lunes, 18 de febrero de 2013


EL FORTÍN


Nº 67 (Enero-Febrero 2013)
LA CLAVA
(Columna de combate doctrinario)
RACISMO FRAUDULENTO

A continuación citamos partes de un texto aparecido en el Foro Traditio et Revolutio en donde se estableciera un debate esclarecedor respecto de las relaciones entre Evola y el nazismo. En el mismo aparecen por un lado sectores nacionalistas europeos que insisten en considerar, aun hoy en día, la superioridad de la propia raza respecto de todas las restantes y por el otro nosotros que sostenemos en cambio que el autor que inspira a este Centro no era de tal ideología, es decir no era un pensador ‘europeo’ o ‘indoeuropeo’, tal como pretende tal sector, sino que, sin importar a la etnía a la cual se perteneciere, escribió para todos aquellos que estuviesen dispuestos a hacer primar lo superior que existe adentro de sí mismos. Hemos suprimido del texto aquellas partes que se refieren expresamente a acontecimientos sucedidos durante debates anteriores a fin de no generar confusiones inútiles. (SIGUE)
A propósito de la reciente renuncia de Benedicto XVI
IMPORTANTES REVELACIONES SOBRE EL ASESINATO DE OSAMA

REPORTES DE LA AGENCIA DE NOTICIAS KALI-YUGA (por Walter Preziosi)

por Ferran C. Vidal


miércoles, 13 de febrero de 2013


IMPORTANTES REVELACIONES SOBRE EL ASESINATO DE OSAMA

LA NOCHE MÁS OSCURA


Pocas veces el cine ha resultado tan útil para el conocimiento y develación de hechos históricos esenciales como en el caso de la recientemente estrenada en la Argentina película norteamericana, La noche más oscura, que trata respecto del sensacional acontecimiento de hace casi dos años consistente en el operativo de asesinato del enemigo público número uno de los EEUU, Osama Bin Laden. Acotemos además, respecto de la misma, que aproximadamente un mes antes habíamos leído un comentario significativo escrito por alguien ubicado en una trinchera antagónica de la nuestra, el escritor peruano Vargas Llosa, y del cual hablaremos al final de esta nota.
Pero yendo ahora al contenido de la película podemos acotar que su valor estriba en el hecho de que la misma, sin que ello haya sido hasta el momento refutado por nadie, se basa en un relato de primera mano efectuado por un anónimo participante del operativo permitiéndonos así recabar una visión más clara respecto de la situación de guerra de civilizaciones que vive actualmente nuestra época en su fase terminal.
En primer lugar la película nos devela algo que no se sabía o de lo cual se había ex profeso informado de manera falsa. Que el operativo contra el bunker de Abbotabad no fue efectuado en manera alguna con la certeza plena de que Bin Laden se encontraba escondido en el mismo. Si bien es verdad que se intentó previamente a ello corroborar su presencia simulando una campaña de vacunación a fin de extraerles muestras de ADN a los habitantes del lugar con la finalidad de identificarlos, en la película se devela que, a diferencia de lo que se dijo, ese operativo previo fracasó y por lo tanto el asalto al bunker se efectuó sin evidencia alguna y basándose meramente en una sospecha muy intensa que tenía uno de los jefes de la CIA del cual luego hablaremos.
Es significativo al respecto reseñar alguno de los diálogos. Ante esta falta de pruebas uno de los comandos alega que no desearía que se repitiese una circunstancia similar de la que participara y en la cual, debido a una falsa pista, murieron dos compañeros suyos sin haberse obtenido logro alguno. Por supuesto que no hay allí ningún remordimiento respecto de las personas inocentes que también murieron debido a tal ‘error’.
Indudablemente en tal diálogo y en otros de los que hablaremos seguidamente, queda perfectamente en claro la mentalidad que rige en  el mundo yanqui. Norteamérica se considera a sí misma como la expresión ostensible de la justicia y el bien universal y, respecto de ella y en función de la ejecución de sus fines, todo debe resultarle permitido. Henos aquí entonces que ciertas prácticas que en otras partes resultarían sumamente condenables haciendo a las personas responsables de las mismas pasibles de juicios y largas condenas por ‘violación a los derechos humanos’ o ‘genocidios’, en el caso del norteamericano en cambio, por tratarse de una comunidad elegida y con especiales privilegios, todo debe serle aceptado. Al respecto la película no ahorra escenas de torturas de lo más deleznables e inverosímiles contra los presos de Al Qaeda respecto de los cuales se sospecha que mantienen algún tipo de contacto con Bin Laden. Desde el famoso submarino, práctica por la cual varios ‘represores’ argentinos hoy purgan larguísimas penas de prisión hasta algunas realmente novedosas y no por ello menos deleznables como hacer ingerir excrementos por la fuerza a los torturados o dejarlos sin dormir mediante la emisión sin cesar y rimbombante de las músicas actuales durante días enteros, lo cual sin lugar a dudas debe ser la peor de todas las torturas. A todo esto son interesantes los diálogos que intercambian los torturadores, los cuales tienen la peculiaridad de aparecérsenos como personas comunes sin ningún rasgo especial que denote cinismo o crueldad, habiendo entre ellos y especialmente mujeres amas de casa que presencian en vivo y directo las torturas sintiendo por ello un verdadero placer. Recordemos al respecto las famosas fotos de la prisión de Abu Graib en Irak en donde quienes más se destacaban por torturar y humillar a los prisioneros eran justamente mujeres. En los diálogos resulta notorio que los torturados a los cuales se les quiere doblegar la voluntad a fin de que ‘confiesen’ nunca saldrán con vida de allí en tanto que nadie se encuentra enterado de que están detenidos y hasta se desconoce el lugar de la prisión de la CIA que es secreta y ubicada afuera del territorio norteamericano, en alguno de los países que cuentan con gobiernos serviles. Es decir muchos prisioneros de Al Qaeda hoy engrosan una nueva lista de ‘desaparecidos’, con la venia y el conocimiento pleno del actual presidente de los EEUU, pero una vez más el trato que éste recibe es muy distinto del de su antecesor y par argentino. Mientras que el ex presidente Videla hoy purga por tal causa varias condenas a cadena perpetua, a Obama en cambio se le ha dado el premio Nobel de la Paz.
Volviendo a los interesantes diálogos que aparecen en la película, se formulan allí razones expresas por las cuales se justificaría la tortura y la desaparición de personas. Uno de los operadores de la CIA explica que el enemigo con el cual se enfrentan ahora los EEUU es muy diferente del de la época de la guerra fría. A los comunistas se los podía sobornar fácilmente para que, a cambio de una jugosa pensión de por vida, develaran los secretos que conocían, en cambio ahora, como aquí nos encontramos con una concepción trascendente de la existencia y no con un materialismo gemelo como en el caso anterior, sólo la tortura es el medio para develar un secreto. Es decir que se reconoce expresamente que el fundamentalismo es un enemigo mucho más serio para los norteamericanos que el comunismo bolchevique con el cual se compartía un trasfondo materialista.
Pero henos aquí que, a pesar del esmero de los torturadores, los que demuestran en todo momento mucho profesionalismo, habiendo logrado doblegar la voluntad del más fiel miembro de la organización de Bin Laden haciéndolo ‘confesar’, los resultados no pueden ser más deprimentes. Lo único que puede dar es un dato de alguien que es un mensajero del líder pero con el cual sólo se comunica en forma telefónica. Y esto sucede además con todos los que ‘confiesan’, aun con los que lo han hecho sin pasar por la tortura. Como indudablemente el enemigo contra el cual combaten se trata de un gran estratega que conoce los hábitos de cinismo e hipocresía del norteamericano, siempre capaz de acudir al más ruin de todos los medios para obtener sus objetivos, éste ha tenido la habilidad suficiente de evitar cualquier contacto directo con los miembros de su organización. Ante esta lamentable, para ellos, constatación, luego de casi 10 años de torturar inútilmente, se produce entonces una crisis en el seno de la CIA. El torturador principal resuelve unilateralmente tomarse una vacación manifestando que en última instancia se puede seguir contando con la colaboración de tantos analistas funcionales que sostienen, aun en contraste verbal con los norteamericanos, que Bin Laden ha ya muerto o que se trata de una producción de ellos y que por lo tanto en caso de no poderlo cazar nunca la organización no se vería sacudida entonces en su prestigio. Las otras dos torturadoras mujeres, una de ellas la jefa oficial de la organización en la zona de Afganistán y Pakistán, deciden en cambio continuar con la cacería mostrando de este modo el carácter abiertamente ginecocrático de la sociedad norteamericana (digamos de paso que es también una mujer la realizadora de tal película). Pero aparece aquí una discrepancia entre ambas. La jefa, posiblemente en razón de su veteranía y habituada a los sobornos de la época de la guerra fría, cree aun que es posible acudir a ellos para dar con el paradero del gran enemigo en tanto que le resulta imposible pensar que pueda existir alguna persona que no tenga precio. Se ha sabido de un médico jordano que estaría dispuesto a ‘colaborar’ a cambio de la jugosa suma de 25 millones de dólares. Está convencida de que como por su enfermedad de riñones Osama precisa de diálisis permanente, un médico podría romper con el cerco impenetrable. La subjefa en cambio, que ha comprendido el carácter incorruptible del enemigo cree en cambio que hay que seguir torturando hasta el final. Pero como las dos tácticas no se contraponen, henos aquí que en la película se llega a develar finalmente lo que sucediera en la base Camp Chapman en Afganistán en octubre de 2009. El médico jordano fue a la cita para recibir el dinero a cambio pero cargado con un chaleco de explosivos. Ese día se inmoló junto a la plana mayor de la CIA en la región. Se supo al fin qué fue lo que realmente pasó y de quién se trataba esa pobre ama de casa madre de tres hijos en los EEUU que murió en una remota base de Afganistán.
Para finalizar la historia digamos que una mera casualidad por la atención especial de un dato antes pasado por alto, pero ahora atendido por otra agente mujer, se llega a dar con el paradero de quien aparentemente enviaría los mensajes a los miembros de la organización diseminados por el mundo a través de un simple teléfono celular usado mientras se manejaba un jeep. Tal como dijéramos, el operativo que se resuelve en contra de la casa desde donde salía tal vehículo y donde se pensaba que podía estar Bin Laden resulta finalmente exitoso y henos aquí llegados al final de la película.
La vi en mi casa habiendo conseguido una copia por Internet, afortunadamente con un doblaje al castellano por lo que pude escuchar la totalidad de los diálogos. Un mes antes, tal como decíamos, Vargas Llosa estuvo presente en su estreno en Nueva York y, tras relatarnos la ingrata impresión que le causaron a él también las torturas, nos manifiesta que no pudo menos que sentirse esperanzado porque el público presente terminara aplaudiendo el final de la película prescindiendo así de los actos aberrantes que precedieran a tal desenlace. Debería en cambio haberse preguntado ¿qué clase de pueblo puede ser el que justifica la tortura y la desaparición de personas? ¿Eran realmente inocentes las 3000 personas que murieron un 11 de septiembre del 2001?

Marcos Ghio

lunes, 7 de enero de 2013

martes, 1 de enero de 2013


EL 2012 Y EL CUMPLIMIENTO DE LA PROFECÍA MAYA



Es bien sabido que durante el año que está por concluir se ha estado hablando en todas partes de un fin del mundo inminente que tiempo atrás habrían preanunciado los pueblos mayas en una milenaria profecía. Y también lo es que, al haber pasado la fecha preanunciada y encontrarnos ya en vísperas del 2013 sin que nada de lo que se decía hubiese acontecido, un numeroso contingente de escépticos, de ‘realistas’, de políticos depredadores y la nutrida plétora de conformistas que los rodean democráticamente han salido con la confianza fortalecida convencidos de que, a pesar de todos los cataclismos físicos y morales que el mundo se encuentra padeciendo hoy en día, al parecer aun goza de buena salud y se confirmaría de este modo aquella fe moderna implícita en tal concepción que nos mienta respecto de una milagrosa armonía preestablecida, consistente en la presencia de un Dios que, preocupado por nuestro bienestar, actuando entre bastidores, se encargaría de la continuidad del planeta a pesar de todos los desaguisados existentes. Y más aun, en su inmensa sabiduría, del mismo modo que con el sistema democrático vigente la ignorancia colectiva respecto de los grandes problemas del Estado, por su voto, reportaría soluciones que ni siquiera los sabios más compenetrados serían capaces de dar, así también lo que son destrucciones y caos, en tanto se encuentran enmarcados en un prodigioso cóctel de bondad y previsión con el que el mundo estaría dirigido, daría lugar a tiempos cada vez más prósperos y a prodigiosos avances en todos los campos, es decir al progreso irreversible de nuestra especie respecto de lo cual no deberíamos estar preocupados en demasía y aquellas siniestras profecías deberían por el contrario se contrastadas, simultáneamente con actitudes de burla y conmiseración, con una confianza cada vez más acentuada en que el mundo marcha por el buen camino.
Sin embargo permítaseme decir que los mayas, que no eran precisamente un pueblo materialista, con seguridad que no se deben haber querido referir al final del mundo comprendido como cosa física, tal como lo concibe el hombre unidimensional de los tiempos últimos, sino más bien de un mundo concebido como una determinada manera de ser, como un tipo de humanidad diferente de la que existiera en los tiempos de aquella profecía en tanto producto final de una profunda decadencia ya preanunciada en su momento y que justamente, en vísperas de la conclusión de 2012, comenzaría el proceso de su final irreversible.
El grave estado de atontamiento colectivo en que se encuentra sumergida nuestra especie, tal como decimos, solamente distraída en cuestiones puramente materiales y físicas, ha hecho que el conjunto de las personas no hayan podido comprender ni percibir que se ha producido justamente en este mes que concluye y en esos mismos días la consumación de tal profecía. Mientras los creyentes en la literalidad del texto, fieles ellos también al grosero materialismo propio de los tiempos, esperaban ver el oscurecimiento físico del planeta acompañado de un inmenso cataclismo, en realidad se produjo otro tipo de catástrofe para tal tipo de hombre. El día 22 de diciembre el pueblo egipcio, como avanzada de un proceso más universal, votó masivamente por la implantación de la ley islámica (sharia) en su Constitución. De este modo lo que había sido concebido simplemente como una expresión de deseos de mayor democracia, propios del ‘mundo libre’, eso que equívocamente se denominó la Primavera democrática, demostró su sustancia verdadera. En realidad de lo que se trataba en cambio era de terminar con esa tremenda anomalía que es el mundo moderno, un mundo basado en exclusividad en cosas ‘humanas’, y por lo tanto despojado totalmente de lo principal que hace al destino del hombre que es la dimensión de lo trascendente. La ley islámica, como podría ser por otra parte la ley católica si en estos pagos hubiese estallado una “primavera” similar, rechaza expresamente el dogma democrático moderno y postula en cambio la soberanía de Dios en el Estado considerando que, en tanto se reputa como lo esencial y fuente y razón de ser de la vida del hombre, los delitos en contra de lo alto, tales como la blasfemia y la profanación, deben recibir las más duras condenas, sin descartar la misma pena de muerte. Asimismo se establece, en neto contraste con el desorden moderno, sociedad de carácter matriarcal y feminista, que al ser la función esencial de la mujer, tal como dijera Nietzsche, la reproducción de la especie o el reposo del guerrero, y enmarcada la sexualidad en tales principios, se determina la drástica condena de todos los destapes patológicos de nuestro medio inundado de lascivia y promiscuidad, del mismo modo que de la promoción de la homosexualidad propia de tiempos últimos y terminales, así como su necesario retorno al hogar y a la crianza. Es decir, lo exactamente opuesto a lo acontecido en estos días con regímenes crepusculares como el que se vive en la Argentina en donde, en manera por demás paradigmática, una presidente mujer, en la festividad de la democracia matriarcal padecida desde hace 29 interminables años y en simultaneidad de fechas con la aprobación de la sharia en Egipto, en notorio contraste con tal hecho, premió expresamente a un ‘artista’ profanador y blasfemo y a una notoria pareja gay, demostrando de este modo cómo todas estas cosas forman parte de la esencia del tal sistema en cuya antítesis revolucionaria se encuentra la revolución islámica.
Pero la consumación de tal profecía ha también tenido otros elementos concurrentes que queremos señalar aquí. Ante la valentía de un movimiento asentado en valores sacros y revolucionarios, que ha dado justamente como resultado la supresión del desorden democrático, el mundo moderno, basado en cambio en el pacifismo vacuno y en el materialismo, ha llamado a la retirada ante los graves peligros que corren el propio pellejo y “la economía, estúpido”. Así como los EEUU y sus aliados han dispuesto irse de Afganistán, de la misma manera que antes lo hicieran de Irak, Rusia ha empezado a empacar sus cosas en Siria dejando a su suerte al agonizante régimen de Assad. Norteamérica y el resto del “mundo libre” han resuelto así retirarse de toda guerra pretendiendo hoy, en una conducta autista típica de tiempos terminales, resolverlo todo a través de acciones recabadas de esos facsímiles de videojuego que son los famosos aviones inteligentes o drones, con los resultados a la vista. El asesinato de Bin Laden, producto de una de ellas, lejos de haber significado la destrucción de Al Qaeda, tal como se dijera, ha por el contrario dado por resultado su incremento y fortalecimiento. A su vez lo recientemente acontecido en la ciudad de Kabul, en donde una mujer eliminó a un importante jefe de la seguridad yanqui, es también un signo claro del fracaso del sistema y de la consumación de la profecía. Resulta ser que una de las razones para invadir Afganistán fue la “liberación” de las mujeres que eran esclavizadas por los talibanes, pero al parecer resulta que éstas no estaban para nada disconformes con tal “esclavitud” y, antes de tener que padecer la democracia con sus destapes, demuestran estar dispuestas ellas también a inmolarse. Israel, como era de esperar, se muestra muy preocupado por todo lo que está pasando ya muy cerca de sus fronteras.
Tal como vemos, el 2012 ha significado el inicio del fin del mundo moderno, el que tan sabiamente habían profetizado nuestros antepasados los mayas.

Marcos Ghio
30/12/12

martes, 25 de diciembre de 2012


EL FORTÍN

Nº 66 (Noviembre-Diciembre 2012)

EDITORIAL

EL PENSAMIENTO EVOLIANO ANTE EL SEPARATISMO
Entre los meses de noviembre y diciembre, a raíz de los dramáticos acontecimientos que se viven hoy en día en España y en especial en la región de Cataluña, hoy a punto de segregarse del país, en el Foro Traditio et Revolutio, del que participan varios miembros de este Centro, se desarrolló un importante debate con nuestro habitual colaborador Eduard Alcántara, un evoliano español originario de tal región, en relación a tal problemática. Asimismo el tema se entreveró también con un prólogo a una obra de Julius Evola recientemente editada en nuestra lengua en la cual el aludido vertía conceptos como el siguiente. (SIGUE)

“HAY QUE DEMOCRATIZAR TAMBIÉN LA JUSTICIA”, (K.K.)
SECUELAS DEL COMUNISMO

REPORTES DE LA AGENCIA DE NOTICIAS KALI-YUGA (por Walter Preziosi)

DE LA VICTORIA DE OBAMA A LA DEFENESTRACIÓN DEL GRAL. PETRAEUS
¡ES LA GUERRA, ESTÚPIDO!

DOCTRINARIA
(Primera parte)
(en portugués) por Peyrot de Fortinbraso


lunes, 17 de diciembre de 2012


“HAY QUE DEMOCRATIZAR TAMBIÉN LA JUSTICIA”, (K.K.)

LA DEMOCRACIA TOTAL



La reciente propaganda lanzada desde medios gubernamentales relativa a la necesidad de ‘democratizar la justicia’, tomándose como excusa para ello un fallo absolutorio de 13 presuntos proxenetas, merece algunas reflexiones. En primer lugar queremos decir que este acontecimiento recuerda lo sucedido tiempo atrás con la supresión del servicio militar obligatorio, lo cual fue efectuado tomándose también como excusa un hecho de gran connotación periodística como fuera el asesinato de un recluta para, a partir de ello y aprovechando el estado de conmoción pública obtenido, arribar a la conclusión de que el servicio militar era una cosa dañina para nuestra juventud. En ese entonces, como también ahora, dijimos que, si bien, desde el punto de vista de los principios, la función militar debe ser ejercida por un grupo de personas calificadas especialmente para ello y no debe ser una actividad al alcance de cualquiera, sin embargo en las situaciones excepcionales en que vivía y más todavía vive ahora la sociedad argentina, de total disolución y descomposición de valores, ante la lamentable vacancia de otras instituciones como la escuela, el cuartel podía aun brindar a los jóvenes la presencia de principios que hoy han dejado de vivirse totalmente en el resto de la sociedad.
Del mismo modo nos encontramos ahora con una circunstancia muy similar. La justicia argentina -y podemos decirlo con conocimiento de causa- dista enormemente de ser una institución ejemplar. Los jueces en su gran mayoría, lejos de ser personas intachables, impasibles ante los avatares de su tiempo y absolutamente objetivos en sus resoluciones, en cambio, cuando no son sujetos acomodaticios, pasibles de múltiples corrupciones *, son personas sin espina dorsal, fácilmente presionables por parte de la opinión pública y el poder político en modo tal que gran parte de sus sentencias, en especial cuando se roza a alguna persona con funciones de gobierno o con notorias influencias sociales, suelen representar verdaderos dislates y absurdos. De hecho ya se ha convertido en un lugar común la idea de que si algún funcionario público comete una tropelía -lo cual bien sabemos que representa una cosa sumamente habitual- puede ser condenado solamente el día en que su partido deje de gobernar o que el poder político le haya quitado alguno de sus resguardos mafiosos. Pero como por lo general los partidos suelen protegerse entre sí, de acuerdo al dicho de que ‘hoy a ti, mañana a mí’, prácticamente resulta hoy en día imposible que se condene a un dirigente político, y cuando por alguna circunstancia excepcional se hubiese llegado a una instancia judicial, casi nunca se ha pasado de la  relativa a la simple instrucción**.
Pero en este caso aquí aludido nos hemos encontrado con un hecho realmente excepcional, el de tres jueces que en la provincia de Tucumán se animaron a absolver a un grupo de imputados a los cuales todo el mundo, desde los medios de difusión en su totalidad hasta el mismo poder político, había condenado anticipadamente en absoluta unanimidad. Ante ello, sin descartar por supuesto la posibilidad de que estas personas hubiesen preferido renunciar a su fama y profesión a cambio de una importante suma económica que les hubiese resuelto sus problemas de por vida, sin embargo no queda para nada excluido lo contrario –y el hecho de que hayan sido tres los jueces que votaran en absoluta unanimidad abonaría dicha tesis-, de que hubiesen podido actuar en honestidad con los principios judiciales y que hubiesen querido hacer primar la justicia por encima de la propaganda y la popularidad.
Es de lamentar al respecto cómo en la sociedad argentina no se alzó una sola voz, no digamos de defensa ya que no se conocen aun los fundamentos del fallo, sino simplemente de duda respecto del accionar de estas personas que habrían podido llegar a significar un verdadero estado de excepción ante este clima de tanta mediocridad reinante. Pero lo más indignante de todo es que, en vez de suceder tal cosa, se quiera utilizar dicho acontecimiento para motorizar lo que la presidenta ha difundido a grandes voces como el proyecto de ‘democratizar la justicia’. Al respecto digámoslo una vez más: así como la democracia en cualquier esfera que se aplique representa una verdadera aberración, más lo es todavía en instituciones jerárquicas como la justicia en donde se deben aplicar principios esenciales para el buen funcionamiento del todo. Y esto lo es aquí en un doble sentido. En primer lugar porque suponer que un jurado compuesto por ciudadanos comunes -tal es justamente una de las principales consignas de la democratización- es una garantía mayor de justicia que en cambio un tribunal integrado por jueces especializados en la materia no resiste el menos análisis. Suelen decir al respecto los defensores de tal proyecto, pretendiendo manifestar con ello una cuota de ‘realismo’ en relación a la naturaleza humana, que, como la corrupción es la situación normal en una especie que amaría por sobre todas las cosas el dinero y los bienes materiales, va a ser mucho más difícil sobornar a 15 personas que forman un jurado que a tres jueces. Esto es sumamente absurdo desde cualquier punto que se lo mire. En primer lugar porque la especie humana no es un fenómeno cuantitativo como puede ser una manada o un panal, sino que tiene que ver con la calidad que poseen los individuos que la integran. Cuanto más elevada sea una persona, cuantos más principios posea, más difícil será ésta de corromper, aunque se trate de una sola, que una multitud entera sin principio superior alguno. Y al respecto es de suponer que aquel que ha estado durante toda su vida en contacto con la justicia y la ciencia del derecho se encuentra más en condiciones de juzgar que el ciudadano común que actúa habitualmente en función de sus emociones resultando así más presionable, en cualquier sentido que ello sea, que cualquier otro, por los efectos especiales producidos, sea por la prensa modeladora de la opinión pública como por algún que otro discurso brillante o impactante emitido por fiscales o abogados defensores con deseos de progresar en su carrera.
Pero dejando a un lado esta circunstancia a la que pareciera haberse reducido la problemática actual de la ‘democratización de la justicia’, existe otro problema de fondo mucho más importante que es la filosofía en que se funda la que sin lugar a dudas y ante todas las evidencias se ha convertido ya en la peor de todas las formas de gobierno posibles. Bien sabemos que el principio esencial en que se basa tal sistema es el de la igualdad y que por lo tanto para el mismo no existen diferencias esenciales de derecho entre aquellos que gobiernan y los que son gobernados. Que en consecuencia su ideal de político no es el aristócrata, aquel que por ser más se encuentra en una situación de superioridad y elevación con respecto al simple pueblo, sino al contrario alguien que se destaque por ser uno más del montón. Es decir que es una convicción esencial del demócrata, en función de su religiosa adhesión al principio de la igualdad, que el ser humano en su totalidad se encontraría en condiciones de gobernarse a sí mismo y que, si esto no sucede plenamente hoy en día, no es por una circunstancia de sentido común por la que una mera observación nos hace ver que hay seres que, en tanto determinados por sus pasiones, pertenecen a la condición de individuos masificados a diferencia de los que en cambio son personas que  están en condiciones de determinarse a sí mismas, sino que ello acontecería por una insuficiente aplicación de la democracia. Es decir que como en razón del principio de la igualdad la función del gobierno ha sido relegada a un plano subordinado, lo que debe en cambio tratar de asegurarse aquí es una adecuada e igualitaria representación que sería aquello que como consecuencia garantizaría la existencia de un buen gobierno.
La democratización de la justicia no es pues sino una fase necesaria del proceso de democratización de la sociedad en su conjunto.  Se opina así, de la misma manera que en el contexto social, que los males de la justicia no estribarían en que los jueces se dejan influir muy democráticamente por la opinión pública modelada por los grandes grupos de poder, sino al revés: que el mal es que habría todavía poca democracia; por lo tanto, en la medida que la misma por su propia esencia pretende ser total y absoluta, luego del juicio por jurados, el paso siguiente será que el pueblo elija a los jueces y fiscales, del mismo modo que en las escuelas, una vez que la democracia ha logrado constituir consejos resolutivos en los cuales su mayoría, en este caso los alumnos, ‘decide’, el paso siguiente de tal proceso de descomposición será que elija al director y a sus docentes.
Cuando se llegue finalmente a esto y el caos se haya instaurado en forma definitiva entonces se cerrará el ciclo, entonces se comprenderá que ante la democracia total el remedio no puede ser otro que la dictadura necesaria, que para suplantar el partido y a la corrupción consuetudinaria será indispensable cuanto antes constituir una orden de probos. El camino será largo y difícil, pero los demócratas, sin saberlo y en su afán por enriquecerse en dinero y poder, también ayudarán para la consumación de un rápido final.


* Días pasados los argentinos hemos sido testimonios del hecho inverosímil de que un notorio juez, al que se le imputan todo tipo de corrupciones, fue literalmente abucheado por la concurrencia a un partido de tenis obligándolo a huir despavorido del lugar. Ni qué pensar lo que hubiese sucedido de haber concurrido a un estadio de futbol del que con seguridad no habría salido vivo.
** El único caso conocido de un político que llegó a ser condenado en juicio oral fue el notorio de María Julia Alzogaray. Al parecer la aludida, que ocupara funciones importantes en el gobierno de Menem, en un único acto de dignidad y por fidelidad a su fallecido padre, un famoso dirigente liberal y ‘gorila’, no quiso afiliarse al partido peronista y ello le habría significado la pérdida de cualquier protección mafiosa una vez concluido su mandato.

Marcos Ghio
16/12/12

lunes, 10 de diciembre de 2012


SECUELAS DEL COMUNISMO

LA ENFERMERA DE LENIN


El por nosotros siempre valorado cineasta ruso, Aleksandr Sokhurov, en su nunca estrenada obra maestra, La agonía de Lenin, en donde nos describe el colapso físico irreversible del líder de la Revolución rusa afectado por un cáncer cerebral que iba socavando velozmente sus facultades mentales, nos indica también en muy condensadas imágenes lo que ha sido el comunismo. Tras habernos mostrado en sucesivas secuencias un inmenso edificio en donde se va desenvolviendo paulatinamente el lento colapso del líder bolchevique, el espectador termina percibiendo que el mismo a la postre resulta ser el antiguo palacio del zar; es en ese instante también cuando el aludido, en su irreversible estado de postración mental, al no alcanzar a explicarse las razones de todos los lujos que lo rodean, busca una respuesta a lo que le está sucediendo y entonces una de sus enfermeras le indica que ello era así porque todo había sido ‘expropiado’, palabra que, debido a la situación de colapso en que se encuentra y ante la necesidad de un lenguaje más llano, le resulta incomprensible, por lo que, de manera realista, la interlocutora le dice a Lenin más crudamente que ello era así ‘porque lo habían robado’. Ante lo cual despierta la ira furiosa del agonizante líder, memorioso aun de los principios morales heredados en su infancia.
Y bien, en las sintéticas palabras de la enfermera se encuentra expresado lo esencial: el comunismo fue y ha sido siempre un gran robo, una gran estafa. Un grupo de facinerosos que, en nombre de una ideología estentórea y aprovechando circunstancias conflictivas, efectuó ganancias espectaculares para lo cual no hesitó en acudir a procedimientos siniestros desde cárceles, torturas hasta llegar a verdaderas masacres y genocidios de todo tipo que, según los cálculos más optimistas y aproximativos, alcanzaron las 100 millones de víctimas en 70 años de existencia. Poco antes de su caída estrepitosa entre 1989 y 1991 una serie de obras escritas bajo dicha tiranía, que lograron surcar la espesa cortina de hierro que se había construido ex profeso, mostraron que en realidad lo que se ocultaba detrás de la misma no era el gobierno de los representantes de los intereses históricos del proletariado, ni siquiera una simple burocracia de ineptos incapaz de llevar a cabo ciertos principios, sino una vulgar nomenklatura de multimillonarios que, aprovechando la censura y la represión de un sistema sanguinario, escondía dentro de lo posible su profundo apetito de bienes materiales, demostrando así que en esto y no en otra cosa consistía en última instancia la raíz del tan mentado materialismo dialéctico.
Claro que, para subsistir durante tantos años, dicho régimen mafioso tuvo que acudir a dos tipos de procedimientos consistentes en el miedo y el engaño. El primero, en tanto muchas cosas no se podían ocultar, se aplicó en el orden interno, y consistió en el temor exacerbado hacia la omnipotencia de un sistema respecto del cual sólo se podía progresar si se acataban puntualmente  sus órdenes colaborando en la delación de los que eran sospechados de opositores. Pero en el plano externo la estratagema consistió en cambio en estructurar un movimiento internacional compuesto por personas a las que se convenció, gracias al sigilo proporcionado por la famosa ‘cortina’, que para poder llegar a alcanzar el paraíso comunista, es decir la sociedad que en tanto sin clases ni injusticias sociales sería por lo tanto proveedora de un estado de bonanza universal, ‘era imprescindible que la Unión Soviética triunfara doblegando a las fuerzas ‘imperialistas’ que la asediaban’. Así fue cómo se constituyó por varias décadas un cuerpo de revolucionarios profesionales fanatizados los cuales estuvieron siempre dispuestos a dar su vida por tal régimen en función del triunfo definitivo del comunismo en el mundo. Pero sin embargo esto entró en crisis cuando sucedió la derrota de la Unión Soviética en Afganistán y, como consecuencia de ello, la caída del muro de Berlín y de la famosa cortina de hierro protectora. Entonces ya no se pudo continuar más con la farsa, hubo que decir abiertamente, como la enfermera de Lenín, que todo se trató de un robo y una estafa. Pero luego de ello se perfilaron dos posibilidades: o que se terminara para siempre con el robo o que, en un mundo en donde todos roban, los antiguos comunistas legitimaran su condición de ladrones y pasaran a formar parte de una nomenklatura de mayores alcances universales. Es decir que pasaran a integrar de aquí en más ellos también de modo ostensible la casta capitalista. Se tuvieron que hacer entonces algunos cambios indispensables en la cosmetología. En algunos casos, de acuerdo al grado de irritabilidad suscitada en la población, se pasó a buscar chivos expiatorios, consistentes en denunciar y defenestrar a alguno al que acusaban como responsable de la totalidad de los males, pero dejando intacto el sistema; en otros hasta hubo que cambiar la misma denominación que asumía la banda de delincuentes. Así pues, mientras que en Rusia, país más sensibilizado por las purgas, el partido comunista pasó a llamarse Del pueblo ruso, en China en cambio se mantuvieron las mismas denominaciones y no hubo escrúpulo alguno en que el partido comunista pudiese funcionar con bolsa de comercio y atesoramiento de dólares en su economía. Claro que continuaron y continúan en ambos lados como nunca las represiones y genocidios. En China junto a la masacre de estudiantes en la plaza de Tianmem tenemos los cotidianos genocidios de tibetanos con la espantosa represión de sus monjes budistas, del mismo modo que en Uigur con sus musulmanes. En Rusia siguen en pié las matanzas en Chechenia y en la totalidad del Cáucaso musulmán.
¿Pero qué es lo que ha sucedido en el orden externo? Al haberse derrumbado la fantasía del comunismo ya no se pudo acudir más a la táctica del engaño, pero se ha ensayado en cambio con éxito con la solidaria del miedo. Por supuesto ya nadie va a dar más la vida por la ‘gloriosa Unión Soviética’, ya resulta difícil reclutar para ello a una izquierda fanatizada y utopista, pero en cambio una nueva militancia, esta vez no de izquierda sino de un movimiento conocido como la ‘nueva derecha’ y sostenedora de una ideología, también materialista como el marxismo, que es la geopolítica, se ha convertido en el mundo en la defensora a ultranza de los ‘ex estados comunistas’ de China y Rusia. Como aquí ya no puede regir más el engaño en tanto nadie ya puede ser atrapado con alguna utopía, entonces se acude lisa y llanamente a la táctica del miedo. Se dice que en el mundo, luego de la caída del comunismo, se ha constituido un imperialismo omnipotente que está en condiciones de gobernarlo absolutamente todo y se agrega que, para detenerlo en su expansión, la única alternativa posible es que Rusia y China volviesen a ser potencias para operar de contrapeso. Acotemos que en este caso lo que emparenta a la ideología geopolítica de la nueva derecha con el marxismo es que mientras que éste consideraba que son las clases sociales, a través de los Estados,  las que actúan en lugar de las personas, determinando sus acciones, aquí en cambio se dice también que son sólo éstos, en tanto expresión de grandes espacios geográficos, los verdaderos sujetos de la historia. En modo tal que si apareciese algún grupo de individuos aglutinados en función de una idea y que se formulasen actuar en contra del sistema, estos solamente podrían hacerlo favoreciendo los intereses de alguien. Así pues, reiterando una antigua costumbre, una red de ‘analistas internacionales’ y pensadores geopolíticos nos brindan explicaciones respecto de tales dogmas. Días pasados en la revista serbia Geopolítica, es decir aquella ideología heredera del comunismo que sostiene que son los espacios geográficos y no las personas los grandes sujetos de la historia, efectuó un significativo reportaje al conocido operador pro-ruso Thierry Meyssan el cual, al preguntársele respecto de lo acontecido el 11de septiembre del 2001, manifestó textualmente:
La idea de que un fanático, desde una cueva en Afganistán, y una veintena de individuos armados con cortapapeles hayan podido destruir el World Trade Center y asestar un golpe al Pentágono sin que el ejército más poderoso del mundo lograse evitarlo no es ni siquiera digna de un comic.
En este texto está sintetizado todo. Como EEUU tiene ‘el ejército más poderoso del mundo’ sería absurdo suponer que un grupo de personas independiente respecto de cualquier entidad geopolítica pudiese producirles algún tipo de daño. Por lo tanto como el hombre no existe como sujeto libre, ya que tal función es llevada a cabo por los Estados que se dirimirían el dominio del planeta, en caso de que resolviese insubordinarse ante tal fatalidad en realidad no estaría actuando por su cuenta, sino que sería simplemente un agente de otro, en este caso del imperialismo norteamericano que dicen combatir. Acotemos también que el comunismo opinó históricamente siempre igual respecto de aquellos grupos o sectores que, como los trotskystas, aun siendo contrarios a los EEUU no respondiesen abiertamente a sus intereses, a los que acusaba de ‘agentes a sueldo’ o mercenarios. Así pues, al referirse a Al Qaeda, éstas son las manifestaciones de Meyssan:
Al-Qaeda no era más que el nombre de una base de datos, del fichero informático donde figuraban los muyahidín árabes enviados a luchar contra los soviéticos en Afganistán.
Una vez más queda resaltada la idea de que de que si alguien quiere oponerse al sistema solamente puede hacerlo bajo la protección de Rusia, es decir obedeciendo órdenes de Moscú o de Pekín, pues de lo contrario se corre el riesgo de ser calificado como parte de una base de datos *.
Por supuesto que Meyssan no oculta de manera alguna cómo en forma impúdica sostiene que Rusia junto con China representa la gran disyuntiva ante el poder norteamericano. Así pues, refiriéndose a los últimos hechos que acontecen en Siria, manifiesta que si bien EEUU quería hacerse del poder en tal país:
Ese plan fracasó porque la Rusia de Vladimir Putin no es la Boris Yeltsin. Moscú y Pekín prohibieron la intervención de la OTAN y la situación se mantiene sin resolver.
Lo cual es además de todo falso. Es público y notorio que ni EEUU ni la OTAN han ayudado a los rebeldes sirios con arma alguna, ni que tampoco pusieron obstáculo alguno para que Rusia armara hasta los dientes al régimen de Assad a fin de que procediera a masacrar al pueblo sirio en tanto que con ello podía eliminar también a varios miembros de Al Qaeda, los que, según las definiciones de Meyssan serían agentes de la CIA. En tal caso le correspondería al analista explicarnos por qué los EEUU asesinarían a sus propios agentes. Es obvio al respecto que, como el miedo inculcado hacia la omnipotencia del poder norteamericano y sionista ha sido tan grande, sería en verdad imposible que un temeroso pudiese razonar con lógica.
Pero salgamos por último de este sembrador de temores y sigamos con el más afinado razonamiento de la enfermera de Lenin. El comunismo es un robo, tal ideología es la cobertura utilizada para justificarse a sí misma por parte de una mafia de delincuentes, pero para seguir estando necesita que esta actividad pueda ocultarse o al menos, ahora que se sabe, sea aceptada como una fatalidad irreversible. Primero se usó la palabra ‘expropiación’, luego se dijo que del éxito de los ladrones dependía que en el mundo se instaure la sociedad sin clases universal en donde reina la justicia. Cuando todas estas cosas se demostraron como falsas ahora se acude al viejo vicio del miedo tan usual en nuestra especie y denunciado una y otra vez por Nietzsche. Norteamérica e Israel son imperios muy poderosos y no podemos hacer nada por nuestra cuenta en su contra: si se nos ocurriese rebelarnos y no aceptáramos someternos a Estados poderosos como Rusia y China entonces no seríamos otra cosa que agentes de los primeros. Miedo pues en un doble sentido. Miedo ante la omnipotencia de esta especie de Jehová y miedo también de que al no querer someternos a la otra banda de delincuentes se nos termine señalando como agentes del sistema.

* Aparte de que es falso lo dicho por Meyssan en el sentido de que ése haya sido el significado originario de Al Qaeda (se usaba tal palabra en tanto se la concebía como una base de operaciones en contra de los enemigos del Islam) tales analistas tendrían que explicarnos cómo puede ser que haya agentes de inteligencia, es decir personas que hacen cosas a cambio de un salario, que se inmolen como mártires. O también que ¿si Bin Laden era un hombre de Bush cómo puede ser que lo hayan matado? Sería interesante una explicación de ellos al respecto salvo que quieran decirnos que la supresión de su cadáver no fue para evitar que se lo venere como a un mártir sino para ‘borrar rastros’. En todo caso para ello dependerá del libreto que hayan recibido de Moscú.

Marcos Ghio
10/12/12