lunes, 25 de abril de 2011
DOS DEMOCRACIAS
La guerra que los medios ocultan en sus intenciones esenciales sigue diariamente escribiendo nuevos capítulos.
Se trata de la guerra entre dos civilizaciones distintas. La de aquellos que han puesto a la vida y a la economía como destino y la de quienes en cambio desean transitar por ella en función de la conquista de una dimensión más alta.
Las guerras verdaderas, las que fueron formuladas en la plenitud de sus metas y sin tapujo de ningún tipo, fueron siempre guerras religiosas. Y aquí es destacable señalar que la religión es el camino por el que los hombres se dirigen hacia un determinado fin fundados en una determinada fe que puede ser tanto por algo trascendente como por una cosa inmanente. Y en tanto se trata de dos bandos enfrentados radicalmente hay dos religiones que se combaten entre sí. La religión moderna en sus distintas variantes, constituidas especialmente a partir de la Revolución Francesa, ha puesto la meta en el confort, el bienestar y la democracia en todas las esferas y el hombre moderno cree fervorosamente en tales valores. En cambio las religiones tradicionales, que pueden ser tanto el catolicismo, el Islam o el buddhismo entre otras, siempre y cuando se hayan mantenido fieles a sus postulados esenciales, lo han puesto en lo que es más que vida, en el más allá trascendente, siendo tales expresiones distintas entre sí en tanto que obedecen a la idiosincrasia de los diferentes pueblos, así como sucede con la lengua, con el arte y con las costumbres.
Estas dos religiones han constituido dos tipos de hombres diferentes e irreconciliables y ambas luchan en la historia en forma irreversible y sin posibilidad de conciliación alguna. Pero el moderno quiere ocultar tal trágica situación pretendiendo hacer creer que lo que moviliza a toda guerra es siempre un mero afán de dominio o de riquezas materiales, que si alguien usa la palabra Dios o religión, es apenas una excusa para ocultar tal fe esencial, de la misma manera que si existiera un bando que no obedeciese a ninguno de los poderes visibles, se trataría entonces forzosamente de un montaje o de una ‘excusa’ utilizada en función de otro fin. Evita así meticulosamente decirnos que esto sólo es válido para su concepción a la que ha pretendido convertir en una cosa universal y excluyente. El hombre de la Tradición ve en cambio en la guerra un camino para conquistar el Cielo y la sociedad que él constituye se funda por lo tanto en valores opuestos a los modernos. Allí no es la voluntad humana, expresada a través de las multitudes votantes amansadas, lo que prima y vale, sino la de lo sagrado manifestado en la figura de aquellos, ascetas o guerreros, que señalan las vías hacia lo alto. En tal caso el gobierno no expresa la voluntad del ‘pueblo’, sino la del más allá, de aquello que se encuentra para indicarnos el para qué se está aquí y se vive. No son pues las necesidades del vientre lo que moviliza a las personas, sino el hambre y la sed de espiritualidad y justicia. Allí el rico no es todopoderoso ni se encuentra plagado de apetitos crematistas irrefrenados capaces de devorar el mundo entero como en nuestros días, el pobre no es un menesteroso ni un indigente, sino que en ambos casos se obedece a una situación de necesidad propia de la misma naturaleza. En tal tipo de orden cada cual ocupa el lugar que le corresponde y se sigue la antigua norma que existiera siempre en épocas de normalidad de que ‘nada en demasía’, ni nadie afuera del lugar o papel que le corresponde. Sería imposible concebir en el mismo a un gobernante que en función de ser electo inaugurara todos los días una obra pública para ensalzarse, más aun se podía ser sabio y grande sin haber nunca hecho construir nada o si se lo hacía se era recordado solamente por haber efectuado algo importante. Hemos visto por ejemplo en Rumania cómo al lado de un monasterio estaba siempre la estatua del monarca que lo había ‘inaugurado’ en señal de vigilancia eterna, más que de exaltación de su conducta. La naturaleza, espacio sagrado y de teofanías, jamás fue concebida como una cosa a ser depredada ilimitadamente en función de apetitos desaforados. Se trata pues de un orden de frugalidad y en el que la vida es dedicada principalmente a la oración.
Y henos aquí que cuando las tiranías modernas aprietan hasta querer ahogar la esencia trascendente de un pueblo impidiéndole practicar su ley y que su vida se encuentre ordenada en función de valores de lo alto, entonces la democracia, concebida como un medio para debilitar tal sistema perverso, representa una cosa pertinente y recomendable. No lo es en cambio cuando el pueblo ha sido previamente vaciado de valores. Que se exprese una masa mediocre y estupidizada, una clase dirigente corrompida y venal es algo que a nosotros no solamente no nos debe importar, sino que incluso por una razón de alta higiene debería ser impedido y silenciado, a fin de educar y restaurar valores superiores. Pero allí donde esto aun no ha sucedido, en donde el caos moderno ha quedado afortunadamente tan sólo en la superficie, entonces sí que la democracia es el medio a implementar.
El moderno, a través de sus distintos déspotas y tiranos, no así en su prensa idiotizante, ha comprendido claramente que la rebelión democrática que hoy sacude a los países del norte del Africa y del Medio Oriente no es lo mismo que la que en cambio se practica en el ‘mundo libre’. Ha comprendido como nosotros que mientras que las revueltas en Túnez, Libia, Egipto, Siria, etc. solicitan la ‘democracia’, al mismo tiempo sus integrantes se arroban en la oración todos los viernes, y comprenden también que no es una mera coincidencia que sea justamente en esos días de expresión de fe islámica en que arrecien las protestas. Saben que resulta irreconciliable la ley moderna que ha moralizado la libre competencia negando así el justo precio, que ha igualado los sexos, suprimido los rangos y jerarquías, que ha victimizado a los delincuentes y proxenetas y que ha promovido la fornicación libre y ‘protegida’ con una ‘democracia’ que en cambio pregone la Sharia, es decir que aplique castigos ejemplares a los delincuentes, a los usureros, a los comerciantes deshonestos, a las adúlteras, a los promotores de perversiones, que establezca jerarquías de lo alto, que niegue por lo tanto la esencia de la democracia moderna y conciba que este movimiento es tan sólo eso, un medio hacia el logro de algo superior.
Obama y los distintos déspotas del ‘mundo libre’ lo han comprendido a la perfección y por ello han mandado sus fuerzas a Libia, no tanto para desalojarlo a Gaddafi quien cumplía una adecuada función, la de proveer a Europa y China de combustibles y de frenar los flujos migratorios que desde su esquilmado continente afluyen masivamente hacia el europeo, sino pare evitar la consumación de algo más grave. Ello a pesar de que como bien dijera Aznar, se trata de un ‘líder extravagante’, pero de acuerdo al famoso dicho de que París bien vale una misa, el ‘mundo libre’ estaba dispuesto a seguir tolerando por mucho tiempo tales extravagancias en la medida que cumpliese con lo anterior. Pero el problema es lo que puede venir luego de que alcance la cima tal sospechosa democracia. Es por supuesto para consumo de idiotas suponer que este sistema es la convergencia natural de toda humanidad posible, que representa la escala última de la evolución fukuyámica (o fukuyímica) de nuestra especie. Insistimos, para el Islam tradicional la democracia es un medio para conquistar el Estado, pero no un fin en sí mismo como acontece con las sociedades decadentes. Y esto lo saben los grandes jefes de la modernidad en sus más altas jerarquías. Por ello es que hoy realizan una guerra también en Libia, de la misma manera que la están haciendo en Afganistán, Irak, Somalia, Pakistán, etc.; la misma se la hace para impedir que de la caída irreversible de Gaddafi surja un régimen fundamentalista. La presencia del Occidente debería ser tal garantía. Defender la democracia y los derechos humanos es la proclama, pero en verdad de lo que aquí se trata es de encarrilarla hacia un estilo de vida occidental, lo cual es un imposible como se lo ha demostrado antes y la misma desembocará necesariamente en dictadura. Tal como sucediera en Argelia con el Frente de Liberación Nacional o con el Egipto de Mubarak y otros. Y esto tiene una explicación. Las grandes revoluciones como la Norteamericana, la Francesa y la Rusa fueron cosas del occidente y no del oriente islámico. En Europa la decadencia moderna representa un fenómeno autóctono, en el Oriente es una mercancía de importación.
Algunos han pensado, siempre en función del optimismo ante mentado implementado por la prensa y sus ‘filósofos’, que tales revoluciones que hoy están aconteciendo serían el equivalente de lo que fueron las antes mencionadas en Europa, la cual sería siempre un gran faro de luz para todos. Sin embargo apresurémonos a decir que aquellas no fueron un fenómeno de importación, sino que estuvieron precedidas por movimientos autóctonos que nunca estuvieron presentes en el mundo islámico. Allí a nivel religioso no existió un fenómeno como el güelfismo en el lado católico. No hubo pues un movimiento de desacralización del imperio y una consecuente reivindicación de los Estados nacionales, verdadero antecedente moderno de la revolución francesa. Hoy en el mundo islámico la idea del califato, nuestro equivalente al imperio, está más presente que nunca. Aun allí sigue viva la idea de que la religión no es un hecho desgajado del Estado, sino la verdadera esencia de éste. Por lo tanto la idea del gobierno laico es una completa aberración para tal universo como lo es el concepto de una libertad sin Dios ni lo sagrado. Es decir para éste un mundo sin Dios no puede ser nunca libre, de la misma manera que un Estado que no sea sagrado es una institución condenada a servir a los mercaderes, tal como sucede ahora.
Ante los güelfos y marxistas defensores de Gaddafi, el extravagante líder que surtía de combustible y encarcelaba a líderes fundamentalistas en connivencia con Norteamérica y el ‘mundo libre’, nosotros debemos sostener la siguiente bandera. No ha dejado de ser un perverso tirano y asesino alguien por el mero hecho de que ha sido invadido. Tal invasión ha sido promovida más para prevenir lo que vendrá después que para sacarlo del poder. Se sabe que Gaddafi va a caer, entonces se trata de evitar el peligro de lo que vendrá luego. La nuestra es pues la misma postura asumida por un líder fundamentalista. Estamos en contra de Gaddafi y en contra de los norteamericanos al mismo tiempo, con el pueblo libio para que reimplante sus leyes y tradiciones y se libere del caos moderno y occidental.
Y con respecto acá a nosotros la consigna debe ser la misma. La religión es, como la lengua y la raza, nuestra manera de expresar lo sagrado. Nuestra tarea es pues más difícil que la que hoy tienen los musulmanes y en mayor medida que los budistas o de otras religiones. Ha sido justamente en nuestra civilización en donde se ha gestado la decadencia que ha invadido al mundo entero. Entonces de lo que se trata es de volver a los principios desde donde se originó el problema. Destruir los fundamentos teológicos en que se funda la democracia moderna y volver a nuestro catolicismo raigal de antes de la subversión güelfa por la que se desacralizara el Estado. Volver pues a nuestro antiguo ideal imperial rechazando la esencia laica del Estado moderno y por lo tanto sus secuelas democráticas. Lo sagrado no debe ser más una cosa que se encuentra encerrada meramente en un templo, sino lo que está e informa lo que existe en una sucesión de grados hasta elevarse a la más alta jerarquía expresada en la figura del Emperador concebido como el pontífice entre la tierra y el cielo. Es decir, el catolicismo gibelino.
Marcos Ghio
25/04/11
miércoles, 6 de abril de 2011
martes, 15 de marzo de 2011
DE FUKUYAMA A FUKUYIMA
A diferencia de lo que opinan los modernos, los hechos históricos no acontecen casualmente y, en especial en ciertas circunstancias decisivas que marcan el rumbo de los acontecimientos, se producen verdaderas similitudes indicativas de un trasfondo común encargado de señalarnos una cierta dirección. Es justamente lo que ha acontecido con los dos sucesos principales que han marcado en los últimos 10 años las características propias del nuevo milenio que comienza. Lo que ha tenido en común el 11 de septiembre del 2001 con el 11 de marzo del 2011, no ha sido simplemente una similitud numérica, sino la existencia de un hecho recurrente cual ha sido mostrarnos en los dos casos la existencia de la tremenda fragilidad de la civilización moderna a pesar de todos sus despliegues tecnológicos a los cuales los grandes medios y panegiristas abundantes no han hecho otra cosa que cantarnos loas en cuanto a que los mismos nos estarían indicando que nos encontraríamos en la plenitud del progreso y en el mejor de los mundos posibles, siendo ésta la civilización por excelencia ante la cual todas las restantes habrían sido nada más que anticipos. Así pues, si el 11S sirvió para mostrar lo anticipado por Mao tse tung y Bin Laden desde perspectivas opuestas que el imperio todopoderoso se trataba en verdad de un tigre de papel al cual con un simple operativo de unos pocos miles dólares y con cuchillitos de plástico se le pudieron destruir sus principales símbolos y centros financieros, dando así cabida a un proceso descendente que en menos de 10 años lo ha convertido de acreedor del planeta al país más endeudado de la tierra y con un poderoso ejército que sin embargo no puede dar cuenta, ni siquiera con la alianza de otras 42 naciones, de una simple banda armada en Afganistán. El 11M del 2011 a su vez ha servido para poner en evidencia la profunda fragilidad de aquella sociedad que había sido presentada como el verdadero modelo del progreso y a la cual durante un tiempo muy largo se nos insistió que representaba un paradigma para todos nosotros al que debíamos imitar si queríamos salir de nuestra decadencia.
El caso del Japón es el más sintomático de todos los ejemplos propios de una sociedad que ha renunciado a los valores propios de la Tradición para asumir en cambio los de la modernidad y quien quizás lo ha sabido relatar mejor ha sido ese gran cineasta ruso Sokhurov quien en una extraordinaria película titulada El Sol supo indicarnos con imágenes la terrible metamorfosis acontecida, a través de su figura emblemática, el emperador, representando ello el paso de una sociedad que fuera el último caso de una civilización tradicional a otra que por el contrario se caracterizara por asumir los dogmas de la modernidad en sus expresiones más extremas y agudas. Luego del colapso acontecido con la guerra, el vencedor Gral. Mac Artur, en su diálogo con el vencido, convence al emperador respecto de las profundas ventajas que les hubiera significado asumir la civilización yanqui, paradigma de lo moderno en tanto centrada en las cosas del mundo y del consumo. Para llegar a ello el emperador debía dar aquel paso necesario que ni siquiera las hecatombes nucleares habían logrado, es decir la renuncia a su condición divina haciéndose en cambio democrático y ‘humano’. La película nos muestra cómo el primer momento de tal claudicación se produce cuando, a pesar de las súplicas del intérprete para que no lo hiciera, éste acepta hablar en inglés, renunciando así a su lengua como expresión de distancia y de condición de superioridad. Luego el paso siguiente consistirá en aceptar todos los lujos que Mac Artur le propone. A pesar de la desesperada reacción de sus más estrechos colaboradores que en señal de desaprobación por su claudicación se inmolan, la sociedad japonesa seguirá profundizando con los años el ejemplo brindado por su jefe. Sucederá así que, desviada de su centro espiritual, dirigirá la totalidad de sus energías hacia un mundo material y se convertirá así en extremadamente consumista y competitiva, superando en ello hasta a los mismos norteamericanos. De allí que no haya sido una casualidad que personajes como el ‘filósofo’ japonés Fukuyama se hayan convertido en los principales pregoneros de la modernidad y de sus delicias y logros hablándonos del fin de la historia tras la caída del último obstáculo representado por el comunismo, significando ello que la humanidad, personificada especialmente por el Japón, se convertiría en un reino de Jauja al haberse concluido todos los conflictos. Hubo por supuesto alertas respecto a que una situación de consumo absoluto, de infatuación de producción y un tiempo entregado totalmente al trabajo en vez que a la oración, tal como sucediera antes en el orden tradicional, habría con los años de revertirse aun en contra de la misma materia pues se habría de producir fatalmente lo que en nuestro medio manifestara San Agustín en el sentido de que un mundo separado de lo sobrenatural, no se queda afincado en lo natural, sino que desciende hacia lo infranatural. El capitalismo, esa economía volcada hacia tal situación, considera que el signo del progreso de la humanidad está expresado no por la capacidad que las personas tengan de prescindir lo más posible de cosas, es decir de ser por lo tanto libres, sino por el contrario de consumir siempre más, gestando así una fiebre economicista a fin de que no se detenga la producción. Hoy en día se ha convertido en un lugar común manifestar que lo que mide el progreso de una nación es la capacidad productiva que ésta posea. Ante quienes reclamaron, como el gran poeta Mishima, que había que desintoxicar al mundo de tanto consumo y producción pues se habría de destruir aun ese mismo mundo, se les contestó respecto de la existencia de una mano invisible y prodigiosa, de una especie de Jehovah milagroso capaz de convertir a los egoísmos más mezquinos en generosidades y al caos de los intereses crematistas que se asesinan por poseer siempre más en bienestar colectivo, paz y democracia. Hasta hubo publicistas, como el caso de Sorman, que llegaron a decir que el hiperconsumismo lejos de destruir el medio ambiente, por el contrario incrementa la edad de la tierra.
Bien, sucedió entonces que dicha fiebre incontenible y compulsiva por el trabajo y la producción, ante la carencia de combustibles fósiles suficientes para satisfacer todas las necesidades artificiales gestadas se dedicó a generar centrales nucleares ‘con energía limpia’. Si a esta ecuación se le asocian los tremendos cambios climatológicos que han producido trastornos geológicos antes inconcebibles por su frecuencia generados por la incesante destrucción de la naturaleza, se hace perfectamente comprensible la situación que hoy se vive en el Japón. La mayor parte de sus centrales atómicas no han podido soportar los efectos de terremotos y tsunamis nunca antes vistos, cada hora que pasa el peligro de contaminación se incrementa. Ya Hiroshima y Nagasacki quedan chicos en relación a todo el daño producido. La Segunda Guerra Mundial representa ahora un juego de niños. Japón es tierra arrasada, en pocos días el Estado no podrá detener más la quiebra bursátil producida por el parate de sus principales industrias. Nadie cree lo que los optimistas de siempre manifiestan diciendo que gracias a la destrucción se incrementarán los dividendos de las empresas cementeras, así como de las de cementerios y esto equilibrará la economía debido a la mano invisible que todo lo gobierna para el bien de todos. La irracionalidad del sistema no puede tomarnos más por tontos. ¡Basta de optimismos pajarones! El emperador no tenía que haber aceptado hablar en inglés. La central atómica de Fukuyima, con la destrucción de sus tres reactores, acaba de contrastar en forma contundente todos los paradisíacos mensajes de Fukuyama respecto del final beatífico de la historia. El día 11 es una fecha clave y significativa en este nuevo milenio.
Marcos Ghio
lunes, 28 de febrero de 2011
3ª nota sobre los identitarios europeos
Los identitarios no cesan de hacernos públicos sus distintos mitos con la única finalidad de esconder una situación dramática y real de la cual por supuesto nunca hablan. Primero comenzaron relatándonos, siempre en las páginas de Tsunami, el mito de Indoeuropa, una entidad ideal y fabulosa que no se hallaría afectada por la actual decadencia en la que viven, ahora la siguen con el de Eurasia de lo cual hablaremos en esta nota.
Pero antes de ello digamos que con el relato de los mismos los identitarios intentan silenciar y distraernos respecto del hecho fundamental de que Europa es una nación imperialista en el sentido moderno, es decir una nación (ya que así se ha constituido con la Unión Europea) que se ha enriquecido primero con la explotación colonialista en diferentes continentes y en segundo lugar con la neocolonial de nuestros tiempos por la cual, contando con la complacencia de regímenes corruptos por ellos alimentados, han participado de verdaderos saqueos de las economías de países del tercer mundo. Esta situación de hecho, que ha sido causa de las grandes crisis vividas por tales países, entre ellos el famoso corralito de la Argentina en el 2001, es lo que explica -y no la pretendida eficiencia de los Estados europeos- la prosperidad que se vive en dicho continente. No creamos para nada en el verso de que en nuestros países las cosas van mal meramente por el alto grado de corrupción que existe en los mismos. La clase política europea es tanto o más corrupta todavía que la nuestra. Lo que sucede es que como han robado en abundancia en el mundo entero, hay para todos y por lo tanto la población, que sabe por supuesto que sus gobernantes son ladrones, acepta igualmente tal situación en tanto ‘hacen’, es decir en tanto que les permiten participar un poco de tal saqueo. El día que a Europa se le termine la situación ventajosa que le reportan los negocios que realiza por el mundo entonces ya se encargará la población de dar cuenta de su clase delincuencial. El mejor ejemplo de ello fue el famoso escándalo de Tangentópolis cuando luego de que se terminó con el comunismo ruso y con el consiguiente peligro de que se les terminara la propiedad privada, entonces los italianos decidieron prescindir de una camada de ladrones que les brindaban a cambio seguridad respecto de que tal cosa no iba a ser.
Pero los identitarios, que confunden las causas con los efectos en relación a sus crisis diciéndonos que las cosas les están empezando a ir mal no porque han robado demasiado, sino porque los países que previamente han esquilmado los ‘invaden’ y les quieren cambiar la cultura (bienvenido ello sea) que, tal como indicábamos en nuestra nota anterior, sería según ellos ‘politeísta’ y de castas, ahora la emprenden con un nuevo mito siempre en su función de víctimas y no de victimarios.
En este caso resulta más graciosa todavía la nueva saga aquí relatada, la de Eurasia. No contentos con hablarnos de Indoeuropa, entidad étnica y paradisíaca que nos permitiría olvidar la presencia de personajes siniestros como Sarkozy, Berlusconi o Zapatero, de lo cual serían responsables los inmigrantes que los invadieron y no por supuesto ellos mismos, ahora nos quieren inducir a creer en otro similar que les sirve para ubicarse una vez más en el papel de víctimas. Resulta ser, según el mismo, que no es verdad que EEUU los han ya invadido y colonizado, en tanto que la mentalidad propia del europeo, sea indo, como a secas, es la propia de un yanqui que sólo piensa en comprar y vender, sino que a la inversa según el Sr. Adinolfi*, el nuevo identitario que se ha sumado a la lista de relatores en Tsunami, Europa, a la cual por circunstancias puramente oportunistas le agrega también una nación en gran parte asiática como Rusia y por lo tanto rebautiza su espacio ya no como su continente a secas, sino como un refrito llamado Eurasia, es “el gran objetivo geo-estratégico de los EEUU”, es decir su verdadero enemigo y no su aliado o subordinado como realmente sucede.
Y este esquema les sirve para explicar todo lo que pasa en materia de política internacional. Según los euroasiáticos, una nueva denominación paqueta que reciben los identitarios, por ejemplo no es que EEUU ha invadido Afganistán para terminar con su gran flagelo que es el fundamentalismo islámico, sino a la inversa, los talibanes son la excusa puesta a propósito para tener ‘motivos’ con la finalidad de consumar ese gran objetivo eurasiático que les quita el sueño. Pues hasta tanto no conquisten tales territorios no se habrá consumado el gran sueño imperial de los norteamericanos.
Estimados eurasiáticos, identitarios o como otra cosa más quieren que se los llame, así como no es cierto que nosotros con nuestras ‘invasiones’ étnicas los hayamos hecho entrar en crisis, sino a la inversa, son Uds los que las han producido con vuestros incesantes saqueos, de la misma manera no es verdad que EEUU los quiera invadir por el hecho muy sencillo de que ya lo ha hecho. Así como Uds han aceptado al dólar como la moneda de referencia de todas las transacciones comerciales, también han asumido, del mismo modo que en el Oriente lo hicieron Japón primero y China después, el american way of life del cual participan y hasta mayor entusiasmo que los norteamericanos. Y esto tiene además ejemplos muy concretos a nivel geopolítico. Aparte de ser un verdadero absurdo pensar que Norteamérica para invadir Eurasia, o mejor aun Rusia, haya necesitado hacerse volar las Torres Gemelas y el Pentágono, efectuar una serie de guerras catastróficas que le han insumido en presupuesto mucho más que la 2ª gran Guerra con la diferencia de que al no haber un vencido no hay manera de recuperar lo invertido, a Rusia se la hubiera podido invadir perfectamente desde los territorios de los ex Estados satélites de Europa que le tienen una verdadera hambre de represalia y venganza por toda la opresión padecida durante tantos años, por lo que no se entiende por qué para realizar tal pretendida meta hayan tenido que meterse en una guerra que ya lleva 10 años sin visos de resolución inmediata. Pero además, aparte de todas estas evidencias irrebatibles el hecho es que sea Europa como Rusia, es decir ‘Eurasia’, lejos de haber repudiado a los norteamericanos por la invasión a Afganistán por las razones que Uds nos han dado, la han respaldado calurosamente y el caso más patético ha sido el del gobernante Putin que ha reprochado a los EEUU su insuficiente compromiso en la guerra afgana. Es decir exactamente al revés de lo que Uds en forma tan delirante manifiestan. Rusia y Europa, lejos de ser adversarios son altamente amigos de los Norteamericanos y aliados con éstos en una causa común y compartida la lucha en contra del fundamentalismo islámico que es la concepción del mundo antitética del american way of life que todos comparten por igual.
Pero el mito de Eurasia tiene además un contenido más dramático que Uds tratan de ocultarse a sí mismos aunque seguramente no lo puedan hacer por mucho tiempo. Uds, como en general los europeos, arrastran un trauma de casi 100 años. No se pueden perdonar el hecho de que Norteamérica además de haberles impuesto su estilo de vida y su patrón monetario también ha sido el protagonista decisivo de vuestra vida política durante todo el siglo XX y al parecer sigue haciéndolo en éste. En las dos guerras mundiales Uds fueron ‘liberados’ por los norteamericanos quienes impusieron sea en Versalles como en Nüremberg sus condiciones de gobierno y aun en vuestra reciente guerra civil en Serbia, Bosnia y Kosovo tuvieron que intervenir ellos para ponerles orden en cuestiones de entidad menor. Deben reconocer y esto se demuestra en vuestra participación en la guerra afgana que EEUU junto al consumismo del cual participa con Uds aun conserva un espíritu guerrero que a Uds les falta totalmente. Al querer incluir a Rusia ahora como integrante de Europa, y aquí el otro mito de indoeuropa les sale al encuentro, intentan sin percibirlo cubrir esa falencia de heroicidad ya que son un continente en decadencia y debemos reconocer también que los fundamentos en que se cimienta el americanismo han sido proporcionados generosamente por vuestros filósofos y pensadores. Pero Rusia no es europea como Uds pretenden, sino tal como dijera en su momento Toynbee es otra civilización diferente también de la asiática con valores propios diferentes fundados en el cristianismo bizantino, totalmente distinto del romano y de vuestro mentado paganismo. Y esto mismo lo han percibido en carne propia todas aquellas naciones europeas del este que tuvieron que padecer su opresión por tantas décadas que han notado así la gran diferencia en cuanto a la civilización.
Finalizando considero yo que Europa no se reencontrará a sí misma haciéndose euroasiática como proponen, es decir cambiando de amo, el norteamericano por el ruso, así como no lo ha hecho yanquizándose con la Unión Europea. Debe encontrar su destino en sus grandes metafísicos anteriores a la Revolución Francesa y en aquellas entidades sagradas como el Imperio y el catolicismo raigal. Es sólo allí, y no buscando sustitutos y chivos expiatorios, donde hallará los valores espirituales necesarios para salir de su decadencia.
• EL TERCER ENEMIGO ES POLÍTICO por Gabriele Adinolfi - para Area Identitaria
MARCOS GHIO
28/02/11
domingo, 27 de febrero de 2011
(2ª nota sobre los identitarios europeos)
Llama la atención que este grupo de europeos que insiste en escribir en la página de Tsunami * respecto de las conveniencias que les reporta un nacionalismo continental, tal como hemos venido padeciendo desde hace décadas en nuestro país y en el mundo con sus incesantes despojos de nuestra soberanía y riquezas, hoy nos hable con optimismo respecto de la desaparición de los Estados nacionales y de su consecuente sustitución por conglomerados étnicos, tales como los que allí suceden con Cataluña, Galicia, Padania, Valonia, etc.
Al respecto digamos dos cosas. Es verdad A) que el Estado nacional, tal como existiera hasta nuestros días, es una creación moderna resultante de la quiebra del ecumene medieval. B) Que el nacionalismo tiene por lo tanto un origen burgués habiendo sido motorizado especialmente por la revolución Francesa como una forma más de relativismo. C) Que no es casual que los mismos liberales suelan calificarse muchas veces como nacionalistas en tanto consideran a los Estados nacionales como supraindividualidades que luchan por sus intereses y que, así como en el mercado, por una especie de armonía preestablecida, el libre despliegue de los egoísmos individuales daría como resultado el bien y el progreso de la humanidad toda, de la misma manera creen que, en tanto las naciones se aboquen meramente a defender sus propios intereses, principalmente económicos y ‘geopolíticos’, esto también devendrá en la felicidad colectiva.
Pero desde un punto de vista superior y no relativista como el que es propio de la anomalía moderna es posible en cambio valorar en el nacionalismo un segundo aspecto. Al proponer en el seno de una determinada comunidad el bien de la Nación como un fin superior al de las partes singulares, en un plano subordinado sostiene pues la primacía de un principio universal por sobre uno de carácter particular y de este modo deja de ser relativista, tal como lo fuera en sus orígenes. El gobernante en tal tarea de subordinar las cosas a un principio cumple así el mismo rol que tenía el emperador en el seno de una comunidad más vasta, el de mediatizar los intereses de las partes ante un principio superior. El concepto de bien de la nación se convierte así en una realidad trascendente, -tal como existiera en un nivel más vasto en los grandes imperios- a la cual se deben ordenar las partes singulares. Es sólo desde tal punto de vista que puede ser lícito proclamarse nacionalistas y no en tanto defensores del principio de la soberanía de las naciones o de la superioridad y exclusivismo de lo propio, tal como fuera característica de varias manifestaciones de tal movimiento, por lo cual dicho término ha terminado convirtiéndose en ambiguo y no resulta a nuestro entender para nada conveniente en ser utilizado debido a las confusiones que conlleva.
Ahora bien, el concepto de Estado Nacional puede ser negado desde dos puntos de vista diferentes. O desde uno más elevado cuando a tal concepto relativo se le contrapone un universal que es el Imperio y se considera que por encima del mero interés nacional deben existir principios superiores. Que por ejemplo en ningún momento hubiéramos respaldado -y de hecho no lo hicimos y hasta llamamos a desertar- que en nombre del sano interés de la nación Argentina que precisaba aliarse estrechamente a los EEUU para progresar se participara con el presidente Bush de la invasión de Irak. O si en cambio se lo niega a partir de lo que es menos que éste, es decir el de los intereses de las partes que lo componen, que pueden ser las clases sociales en el caso del marxismo o las diferentes etnias de las cuales aquel está compuesto, como lo que sucede con el fenómeno de los identitarios que aquí comentamos. Es lógico suponer en este último caso, y es lo que acontece hoy efectivamente, que en el momento en el cual, luego de haberse disuelto ese principio que era el Imperio que se erguía por encima de las naciones encarnando una instancia superior a los meros intereses de parte, se quiebra también esta otra que es la nación, la resultante de ello haya tenido que ser que las partes, una vez que tal universalidad se ha disuelto, se preocuparan en forma excluyente por la primacía de los propios intereses. Tal el sonado caso por ejemplo de Padania en Italia que agrupa a un conjunto de provincias norteñas que no quieren mantener con sus impuestos al sur y a la ‘Roma ladrona’ y que alientan abiertamente el secesionismo en aras de participar de una gran confederación europea tal como sostienen los identitarios aquí mentados que se remiten a los escritos del eurosionista G. Faye. Esto es parecido a que si en una familia no se quisiesen pagar los remedios a un hijo enfermo porque da pérdidas o si se expulsara de casa al padre inválido porque molesta. Una nación, del mismo que en un Imperio en una instancia más alta, es un proyecto histórico que trasciende las instancias circunstanciales que no pueden reducirse meramente al aquí y ahora de los intereses de grupos. No es de extrañar que en el futuro, una vez que las provincias del norte hayan logrado la independencia, en el seno de éstas, una vez que el principio del sagrado interés de la parte ha triunfado, otros grupos menores aleguen lo mismo ya que siempre habrá algunos más ricos que otros hasta en el seno de una misma familia.
Los identitarios, que, tal como hemos visto en nuestra nota anterior, se dividen entre aquellos que ya han abrazado la causa del sionismo y los que aun no se atreven porque éste solamente bombardea a las naciones árabes que todavía no los invaden, quieren camuflar esta actitud burguesa y moderna con una serie de disquisiciones históricas de una ingenuidad palmaria. Por ejemplo nos dicen que ellos, si bien han nacido en España se sienten más europeos que españoles ya que participan hasta con los rusos de una antigua tradición milenaria indoeuropea (quiere decir que en esto entrarían también los hindúes) por la que sostienen un sistema de castas. Esto exige dos explicaciones. La primera es que el sistema de castas pertenece no solamente a la tradición indoeuropea, sino a todas las grandes tradiciones de la humanidad antes de que la anomalía moderna introdujera el igualitarismo, casualmente originado en el continente europeo. La segunda es que hay que hilar demasiado fino para encontrar rastros de esta antiquísima tradición en la Europa actual la cual no solamente por haberlo originado está totalmente saturada de igualitarismo y democracia. Que el retorno al autonomismo cultural que ellos pregonan (uso de la lengua, folklore, etc.) no ha dado por resultado alguno un alejamiento del actual sistema globalizador y democrático que ellos critican tanto y el mejor ejemplo de ello hoy lo tenemos justamente en una región que se encuentra a la vanguardia de la autonomía cultural como Cataluña que lo tiene preso al investigador Varela por pensar diferente. Éste es uno de los tantos ejemplos palmarios de cómo son dos cosas diferentes la cultura de la civilización. Se puede ser europeo -y de hecho es lo que sucede actualmente al hablar los mil y un dialectos que allí existen sin ningún tipo de impedimento ni siquiera escolar- y ser al mismo tiempo partícipes de la civilización moderna en su secularismo y materialismo. Tal como incluso hasta con indicaciones precisas nos sugieren hacer Faye y los identitarios cuando, mientras inducen a hacer frente al mundo islámico, solamente alientan a ‘frenar’ el poder norteamericano. Es que como Norteamérica participa como ellos de la misma civilización hay que inducirla a ser pluralista y a compartir las decisiones para poder combatir juntos a la otra civilización de la mezquita que pone, a diferencia de la moderna, a lo espiritual y sagrado (lo que ellos llaman erradamente monoteísmo*) por encima de lo profano.
• Ver LA EUROPA DE LAS ÉTNIAS, NUESTRO ÚNICO FUTURO POSIBLE en Tsunami Político.
• Otro gravísimo error que cometen es el de considerar a la tradición europea como politeísta, como si acaso Platón y Plotino, no formaran parte de la misma, y al cristianismo como crudamente monoteísta, cuando el concepto de Trinidad puede ser concebido por muchos como una síntesis entre monoteísmo y politeísmo. Pero la verdad es que el europeo común no es hoy en día ni politeísta ni monteísta, sino que es antiteísta.
MARCOS GHIO
27/01/11
sábado, 19 de febrero de 2011
Cada tanto en la página de Tsunami Político (http://www.tsunamipolitico.com/) aparece alguien originario de Europa (generalmente de España) que se queja porque los inmigrantes de distintos países, entre los cuales se encuentran cerca del millón de argentinos obligados a deambular por el mundo, les estarían bastardeando a los europeos la raza impoluta que poseen generándoles trastornos de carácter antropológico.
En este caso el que esta vez se ha ocupado del tema es el español Enrique Ravello, un viejo conocido nuestro de cuando era evoliano y colaboraba con nosotros en la edición y distribución de la obra de Evola en España.
Los tiempos han cambiado sensiblemente desde aquella época ya remota (unos diez años han pasado) y Ravello, quien se ha convertido en un ‘identitario europeo’, rezonga porque nosotros, a quienes nos califica despectivamente como amerindios, junto a árabes, gitanos y negros los estaríamos invadiendo produciéndoles un gravísimo mestizaje racial.
Al respecto queremos previamente destacar dos cosas. Que cuando Ravello habla de identidad racial, española como en su caso particular, soslaya el hecho fundamental de que vive en un continente que ya antes de la aluvional inmigración de los últimos 50 años fue un verdadero crisol de razas y más aun en el país en el cual se encuentra, debido a las incesantes migraciones espontáneas o forzosas habidas en la antigüedad, resulta imposible hablar propiamente de una raza española homogénea. Recordemos al respecto a mero título de ejemplo lo que ya acontecía con España en el siglo XVI. Cuando en una oportunidad a Erasmo de Rotterdam se le ofreció hospedarse en tal país, manifestó crudamente que él no quería ir a un territorio plagado de moros y judíos, entre todos los cuales sin lugar a duda podemos encontrar a varios antepasados de tantos ‘identitarios’.
Con respecto a lo europeo que Ravello reivindica y convoca a defender en su identidad cultural colectiva es una cosa más ambigua todavía. Hoy en día lo que hay de común en los europeos, tradicionalmente enfrentados entre sí especialmente por razones étnicas, es en un conjunto de valores modernos compartidos, tales como el consumismo, el hedonismo y la democracia. No resulta una casualidad al respecto que el motor de la ‘unidad europea’ haya sido el mercado y que ése fuera el nombre que asumiera tal conglomerado en el momento en que buscó su unidad. Y ahora la misma se encuentra consolidada por la existencia de una moneda común, lo cual es una cosa efímera y de corto plazo con capacidades de revertirse en cualquier momento, tal como vemos actualmente en donde los países de economía ‘ordenada’ como Alemania y Francia discuten si les conviene seguir manteniendo a los díscolos y derrochadores como Grecia o la misma España de Ravello y a su vez varios de éstos también se cuestionan si les resulta conveniente seguir adoptando una moneda que no es la propia para salir de la recesión.
Pero el problema más lamentable de la nota de Ravello que tenemos que comentar aquí es el relativo a las razones por las cuales el autor ha escrito su texto. Resulta ser que es por todos sabido que varios colegas de su mismo orientación, en un acto de verdadera coherencia, han hecho migas con Israel y los EEUU en tanto tienen con éstos un interés común que es la lucha en contra de los pueblos islámicos que según él estarían invadiendo Europa. Más allá de las explicaciones que nos da de este fenómeno, de lo cual hablaremos seguidamente, resultan infantiles los argumentos que el autor nos da para separarse de identitarios, como Brinkmann por ejemplo, que llaman a formar una nueva Otan con el Estado sionista para hacer frente a los musulmanes. Decir que Israel y EEUU atacan a países que no tienen nada que ver con la ‘invasión inmigratoria’ a la que alude en su nota, es algo al menos discutible. Tengo entendido que hay muchos palestinos o iraquíes en Europa, pero además si bien se puede aceptar que no sean mayoría, no está descartado que con el transcurso de los acontecimientos no se empiece también a atacar a Egipto, Argelia o Túnez, ¿Qué pasará entonces en tal caso con Ravello? ¿Volverá a hacer causa común con sus antiguos aliados? Comprendemos perfectamente el terrible conflicto que debe estar viviendo entre sus dos prejuicios, el antiislámico y el antijudío y qué difícil le debe resultar a alguien que también fue nazi cruzar la frontera como ya lo han hecho otros, pero en tal caso estamos convencidos de que es una cuestión de tiempo. Por otra parte el autor G. Faye, que cita al comienzo de su nota de manera elogiosa, en su principal escrito ha manifestado que, para Europa, EEUU y consecuentemente Israel han dejado de ser enemigos, como en cambio lo es el Islam, para convertirse en adversarios.
Pero más allá de los conflictos de conciencia que tiene nuestro autor y que con seguridad terminará resolviéndolos, y que reflejan la situación de lo que les sucede a muchos ‘europeos’, digamos que resultan por lo menos erradas sus apreciaciones respecto de las causas por las cuales Europa hoy se encuentra invadida por inmigrantes. Según él hay dos cuestiones concurrentes. Por un lado se encontraría el gran progreso alcanzado por la raza europea, lo cual para Ravello sería una gran señal de superioridad y por el otro una verdadera mala intención oculta de los países que los invaden cuyos gobiernos a propósito expulsarían a sus habitantes para penetrar en su continente en forma pacífica y lograr a lo mejor, en el caso del Islam, lo que no se pudo hacer hace quinientos años por las armas. Ravello soslaya el hecho fundamental de que el bienestar de su continente está en relación estrecha con el malestar de los países del Tercer Mundo los cuales fueron literalmente esquilmados por el capital europeo. Nosotros los argentinos podemos ser testigos claros de las tremendas estafas cometidas por los procesos de privatización en donde fueron efectuados contratos leoninos en su gran mayoría con empresas que eran y siguen casualmente siendo europeas las que tomaron posesión en condiciones sumamente ventajosas de nuestros sistemas de comunicación y de energía. En tales contratos no existía límite alguno en las ganancias a obtener ni tampoco se le ponía condición al destino de las mismas. Es de explicar entonces que fenómenos tales como el de los cartoneros así como el de los incesantes flujos migratorios hacia Europa por parte de nuestro país, que tradicionalmente atrajo a inmigrantes, tienen su explicación clara en tales exacciones cometidas por el capital extranjero y especialmente europeo con la complicidad por supuesto de gobiernos locales corruptos. Se dio el caso en nuestro medio de que, mientras el gobierno de Menem hablaba de relaciones carnales con los norteamericanos, haciéndonos creer que era un subordinado de los EEUU en materia económica, en la práctica fueron empresas europeas, incluso estatales, las que se quedaron con nuestras riquezas. Es decir que se ha hecho un silencio expreso respecto de otro imperialismo más letal y corrosivo para nuestros intereses que el norteamericano.
A Ravello lo indigna también –y no sería aquí nuestro caso- que los musulmanes llenen su continente de oraciones y mezquitas, pues eso significaría con el tiempo modificarles la idiosincrasia. Pero la realidad es que Europa hoy en día tiene una sola religión, la del consumismo y el confort y las iglesias en su gran mayoría se encuentran vacías por lo cual no sería una cosa mala el ingreso de una comunidad que practique el culto por lo trascendente, lo cual por contagio podría también volver a despertar el catolicismo en su propio continente. En realidad a Ravello lo preocupa que la inmigración termine islamizando a Europa cuando el problema tendría que ser exactamente el inverso. No sea cosa, y lamentablemente es lo que sucede con más asiduidad, que sean los europeos los que terminen contaminando con su consumismo a los inmigrantes de origen musulmán.
Pero muchas de estas cosas y otras ya las hemos dicho en otras notas cuando hemos refutado a los maestros del Sr. Ravello (1), así como a sus pretendidos rivales, y no queremos ser redundantes por lo que remitimos a las mismas. Aclaremos además que nunca pudieron ser refutadas (2).
(1) Curiosamente Ravello, que adscribe a la línea del francés Vial fundador del grupo ‘identitario’ Tierra y Pueblo, utiliza el mismo término despectivo respecto de nuestro continente y compatriotas inmigrantes de amerindios que también usara su pretendido rival el eurasiático nacional comunista Tiberio Graziani. Es que indudablemente los europeos siguen teniendo un complejo de superioridad respecto de nosotros. Se olvidan de cuando vinieron acá a este continente expulsados del propio.
(2) Véase http://www.juliusevola.com.ar/Fortin.htm
Marcos Ghio
18/02/11
miércoles, 16 de febrero de 2011
Nº57 (Enero-Febrero 2011)
EDITORIAL
LA DEMOCRACIA QUE ISRAEL QUIERE
por Marcos Ghio
LA BIROME DE VARELA
ARTÍCULO ACLARATORIO PARA CONSUMO DE LOS CENSORES DE LA ENTIDAD ISRAELITA (DAIA) QUE CON TANTO EMPEÑO CUSTODIA NUESTRA PRENSA
A propósito de un reciente artículo de Aguinis
LA HIPOCRESÍA SIONISTA
DEMOCRACIA EUROPEA
LA PACIENCIA DE NAPOLITANO
TÚNEZ Y EGIPTO: ¿TRIUNFO DE LA DEMOCRACIA O DEL FUNDAMENTALISMO?
EGIPTO: ¿1979 O 1989?
REPORTES DE LA AGENCIA KALI-YUGA
por Walter Preziosi
SE PROFUNDIZA LA GUERRA DE CIVILIZACIONES EN EL MAGREB
CARTAGO EN LLAMAS
SE APROXIMA LA REVOLUCIÓN ISLÁMICA EN EGIPTO
DOCTRINARIA:
EL TRADICIONALISMO Y JULIUS EVOLA