitales para irse convirtiendo, finalizando casi la contienda, en una lucha entre concepciones del mundo simbolizada como democracia contra fascismo. En la guerra fría el conflicto fue abiertamente por intereses y se lo vio diáfanamente a través de su conclusión en tanto Rusia y Norteamérica luchaban por un mero dominio espacial y material del planeta. Ambos eran materialismos que disputaban para ver cuál de los dos era el más poderoso. En cambio ahora en los distintos frentes de batalla que se abrieron luego del 11S sea en Asia como en África, lo que se combate es por concepciones del mundo. Es un error hablar de lucha religiosa entre el Islam y el cristianismo como cree Huntington recreando nuevamente el espíritu de las Cruzadas. Hay islamistas modernos del mismo modo como hay cristianos tradicionales y fundamentalistas. Lo que distingue a uno de otro es el eje existencial en el que las dos civilizaciones se han encuadrado. O lo que es simple vida, comprendida como un despliegue ilimitado de libido y de apetitos materiales plasmados en un orden conocido como de democracia, tal es la modernidad, o en cambio lo que es supravida, eternidad, dimensión metafísica y en consecuencia un orden en el que el Estado se superpone a la sociedad en tanto se asocia con lo sacro, de allí el Califato, que es el equivalente a nuestro ideal de Imperio. Dicha figura no queda restringida a meros intereses nacionales, por tal razón por ejemplo Al Qaeda no lucha tanto por la independencia de Irak o de Afganistán o de otro país en donde está presente, sino por la derrota del mundo moderno y la instauración de su sustituto, un califato o un imperio universal.
Pero asociado a tales hechos el 11S ha tenido el valor de romper con un mito arraigado en nuestra civilización tras tantas décadas de Hollywood y de series televisivas pintándonos un imperio invencible, único, superior en eficiencia a todos los que han existido en la historia y además contando para ello con el auxilio de una serie de ideólogos que se han encargado de resaltarlo sea en forma de proselitismo como Fukuyama que llegaba a decir que con la caída del comunismo se había terminado la historia con la constitución de un imperio universal con sede en Nueva York, como pretendidamente negativa a través de toda esa pululación de teorías montajistas que adscriben al inventario de su poderío todo lo que sucede en la historia aun lo que en apariencias lo dañaría.
El mito de Rambo, es decir del Imperio omnipotente elaborado por el cine yanqui y retransmitido en clave intelectual por una interminable serie de escritores que lo han estado sirviendo en forma irresponsable en todos estos tiempos, se ha derrumbado estrepitosamente un 11S. Y esto no lo decimos simplemente por el hecho de que se demostró la ineficiencia del Imperio en poder derrotar a una simple organización que luego de aquella fecha ha multiplicado sus frentes de combate, sino por las diarias evidencias que cotidianamente se manifiestan en relación a tal hecho.
Hace un par de días la emblemática Condolezza Rice, principal secretaria de Estado y asesora del gobierno de Bush, nos ha narrado ciertos pormenores que nos ilustran en forma sintomática lo que fue aquella fecha. Resulta ser que en el mismo momento en que 19 mártires se inmolaban en las Torres Gemelas destruyendo unos 30 bancos y unas 100 mesas de dinero en el centro financiero del planeta, Condolezza nos explica cómo del lado contrario, el del mundo que privilegia la vida, el sexo y la economía entraba en un verdadero estado de colapso, cosa increíble en un Imperio del cual Fukuyama, Hollywood y la interminable falange de escritores y periodistas nos contaran gestas y capacidades inigualables. Resulta ser que el bunker de la Casa Blanca se llenó estrepitosamente de gente temerosa de correr la misma suerte que los habitantes de las Torres. El aire prontamente se convirtió en irrespirable y hubo que intervenir con la fuerza para sacar de allí a aquellas personas que no eran tan imprescindibles. Se quedó así la élite, pero no toda. Nos relata también al respecto que Bush le manifestó desde el lugar de dónde estaba su intención de dirigirse al bunker, pero Condolezza primeramente le sugirió y luego lo conminó a los gritos que se quedara en dónde estaba… Y Bush obedeció. Ya en ese momento una persona de color tomaba las grandes decisiones de la política del ‘imperio’. Pero lo más insólito fue lo siguiente. En menos de un instante colapsaron todos los medios de comunicación ultrasecretos de la dirigencia norteamericana y las comunicaciones importantes se tuvieron que hacer por celular, lo cual de haberse planeado en ese entonces un ataque de mayor envergadura hubiera terminado en pocos minutos con todo el poderío norteamericano por lo fácil que hubiese sido interferir esas comunicaciones.
Un tigre de papel, un imperio débil y crepuscular, el mundo moderno en su fase final de Kali-yuga.
Marcos Ghio
9/9/10
miércoles, 1 de septiembre de 2010
FIDEL CASTRO RUZ, UN POLÍTICO FUNCIONAL A NORTEAMÉRICA
La enfermedad terminal que lo aquejara a Fidel Castro no solamente ha sido una ventaja muy grande para los cubanos al alejarlo de las funciones de gobierno, sino también al parecer para el mundo entero, ya que, al ocuparse ahora en sus ratos de ocio de periodismo, ha develado ciertos secretos de Estado que antes no se conocían o que pasaban desapercibidos y que ahora, en razón de su muy conocida desenvoltura dialéctica, se han hecho públicos y notorios.
Comenzaremos por uno de ellos relativamente reciente que ha llamado poderosamente la atención. Cuando el ejército colombiano terminó con la vida del líder de las Farc, Luis Reyes, y tras develarse de la documentación secuestrada que uno de sus principales interlocutores era el casi ignoto líder del Partido Comunista argentino, Patricio Echegaray, fueron muy importantes las aclaraciones dadas al respecto por Fidel para sacarnos de la perplejidad. Nos hizo ver que en realidad las FARC no eran una guerrilla que le respondía como podían haber sido los tupamaros en Uruguay o los montoneros en la Argentina, así como la rama del Erp de Santucho y Gorriarán Merlo, sino que en cambio dependían directamente del gobierno ruso comunista. Y de esta manera hizo notar algo que uno siempre había supuesto que se trataba de una misma cosa y era que Cuba no era para nada un simple agente de los rusos en nuestro continente, que gozaba de una cierta autonomía y hasta era capaz de sostener políticas contrastantes en materia de intereses. Y la gran diferencia estribaba en que mientras que la guerrilla que a él le respondía se preocupaba por tomar por asalto los diferentes Estados de América con la finalidad de instaurar un bloque de gobiernos socialistas, la otra en cambio, de carácter abiertamente stalinista, bregaba por el triunfo del comunismo a través del fortalecimiento de la Unión Soviética en el mundo, y en este caso presionando a los diferentes gobiernos a fin de que respaldaran internacionalmente la política de Moscú. Por lo tanto no era meta específica de las Farc la toma del poder como en el caso en cambio de las distintas guerrillas castristas, sino la de convertirse en un importante factor de presión.
De este modo Castro nos explicó en su convalecencia que hubo en verdad dos tipos de guerrilla en nuestro continente, una que respondía a Moscú y otra en cambio a Cuba, y que las dos no eran la misma cosa sino que hasta podían llegar a contrastar. Esto se lo ha visto por ejemplo en la Argentina en donde pudo percibirse que la política adoptada por el marxismo leninismo en relación a la última dictadura militar de Videla no solamente no había sido monolítica, sino incluso contrapuesta. De acuerdo a los intereses soviéticos, Videla que, a diferencia por ejemplo de demócratas como Menem, no vivía en relaciones carnales con los norteamericanos, sino que en cambio los desobedecía notoriamente vendiéndoles trigo a los rusos a pesar de su guerra de Afganistán, era calificado por el Partido Comunista Argentino y consecuentemente por la guerrilla que a éste le respondía (1), como un militar progresista al cual había que respaldar en el poder, en cambio la rama castrista que se expresaba allí a través del Erp de Santucho y de Montoneros, lo calificaba como un genocida asesino al que había que abatir. Y al respecto habría que destacar que en razón de esta política internacional discrepante en lo fáctico sea la guerrilla castrista como el gobierno norteamericano colaboraron al unísono para derrocar a las Juntas militares argentinas en tanto que éstas, especialmente en la etapa de Videla, eran de hecho aliados internacionales de la Unión Soviética (2), su principal competidor. Así fue que esta colaboración se la vio en lo siguiente: mientras que por el lado izquierdo la guerrilla castrista desencadenó una serie de hechos violentos en el país obligando a los militares a aplicar métodos de combate contrarrevolucionario. Por el lado yanqui, se supo que importantes personeros, tales como Kissinger, aconsejaron a los militares argentinos aplicar la guerra sucia pues los convencieron de que de esta manera evitaban ser cuestionados por la izquierda a través de sus organismos internacionales de derechos humanos que hubieran con el tiempo obtenido la libertad de los guerrilleros. Eso último fue todavía más letal que la lucha armada pues significó luego con el triunfo de la democracia la desarticulación de las fuerzas armadas a través de sucesivos procesos.
Pero Castro no solamente ha colaborado con los EEUU en la implantación de gobiernos que resultaran afines a sus intereses como los que componen la actual democracia surgida luego de la derrota de Malvinas. También a nivel internacional suele embarcarse en campañas que favorecen a tal gobierno y esto sea quizás lo que explique las razones por las cuales la Cuba castrista ha podido durar tantos años, encontrándose a tan corta distancia del poder norteamericano, sin haber tenido por parte de éste ninguna invasión como en cambio efectuara en lugares mucho más lejanos y no tan “revolucionarios”. Así pues luego de conocerse públicamente el informe de Wikeleaks, el cual, tal como hemos demostrado es a todos luces un montaje efectuado por la CIA para justificar una invasión a Pakistán, Castro en sus últimas declaraciones le presta el más pleno consentimiento y hasta se da el lujo de decir que, de acuerdo al mismo, se desprende que “Al Qaeda ha sido una creación de los norteamericanos para justificar la guerra contra los talibanes en Afganistán y para la posterior invasión y ocupación de Irak por las fuerzas militares de Estados Unidos.”
De este modo se encarga así de sembrar el desprestigio hacia la única organización que los está derrotando. Esta es justamente la maniobra de la CIA de la cual Castro participa plenamente, tal como dijéramos en nuestra nota anterior al referirnos al sionista Noam Chomsky. Cuando en verdad más que explicarnos por qué Al Qaeda ha sido la excusa para invadir países en los cuales les ha ido muy mal, debería darnos las razones de por qué a él en cambio jamás se lo ha invadido, habiendo podido tener justificaciones de sobra para hacerlo, en primer lugar luego de la famosa reunión de la OLAS en 1968 en la que se hizo público desde Cuba y bajo su gobierno un plan de derrocamiento de los gobierno militares de América por el uso de las armas y a través de organizaciones guerrilleras, habiendo sido ésta la causa verdadera de las matanzas padecidas en nuestros países. Y por cuál razón tampoco se tomaron represalias luego de que se desarticulara la guerrilla efectuada por su lugarteniente Guevara en Bolivia, un hecho por demás evidente de intromisión en un país extranjero que de haberse hecho hubiera en su momento contado con el beneplácito de toda América.
A esta altura del partido y en función de las múltiples colaboraciones demostradas no cabe duda alguna de que el verdadero agente de la CIA, es decir aquel que ha trabajado plenamente para los intereses norteamericanos, no es Bin Laden, sino Fidel Castro.
(1) Algún día habrá que escribir la historia del sector guerrillero argentino que respondió a Moscú y no a La Habana. Estaba constituido por una de las fracciones en que se dividiera el Erp (Estrella Roja), la que nominalmente respondía a la 4ª internacional trotskista de París (ésa era su cobertura) aunque en realidad representaba disimuladamente los intereses de la URSS. Estaba dirigido por un ex líder de una facción del grupo nacionalista Tacuara, conocido como Joe Baxter, quien muriera en un accidente aéreo viajando con el grado de general del ejército vietnamita. Gorriarán Merlo, el lugarteniente de Santucho, es decir de la facción opuesta del ERP, relata un encuentro que tuviera con Baxter en Santiago de Chile en donde discutieran a qué Estado debían subordinar la guerrilla argentina. Los dos tomaron luego caminos opuestos. La facción de Baxter se había previamente unido a un conocido agente de Moscú infiltrado en el peronismo y muerto por la triple A, el abogado Rodolfo Ortega Peña (ex miembro del Partido Comunista) y su inseparable socio, actual ministro de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. Los tres formaron en la década del 60 una organización neoperonista llamada Cóndor-Tacuara cuyo lema principal era “El peronismo no debe marxistizarse, pero nadie que se diga marxista debe permanecer afuera del peronismo”. A este grupo pro-ruso también pertenecía el fallecido Norberto Ceresole quien publicara libros en la editorial Sudestada de tal grupo. Ceresole, siendo del ERP, fue luego integrado como miembro honorario de la Academia de Ciencias de la URSS. En varias publicaciones se destacó como crítico de la política cubana en América, pero desde la óptica soviética. A los rusos no les convenía derrocar la dictadura militar argentina y sí en cambio a los cubanos y en tal cosa estos últimos estuvieron aliados a los norteamericanos.
(2) Este temor también se lo vio por parte de los norteamericanos durante la guerra de Malvinas cuando se pensó que, en razón del conflicto con Gran Bretaña y los EEUU, la Argentina pudiese buscar una alianza con Moscú.
WALTER PREZIOSI
1/09/10
La enfermedad terminal que lo aquejara a Fidel Castro no solamente ha sido una ventaja muy grande para los cubanos al alejarlo de las funciones de gobierno, sino también al parecer para el mundo entero, ya que, al ocuparse ahora en sus ratos de ocio de periodismo, ha develado ciertos secretos de Estado que antes no se conocían o que pasaban desapercibidos y que ahora, en razón de su muy conocida desenvoltura dialéctica, se han hecho públicos y notorios.
Comenzaremos por uno de ellos relativamente reciente que ha llamado poderosamente la atención. Cuando el ejército colombiano terminó con la vida del líder de las Farc, Luis Reyes, y tras develarse de la documentación secuestrada que uno de sus principales interlocutores era el casi ignoto líder del Partido Comunista argentino, Patricio Echegaray, fueron muy importantes las aclaraciones dadas al respecto por Fidel para sacarnos de la perplejidad. Nos hizo ver que en realidad las FARC no eran una guerrilla que le respondía como podían haber sido los tupamaros en Uruguay o los montoneros en la Argentina, así como la rama del Erp de Santucho y Gorriarán Merlo, sino que en cambio dependían directamente del gobierno ruso comunista. Y de esta manera hizo notar algo que uno siempre había supuesto que se trataba de una misma cosa y era que Cuba no era para nada un simple agente de los rusos en nuestro continente, que gozaba de una cierta autonomía y hasta era capaz de sostener políticas contrastantes en materia de intereses. Y la gran diferencia estribaba en que mientras que la guerrilla que a él le respondía se preocupaba por tomar por asalto los diferentes Estados de América con la finalidad de instaurar un bloque de gobiernos socialistas, la otra en cambio, de carácter abiertamente stalinista, bregaba por el triunfo del comunismo a través del fortalecimiento de la Unión Soviética en el mundo, y en este caso presionando a los diferentes gobiernos a fin de que respaldaran internacionalmente la política de Moscú. Por lo tanto no era meta específica de las Farc la toma del poder como en el caso en cambio de las distintas guerrillas castristas, sino la de convertirse en un importante factor de presión.
De este modo Castro nos explicó en su convalecencia que hubo en verdad dos tipos de guerrilla en nuestro continente, una que respondía a Moscú y otra en cambio a Cuba, y que las dos no eran la misma cosa sino que hasta podían llegar a contrastar. Esto se lo ha visto por ejemplo en la Argentina en donde pudo percibirse que la política adoptada por el marxismo leninismo en relación a la última dictadura militar de Videla no solamente no había sido monolítica, sino incluso contrapuesta. De acuerdo a los intereses soviéticos, Videla que, a diferencia por ejemplo de demócratas como Menem, no vivía en relaciones carnales con los norteamericanos, sino que en cambio los desobedecía notoriamente vendiéndoles trigo a los rusos a pesar de su guerra de Afganistán, era calificado por el Partido Comunista Argentino y consecuentemente por la guerrilla que a éste le respondía (1), como un militar progresista al cual había que respaldar en el poder, en cambio la rama castrista que se expresaba allí a través del Erp de Santucho y de Montoneros, lo calificaba como un genocida asesino al que había que abatir. Y al respecto habría que destacar que en razón de esta política internacional discrepante en lo fáctico sea la guerrilla castrista como el gobierno norteamericano colaboraron al unísono para derrocar a las Juntas militares argentinas en tanto que éstas, especialmente en la etapa de Videla, eran de hecho aliados internacionales de la Unión Soviética (2), su principal competidor. Así fue que esta colaboración se la vio en lo siguiente: mientras que por el lado izquierdo la guerrilla castrista desencadenó una serie de hechos violentos en el país obligando a los militares a aplicar métodos de combate contrarrevolucionario. Por el lado yanqui, se supo que importantes personeros, tales como Kissinger, aconsejaron a los militares argentinos aplicar la guerra sucia pues los convencieron de que de esta manera evitaban ser cuestionados por la izquierda a través de sus organismos internacionales de derechos humanos que hubieran con el tiempo obtenido la libertad de los guerrilleros. Eso último fue todavía más letal que la lucha armada pues significó luego con el triunfo de la democracia la desarticulación de las fuerzas armadas a través de sucesivos procesos.
Pero Castro no solamente ha colaborado con los EEUU en la implantación de gobiernos que resultaran afines a sus intereses como los que componen la actual democracia surgida luego de la derrota de Malvinas. También a nivel internacional suele embarcarse en campañas que favorecen a tal gobierno y esto sea quizás lo que explique las razones por las cuales la Cuba castrista ha podido durar tantos años, encontrándose a tan corta distancia del poder norteamericano, sin haber tenido por parte de éste ninguna invasión como en cambio efectuara en lugares mucho más lejanos y no tan “revolucionarios”. Así pues luego de conocerse públicamente el informe de Wikeleaks, el cual, tal como hemos demostrado es a todos luces un montaje efectuado por la CIA para justificar una invasión a Pakistán, Castro en sus últimas declaraciones le presta el más pleno consentimiento y hasta se da el lujo de decir que, de acuerdo al mismo, se desprende que “Al Qaeda ha sido una creación de los norteamericanos para justificar la guerra contra los talibanes en Afganistán y para la posterior invasión y ocupación de Irak por las fuerzas militares de Estados Unidos.”
De este modo se encarga así de sembrar el desprestigio hacia la única organización que los está derrotando. Esta es justamente la maniobra de la CIA de la cual Castro participa plenamente, tal como dijéramos en nuestra nota anterior al referirnos al sionista Noam Chomsky. Cuando en verdad más que explicarnos por qué Al Qaeda ha sido la excusa para invadir países en los cuales les ha ido muy mal, debería darnos las razones de por qué a él en cambio jamás se lo ha invadido, habiendo podido tener justificaciones de sobra para hacerlo, en primer lugar luego de la famosa reunión de la OLAS en 1968 en la que se hizo público desde Cuba y bajo su gobierno un plan de derrocamiento de los gobierno militares de América por el uso de las armas y a través de organizaciones guerrilleras, habiendo sido ésta la causa verdadera de las matanzas padecidas en nuestros países. Y por cuál razón tampoco se tomaron represalias luego de que se desarticulara la guerrilla efectuada por su lugarteniente Guevara en Bolivia, un hecho por demás evidente de intromisión en un país extranjero que de haberse hecho hubiera en su momento contado con el beneplácito de toda América.
A esta altura del partido y en función de las múltiples colaboraciones demostradas no cabe duda alguna de que el verdadero agente de la CIA, es decir aquel que ha trabajado plenamente para los intereses norteamericanos, no es Bin Laden, sino Fidel Castro.
(1) Algún día habrá que escribir la historia del sector guerrillero argentino que respondió a Moscú y no a La Habana. Estaba constituido por una de las fracciones en que se dividiera el Erp (Estrella Roja), la que nominalmente respondía a la 4ª internacional trotskista de París (ésa era su cobertura) aunque en realidad representaba disimuladamente los intereses de la URSS. Estaba dirigido por un ex líder de una facción del grupo nacionalista Tacuara, conocido como Joe Baxter, quien muriera en un accidente aéreo viajando con el grado de general del ejército vietnamita. Gorriarán Merlo, el lugarteniente de Santucho, es decir de la facción opuesta del ERP, relata un encuentro que tuviera con Baxter en Santiago de Chile en donde discutieran a qué Estado debían subordinar la guerrilla argentina. Los dos tomaron luego caminos opuestos. La facción de Baxter se había previamente unido a un conocido agente de Moscú infiltrado en el peronismo y muerto por la triple A, el abogado Rodolfo Ortega Peña (ex miembro del Partido Comunista) y su inseparable socio, actual ministro de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. Los tres formaron en la década del 60 una organización neoperonista llamada Cóndor-Tacuara cuyo lema principal era “El peronismo no debe marxistizarse, pero nadie que se diga marxista debe permanecer afuera del peronismo”. A este grupo pro-ruso también pertenecía el fallecido Norberto Ceresole quien publicara libros en la editorial Sudestada de tal grupo. Ceresole, siendo del ERP, fue luego integrado como miembro honorario de la Academia de Ciencias de la URSS. En varias publicaciones se destacó como crítico de la política cubana en América, pero desde la óptica soviética. A los rusos no les convenía derrocar la dictadura militar argentina y sí en cambio a los cubanos y en tal cosa estos últimos estuvieron aliados a los norteamericanos.
(2) Este temor también se lo vio por parte de los norteamericanos durante la guerra de Malvinas cuando se pensó que, en razón del conflicto con Gran Bretaña y los EEUU, la Argentina pudiese buscar una alianza con Moscú.
WALTER PREZIOSI
1/09/10
domingo, 22 de agosto de 2010
LA VERDADERA CAÍDA DEL COMUNISMO
DE MONTMATRE A CHERNOBIL
1) La Comuna de París
Corría 1871, la plebe, azuzada por la burguesía, una vez más se había recluido en una elevada colina con la intencionalidad de rebelarse para siempre. Esta vez en la parisina Montmatre no iba a repetir la experiencia fallida del Aventino hacía 2000 años cuando, luego de una revuelta victoriosa, se dejara seducir por el discurso de un elocuente patricio respecto de la necesidad que ella tenía del Estado, de esa institución sagrada, superpuesta al orden social, encargada de gobernar en la tierra así como Dios lo hacía en el universo.
Sus actuales ideólogos la habían convencido con argumentos contundentes de que no existía ninguna de estas dos cosas, que todo lo que fuese metafísico era un opio inventado a fin de justificar con engaños ‘la explotación del hombre por el hombre’, que solamente existía aquello que nuestros ojos ven o nuestras panzas degluten, es decir la materia que con su oscura necesidad todo lo gobierna y rige más allá de discursos y alucinaciones.
Se había pues tomado el poder de acuerdo a tales premisas, se había profundizado así lo iniciado un siglo antes por la revolución francesa, ¿pero qué hacer ahora? ¿Cómo organizarse en lo sucesivo? Comenzaron entonces las elucubraciones y discusiones al respecto. Dos líderes opuestos, determinados en gran parte por orígenes étnicos dispares, comenzaron a debatir acaloradamente respecto de lo que había que hacerse de aquí en más. El ruso Bakunin, un príncipe renegado y alcohólico empedernido, dijo que si se había hecho verdaderamente la revolución ésta debía significar la liquidación definitiva de esos dos grandes mitos que eran Dios y el Estado sustituyendo al primero por un nuevo culto, el del Hombre, y al segundo por una nueva forma de organización espontánea en la cual cada comunidad se diese la propia ley instaurándose un federalismo universal de acuerdos recíprocos sin necesidad de centralismo, pues el hombre es bueno por naturaleza. A lo cual el alemán Marx lo contradijo diciendo que la nueva divinidad que había que adorar de aquí en más no era el Hombre, sino la Materia, la cual se desplegaba dialécticamente a lo largo de la historia en etapas prefijadas y necesarias, por lo cual aun no estaban dados los tiempos de la desaparición del Estado. Ahora en su fase final de lucha de clases debía ser la plebe misma soliviantada la que ejerciese su dictadura a fin de que una vez que se hubiese concluido definitivamente con la burguesía entonces el Estado desapareciese verdaderamente ‘pasando a formar parte de los trastos viejos de la historia’. La conversación fue subiendo cada vez más de tono. Marx le reprochó entonces a Bakunin su origen de clase aristocrático y su ascendencia rusa, pueblo de eslavos, es decir esclavos, de lúmpenes y sin proletariado industrial, incapaces por lo tanto de haber podido desarrollar una sociedad capitalista como en cambio lo habían ya hecho los sajones ingleses y alemanes. A lo cual el ruso ofuscado le reprochó su origen simultáneamente alemán y judío. ‘Ud. se encuentra influido aun por el idealismo alemán para el cual la vida, es decir lo humano, queda sometida al concepto abstracto, a la Idea que lo reduce y comprende; lo que para Ud. es materia, no es otra cosa que metafísica sublimada, es el mismo Dios que se ha disfrazado con otro nombre. Quiere cambiar el sometimiento a la divinidad teísta por el materialismo dialéctico personificado en su Estado. Este último, lejos de desaparecer como Ud. predica, se volverá cada vez más opresivo con el tiempo, pues es una característica propia del mismo crecer y crecer siempre más.’ Y como los sofismas de su interlocutor se hacían cada vez más pronunciados profirió este legendario anatema. ‘Como buen judío que Ud. es, su Estado no es otra cosa que la manifestación del Jehová vengativo en esta etapa histórica. De la misma manera que éste, se convertirá siempre más en un mecanismo totalitario y opresor que sustituirá la explotación de la burguesía por la de una nueva clase de parásitos, todavía peor que la primera’.
Así en medio de tales desavenencias e interminables discusiones fracasó la Comuna de París.
2) De Montmatre a Petrogrado
40 años más tarde entró en escena un coterráneo de Bakunin de nombre Vladimir Illich, alias Lenin, pero de orígenes muy distintos. No era un aristócrata como el primero, sino un resentido en tanto que el zarismo había colgado a su hermano por subversivo y violento. En el exilio reflexionó asiduamente sobre la polémica entre su antepasado ruso y el filósofo germano y trató de encontrarle solución a este entuerto originado a fin de poder hallar la clave para que no volviera a fracasar una vez más la revuelta de la plebe. En una obra que representa un verdadero manual de facinerosos, titulada El Estado y la Revolución, Lenin desmenuza en detalle la polémica suscitada. Dice que tenía razón Bakunin sólo cuando afirmaba que había que destruir el Estado, pero ¿cuál Estado? Allí es donde está el meollo: se trata del Estado burgués el cual debe ser aniquilado totalmente hasta sus mismas raíces. Esto es lo que no entendían los marxistas alemanes de su tiempo seguidores literalmente de su maestro, como Kautsky y Bernstein. Ellos malinterpretando sus dichos pretendían simplemente ocupar el Estado; de lo que se trata en cambio es de destruirlo, pero para construir uno nuevo, la dictadura del proletariado, la cual luego se habría de extinguir. Aquí Lenin hace un claro distingo entre los verbos ‘destruir’ y ‘extinguir’. El Estado burgués es destruido inmediatamente por la violencia revolucionaria. El proletario en cambio ‘se extingue solo’, se autodestruye. ‘Ahora bien, no me pidan que les indique fechas porque es algo difícil de decir, pueden ser años, siglos o aun milenios. Todo depende del día en que logremos acabar con el último burgués que existe en la tierra’. A todo esto en uno de los capítulos finales de su obra, luego de haber expresado con un maquiavelismo inescrupuloso todos los métodos ‘revolucionarios’ para terminar con la burguesía, nos explica la manera cómo se encontrará organizado el nuevo Estado soviético. Toma como ejemplo concreto a la empresa de correos de los EEUU, demostrando así ya en ese entonces la gran afinidad que siempre habría de existir entre el capitalismo yanqui y el comunismo ruso. ‘Tal maravilla de organización y sincronización será el modelo de nuestro nuevo Estado’. En el mismo se suprimirán las diferencias entre el trabajo intelectual y el manual, todos, a la manera de la empresa yanqui, deberán ‘trabajar’ pues ‘el que no trabaja no come’. Aquí se refiere explícitamente a que todos por igual se convertirán en asalariados de esa gran empresa que es el Estado, desapareciendo así cualquier sesgo de libertad que pueda proporcionar la actividad intelectual independiente de un salario o del dinero. Todos los trabajadores tendrán a su vez la misma remuneración de acuerdo a las necesidades establecidas por el Estado. Aunque no se indica cuánto ganarán los jerarcas que compondrán sus estructuras de mando. Faltaba sólo escribir el capítulo relativo a la manera cómo habría de producirse ese último proceso de ‘extinción’ del cual nos hablaba Lenin en el que iba a desembocarse en la sociedad comunista sin clases sociales, esa especie de paraíso terrenal en donde, sin necesidad de coerciones y luego de una terapia de tonificantes dictaduras, gulags y checas, los hombres gozaríamos al fin de un bienestar inacabable sin tener preocupación de ningún tipo.
Pero henos aquí que en ese mismo momento estalla la Revolución de octubre (en realidad de noviembre según nuestro calendario) y Lenin entonces nos pide a todos disculpas por la interrupción obligada ya que tiene que irse a Petrogrado a organizar los soviets aunque casi burlonamente nos indica al final de su obra que ya nos habremos de enterar de lo que iba a pasar finalmente.
3) Chernobil
Se ha creído erradamente hasta nuestros mismos días en dos profundas falsedades. La primera de ellas es que el comunismo se terminó con la caída del muro de Berlín, la segunda, en función del primer error, es la de considerar por lo tanto que luego de tal caída ha comenzado en Rusia a constituirse un régimen ‘normal’. Ninguna de las dos cosas ha sucedido. En 1989 no se terminó el comunismo no solamente por el hecho de que éste nunca ha llegado a existir, sino porque lo único que ha verdaderamente acontecido es que se ha hecho público un fenómeno que ya se sabía pero solamente entre unos pocos. Que en realidad nunca existió allí verdaderamente un Estado obrero (lo cual por otra parte representa una verdadera utopía), sino de multimillonarios a los que se ha denominado sucesivamente como burocracia, ‘nueva clase’, nomenklatura, etc. pero que en realidad se trata de personas con un nivel de vida que supera holgadamente al de los capitalistas más adinerados. Pero la diferencia entre el comunismo de antes del 89’ y el actual es parecida al fenómeno que hoy se vive por ejemplo en nuestro sindicalismo. Antes los dirigentes gremiales se enriquecían pero cuando iban a las reuniones con sus afiliados dejaban estacionado su vehículo último modelo a 10 cuadras del sindicato para llegar allí en colectivo. Ahora ostentan abiertamente pues, como estamos en una sociedad consumista, los otros simplemente envidian esperando en algún momento llegar a ser como ellos. Ha pasado lo mismo en Rusia: antes la nomenklatura soviética ocultaba sus riquezas ante el gran público sea propio, como del mundo entero, ahora en cambio las ostenta. Entre los varios casos conocidos tenemos el del multimillonario ruso Abramovich, dueño de un club de futbol inglés y regalador de castillos europeos a sus distintas amantes. Esto obviamente no pasaba en la época de la Cortina de Hierro simplemente porque se ocultaba.
Pero resulta obvio hasta para el más lego en cuestiones de la economía que este despilfarro de riquezas debe tener consecuencias forzosas en el resto del país. La destrucción del reactor atómico de Chernobil con su consecuente contaminación del medio ambiente, debido a un simple problema de falta de mantenimiento, cosa inexplicable e imperdonable en una planta de tantos riesgos potenciales para la humanidad toda, representa un claro ejemplo de un Estado ocupado por una clase depredadora que se desentiende de los problemas cruciales de la población en función del propio enriquecimiento. Es de recordar al respecto que tal estallido, acontecido en 1986, significó el equivalente a 500 bombas atómicas de Hiroshima.
4) Conclusión
La verdadera caída del Estado burocrático y depredador inaugurado por Lenin en 1917 no aconteció en 1989 tras la glasnost de Gorbachov y la caída del muro. Ha comenzado primero con Chernobil y se ha acrecentado en estos últimos meses con los incendios forestales que han puesto en evidencia la existencia de un Estado al borde de su extinción. Tal como lo viene informando en exclusividad en nuestra lengua la Agencia de noticias Kali-yuga, reproduciendo lo que en otros lados, en Rusia especialmente, se viene difundiendo a través de distintos blogs independientes, Rusia se encuentra en virtual estado de colapso debido a una serie de incontrolables incendios forestales producidos es verdad en gran medida por los cambios climáticos generados por la polución del medio ambiente (1). Pero a esto se ha asociado la ineficiencia de un gobierno que ni siquiera tenía en condiciones motobombas para apagar los incendios y ni un solo avión para combatirlos. Los resultados han sido algo nunca visto en otras partes. La misma ciudad de Moscú hoy está envuelta en una neblina tóxica que produce según cifras oficiales unas 700 muertes diarias. Pero el problema no se termina aquí, los fuegos incontenibles amenazan ya las mismas plantas nucleares y lo que ya es un hecho los bosques que circundan a Chernobil, depósitos obligados de sustancias tóxicas radiactivas producidas por el estallido de la represa, ya están incendiándose y sus partículas no solamente contaminarán territorio ruso y ucraniano, sino que ya se acercan al de la misma Unión Europea. Alemania ya ha dado la voz de alerta, pero por supuesto se evita alarmar al gran público para evitar escenas de pánico. Es que el Estado ruso creado por Lenin y hoy a cargo de un ex coronel de la KGB, la policía secreta de tal tiranía, hoy sí se está cayendo en pedazos.
Te hemos al fin entendido, Vladimir Illich, habría de extinguirse de esta forma…
(1) Debemos también resaltar, a título de curiosidad, que el problema de la contaminación ambiental producto de la desidia de los distintos Estados modernos y principalmente de las diferentes concepciones materialistas que lo informan, no es solamente un fenómeno ruso. El reciente desastre ecológico del golfo de Nueva Méjico producido por el derrame incontenible de un pozo petrolero en alta mar es el resultado de un sistema que, en función de satisfacer necesidades ilimitadas de consumo, no tiene reparos en hacer perforaciones en zonas de altísimo riesgo, tal como hemos visto con este derrame que no tiene comparación alguna con otros que han sucedido hasta ahora en cuanto a su intensidad y duración en el tiempo. Como dato risueño hemos visto que también el gobierno de EEUU, del mismo modo que el de su par ruso en el caso de los incendios forrestales, tiende a disimular sus efectos ante la opinión pública. Así en esta semana al presidente Obama junto a su hija más pequeña ha estado bañándose en las aguas contaminadas queriendo indicar así que no hay peligro para la población y que todo está bajo control. Tenemos que acotar al respecto dos cosas: que en la foto los aludidos no aparecen con las cabezas mojadas por el agua por lo que muy seguramente se cuidaron de sumergirse y en segundo lugar que la gran sabiduría del pueblo norteamericano de haber elegido a un presidente negro le ha permitido también que, en razón de tal tizne en su piel, no se pudiesen percibir en las fotos las manchas de petróleo que con seguridad deben haber quedado diseminadas por todo su cuerpo.
Marcos Ghio
22/08/10
DE MONTMATRE A CHERNOBIL
1) La Comuna de París
Corría 1871, la plebe, azuzada por la burguesía, una vez más se había recluido en una elevada colina con la intencionalidad de rebelarse para siempre. Esta vez en la parisina Montmatre no iba a repetir la experiencia fallida del Aventino hacía 2000 años cuando, luego de una revuelta victoriosa, se dejara seducir por el discurso de un elocuente patricio respecto de la necesidad que ella tenía del Estado, de esa institución sagrada, superpuesta al orden social, encargada de gobernar en la tierra así como Dios lo hacía en el universo.
Sus actuales ideólogos la habían convencido con argumentos contundentes de que no existía ninguna de estas dos cosas, que todo lo que fuese metafísico era un opio inventado a fin de justificar con engaños ‘la explotación del hombre por el hombre’, que solamente existía aquello que nuestros ojos ven o nuestras panzas degluten, es decir la materia que con su oscura necesidad todo lo gobierna y rige más allá de discursos y alucinaciones.
Se había pues tomado el poder de acuerdo a tales premisas, se había profundizado así lo iniciado un siglo antes por la revolución francesa, ¿pero qué hacer ahora? ¿Cómo organizarse en lo sucesivo? Comenzaron entonces las elucubraciones y discusiones al respecto. Dos líderes opuestos, determinados en gran parte por orígenes étnicos dispares, comenzaron a debatir acaloradamente respecto de lo que había que hacerse de aquí en más. El ruso Bakunin, un príncipe renegado y alcohólico empedernido, dijo que si se había hecho verdaderamente la revolución ésta debía significar la liquidación definitiva de esos dos grandes mitos que eran Dios y el Estado sustituyendo al primero por un nuevo culto, el del Hombre, y al segundo por una nueva forma de organización espontánea en la cual cada comunidad se diese la propia ley instaurándose un federalismo universal de acuerdos recíprocos sin necesidad de centralismo, pues el hombre es bueno por naturaleza. A lo cual el alemán Marx lo contradijo diciendo que la nueva divinidad que había que adorar de aquí en más no era el Hombre, sino la Materia, la cual se desplegaba dialécticamente a lo largo de la historia en etapas prefijadas y necesarias, por lo cual aun no estaban dados los tiempos de la desaparición del Estado. Ahora en su fase final de lucha de clases debía ser la plebe misma soliviantada la que ejerciese su dictadura a fin de que una vez que se hubiese concluido definitivamente con la burguesía entonces el Estado desapareciese verdaderamente ‘pasando a formar parte de los trastos viejos de la historia’. La conversación fue subiendo cada vez más de tono. Marx le reprochó entonces a Bakunin su origen de clase aristocrático y su ascendencia rusa, pueblo de eslavos, es decir esclavos, de lúmpenes y sin proletariado industrial, incapaces por lo tanto de haber podido desarrollar una sociedad capitalista como en cambio lo habían ya hecho los sajones ingleses y alemanes. A lo cual el ruso ofuscado le reprochó su origen simultáneamente alemán y judío. ‘Ud. se encuentra influido aun por el idealismo alemán para el cual la vida, es decir lo humano, queda sometida al concepto abstracto, a la Idea que lo reduce y comprende; lo que para Ud. es materia, no es otra cosa que metafísica sublimada, es el mismo Dios que se ha disfrazado con otro nombre. Quiere cambiar el sometimiento a la divinidad teísta por el materialismo dialéctico personificado en su Estado. Este último, lejos de desaparecer como Ud. predica, se volverá cada vez más opresivo con el tiempo, pues es una característica propia del mismo crecer y crecer siempre más.’ Y como los sofismas de su interlocutor se hacían cada vez más pronunciados profirió este legendario anatema. ‘Como buen judío que Ud. es, su Estado no es otra cosa que la manifestación del Jehová vengativo en esta etapa histórica. De la misma manera que éste, se convertirá siempre más en un mecanismo totalitario y opresor que sustituirá la explotación de la burguesía por la de una nueva clase de parásitos, todavía peor que la primera’.
Así en medio de tales desavenencias e interminables discusiones fracasó la Comuna de París.
2) De Montmatre a Petrogrado
40 años más tarde entró en escena un coterráneo de Bakunin de nombre Vladimir Illich, alias Lenin, pero de orígenes muy distintos. No era un aristócrata como el primero, sino un resentido en tanto que el zarismo había colgado a su hermano por subversivo y violento. En el exilio reflexionó asiduamente sobre la polémica entre su antepasado ruso y el filósofo germano y trató de encontrarle solución a este entuerto originado a fin de poder hallar la clave para que no volviera a fracasar una vez más la revuelta de la plebe. En una obra que representa un verdadero manual de facinerosos, titulada El Estado y la Revolución, Lenin desmenuza en detalle la polémica suscitada. Dice que tenía razón Bakunin sólo cuando afirmaba que había que destruir el Estado, pero ¿cuál Estado? Allí es donde está el meollo: se trata del Estado burgués el cual debe ser aniquilado totalmente hasta sus mismas raíces. Esto es lo que no entendían los marxistas alemanes de su tiempo seguidores literalmente de su maestro, como Kautsky y Bernstein. Ellos malinterpretando sus dichos pretendían simplemente ocupar el Estado; de lo que se trata en cambio es de destruirlo, pero para construir uno nuevo, la dictadura del proletariado, la cual luego se habría de extinguir. Aquí Lenin hace un claro distingo entre los verbos ‘destruir’ y ‘extinguir’. El Estado burgués es destruido inmediatamente por la violencia revolucionaria. El proletario en cambio ‘se extingue solo’, se autodestruye. ‘Ahora bien, no me pidan que les indique fechas porque es algo difícil de decir, pueden ser años, siglos o aun milenios. Todo depende del día en que logremos acabar con el último burgués que existe en la tierra’. A todo esto en uno de los capítulos finales de su obra, luego de haber expresado con un maquiavelismo inescrupuloso todos los métodos ‘revolucionarios’ para terminar con la burguesía, nos explica la manera cómo se encontrará organizado el nuevo Estado soviético. Toma como ejemplo concreto a la empresa de correos de los EEUU, demostrando así ya en ese entonces la gran afinidad que siempre habría de existir entre el capitalismo yanqui y el comunismo ruso. ‘Tal maravilla de organización y sincronización será el modelo de nuestro nuevo Estado’. En el mismo se suprimirán las diferencias entre el trabajo intelectual y el manual, todos, a la manera de la empresa yanqui, deberán ‘trabajar’ pues ‘el que no trabaja no come’. Aquí se refiere explícitamente a que todos por igual se convertirán en asalariados de esa gran empresa que es el Estado, desapareciendo así cualquier sesgo de libertad que pueda proporcionar la actividad intelectual independiente de un salario o del dinero. Todos los trabajadores tendrán a su vez la misma remuneración de acuerdo a las necesidades establecidas por el Estado. Aunque no se indica cuánto ganarán los jerarcas que compondrán sus estructuras de mando. Faltaba sólo escribir el capítulo relativo a la manera cómo habría de producirse ese último proceso de ‘extinción’ del cual nos hablaba Lenin en el que iba a desembocarse en la sociedad comunista sin clases sociales, esa especie de paraíso terrenal en donde, sin necesidad de coerciones y luego de una terapia de tonificantes dictaduras, gulags y checas, los hombres gozaríamos al fin de un bienestar inacabable sin tener preocupación de ningún tipo.
Pero henos aquí que en ese mismo momento estalla la Revolución de octubre (en realidad de noviembre según nuestro calendario) y Lenin entonces nos pide a todos disculpas por la interrupción obligada ya que tiene que irse a Petrogrado a organizar los soviets aunque casi burlonamente nos indica al final de su obra que ya nos habremos de enterar de lo que iba a pasar finalmente.
3) Chernobil
Se ha creído erradamente hasta nuestros mismos días en dos profundas falsedades. La primera de ellas es que el comunismo se terminó con la caída del muro de Berlín, la segunda, en función del primer error, es la de considerar por lo tanto que luego de tal caída ha comenzado en Rusia a constituirse un régimen ‘normal’. Ninguna de las dos cosas ha sucedido. En 1989 no se terminó el comunismo no solamente por el hecho de que éste nunca ha llegado a existir, sino porque lo único que ha verdaderamente acontecido es que se ha hecho público un fenómeno que ya se sabía pero solamente entre unos pocos. Que en realidad nunca existió allí verdaderamente un Estado obrero (lo cual por otra parte representa una verdadera utopía), sino de multimillonarios a los que se ha denominado sucesivamente como burocracia, ‘nueva clase’, nomenklatura, etc. pero que en realidad se trata de personas con un nivel de vida que supera holgadamente al de los capitalistas más adinerados. Pero la diferencia entre el comunismo de antes del 89’ y el actual es parecida al fenómeno que hoy se vive por ejemplo en nuestro sindicalismo. Antes los dirigentes gremiales se enriquecían pero cuando iban a las reuniones con sus afiliados dejaban estacionado su vehículo último modelo a 10 cuadras del sindicato para llegar allí en colectivo. Ahora ostentan abiertamente pues, como estamos en una sociedad consumista, los otros simplemente envidian esperando en algún momento llegar a ser como ellos. Ha pasado lo mismo en Rusia: antes la nomenklatura soviética ocultaba sus riquezas ante el gran público sea propio, como del mundo entero, ahora en cambio las ostenta. Entre los varios casos conocidos tenemos el del multimillonario ruso Abramovich, dueño de un club de futbol inglés y regalador de castillos europeos a sus distintas amantes. Esto obviamente no pasaba en la época de la Cortina de Hierro simplemente porque se ocultaba.
Pero resulta obvio hasta para el más lego en cuestiones de la economía que este despilfarro de riquezas debe tener consecuencias forzosas en el resto del país. La destrucción del reactor atómico de Chernobil con su consecuente contaminación del medio ambiente, debido a un simple problema de falta de mantenimiento, cosa inexplicable e imperdonable en una planta de tantos riesgos potenciales para la humanidad toda, representa un claro ejemplo de un Estado ocupado por una clase depredadora que se desentiende de los problemas cruciales de la población en función del propio enriquecimiento. Es de recordar al respecto que tal estallido, acontecido en 1986, significó el equivalente a 500 bombas atómicas de Hiroshima.
4) Conclusión
La verdadera caída del Estado burocrático y depredador inaugurado por Lenin en 1917 no aconteció en 1989 tras la glasnost de Gorbachov y la caída del muro. Ha comenzado primero con Chernobil y se ha acrecentado en estos últimos meses con los incendios forestales que han puesto en evidencia la existencia de un Estado al borde de su extinción. Tal como lo viene informando en exclusividad en nuestra lengua la Agencia de noticias Kali-yuga, reproduciendo lo que en otros lados, en Rusia especialmente, se viene difundiendo a través de distintos blogs independientes, Rusia se encuentra en virtual estado de colapso debido a una serie de incontrolables incendios forestales producidos es verdad en gran medida por los cambios climáticos generados por la polución del medio ambiente (1). Pero a esto se ha asociado la ineficiencia de un gobierno que ni siquiera tenía en condiciones motobombas para apagar los incendios y ni un solo avión para combatirlos. Los resultados han sido algo nunca visto en otras partes. La misma ciudad de Moscú hoy está envuelta en una neblina tóxica que produce según cifras oficiales unas 700 muertes diarias. Pero el problema no se termina aquí, los fuegos incontenibles amenazan ya las mismas plantas nucleares y lo que ya es un hecho los bosques que circundan a Chernobil, depósitos obligados de sustancias tóxicas radiactivas producidas por el estallido de la represa, ya están incendiándose y sus partículas no solamente contaminarán territorio ruso y ucraniano, sino que ya se acercan al de la misma Unión Europea. Alemania ya ha dado la voz de alerta, pero por supuesto se evita alarmar al gran público para evitar escenas de pánico. Es que el Estado ruso creado por Lenin y hoy a cargo de un ex coronel de la KGB, la policía secreta de tal tiranía, hoy sí se está cayendo en pedazos.
Te hemos al fin entendido, Vladimir Illich, habría de extinguirse de esta forma…
(1) Debemos también resaltar, a título de curiosidad, que el problema de la contaminación ambiental producto de la desidia de los distintos Estados modernos y principalmente de las diferentes concepciones materialistas que lo informan, no es solamente un fenómeno ruso. El reciente desastre ecológico del golfo de Nueva Méjico producido por el derrame incontenible de un pozo petrolero en alta mar es el resultado de un sistema que, en función de satisfacer necesidades ilimitadas de consumo, no tiene reparos en hacer perforaciones en zonas de altísimo riesgo, tal como hemos visto con este derrame que no tiene comparación alguna con otros que han sucedido hasta ahora en cuanto a su intensidad y duración en el tiempo. Como dato risueño hemos visto que también el gobierno de EEUU, del mismo modo que el de su par ruso en el caso de los incendios forrestales, tiende a disimular sus efectos ante la opinión pública. Así en esta semana al presidente Obama junto a su hija más pequeña ha estado bañándose en las aguas contaminadas queriendo indicar así que no hay peligro para la población y que todo está bajo control. Tenemos que acotar al respecto dos cosas: que en la foto los aludidos no aparecen con las cabezas mojadas por el agua por lo que muy seguramente se cuidaron de sumergirse y en segundo lugar que la gran sabiduría del pueblo norteamericano de haber elegido a un presidente negro le ha permitido también que, en razón de tal tizne en su piel, no se pudiesen percibir en las fotos las manchas de petróleo que con seguridad deben haber quedado diseminadas por todo su cuerpo.
Marcos Ghio
22/08/10
domingo, 8 de agosto de 2010
A PROPÓSITO DEL RECIENTE ESTRENO DE VINCERE
LA GRAN METAMORFOSIS DE MUSSOLINI
La figura de Benito Mussolini, lo mismo que la de su par Adolfo Hitler, ha sido tratada en abundancia por parte de la filmografía inaugurada a partir de 1945 tras el resultado bélico. En todos los casos, cuando no se ha tratado expresamente de una banalización y burla de las mismas y se ha pretendido en cambio hacer ‘historiografía’, nos hemos hallado siempre con interpretaciones capciosas efectuadas más que con una finalidad científica y objetiva de los hechos con la pedagógica de indicarnos todo que había estado mal y condenable y que por lo tanto no debía repetirse ‘nunca más’.
No ha escapado de esta intencionalidad explícita la obra del autor Marco Bellocchio que aquí comentaremos. Bellocchio pertenece como tantos a esa cultura de izquierda y partisana que ha venido gobernando en unanimidad la cultura italiana en forma sistemática y tediosa desde la victoria de los Aliados en Italia y su consecuente ‘liberación’, mal pudiendo reclamarse de la misma algún acto de revisionismo o intento por no querer seguir con la corriente. Sin embargo es de destacar aquí dos hechos significativos que no deben descuidarse. Por primera vez el cine intenta develar ese acontecimiento misterioso de la historia europea cual fue que la gran y única revolución en contra de la modernidad que hubo en el siglo pasado fuera llevada a cabo por alguien que paradojalmente expresaba una de las manifestaciones más extremas y virulentas de la misma, estando emparentado incluso con la variante más jacobina del socialismo. Y en tal sentido el autor, sin proponérselo explícitamente, da en la clave de cuáles han sido las temáticas de esta verdadera metamorfosis que fuera la revolución fascista la cual tuvo que acontecer, antes que en Italia, en la atormentada alma de Mussolini a través de una serie de conflictos en su personalidad que incursionan incluso sin proponérselo en una esfera metafísica.
Mussolini, antes de ser el Duce era un dirigente socialista de la variante más extrema de su espectro. Era furiosamente antireligioso (1) y contrario totalmente a las reivindicaciones nacionales de su patria a las que calificaba como burguesas de la misma manera que a la Primera Gran Guerra que ya había estallado en el continente. Hay dos momentos fundamentales que aparecen en la película y que son significativos respecto del cambio que habría de acontecer en su conciencia. El primero de ellos es cuando, en un debate al que es invitado, lanza un vehemente desafío a Dios para que demuestre que existe verdaderamente fulminándolo en un lapso de cinco minutos, cosa que por supuesto no sucede, pero que para él sería en ese entonces una señal irreversible de su inexistencia. El segundo es cuando, en un Congreso del Partido Socialista, se produce la ruptura con sus compañeros poniéndose a la cabeza de la vertiente más extremista. Mientras que los socialistas convencionales y reformistas, siguiéndolo a Marx en la consigna de que los proletarios no tienen patria, sostenían que Italia no debía participar de una guerra entre burguesías, Mussolini en cambio afirma que la misma puede llegar a convertirse en un vehículo de aceleración del hecho revolucionario convirtiéndose así en un verdadero boomerang para quienes la habían iniciado. Hasta aquí Mussolini no se diferencia de Lenin quien en su ruptura con los mencheviques rusos sostenía lo mismo. Sin embargo las perspectivas existenciales serán sumamente diferentes entre ambos. El ruso capitaneará desde el exilio una revolución la que, a pesar de no haberse opuesto a su estallido, en última instancia será en contra de la guerra, tratando de aprovecharla para sus fines propios. En efecto, Lenin promovía el ingreso de su país a la contienda, pero con la finalidad de producir deserciones, desestabilizar al régimen, acentuar la lucha de clases, generar conflictos allí donde éstos no existiesen o fuesen simplemente germinales. Mussolini en cambio se siente atrapado por la guerra misma. Es la guerra, y en esto se encuentra el acierto de la película, lo que produce en él el cambio verdadero. Lejos de querer dirigirla desde bastidores, se enrola como voluntario y participa de duros combates. La guerra, en contacto con sectores del movimiento futurista, se convierte así de ‘motor de la lucha de clases’ en ‘una higiene para el alma’. Con Proudhom podría llegar a decir que es ‘como el huracán que sacude las aguas turbias’, concibiéndose así que mal puede destruirse al burgués consumista que está allí afuera si no lo hacemos previamente con el anida en el seno más profundo de nosotros mismos. Y es aquí donde aparece el momento culminante de la película. Mussolini cae herido gravemente en la contienda y la imagen se traslada al hospital de campaña en donde se curan a los heridos del combate. Es precisamente en este lugar donde se le aparece el Dios al cual había desafiado en un debate, a través de sucesivas imágenes en las paredes de la sala. Es como si le hubiese contestado recién ahora, años más tarde, a su desafío. Si hubiese aceptado aparecérsele en aquellos 5 minutos no habría expresado su verdadera esencia, sino solamente satisfecho un capricho tuyo. Una divinidad verdadera no necesita mostrarse todopoderosa para satisfacer la propia vanidad ni la de otros, ella lo es en su extrema sabiduría de saber gobernar los acontecimientos de acuerdo a sus designios. Italia y Europa entera precisaban de un Duce, de un conductor, que hiciese la verdadera revolución restauradora, que la sacudiese, luego y a través de la guerra, del humus burgués y asfixiante inaugurado por la revolución francesa. Los 5 minutos otorgados eran un tiempo muy escaso para sus planes. El Duce entonces, tras salir del hospital modificado y en neto contraste con Lenin, dirigirá un profundo cambio en la sociedad italiana, volviendo a unir sus instituciones quebradas, principalmente la Iglesia y la Monarquía, disociadas desde el siglo anterior tras la toma de Roma. Y resulta verdaderamente curioso cuando no providencial que esta restauración haya sido producida por quien por el contrario proclamaba la destrucción de las mismas.
La película por supuesto, en tanto no escapa al clima de banalidad reinante, pretende poner el acento en el tema de los amoríos de Mussolini con Ida Dahler, una austríaca de Trento, posiblemente de origen hebreo, apasionadamente enamorada de éste y con el cual tiene un hijo, y que se encuentra magníficamente interpretada por la bellísima Giovanna Mezzogiorno. Pero esta relación no puede entenderse sino en el contexto metafísico antes mentado. La austríaca pertenece a ese pasado que el Duce ha superado luego del conflicto religioso. Ella se había enamorado del primer Mussolini expresado en aquella audacia en desafiar las instituciones con una atrapante seguridad en sí mismo y en convicciones que lo llevaban hasta desafiar al mismo Dios. Pero no había sido capaz de percibir, aun en los momentos más intensos de climax sexual, que éste se sentía en verdad atraído por otros llamados de orden superior. Ahora que se ha convertido en el Duce, dejando atrás al Mussolini socialista y subversivo, resulta ya imposible volver atrás. Al respecto podría significarse que a la mayor parte de los espectadores modernos que ven la película les debe haber parecido realmente absurdo que el Duce haya cambiado a la fascinante Dahler-Mezzogiorno por la insulsa matrona Donna Rachele, la esposa que lo seguirá en fidelidad extrema hasta el final de sus días. Pero esta temática hay que entenderla en el seno de lo que el fascismo fue verdaderamente. Si para el moderno, influido por décadas de freudismo, el sexo y la mujer representan metas en la vida, llegando a convertirse en verdaderas obsesiones, tal como singularmente nos ejemplifica Dahler-Mezzogiorno en sus acosos incesantes al Duce ya cuando ha arribado a ser gobierno y la ha ostensiblemente repudiado, el fascismo concibió siempre y aun en el mismo cine que debía ser subordinado a pasiones más altas y elevadas. En Squadrone Bianco, película significativa de aquella época, por ejemplo, aparece como personaje central un burgués que renuncia a un apasionado amorío para irse a la guerra y que luego de su experiencia en los desiertos inhóspitos de Libia repudia a su amante manifestando haber hallado allí a su verdadera pasión.
Los detractores de Mussolini han querido condenarlo por haber pretendido esconder tal relación recluyendo a la Dahler en un manicomio y a su hijo, de nombre también Benito, en un oscuro anonimato. Y hay en la actualidad al respecto toda una bibliografía que enfatiza en las distintas amantes que éste ha tenido a lo largo de su vida. Pero hay que aclarar aquí dos cosas. Que la actitud de Dahler, en sus obsesivos acosos y en su renuncia a querer reconocer la realidad, justificaba plenamente una internación, en especial tratándose la suya no de una simple relación, sino estando de por medio la figura del jefe de Estado. Con seguridad de haberse tratado de Lenin o de Stalin la actitud no habría sido ésta, sino directamente la eliminación física. Y con respecto a las sucesivas amantes de Mussolini, la realidad es que se trató siempre de relaciones pasajeras que en ningún momento pusieron en riesgo ni su matrimonio, ni lo desestabilizaron a él personalmente. Mussolini era alguien que gustaba de las mujeres, pero no era un mujeriego. En esto está la gran diferencia con el actual gobernante italiano Berlusconi con el cual ha querido comparárselo inopinadamente y que algunos al comentar esta película han querido asimilar. Pero podemos decir sin temor a equivocarnos que con seguridad de haberse encontrado en la misma situación del Duce, aquel no habría recluido a Dahler-Mezzogiorno en un manicomio, sino que la hubiera recompensado al menos con un ministerio (2), o que la habría hecho muy famosa, quizás permitiéndole escribir una biografía en la que narraba detalles de su relación, ni seguramente se hubiese casado con Donna Rachele, como tampoco habría hecho de Italia una nación soberana.
(1) Si bien en la película no se menciona, debemos recordar aquí que es de aquella época una obra de Mussolini titulada Los amores de un cardenal, cuyo título habla por sí solo.
(2) Creemos nosotros que no existe insulto más grande que se le pueda hacer a Mussolini que querer compararlo con Berlusconi, quien por el contrario, a diferencia de éste, es un esclavo de su sexualidad, no pudiendo ni siquiera ocultarlo en público. Tiempo atrás tuvo la desfachatez de decir que él no paga por sus relaciones, pretendiendo hacer creer que existe un grado menor de prostitución cuando en vez de recompensarse con dinero líquido, se lo hace con algo mucho más sustancioso como cargos públicos, rating, famas, etc., es decir todo lo que el poder
produce en quienes se le acercan a cambio de favores.
Marcos Ghio
8/08/10
LA GRAN METAMORFOSIS DE MUSSOLINI
La figura de Benito Mussolini, lo mismo que la de su par Adolfo Hitler, ha sido tratada en abundancia por parte de la filmografía inaugurada a partir de 1945 tras el resultado bélico. En todos los casos, cuando no se ha tratado expresamente de una banalización y burla de las mismas y se ha pretendido en cambio hacer ‘historiografía’, nos hemos hallado siempre con interpretaciones capciosas efectuadas más que con una finalidad científica y objetiva de los hechos con la pedagógica de indicarnos todo que había estado mal y condenable y que por lo tanto no debía repetirse ‘nunca más’.
No ha escapado de esta intencionalidad explícita la obra del autor Marco Bellocchio que aquí comentaremos. Bellocchio pertenece como tantos a esa cultura de izquierda y partisana que ha venido gobernando en unanimidad la cultura italiana en forma sistemática y tediosa desde la victoria de los Aliados en Italia y su consecuente ‘liberación’, mal pudiendo reclamarse de la misma algún acto de revisionismo o intento por no querer seguir con la corriente. Sin embargo es de destacar aquí dos hechos significativos que no deben descuidarse. Por primera vez el cine intenta develar ese acontecimiento misterioso de la historia europea cual fue que la gran y única revolución en contra de la modernidad que hubo en el siglo pasado fuera llevada a cabo por alguien que paradojalmente expresaba una de las manifestaciones más extremas y virulentas de la misma, estando emparentado incluso con la variante más jacobina del socialismo. Y en tal sentido el autor, sin proponérselo explícitamente, da en la clave de cuáles han sido las temáticas de esta verdadera metamorfosis que fuera la revolución fascista la cual tuvo que acontecer, antes que en Italia, en la atormentada alma de Mussolini a través de una serie de conflictos en su personalidad que incursionan incluso sin proponérselo en una esfera metafísica.
Mussolini, antes de ser el Duce era un dirigente socialista de la variante más extrema de su espectro. Era furiosamente antireligioso (1) y contrario totalmente a las reivindicaciones nacionales de su patria a las que calificaba como burguesas de la misma manera que a la Primera Gran Guerra que ya había estallado en el continente. Hay dos momentos fundamentales que aparecen en la película y que son significativos respecto del cambio que habría de acontecer en su conciencia. El primero de ellos es cuando, en un debate al que es invitado, lanza un vehemente desafío a Dios para que demuestre que existe verdaderamente fulminándolo en un lapso de cinco minutos, cosa que por supuesto no sucede, pero que para él sería en ese entonces una señal irreversible de su inexistencia. El segundo es cuando, en un Congreso del Partido Socialista, se produce la ruptura con sus compañeros poniéndose a la cabeza de la vertiente más extremista. Mientras que los socialistas convencionales y reformistas, siguiéndolo a Marx en la consigna de que los proletarios no tienen patria, sostenían que Italia no debía participar de una guerra entre burguesías, Mussolini en cambio afirma que la misma puede llegar a convertirse en un vehículo de aceleración del hecho revolucionario convirtiéndose así en un verdadero boomerang para quienes la habían iniciado. Hasta aquí Mussolini no se diferencia de Lenin quien en su ruptura con los mencheviques rusos sostenía lo mismo. Sin embargo las perspectivas existenciales serán sumamente diferentes entre ambos. El ruso capitaneará desde el exilio una revolución la que, a pesar de no haberse opuesto a su estallido, en última instancia será en contra de la guerra, tratando de aprovecharla para sus fines propios. En efecto, Lenin promovía el ingreso de su país a la contienda, pero con la finalidad de producir deserciones, desestabilizar al régimen, acentuar la lucha de clases, generar conflictos allí donde éstos no existiesen o fuesen simplemente germinales. Mussolini en cambio se siente atrapado por la guerra misma. Es la guerra, y en esto se encuentra el acierto de la película, lo que produce en él el cambio verdadero. Lejos de querer dirigirla desde bastidores, se enrola como voluntario y participa de duros combates. La guerra, en contacto con sectores del movimiento futurista, se convierte así de ‘motor de la lucha de clases’ en ‘una higiene para el alma’. Con Proudhom podría llegar a decir que es ‘como el huracán que sacude las aguas turbias’, concibiéndose así que mal puede destruirse al burgués consumista que está allí afuera si no lo hacemos previamente con el anida en el seno más profundo de nosotros mismos. Y es aquí donde aparece el momento culminante de la película. Mussolini cae herido gravemente en la contienda y la imagen se traslada al hospital de campaña en donde se curan a los heridos del combate. Es precisamente en este lugar donde se le aparece el Dios al cual había desafiado en un debate, a través de sucesivas imágenes en las paredes de la sala. Es como si le hubiese contestado recién ahora, años más tarde, a su desafío. Si hubiese aceptado aparecérsele en aquellos 5 minutos no habría expresado su verdadera esencia, sino solamente satisfecho un capricho tuyo. Una divinidad verdadera no necesita mostrarse todopoderosa para satisfacer la propia vanidad ni la de otros, ella lo es en su extrema sabiduría de saber gobernar los acontecimientos de acuerdo a sus designios. Italia y Europa entera precisaban de un Duce, de un conductor, que hiciese la verdadera revolución restauradora, que la sacudiese, luego y a través de la guerra, del humus burgués y asfixiante inaugurado por la revolución francesa. Los 5 minutos otorgados eran un tiempo muy escaso para sus planes. El Duce entonces, tras salir del hospital modificado y en neto contraste con Lenin, dirigirá un profundo cambio en la sociedad italiana, volviendo a unir sus instituciones quebradas, principalmente la Iglesia y la Monarquía, disociadas desde el siglo anterior tras la toma de Roma. Y resulta verdaderamente curioso cuando no providencial que esta restauración haya sido producida por quien por el contrario proclamaba la destrucción de las mismas.
La película por supuesto, en tanto no escapa al clima de banalidad reinante, pretende poner el acento en el tema de los amoríos de Mussolini con Ida Dahler, una austríaca de Trento, posiblemente de origen hebreo, apasionadamente enamorada de éste y con el cual tiene un hijo, y que se encuentra magníficamente interpretada por la bellísima Giovanna Mezzogiorno. Pero esta relación no puede entenderse sino en el contexto metafísico antes mentado. La austríaca pertenece a ese pasado que el Duce ha superado luego del conflicto religioso. Ella se había enamorado del primer Mussolini expresado en aquella audacia en desafiar las instituciones con una atrapante seguridad en sí mismo y en convicciones que lo llevaban hasta desafiar al mismo Dios. Pero no había sido capaz de percibir, aun en los momentos más intensos de climax sexual, que éste se sentía en verdad atraído por otros llamados de orden superior. Ahora que se ha convertido en el Duce, dejando atrás al Mussolini socialista y subversivo, resulta ya imposible volver atrás. Al respecto podría significarse que a la mayor parte de los espectadores modernos que ven la película les debe haber parecido realmente absurdo que el Duce haya cambiado a la fascinante Dahler-Mezzogiorno por la insulsa matrona Donna Rachele, la esposa que lo seguirá en fidelidad extrema hasta el final de sus días. Pero esta temática hay que entenderla en el seno de lo que el fascismo fue verdaderamente. Si para el moderno, influido por décadas de freudismo, el sexo y la mujer representan metas en la vida, llegando a convertirse en verdaderas obsesiones, tal como singularmente nos ejemplifica Dahler-Mezzogiorno en sus acosos incesantes al Duce ya cuando ha arribado a ser gobierno y la ha ostensiblemente repudiado, el fascismo concibió siempre y aun en el mismo cine que debía ser subordinado a pasiones más altas y elevadas. En Squadrone Bianco, película significativa de aquella época, por ejemplo, aparece como personaje central un burgués que renuncia a un apasionado amorío para irse a la guerra y que luego de su experiencia en los desiertos inhóspitos de Libia repudia a su amante manifestando haber hallado allí a su verdadera pasión.
Los detractores de Mussolini han querido condenarlo por haber pretendido esconder tal relación recluyendo a la Dahler en un manicomio y a su hijo, de nombre también Benito, en un oscuro anonimato. Y hay en la actualidad al respecto toda una bibliografía que enfatiza en las distintas amantes que éste ha tenido a lo largo de su vida. Pero hay que aclarar aquí dos cosas. Que la actitud de Dahler, en sus obsesivos acosos y en su renuncia a querer reconocer la realidad, justificaba plenamente una internación, en especial tratándose la suya no de una simple relación, sino estando de por medio la figura del jefe de Estado. Con seguridad de haberse tratado de Lenin o de Stalin la actitud no habría sido ésta, sino directamente la eliminación física. Y con respecto a las sucesivas amantes de Mussolini, la realidad es que se trató siempre de relaciones pasajeras que en ningún momento pusieron en riesgo ni su matrimonio, ni lo desestabilizaron a él personalmente. Mussolini era alguien que gustaba de las mujeres, pero no era un mujeriego. En esto está la gran diferencia con el actual gobernante italiano Berlusconi con el cual ha querido comparárselo inopinadamente y que algunos al comentar esta película han querido asimilar. Pero podemos decir sin temor a equivocarnos que con seguridad de haberse encontrado en la misma situación del Duce, aquel no habría recluido a Dahler-Mezzogiorno en un manicomio, sino que la hubiera recompensado al menos con un ministerio (2), o que la habría hecho muy famosa, quizás permitiéndole escribir una biografía en la que narraba detalles de su relación, ni seguramente se hubiese casado con Donna Rachele, como tampoco habría hecho de Italia una nación soberana.
(1) Si bien en la película no se menciona, debemos recordar aquí que es de aquella época una obra de Mussolini titulada Los amores de un cardenal, cuyo título habla por sí solo.
(2) Creemos nosotros que no existe insulto más grande que se le pueda hacer a Mussolini que querer compararlo con Berlusconi, quien por el contrario, a diferencia de éste, es un esclavo de su sexualidad, no pudiendo ni siquiera ocultarlo en público. Tiempo atrás tuvo la desfachatez de decir que él no paga por sus relaciones, pretendiendo hacer creer que existe un grado menor de prostitución cuando en vez de recompensarse con dinero líquido, se lo hace con algo mucho más sustancioso como cargos públicos, rating, famas, etc., es decir todo lo que el poder
produce en quienes se le acercan a cambio de favores.
Marcos Ghio
8/08/10
viernes, 30 de julio de 2010
ALGO MÁS SOBRE EL IMPERIALISMO EUROPEO
Reproducimos a continuación este artículo aparecido en la tapa del matutino Página 12 del día de la fecha. En el mismo se ratifica una vez más lo sostenido por nosotros en nuestras notas relativas al Imperialismo europeo. Es principalmente gracias a América Latina que los países del Viejo Continente pueden salir de sus incesantes crisis y explicar el estado de su creciente bienestar. Lo que no se explica en cambio es por cuáles razones arrecian con tanto cinismo respecto de nuestra inmigración. Además de esquilmarnos ellos protestan porque los llenamos de inmigrantes. Por ello lo repetimos una vez más: “Dejen robar y no los invadirán nuestros sudacas”.
En el siglo XXI, España se sigue haciendo la América
La región se está convirtiendo en la tabla de salvación de las firmas españolas. YPF informó que su ganancia fue de 3093 millones sólo en el primer semestre, 195,4 por ciento más que hace un año. También tuvieron muy buenos desempeños Santander, BBVA y Telefónica.
Por Fernando Krakowiak
América latina se está convirtiendo en la tabla de salvación de las principales empresas españolas. La crisis europea puso en jaque sus negocios en la península y ahora dependen cada vez más de los países a los que hasta hace poco denostaban por la supuesta falta de seguridad jurídica. El Banco Santander, primer grupo financiero de España, reportó ayer un beneficio neto de 4445 millones de euros, pero el análisis desagregado por región muestra que en Europa sus ganancias cayeron un 6 por ciento y en Latinoamérica crecieron 20 puntos, en especial por Brasil. El BBVA experimentó una situación similar. Redujo sus ganancias 9,7 por ciento a nivel global, pero las acrecentó 7,6 en América del Sur. Los buenos resultados del gigante petrolero Repsol también se explican en gran parte por lo ocurrido de este lado del Atlántico. La compañía reportó 1740 millones de dólares de utilidades en el primer semestre y el 44,8 por ciento de ese total lo aportó la filial argentina YPF, que ganó el triple que el año pasado. El mapa se completa con Telefónica, que declaró ganancias por 3775 millones de euros, 9,4 por ciento más que en el mismo semestre de 2009, siendo Brasil y Argentina dos de sus principales fuentes de ingresos.
Hace una década los bancos españoles miraban con desconfianza a Latinoamérica. En Argentina el corralito bancario había pulverizado el sistema financiero y los temores de que Brasil siguiera el mismo camino motivaron una orden expresa de bajar la exposición al mínimo. Incluso por entonces se acrecentaron los rumores sobre una huida hacia mejores horizontes, siguiendo los pasos del canadiense Scotiabank, el francés Crédit Agricole, Bank Boston, Providian y West LB. Sin embargo, lograron sobrepasar la tormenta financiera con la ayuda incondicional de los gobiernos nacionales y ahora, paradójicamente, se blindan frente a las consecuencias del temblor europeo acumulando ganancias en la región.
El director de la División América del Santander, Francisco Luzón, declaró el 13 de julio, en una entrevista con el diario El País de Madrid, que este año el 45 por ciento del beneficio del grupo llegará desde Latinoamérica. “Deberíamos enviar pymes y grandes empresas españolas allí porque es más fácil hacer negocios que en China, Asia Pacífico o Rusia”, sostuvo. De hecho, la expectativa es incrementar fuerte la participación en los próximos años. “El ratio entre crédito y PIB, que se conoce como bancarización, en America latina está en el 29 por ciento frente al 59 por ciento de Asia. Deberíamos elevar la tasa hasta el 54 por ciento en diez años. Si nos ponemos la meta a más corto plazo, tendríamos que subir la bancarización 12 puntos en los próximos cinco años. Esto supone doblar el ahorro y los créditos”, concluyó.
Con respecto a la Argentina, Luzón sostuvo que controlan el 11 por ciento del mercado, pero prevén trepar al 15 por ciento en el corto plazo. La evolución de las ganancias del sistema financiero local justifican esa apuesta. Según datos del Banco Central, en 2005 los bancos ganaron 1780 millones de pesos, al año siguiente 4306 millones, en 2007 bajaron a 3905, en 2008 treparon a 4773 y el año pasado superaron sus propias expectativas al embolsar 8048 millones de dólares.
El BBVA también apuesta por América latina. Hace diez años, cuando se fusionaron BBV y Argentaria, tenía el 16 por ciento de la cuota del mercado en España, pero últimamente redujo su participación al 11 por ciento al mismo tiempo que comenzó en la región, fundamentalmente en México.
Telefónica también apuesta a seguir expandiéndose en Latinoamérica. Sus ingresos en la región crecieron 10,2 por ciento en el primer semestre hasta llegar a 12.063 millones de euros. En Brasil, su principal mercado, generó el 40,4 por ciento de las utilidades, seguido de Argentina (11,9), Venezuela (9,8), Chile (8,5), Perú (7,9) y México (7,7 por ciento).
Con respecto a Brasil, la operadora destacó la “fortaleza” del mercado impulsada por el positivo momento económico. Además, el martes jugó fuerte al desembolsar 7500 millones de dólares para adquirir el 50 por ciento de Brasilcel, la sociedad que controla el 60 por ciento de Vivo, firma líder en telefonía móvil. Allí competirá por un mercado de 200 millones de clientes con Oi, consorcio de Claro y Embratel, y la filial de Telecom Italia.
En Argentina, Telefónica también viene creciendo fuerte. Hace poco menos de diez años, denunció al Estado argentino en el Ciadi por la pesificación de las tarifas posterior a la devaluación y amagó con dinamitar los puentes. Sin embargo, en febrero de 2006 renegoció su contrato y suspendió la demanda, la cual retiró definitivamente en octubre del año pasado. El motivo de su cambio de posición fue producto de las notables ganancias que vino acumulando en los últimos años, sobre todo de la mano de la telefonía celular, que se encuentra desregulada. Su casa matriz informó ayer que sus ingresos en el país durante el primer semestre llegaron a 1442 millones de euros, 14,6 por ciento más que en el mismo período de 2009.
Los beneficios que representa YPF para la española Repsol son más conocidos, pero no por eso menos impactantes. El año pasado la utilidad neta fue de 3486 millones de pesos y el 30 de abril repartió dividendos por 2163,2 millones. Ahora, la compañía informó que la ganancia fue de 3093 millones sólo en el primer semestre, 195,4 por ciento más que en igual período de 2009. En un comunicado enviado a la Bolsa de Comercio, la compañía precisó que en el primer semestre sus ventas totalizaron 18.953 millones de pesos (4786,1 millones de dólares), lo que representa una mejora del 31,4 por ciento respecto de igual período de 2009. En España, Repsol informó que el alza global de sus números se explica “principalmente por la subida de los precios del petróleo crudo y del gas con respecto al mismo período del año pasado, por el reinicio de la actividad química, y por los mejores resultados de YPF”.
Reproducimos a continuación este artículo aparecido en la tapa del matutino Página 12 del día de la fecha. En el mismo se ratifica una vez más lo sostenido por nosotros en nuestras notas relativas al Imperialismo europeo. Es principalmente gracias a América Latina que los países del Viejo Continente pueden salir de sus incesantes crisis y explicar el estado de su creciente bienestar. Lo que no se explica en cambio es por cuáles razones arrecian con tanto cinismo respecto de nuestra inmigración. Además de esquilmarnos ellos protestan porque los llenamos de inmigrantes. Por ello lo repetimos una vez más: “Dejen robar y no los invadirán nuestros sudacas”.
En el siglo XXI, España se sigue haciendo la América
La región se está convirtiendo en la tabla de salvación de las firmas españolas. YPF informó que su ganancia fue de 3093 millones sólo en el primer semestre, 195,4 por ciento más que hace un año. También tuvieron muy buenos desempeños Santander, BBVA y Telefónica.
Por Fernando Krakowiak
América latina se está convirtiendo en la tabla de salvación de las principales empresas españolas. La crisis europea puso en jaque sus negocios en la península y ahora dependen cada vez más de los países a los que hasta hace poco denostaban por la supuesta falta de seguridad jurídica. El Banco Santander, primer grupo financiero de España, reportó ayer un beneficio neto de 4445 millones de euros, pero el análisis desagregado por región muestra que en Europa sus ganancias cayeron un 6 por ciento y en Latinoamérica crecieron 20 puntos, en especial por Brasil. El BBVA experimentó una situación similar. Redujo sus ganancias 9,7 por ciento a nivel global, pero las acrecentó 7,6 en América del Sur. Los buenos resultados del gigante petrolero Repsol también se explican en gran parte por lo ocurrido de este lado del Atlántico. La compañía reportó 1740 millones de dólares de utilidades en el primer semestre y el 44,8 por ciento de ese total lo aportó la filial argentina YPF, que ganó el triple que el año pasado. El mapa se completa con Telefónica, que declaró ganancias por 3775 millones de euros, 9,4 por ciento más que en el mismo semestre de 2009, siendo Brasil y Argentina dos de sus principales fuentes de ingresos.
Hace una década los bancos españoles miraban con desconfianza a Latinoamérica. En Argentina el corralito bancario había pulverizado el sistema financiero y los temores de que Brasil siguiera el mismo camino motivaron una orden expresa de bajar la exposición al mínimo. Incluso por entonces se acrecentaron los rumores sobre una huida hacia mejores horizontes, siguiendo los pasos del canadiense Scotiabank, el francés Crédit Agricole, Bank Boston, Providian y West LB. Sin embargo, lograron sobrepasar la tormenta financiera con la ayuda incondicional de los gobiernos nacionales y ahora, paradójicamente, se blindan frente a las consecuencias del temblor europeo acumulando ganancias en la región.
El director de la División América del Santander, Francisco Luzón, declaró el 13 de julio, en una entrevista con el diario El País de Madrid, que este año el 45 por ciento del beneficio del grupo llegará desde Latinoamérica. “Deberíamos enviar pymes y grandes empresas españolas allí porque es más fácil hacer negocios que en China, Asia Pacífico o Rusia”, sostuvo. De hecho, la expectativa es incrementar fuerte la participación en los próximos años. “El ratio entre crédito y PIB, que se conoce como bancarización, en America latina está en el 29 por ciento frente al 59 por ciento de Asia. Deberíamos elevar la tasa hasta el 54 por ciento en diez años. Si nos ponemos la meta a más corto plazo, tendríamos que subir la bancarización 12 puntos en los próximos cinco años. Esto supone doblar el ahorro y los créditos”, concluyó.
Con respecto a la Argentina, Luzón sostuvo que controlan el 11 por ciento del mercado, pero prevén trepar al 15 por ciento en el corto plazo. La evolución de las ganancias del sistema financiero local justifican esa apuesta. Según datos del Banco Central, en 2005 los bancos ganaron 1780 millones de pesos, al año siguiente 4306 millones, en 2007 bajaron a 3905, en 2008 treparon a 4773 y el año pasado superaron sus propias expectativas al embolsar 8048 millones de dólares.
El BBVA también apuesta por América latina. Hace diez años, cuando se fusionaron BBV y Argentaria, tenía el 16 por ciento de la cuota del mercado en España, pero últimamente redujo su participación al 11 por ciento al mismo tiempo que comenzó en la región, fundamentalmente en México.
Telefónica también apuesta a seguir expandiéndose en Latinoamérica. Sus ingresos en la región crecieron 10,2 por ciento en el primer semestre hasta llegar a 12.063 millones de euros. En Brasil, su principal mercado, generó el 40,4 por ciento de las utilidades, seguido de Argentina (11,9), Venezuela (9,8), Chile (8,5), Perú (7,9) y México (7,7 por ciento).
Con respecto a Brasil, la operadora destacó la “fortaleza” del mercado impulsada por el positivo momento económico. Además, el martes jugó fuerte al desembolsar 7500 millones de dólares para adquirir el 50 por ciento de Brasilcel, la sociedad que controla el 60 por ciento de Vivo, firma líder en telefonía móvil. Allí competirá por un mercado de 200 millones de clientes con Oi, consorcio de Claro y Embratel, y la filial de Telecom Italia.
En Argentina, Telefónica también viene creciendo fuerte. Hace poco menos de diez años, denunció al Estado argentino en el Ciadi por la pesificación de las tarifas posterior a la devaluación y amagó con dinamitar los puentes. Sin embargo, en febrero de 2006 renegoció su contrato y suspendió la demanda, la cual retiró definitivamente en octubre del año pasado. El motivo de su cambio de posición fue producto de las notables ganancias que vino acumulando en los últimos años, sobre todo de la mano de la telefonía celular, que se encuentra desregulada. Su casa matriz informó ayer que sus ingresos en el país durante el primer semestre llegaron a 1442 millones de euros, 14,6 por ciento más que en el mismo período de 2009.
Los beneficios que representa YPF para la española Repsol son más conocidos, pero no por eso menos impactantes. El año pasado la utilidad neta fue de 3486 millones de pesos y el 30 de abril repartió dividendos por 2163,2 millones. Ahora, la compañía informó que la ganancia fue de 3093 millones sólo en el primer semestre, 195,4 por ciento más que en igual período de 2009. En un comunicado enviado a la Bolsa de Comercio, la compañía precisó que en el primer semestre sus ventas totalizaron 18.953 millones de pesos (4786,1 millones de dólares), lo que representa una mejora del 31,4 por ciento respecto de igual período de 2009. En España, Repsol informó que el alza global de sus números se explica “principalmente por la subida de los precios del petróleo crudo y del gas con respecto al mismo período del año pasado, por el reinicio de la actividad química, y por los mejores resultados de YPF”.
sábado, 17 de julio de 2010
METAFÍSICA DEL MATRIMONIO GAY
Ahora que la clase depredadora ha aprobado plenamente la ley del matrimonio gay hagamos un par de reflexiones al respecto así como en relación a la evolución que han tenido tales conceptos en el seno de nuestra sociedad civil y política en un proceso de democracia que podemos hacer arrancar desde 1888 que es cuando se aprobó la ley de matrimonio civil.
Antes de esa fecha en la sociedad argentina era la Iglesia la institución encargada de administrar lo relativo a las uniones conyugales y se alegó, en pleno proceso inmigratorio, que era conveniente que tal función estuviese a cargo de una institución ‘neutra’ como el Estado. Es interesante al respecto recordar lo que José Manuel Estrada, a la sazón representante principal de la postura católico clerical en el parlamento, manifestaba en defensa del mantenimiento del statu quo. El argumento principal en contra de la nueva ley y que ya había desarrollado anteriormente durante la época del ‘tirano’ Rosas (es de recordar que Estrada fue un furibundo antirosista) era que el Estado no debía entrometerse en cuestiones relativas a la vida privada. De este modo se aceptaba así con otros argumentos el carácter neutral del mismo cuando lo correcto hubiese sido en cambio comprometerlo en una tarea claramente discriminatoria entre lo que es una institución fundada en un sacramento como el matrimonio y otra que es un mero contrato circunstancial como la unión civil o concubinato, los cuales aunque pudiesen constituirse a través de una formalidad, eran en cambio instituciones claramente diferenciadas. Mientras que el matrimonio, en tanto cosa sagrada, es de carácter permanente y no admite la disolución, salvo casos excepcionales, el concubinato en cambio, en la medida que se encuentra basado en los simples apetitos circunstanciales, es un mero acuerdo de voluntades, es decir un simple contrato con capacidad de disolverse cuando las causas que lo motivaron así lo determinan. Por tal razón resultaba ya en ese entonces absurdo sostener la veda del divorcio para aquella institución que no es un matrimonio en un sentido sacramental. Solamente en tanto se conciben principios trascendentes que van más allá de la simple vida es lícito plantearse el carácter indisoluble del vínculo matrimonial. (1) (2) Haber aceptado a toda unión entre dos personas independientemente del carácter sagrado como matrimonio ello fue la gran derrota acontecida en 1888 y no que tales uniones hubiesen sido administradas por el Estado y que no hubiesen admitido el divorcio ya que insistimos el mismo sólo tiene sentido en un primer caso y de ninguna manera en el segundo.
Esta dicotomía entre dos tipos de uniones es hallable también en la Antigüedad pre-cristiana. Los romanos sabían distinguir socialmente entre lo que era el connubium, una unión de carácter permanente y con ritos especiales, propia de la clase superior de los patricios, de lo que era la confarreatio, es decir lo propio de las uniones efectuadas por la plebe, las que eran more ferarum (al modo de las bestias) en tanto basadas en simples compatibilidades corporales o psíquicas afectivas, pero no espirituales, y por lo tanto mutables como los apetitos y pasiones.
El matrimonio tenía pues una perspectiva de carácter superior a la meramente ‘humana’ y temporal, era la búsqueda y realización de un camino de perfección. Se concebía que el hombre en tanto poseedor de un determinado sexo manifiesta un estado de carencia e imperfección que se completa en la posesión y unión plena con el otro polo opuesto. Masculino y femenino, concebidos como dos formas diferentes de vivir la vida, una pasiva y otra activa, una volcada hacia lo que es materia (de Mater= madre) y otra a lo que es forma, hallaban en tal sacramento un acto de perfección y restitución de una unidad perdida. Todas las grandes tradiciones nos hablan implícita o explícitamente de un primer hombre de carácter andrógino, que denotaba su perfección en la posesión plena de los dos sexos, siendo la caída un acto de separación de una antigua unidad, la que es restaurada a través del sacramento matrimonial el cual, en tanto no es el mero producto de una simple pasión pasajera o enamoramiento, por tales características es para siempre. Y tales uniones en tanto podían en sus comienzos haber sido cimentadas a través del apetito, aunque no exclusivamente por ello, de ninguna manera se agotaban con éste, en tanto hallaban en la procreación de la especie, en la familia, un carácter y testimonio de durabilidad y permanencia. Por tal razón las sociedades tradicionales, así como concibieron en el matrimonio la unión sagrada entre dos principios opuestos que debían ser restaurados, consideraban también que para que el mismo fuese realmente tal y lo más perfecto posible que cada sexo tuviese que cultivar de manera plena sus propias peculiaridades. El varón las que son de éste y la mujer también las propias. Cuanto más femenina fuese la mujer y más masculino el varón mayores eran las posibilidades de un éxito en los matrimonios en tanto lo esencial en los mismos era la atracción de los polos. Por tal razón se insistía en que desde la misma educación los sexos estuviesen separados y toda la vida social exigía esa discriminación de roles propios de sexos específicos a fin de que en el matrimonio hallasen la síntesis superadora en la unión de los opuestos.
Pero la fiebre igualitaria que ha invadido al planeta especialmente a través de la gran subversión francesa de 1789 ha invertido todos los roles y valores. Lejos de concebirse que la naturaleza física fuese la expresión simbólica de una realidad superior por la que se manifiestan principios diferentes, consideró a ésta como un simple capricho, casualidad o arbitrario de la propia voluntad. De esta manera se pensó que ser hombre y mujer eran meras cuestiones accidentales y en modo alguno modos sustancialmente diferentes de manifestarse. La educación comenzó a hacerse también igualitaria empezando con las escuelas que se hicieron mixtas, con las modas que se convirtieron con el tiempo en ‘unisex’, con las disciplinas y actividades propias que fueron ejercidas indiscriminadamente por todos llegándose así a extremos tales como el de la mujer boxeadora y el hombre amo de casa y así sucesivamente. Y el igualitarismo que es como un virus que no ahorra absolutamente nada y que es una marcha incesante hacia el abismo en su afán por hundirse siempre más en la nada llega a su límite extremo en materia de sexualidad a través de la promoción de la homosexualidad.
Este tema merece una reflexión especial debido al vasto debate que se ha desarrollado en estos días. Es cierto que siempre hubo homosexuales pero, salvo en los casos de decadencia extrema en donde tales prácticas fueron estimuladas, por lo general las sociedades siempre combatieron tal condición como un desvío. Y esto no por lo que tiempo atrás dijera un conocido dirigente homosexual muerto por Sida en el sentido de que tal condición era deseable ahora en tanto representaba un freno ante el exasperado fenómeno de superpoblación del planeta, en tanto se trataba aquí de un sexo sin reproducción. Casualmente los actuales homosexuales suelen refutar tal argumento originario demostrando que los modernos métodos conceptivos de inseminación in vitro pueden lograr que ellos también se reproduzcan. El tema es más vasto y debe ser encarado desde una perspectiva superior. A pesar de vincularse la problemática gay con una visión progresista y moderna de la realidad, el homosexual no es otra cosa que una imitación del hombre originario andrógino en la medida que también en él, a diferencia del heterosexual, están presentes en forma notoria los dos sexos, el masculino y el femenino. Propiamente él es un ser en el que, a diferencia del común de las personas, se produce la confluencia de dos condiciones opuestas de la sexualidad. Tiene cuerpo de un determinado sexo y alma del opuesto. Pero la gran diferencia con el andrógino u hombre originario estriba en el hecho de que éste en tanto era simultáneamente hombre y mujer absolutos era autosuficiente y no necesitaba de otro para completarse. El homosexual en cambio, a pesar de participar de los dos sexos opuestos, no es propiamente ninguno de ellos en su plenitud, es mitad hombre y mitad mujer por lo que toda su condición es de carencia respecto de la otra parte que le falta y por lo tanto es lícito recordar aquí los distintos desórdenes que se producen en tales uniones en tanto que a través de la sucesión ilimitada de las mismas intenta llenar un vacío existencial en donde pueda satisfacer tal carencia.
Exactamente al revés sucede en cambio en un orden tradicional. Para éste ser hombre o mujer no son situaciones circunstanciales, sino el producto de una elección trascendental. Representa el modo, pasivo o activo, con el cual un ser que ha venido a vivir en esta vida se vincula con la trascendencia. Y así como la persona es un individuo que se constituye a través de la propia existencia separándose del mundo simplemente animal y gregario, el hombre y la mujer también son seres que se hacen y construyen de acuerdo a la naturaleza propia que han elegido. De esta manera ellos deben a lo largo de su vida desplegar y desarrollar aquello que les resulta propio en modo tal de que la mujer logre ser cada vez más mujer hasta aproximarse a la figura de la mujer absoluta aquella que se destaca por un entrega plena y total hacia el otro sin exigir nada a cambio y el hombre a su vez, a diferencia exacta de lo que acontece en un mundo de igualitarismo homosexual, debe por el contrario esmerarse por ser cada vez más hombre, es decir cada vez más autosuficiente y dador de sentido a sus acciones, lo cual es lo propio de su condición activa, venciendo en sí lo que puede haber de femenino, de la misma manera que la mujer lo hace con lo que es en cambio masculino. (3) Es decir al revés exacto de lo que acontece en nuestra sociedad democrática en donde por el contrario la mujer tiende a imitar cada vez más al hombre y el hombre a feminizarse cada vez más siendo así la conclusión de ello la naturaleza homosexual que, al pretender ser simultáneamente hombre y mujer, no es propiamente ninguna de las dos cosas, representando así una nada o una tendencia exasperada hacia la misma.
Conclusiones
Como resumen de estas reflexiones, cuyo desarrollo exigiría al menos un libro entero, el que afortunadamente ya ha sido escrito (4), digamos que ante el Estado neutro que nos proponen simultáneamente güelfos y demócratas, que no se entromete en la vida privada y que no ‘discrimina’ entre lo justo e injusto, nosotros sostenemos en cambio un Estado sumamente comprometido y principalmente formativo de la comunidad. Mientras que el actual tiende a conformar las tendencias existentes en la sociedad sin importarle si son buenas o justas, sino simplemente, en función de su consuetudinaria demagogia, si son mayoritarias o si obedecen a las encuestas, el tradicional en cambio prescinde totalmente de tales cosas. No pretende ser popular, sino justo. Debe, a diferencia de lo que decía J. M. Estrada, tener por meta principal el matrimonio diferenciándolo con claridad del simple concubinato y considerar que en tanto éste es sacro tiene derechos superiores al resto en tanto se reputa como un paradigma. Debe fomentar esta institución a través de una educación acorde con el mismo estableciendo claras diferenciaciones entre los sexos en cuanto a su educación (escuelas separadas a fin de que el hombre se masculinice y la mujer se feminice), con clara distinción en las funciones acordes con cada una de las naturalezas. Y principalmente combatir la homosexualidad la cual no debe ser considerada en manera alguna como una condición normal de la vida sexual sino como una verdadera y propia desviación a la que conduce necesariamente el sistema democrático actual con todas sus perversiones y permisividades. Es claramente notorio hoy en día que el actual orden promueve abiertamente la homosexualidad a través del principal medio de perversión que existe en nuestra sociedad que es la televisión en donde una cantidad numerosa de ‘trabajadores’ de la misma son homosexuales confesos y además hay una permanente promoción morbosa de tal situación así como del travestismo (5). Es decir la homosexualidad debe ser tolerada, pero no promovida como existe actualmente. De ningún modo en una sociedad todos deben tener los mismos derechos. La sociedad debe ser jerárquica y no democrática (6).
(1) Los defensores a ultranza del antidivorcio aun en matrimonios que no se encuentran fundados en un vínculo sagrado suelen insistir en el daño que les haría a los hijos tal actitud, lo cual bien sabemos que es un argumento sumamente discutible pues habitualmente las parejas en las cuales ha desaparecido el vínculo afectivo suelen convertirse en más dañinas para la convivencia y la educación que aquellas que en cambio han resuelto disolver el vínculo.
(2) Ciertas religiones que no son el catolicismo llegaban incluso más lejos que éste en el carácter de la indisolubilidad. En la India brahamánica el conyugue no podía volver a casarse ni siquiera cuando enviudaba pues el vínculo establecido iba más allá de esta existencia en tanto que se volvía a reunir con el otro en las vías del cielo.
(3) Los antiguos dioses griegos, de la misma manera que las divinidades hindúes eran sexuados en modo tal de representar esos paradigmas de mujeres y hombres absolutos a los que había que llegar a imitar.
(4) Queremos remitirnos aquí especialmente al iluminado capítulo de Rebelión contra el mundo moderno de Julius Evola, titulado Hombre y Mujer.
(5) En una muestra desfachatada de cinismo e hipocresía distintos integrantes de la comunidad homosexual para solicitar su aceptación en sociedad han insistido por un lado en decirnos que la homosexualidad no es una cosa que se adquiere por el hecho de estar rodeado de homosexuales, pero por otra parte en sus diferentes lloriqueos se han cansado de decirnos que la mayoría de ellos ha llegado a serlo por una determinada educación. La realidad es que en la inmensa mayoría de los casos la homosexualidad es una cosa adquirida y no hereditaria por lo cual mayor razón debe haber para que los distintos gobiernos por lo menos no la promuevan, tal como hacen ahora con fines claramente electorales y mezquinos.
(6) Como un ejemplo más del estado actual de degradación y desorden en que nos encontramos no podemos menos que sonreír ante la tónica que ha tomado en la sociedad argentina el debate sobre la homosexualidad en matrimonio. Resulta ser que la Iglesia católica que se ha erigido en gran bastión en contra de tal proyecto ha formulado en un número muy importante de obispos la necesidad de llamar a un plebiscito acerca de si se homologa el derecho matrimonial a todos. A lo cual con razón ha sido el movimiento homosexual el que ha protestado manifestando que hay derechos naturales que no pueden ni deben ser sometidos al arbitrio de las muchedumbres. En este reino del revés no podemos menos que conjeturar que se trata en ambos casos de un oportunismo. La iglesia que con seguridad no propondría un plebiscito respecto de si es lícito que toda la comunidad argentina le abone los sueldos a sus miembros, en este caso lo formula porque sabe que el común de las personas siente un rechazo todavía hacia los homosexuales por lo que intuye que lo ganaría con facilidad. Estos últimos es por una razón similar que se han convertido en cambio en principistas.
Marcos Ghio
17/07/10
Ahora que la clase depredadora ha aprobado plenamente la ley del matrimonio gay hagamos un par de reflexiones al respecto así como en relación a la evolución que han tenido tales conceptos en el seno de nuestra sociedad civil y política en un proceso de democracia que podemos hacer arrancar desde 1888 que es cuando se aprobó la ley de matrimonio civil.
Antes de esa fecha en la sociedad argentina era la Iglesia la institución encargada de administrar lo relativo a las uniones conyugales y se alegó, en pleno proceso inmigratorio, que era conveniente que tal función estuviese a cargo de una institución ‘neutra’ como el Estado. Es interesante al respecto recordar lo que José Manuel Estrada, a la sazón representante principal de la postura católico clerical en el parlamento, manifestaba en defensa del mantenimiento del statu quo. El argumento principal en contra de la nueva ley y que ya había desarrollado anteriormente durante la época del ‘tirano’ Rosas (es de recordar que Estrada fue un furibundo antirosista) era que el Estado no debía entrometerse en cuestiones relativas a la vida privada. De este modo se aceptaba así con otros argumentos el carácter neutral del mismo cuando lo correcto hubiese sido en cambio comprometerlo en una tarea claramente discriminatoria entre lo que es una institución fundada en un sacramento como el matrimonio y otra que es un mero contrato circunstancial como la unión civil o concubinato, los cuales aunque pudiesen constituirse a través de una formalidad, eran en cambio instituciones claramente diferenciadas. Mientras que el matrimonio, en tanto cosa sagrada, es de carácter permanente y no admite la disolución, salvo casos excepcionales, el concubinato en cambio, en la medida que se encuentra basado en los simples apetitos circunstanciales, es un mero acuerdo de voluntades, es decir un simple contrato con capacidad de disolverse cuando las causas que lo motivaron así lo determinan. Por tal razón resultaba ya en ese entonces absurdo sostener la veda del divorcio para aquella institución que no es un matrimonio en un sentido sacramental. Solamente en tanto se conciben principios trascendentes que van más allá de la simple vida es lícito plantearse el carácter indisoluble del vínculo matrimonial. (1) (2) Haber aceptado a toda unión entre dos personas independientemente del carácter sagrado como matrimonio ello fue la gran derrota acontecida en 1888 y no que tales uniones hubiesen sido administradas por el Estado y que no hubiesen admitido el divorcio ya que insistimos el mismo sólo tiene sentido en un primer caso y de ninguna manera en el segundo.
Esta dicotomía entre dos tipos de uniones es hallable también en la Antigüedad pre-cristiana. Los romanos sabían distinguir socialmente entre lo que era el connubium, una unión de carácter permanente y con ritos especiales, propia de la clase superior de los patricios, de lo que era la confarreatio, es decir lo propio de las uniones efectuadas por la plebe, las que eran more ferarum (al modo de las bestias) en tanto basadas en simples compatibilidades corporales o psíquicas afectivas, pero no espirituales, y por lo tanto mutables como los apetitos y pasiones.
El matrimonio tenía pues una perspectiva de carácter superior a la meramente ‘humana’ y temporal, era la búsqueda y realización de un camino de perfección. Se concebía que el hombre en tanto poseedor de un determinado sexo manifiesta un estado de carencia e imperfección que se completa en la posesión y unión plena con el otro polo opuesto. Masculino y femenino, concebidos como dos formas diferentes de vivir la vida, una pasiva y otra activa, una volcada hacia lo que es materia (de Mater= madre) y otra a lo que es forma, hallaban en tal sacramento un acto de perfección y restitución de una unidad perdida. Todas las grandes tradiciones nos hablan implícita o explícitamente de un primer hombre de carácter andrógino, que denotaba su perfección en la posesión plena de los dos sexos, siendo la caída un acto de separación de una antigua unidad, la que es restaurada a través del sacramento matrimonial el cual, en tanto no es el mero producto de una simple pasión pasajera o enamoramiento, por tales características es para siempre. Y tales uniones en tanto podían en sus comienzos haber sido cimentadas a través del apetito, aunque no exclusivamente por ello, de ninguna manera se agotaban con éste, en tanto hallaban en la procreación de la especie, en la familia, un carácter y testimonio de durabilidad y permanencia. Por tal razón las sociedades tradicionales, así como concibieron en el matrimonio la unión sagrada entre dos principios opuestos que debían ser restaurados, consideraban también que para que el mismo fuese realmente tal y lo más perfecto posible que cada sexo tuviese que cultivar de manera plena sus propias peculiaridades. El varón las que son de éste y la mujer también las propias. Cuanto más femenina fuese la mujer y más masculino el varón mayores eran las posibilidades de un éxito en los matrimonios en tanto lo esencial en los mismos era la atracción de los polos. Por tal razón se insistía en que desde la misma educación los sexos estuviesen separados y toda la vida social exigía esa discriminación de roles propios de sexos específicos a fin de que en el matrimonio hallasen la síntesis superadora en la unión de los opuestos.
Pero la fiebre igualitaria que ha invadido al planeta especialmente a través de la gran subversión francesa de 1789 ha invertido todos los roles y valores. Lejos de concebirse que la naturaleza física fuese la expresión simbólica de una realidad superior por la que se manifiestan principios diferentes, consideró a ésta como un simple capricho, casualidad o arbitrario de la propia voluntad. De esta manera se pensó que ser hombre y mujer eran meras cuestiones accidentales y en modo alguno modos sustancialmente diferentes de manifestarse. La educación comenzó a hacerse también igualitaria empezando con las escuelas que se hicieron mixtas, con las modas que se convirtieron con el tiempo en ‘unisex’, con las disciplinas y actividades propias que fueron ejercidas indiscriminadamente por todos llegándose así a extremos tales como el de la mujer boxeadora y el hombre amo de casa y así sucesivamente. Y el igualitarismo que es como un virus que no ahorra absolutamente nada y que es una marcha incesante hacia el abismo en su afán por hundirse siempre más en la nada llega a su límite extremo en materia de sexualidad a través de la promoción de la homosexualidad.
Este tema merece una reflexión especial debido al vasto debate que se ha desarrollado en estos días. Es cierto que siempre hubo homosexuales pero, salvo en los casos de decadencia extrema en donde tales prácticas fueron estimuladas, por lo general las sociedades siempre combatieron tal condición como un desvío. Y esto no por lo que tiempo atrás dijera un conocido dirigente homosexual muerto por Sida en el sentido de que tal condición era deseable ahora en tanto representaba un freno ante el exasperado fenómeno de superpoblación del planeta, en tanto se trataba aquí de un sexo sin reproducción. Casualmente los actuales homosexuales suelen refutar tal argumento originario demostrando que los modernos métodos conceptivos de inseminación in vitro pueden lograr que ellos también se reproduzcan. El tema es más vasto y debe ser encarado desde una perspectiva superior. A pesar de vincularse la problemática gay con una visión progresista y moderna de la realidad, el homosexual no es otra cosa que una imitación del hombre originario andrógino en la medida que también en él, a diferencia del heterosexual, están presentes en forma notoria los dos sexos, el masculino y el femenino. Propiamente él es un ser en el que, a diferencia del común de las personas, se produce la confluencia de dos condiciones opuestas de la sexualidad. Tiene cuerpo de un determinado sexo y alma del opuesto. Pero la gran diferencia con el andrógino u hombre originario estriba en el hecho de que éste en tanto era simultáneamente hombre y mujer absolutos era autosuficiente y no necesitaba de otro para completarse. El homosexual en cambio, a pesar de participar de los dos sexos opuestos, no es propiamente ninguno de ellos en su plenitud, es mitad hombre y mitad mujer por lo que toda su condición es de carencia respecto de la otra parte que le falta y por lo tanto es lícito recordar aquí los distintos desórdenes que se producen en tales uniones en tanto que a través de la sucesión ilimitada de las mismas intenta llenar un vacío existencial en donde pueda satisfacer tal carencia.
Exactamente al revés sucede en cambio en un orden tradicional. Para éste ser hombre o mujer no son situaciones circunstanciales, sino el producto de una elección trascendental. Representa el modo, pasivo o activo, con el cual un ser que ha venido a vivir en esta vida se vincula con la trascendencia. Y así como la persona es un individuo que se constituye a través de la propia existencia separándose del mundo simplemente animal y gregario, el hombre y la mujer también son seres que se hacen y construyen de acuerdo a la naturaleza propia que han elegido. De esta manera ellos deben a lo largo de su vida desplegar y desarrollar aquello que les resulta propio en modo tal de que la mujer logre ser cada vez más mujer hasta aproximarse a la figura de la mujer absoluta aquella que se destaca por un entrega plena y total hacia el otro sin exigir nada a cambio y el hombre a su vez, a diferencia exacta de lo que acontece en un mundo de igualitarismo homosexual, debe por el contrario esmerarse por ser cada vez más hombre, es decir cada vez más autosuficiente y dador de sentido a sus acciones, lo cual es lo propio de su condición activa, venciendo en sí lo que puede haber de femenino, de la misma manera que la mujer lo hace con lo que es en cambio masculino. (3) Es decir al revés exacto de lo que acontece en nuestra sociedad democrática en donde por el contrario la mujer tiende a imitar cada vez más al hombre y el hombre a feminizarse cada vez más siendo así la conclusión de ello la naturaleza homosexual que, al pretender ser simultáneamente hombre y mujer, no es propiamente ninguna de las dos cosas, representando así una nada o una tendencia exasperada hacia la misma.
Conclusiones
Como resumen de estas reflexiones, cuyo desarrollo exigiría al menos un libro entero, el que afortunadamente ya ha sido escrito (4), digamos que ante el Estado neutro que nos proponen simultáneamente güelfos y demócratas, que no se entromete en la vida privada y que no ‘discrimina’ entre lo justo e injusto, nosotros sostenemos en cambio un Estado sumamente comprometido y principalmente formativo de la comunidad. Mientras que el actual tiende a conformar las tendencias existentes en la sociedad sin importarle si son buenas o justas, sino simplemente, en función de su consuetudinaria demagogia, si son mayoritarias o si obedecen a las encuestas, el tradicional en cambio prescinde totalmente de tales cosas. No pretende ser popular, sino justo. Debe, a diferencia de lo que decía J. M. Estrada, tener por meta principal el matrimonio diferenciándolo con claridad del simple concubinato y considerar que en tanto éste es sacro tiene derechos superiores al resto en tanto se reputa como un paradigma. Debe fomentar esta institución a través de una educación acorde con el mismo estableciendo claras diferenciaciones entre los sexos en cuanto a su educación (escuelas separadas a fin de que el hombre se masculinice y la mujer se feminice), con clara distinción en las funciones acordes con cada una de las naturalezas. Y principalmente combatir la homosexualidad la cual no debe ser considerada en manera alguna como una condición normal de la vida sexual sino como una verdadera y propia desviación a la que conduce necesariamente el sistema democrático actual con todas sus perversiones y permisividades. Es claramente notorio hoy en día que el actual orden promueve abiertamente la homosexualidad a través del principal medio de perversión que existe en nuestra sociedad que es la televisión en donde una cantidad numerosa de ‘trabajadores’ de la misma son homosexuales confesos y además hay una permanente promoción morbosa de tal situación así como del travestismo (5). Es decir la homosexualidad debe ser tolerada, pero no promovida como existe actualmente. De ningún modo en una sociedad todos deben tener los mismos derechos. La sociedad debe ser jerárquica y no democrática (6).
(1) Los defensores a ultranza del antidivorcio aun en matrimonios que no se encuentran fundados en un vínculo sagrado suelen insistir en el daño que les haría a los hijos tal actitud, lo cual bien sabemos que es un argumento sumamente discutible pues habitualmente las parejas en las cuales ha desaparecido el vínculo afectivo suelen convertirse en más dañinas para la convivencia y la educación que aquellas que en cambio han resuelto disolver el vínculo.
(2) Ciertas religiones que no son el catolicismo llegaban incluso más lejos que éste en el carácter de la indisolubilidad. En la India brahamánica el conyugue no podía volver a casarse ni siquiera cuando enviudaba pues el vínculo establecido iba más allá de esta existencia en tanto que se volvía a reunir con el otro en las vías del cielo.
(3) Los antiguos dioses griegos, de la misma manera que las divinidades hindúes eran sexuados en modo tal de representar esos paradigmas de mujeres y hombres absolutos a los que había que llegar a imitar.
(4) Queremos remitirnos aquí especialmente al iluminado capítulo de Rebelión contra el mundo moderno de Julius Evola, titulado Hombre y Mujer.
(5) En una muestra desfachatada de cinismo e hipocresía distintos integrantes de la comunidad homosexual para solicitar su aceptación en sociedad han insistido por un lado en decirnos que la homosexualidad no es una cosa que se adquiere por el hecho de estar rodeado de homosexuales, pero por otra parte en sus diferentes lloriqueos se han cansado de decirnos que la mayoría de ellos ha llegado a serlo por una determinada educación. La realidad es que en la inmensa mayoría de los casos la homosexualidad es una cosa adquirida y no hereditaria por lo cual mayor razón debe haber para que los distintos gobiernos por lo menos no la promuevan, tal como hacen ahora con fines claramente electorales y mezquinos.
(6) Como un ejemplo más del estado actual de degradación y desorden en que nos encontramos no podemos menos que sonreír ante la tónica que ha tomado en la sociedad argentina el debate sobre la homosexualidad en matrimonio. Resulta ser que la Iglesia católica que se ha erigido en gran bastión en contra de tal proyecto ha formulado en un número muy importante de obispos la necesidad de llamar a un plebiscito acerca de si se homologa el derecho matrimonial a todos. A lo cual con razón ha sido el movimiento homosexual el que ha protestado manifestando que hay derechos naturales que no pueden ni deben ser sometidos al arbitrio de las muchedumbres. En este reino del revés no podemos menos que conjeturar que se trata en ambos casos de un oportunismo. La iglesia que con seguridad no propondría un plebiscito respecto de si es lícito que toda la comunidad argentina le abone los sueldos a sus miembros, en este caso lo formula porque sabe que el común de las personas siente un rechazo todavía hacia los homosexuales por lo que intuye que lo ganaría con facilidad. Estos últimos es por una razón similar que se han convertido en cambio en principistas.
Marcos Ghio
17/07/10
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