jueves, 15 de septiembre de 2011

EL FORTÍN
Nº 60 (Julio-Septiembre 2011)

INFORMACIÓN GENERAL: JORNADA EVOLIANA EN CURITIBA


Durante los pasados días 9 y 10 de septiembre, en la bella ciudad de Curitiba en Brasil, se efectuó una segunda jornada evoliana. La primera, como una preparación del lanzamiento de esta última, se había efectuado el pasado año en una ciudad del norte de tal país.
En un contexto de impetuoso entusiasmo juvenil que nutría mayoritariamente a la concurrencia estuvo presente el presidente del Centro Evoliano de América, Marcos Ghio, quien disertó sobre la importancia de ser evoliano en los tiempos actuales. Fue acompañado en su ponencia por otros dos panelistas, como el renombrado profesor y escritor brasileño Mateus Soares de Azevedo, experto internacional en sufismo y el joven profesional Ernesto de Souza quien prepara una tesis sobre Evola y Jünger en una universidad de Río de Janeiro.




Marcos Ghio reunido con varios jóvenes participantes del evento



EVOLA Y EL FIN DE LA MODERNIDAD
por Marcos Ghio




(TEXTO COMPLETO DE LA CONFERENCIA BRINDADA EN LA CIUDAD DE CURITIBA EN OCASIÓN DE CELEBRARSE LA SEGUNDA JORNADA EVOLIANA)
1. Evola y la doctrina de la preexistencia
2. Evola y Bin Laden




ARGENTINA
ELECCIONES Y TIEMPOS ÚLTIMOS




HITLER Y BIN LADEN




A PROPÓSITO DE LA MASACRE DE NORUEGA
(De pluma ajena)
La pesadilla es vuestra
Por Pietrangelo Buttafuoco




RELIGIOSIDAD INDOEUROPEA

por Julius Evola




REPORTES DE LA AGENCIA DE NOTICIAS KALI-YUGA (por Walter Preziosi)

EL CICLO SE CIERRA




CELEBRAMOS LA CAÍDA DE GHEDDAFI

DOCTRINARIA




EL HOMBRE DE LA TRADICIÓN (I): RAÍCES
Por Eduard Alcántara

martes, 6 de septiembre de 2011

ARGENTINA

ELECCIONES Y TIEMPOS ÚLTIMOS

En realidad este comentario que realizamos respecto de las últimas elecciones de la Argentina que dieran un arrollador triunfo a Cristina Kirchner lo podríamos haber efectuado un par de semanas antes de tal hecho cuando esa misma población, en la ciudad de Buenos Aires, le diera también un triunfo contundente a su rival ‘de derecha’ y por lo tanto opuesto políticamente a la actual presidente, el empresario Macri. Pero antes de cualquier análisis, anticipémonos a decir que este vuelco repentino de apenas escasos días de un extremo a otro del espectro ideológico por parte del electorado se debe principalmente a que vivimos tiempos terminales, en tanto que nos hallamos en la etapa conocida como de la postmodernidad, la cual se caracteriza por ser una época que, si bien volcada como la anterior al mero logro de la economía y el bienestar como destino, en la misma ya no hay ideologías, es decir determinadas perspectivas existenciales y metas que incluso pueden trascender la misma vida individual o la de una determinada generación, sino solamente existen los intereses inmediatos de las personas representados por instantes placenteros, momentáneos, fugaces y por lo tanto volubles, en razón de los cuales es que se intenta vivir.
Quien mejor graficara esta situación especial ha sido justamente el que dirigiera la campaña electoral del triunfante intendente Macri y respecto del cual estuvimos a punto de redactar una nota en su momento, pero que pensamos que ahora, a la luz de los últimos acontecimientos que corroboran en abundancia lo que íbamos a decir, la misma adquiere un relieve mayor. De nacionalidad ecuatoriana, aunque asiduo habitante de nuestro país, el aludido director de campaña, de apellido Durán Barba, es un ex militante marxista leninista que, siguiendo las secuelas de su corriente ideológica originaria, ha mutado de acuerdo a los tiempos más recientes, adaptándose a vivir en la época postmoderna, es decir, la posterior a la caída del muro de Berlín. Nos explica así, en un largo reportaje publicado en la revista Noticias, que más que abocarse ahora, como lo hacía antes, a una triste y anodina existencia signada por una lucha por ideales inalcanzables (para él), lo que ha descubierto es que se trata en cambio de divertirse y de disfrutar del momento. Es decir vivir plenamente en los tiempos últimos de postmodernidad. Y al respecto su tarea es ahora la misma, aunque en situaciones muy distintas, que la que en la antigüedad tenían los sofistas, la de fortalecer a través de la erística y la retórica, los discursos más débiles, las posiciones más indefendibles, para convertirlas en 'brillantes' y con posibilidades de éxito; todo ello por supuesto sin importar la ideología de las personas que paguen por sus servicios, ni tampoco el horizonte intelectual o la simple honestidad personal que las mismas pudiesen poseer. Así pues son interesantes algunos de los consejos que el aludido Barba le ha dado a su empleador Macri para ganar las elecciones. En primer término, le sugiere mostrarse jovial, divertido, pasearse mucho con la esposa embarazada y panzona, para exhibirse así como familiero y al alcance de todo el mundo, como uno más de los tantos. Cortarse el bigote para aparecer como menos solemne y más juvenil y fachero. Bailar asiduamente y en público para así ser sonoro y rimbombante como los tiempos actuales en donde el ruido sincopado ha sustituido a la reflexión. Rehuir cualquier debate que agobie a las personas con pensamientos complicados, sustituir en cambio el discurso político ideologizado por la imagen y el color, y al respecto fue él el que le sugirió el uso del amarillo en tanto señal de sensualidad y paz vacuna. Acudir mucho a los globos, pues en un mundo en donde la razón ha sido suplantada por la imaginación, el concepto lo ha sido también por el símbolo y en el inconsciente colectivo, así como el amarillo genera confianza y sensualidad, el aire encerrado en el globo es señal de abundancia y de grandes proyectos y perspectivas, representando ello toda una definición. Pero lo principal, luego de haberle sugerido renunciar al debate y a la formulación de principios (pues bien sabemos que éstos no existen y si se formulan sólo sirven para atormentar al presente), mostrarse en cambio movedizo, peripatético. Esto es justamente lo que explica todos los despliegues físicos del candidato saltarín y corredor, que salta baches y que trata de exhibirse como siempre joven y deportivo. El resultado fue apabullante. Ganó por goleada. Tal es así que, siguiendo los consejos del ecuatoriano Barba, otro candidato del mismo partido, en Santa Fe, un cómico muy reputado, se presentó rápidamente como candidato a gobernador en donde apenas faltaban pocos días para votar. Cuando se le preguntó qué pensaba hacer, explicó que recién había aceptado el cargo y que iba a aprender a ser político si se lo permitía el voto de la gente, aunque tuvo un pensamiento muy sagaz y oportuno. ‘¿Si los políticos actuales, sin ser cómicos, nos hacen reír tanto, por qué no suponer que yo que soy cómico pueda actuar con seriedad?’. Casi gana.
Bueno y así llegamos a Cristina. También aquí un marxista adaptado a la postmodernidad, el ex discípulo de Abelardo Ramos, Ernesto Laclau, hoy `casualmente’ profesor universitario en Inglaterra, maestro a su vez de los principales intelectuales del grupo neomarxista Carta Abierta que brinda sustento ideológico y marketinero al actual gobierno, ha brindado los consejos adecuados para ganar. Un marxista hoy en día, en épocas de postmodernidad, no debe ser doctrinario, sino populista. De allí el título principal de su obra La razón populista que comentáramos en otra nota. El marxismo debe adaptarse pues a los tiempos actuales. Ya no más utopías, ni acumulación de capital por parte del Estado que quiere construir la sociedad sin clases del futuro. Sino en cambio acudir a compulsivas distribuciones y a demagogias que incrementen las emociones colectivas. Fútbol para todos, plasma para todos, notebooks para todos. Repartir pues para ganar elecciones, nunca exigir sacrificios, ni tampoco atesorar, sino distribuir siempre más para granjearse la voluntad del soberano. Y simultáneamente a ello acudir a lo que moviliza a la masa cual es el efecto sensiblero tan cultivado a su vez por la televisión idiotizadora.
El pensamiento postmoderno sólo piensa en el presente, en la próxima elección, en la acumulación de votos en vez que de capital para el futuro. Del mismo modo que el burgués hedonista para el cual después de su bienestar puede sobrevenir el diluvio, la razón populista dilapida bienes en función de sufragios. Y esto es ya un fenómeno colectivo, no se diferencia por ejemplo de aquel gobierno japonés o británico que, a pesar de todas las evidencias en contrario, no ha renunciado a construir nuevas centrales atómicas, pues si bien contaminan eso es algo que recién tendrá efectos nocivos para generaciones futuras que todavía no están. Y el futuro es un no ser, se trata de un ‘gran relato’, de una ideología que no existe, en donde sólo está el presente de la postmodernidad. El ciclo se cierra.

Marcos Ghio

viernes, 19 de agosto de 2011

HITLER Y BIN LADEN


La censura inquisitorial y democrática en la que vivimos, así como las incesantes demonizaciones que ha recibido mi persona por parte de los medios sionistas con tanta influencia en nuestros sistema político, periodístico y judicial, obligan a una lamentable aclaración previa antes de escribir esta nota cuyo título reconocemos que en un medio como el nuestro no acostumbrado a la reflexión puede resultar al menos llamativo e impactante.
No somos nazis en tanto no somos racistas, no somos fundamentalistas islámicos en tanto continuamos siendo católicos. Pero no por esta situación de hecho estamos obligados a manejarnos con los lugares comunes establecidos por el sistema imperante. Somos personas libres por lo que consideramos que, aun si fuera cierto que se tratase en ambos casos de tremendos asesinos y genocidas, ello no representaría una razón suficiente como para privarnos de un análisis objetivo tratando de establecer las semejanzas y disonancias que existen entre ambas figuras sin tener tampoco que acudir a su vez a todas aquellas sagas que respecto de los mismos se han venido elaborando, en connivencia expresa o explícita con los censores, acerca de la no muerte eventual acontecida con ambos o su obediencia a otros intereses que no habrían sido los propios, todo ello con la finalidad manifiesta de disminuirlos en su importancia.
Hitler y Bin Laden por igual murieron luchando contra los mismos enemigos, los que podrían ser divididos en tres partes diferentes aunque solidarias: el capitalismo democrático yanqui-europeo, el comunismo ruso y el sionismo judío. Sin embargo las diferencias entre ambos han sido notorias. Si el alemán lo hizo originariamente desde una perspectiva nacionalista que incluyó también una variable racista, ya que en tanto heredero del romanticismo germánico consideraba a su raza como superior a las restantes (‘lo alemán es sinónimo de verdadero y justo’ (Fichte)), el árabe en cambio formuló tal conflicto a partir de una cosmovisión religiosa que abarcaba, a diferencia del nacionalismo, en tanto fenómeno originario del Occidente, a un conjunto variado de etnías y culturas sumamente diferenciadas por lo que su lucha puede ser encuadrada, más que por intereses propios de una determinada nación o grupo de éstas, como un conflicto entre concepciones del mundo antagónicas. El fundamentalismo islámico, así como otras expresiones afines existentes en otras religiones, representa un intento de retorno a la propia ortodoxia y rechaza al enemigo antes mentado no en tanto opresor, acaparador de riquezas o territorios, sino en tanto que la concepción del mundo en que el mismo se asienta es de carácter secular y materialista y por lo tanto contraria a su religión trascendente. Sin embargo convengamos también que, si bien el origen del conflicto suscitado por el nazismo en contra de esas fuerzas antagónicas estuvo determinado por una motivación nacionalista, con el transcuso del tiempo y ya adentrada la Segunda Guerra Mundial se fue transformando de a poco en una lucha por concepciones del mundo, tal como se pudo percibir por ejemplo en la evolución acontecida en la fuerza de las SS que terminaron asumiendo los caracteres propios de un conglomerado plurinacional y multiétnico agrupados en función de un conjunto de principios comunes.
Formuladas las semejanzas y diferencias esenciales existentes entre ambos, debemos acotar también que, si bien los dos tuvieron los mismos enemigos, la estrategia que formularon en contra de éstos fue sustancialmente diferente, así como también los resultados obtenidos. Si el nazismo, en tanto determinado por un influjo irracional y nacionalista cometió el error garrafal de enfrentar a los tres al mismo tiempo, dando ello por resultado imaginable una contundente derrota ante fuerzas inconmensurablemente superiores, el fundamentalismo islámico en cambio tuvo la gran sagacidad de ir combatiéndolos de a uno por vez y los resultados han sido por lo tanto sumamente diferentes. De acuerdo a una tesis propia también del tradicionalismo sustentado por Julius Evola el comunismo representa la última fase y más extrema de la decadencia materialista, de allí que si había que iniciar un proceso rectificador y correctivo había que comenzar luchando primero contra tal efecto último para ir remontándose luego hacia la causa final, concluyendo pues en aquello que es el origen último del problema. En la guerra de Afganistán, concluida en 1989 luego de casi 10 años de intensos combates, el fundamentalismo logró dar cuenta del comunismo ruso sucediendo así que tras ello dicho imperio se desmoronara raudamente.
Una vez terminada esa primera fase y a pesar de la manada de publicistas a sueldo o por simple vocación que manifestaron al unísono que en realidad los talibanes y Al Qaeda eran agentes de EEUU en tanto que habían eliminado a la URSS con la ayuda de la CIA, el paso siguiente fue dar cuenta de los mismos EEUU. Todo comenzó en Somalia en 1993 con una experiencia piloto que fuera el famoso operativo Halcón Negro en donde, tras derrotarse a una fuerza norteamericana de manera contundente, se logró hacerla salir de ese país, corroborándose así que se trataba de un tigre de papel al que se podía derrotar a pesar de toda la propaganda emitida en contrario. Para llegar finalmente a septiembre del 2001 fecha que puede sin más señalarse como un hito en la lucha de tal fuerza en contra de EEUU y la modernidad. Osama Bin Laden, que ha sido sin lugar a dudas un extraordinario estratega, tuvo por meta aplicar desde la perspectiva de su movimiento la misma estrategia que el Che Guevara sugería desde otro contexto: obligarlo a entrar en mil guerras para desgastarlo. Así fue como en octubre de ese mismo año lo hizo entrar en la guerra de Afganistán, luego dos años más tarde hizo lo propio con Irak y fue extendiendo los conflictos hacia otras regiones como el Magreb, Pakistán, Somalia, Yemen, etc. todos lugares en los cuales hay fuerzas norteamericanas operando por obligación. El resultado de todo ello ha sido un descalabro en todos los niveles que se percibe ya en nuestros mismos días. Antes del 2001 EEUU se reputaba como la superpotencia universal, ahora no sólo su economía crepita bajo la crisis galopante ocasionada por los inconmensurables gastos de una guerra de 10 años, sino que además se ha demostrado incapaz militarmente de acabar con una simple banda armada. Ya es una cosa admitida el fenómeno del ocaso del imperio norteamericano.
Pero faltaba el tercer enemigo, el que es reputado como la fuente de los dos anteriores: el sionismo judío *. Los múltiples intérpretes ‘geopolíticos’ y guitarreros que han abundando tanto en las filas de los pretendidamente alternativos y antiyanquis no se han cansado de señalarnos que el carácter regiminoso de la organización de Bin Laden habría quedado demostrado por el hecho de que nunca hubiese atacado a Israel, como en cambio lo habrían hecho otros regímenes como el de Saddam Hussein o el de Irán. Otro grave error de interpretación. Así como Bin Laden, a diferencia de Hitler, consideró que no había que atacar al poder norteamericano si previamente no se terminaba con el soviético, del mismo modo opinó que para vencer al sionismo era indispensable previamente dar cuenta de la estructura de poder que EEUU había armado en el Medio Oriente. Así pues una reciente revolución denominada como la ‘primavera democrática’ eliminó a dos de sus principales agentes, Ben Alí en Túnez y Mubarak en Egipto. Especialmente este último le brindaba a Israel una ayuda indispensable para seguir existiendo. A nivel económico a través de los gasoductos que pasan por el Sinaí y desde el punto de vista militar con un estricto control en la frontera de Gaza, así como Asad lo sigue haciendo en la del Golán hasta que triunfe la revolución que ha estallado en su contra, para evitar que desde allí circule una fuerza fundamentalista capaz de cruzar la frontera e inaugurar en tal territorio la experiencia kamikaze que tanto éxito produjera en Afganistán e Irak. Es esto lo que ha acontecido en los últimos meses tras la caída de Mubarak. Primeramente fueron destruidos los principales tramos del gasoducto del Sinaí y en esta misma región ha comenzado a operar una nueva rama de Al Qaeda conocida como ‘Al Qaeda en el Sinaí’. Ha sido esta organización la que en el día de ayer produjo su primer ataque en contra del sionismo eliminando en un operativo comando a 14 soldados de tal nacionalidad que iban de vacaciones. De este modo el 18 de agosto de 2011 será importante pues habrá significado el comienzo de la tercera etapa de la guerra llevada a cabo por el fundamentalismo, esta vez directamente en contra del sionismo una vez que se ha dado cuenta con uno de sus principales sostenes.
Finalicemos esta nota diciendo que otra diferencia entre el líder del nazismo y el de Al Qaeda es la siguiente. Si bien los dos murieron luchando por su causa en forma heroica, sin embargo lo que podemos acotar es que si tras la muerte del primero también se extinguió su movimiento en cuanto a posibilidades de eficacia, la muerte de Bin Laden, lejos de haber significado la extinción de su organización, ha en cambio multiplicado su influjo y operatividad.

• Otra diferencia que tenemos con el nazismo es que no nos reputamos antijudíos, sino solamente antisionistas, que es la forma actualizada que ha tenido en judaísmo en su proceso de secularización. Que a diferencia también con Al Qaeda consideramos que debería existir un frente interreligioso antimoderno del cual puede participar también el sector religioso del judaísmo que se opone a Israel.

Marcos Ghio
19/08/11

martes, 9 de agosto de 2011

REPORTE DE LA AGENCIA DE NOTICIAS KALI-YUGA

EL CICLO SE CIERRA

Por Walter Preziosi

domingo, 31 de julio de 2011

A PROPÓSITO DE LA MASACRE DE NORUEGA

(De pluma ajena)
La pesadilla es vuestra
-Pietrangelo Buttafuoco- 26 de Julio de 2011

En Il Foglio publicación italiana anticonformista

Poneos de acuerdo con vuestras pesadillas, queridos liberales de Occidente. Un masón admirador de Churchill que mata a ochenta y cuatro chicos en Noruega –y estamos hablando de un loco que habla la lengua de quien teme a Eurabia, afortunado eslogan de la llorada Oriana Fallaci –es cosa bien distinta de Osama bin Laden o de Rudolph Hess, dos a los que habéis borrado la tumba justo para hacer todavía más poderosos sus fantasmas, para mayor ganancia del parque de horror que gestionáis.


No vale acercar las fotografías del jeque armado con su kalashnikov a las del rubio biónico igualmente armado. Las dos imágenes no son especulares. Debéis poneros de acuerdo sobre con qué asustar y de qué asustaros porque cada fobia tiene su catálogo, no una misma fenomenología y si os habéis quedado sin el nazi-islam por la evidencia del reo confeso (qué ridícula de hecho todo esa repetición de mullahs de los periódicos liberales, específicamente de derechas, mientras las agencias emitían las noticias de la matanza que se estaba consumando) si entonces no tenéis al musulmán con el cual preparar la persecución, no podéis ahora salir del paso con el nazi-killer porque la sustancia es otra.


Sólo para empezar, ese, el noruego, sus trabajos de logia se los fabrica –o más bien, se los techa – con la Biblia en la mano que es vuestro libro, ¿no? E incluso ese guiño al white power no es la nación aria del Walhalla, no se trata de Thule ni del Carro de Krsna, sino de una variante del KKK, es decir, el racismo biológico de derivación protestante que es cosa cristianísima (incluida la cruz en llamas), óptimo para el folclore americano pero que no tiene nada que ver –en cuestión de filología y de historia –con todas las figurillas de las Legiones SS evocadas sin cuento porque, estas legiones habrán sido incluso el Mal Absoluto, pero eran tropas de asalto de un ejército transnacional compuesto por bosnios, indios, árabes, obviamente alemanes pero también turcomanos, tayikos, chinos, italianos, belgas, españoles, rusos, magiares, rumanos, mongoles, chechenos e incluso chamanes, una unidad de los cuales estaba compuesta por pieles rojas, con los cuales probablemente se habría creado el infierno sobre la tierra pero difícilmente una “nación blanca”.


Poneos de acuerdo entonces, especialmente vosotros, queridos liberales de derivación derechosa, para competir con vuestros exorcismos y resignaos a un hecho evidente: a fuerza de evocar los fundamentalismos, especialmente los inventados artificialmente, os nacen en casa fundamentalismos auténticos. Y con raíces ideológicas generadas por abortos monstruosos como es, antes de nada, la xenofobia. La xenofobia de los viñetistas del Profeta, la de quienes queman el Santo Corán, la de los miserables negocios electorales a los que siempre dais una palmadita afectuosa también vosotros, colegas periodistas de la opinión liberalcapitalista, por el servicial encargo que os hacen quienes luego se convierten en diputados, ministros y administradores del resplandeciente occidente: el de tener lejos a los sarracenos con vuestras fiestas del odio. Era de manual el editorial de Magdi Allam en el Giornale. Explicaba que la culpa de la masacre acaecida tenía que buscarse en la extrema liberalidad de Noruega, demasiado tolerante con los musulmanes y, por tanto, terreno de cultivo de los inquietos incapaces de sostener tanta multietnicidad. ¡Cuando se habla del Abad Vella! (cfr. “Il Consiglio d’Egitto”, Leonardo Sciascia).


Y mientras os ponéis de acuerdo con vuestras propias pesadillas, sin embargo, una cosa: no os equivoquéis hablando, nos soltéis ligerezas como la de colorear la biografía de este loco armado con Odín, con las divinidades nórdicas en general, con el panteón sacrísimo de hielo y luz, porque, precisamente –unicuique suum –Anders Behing Breivik, de hecho, por su parte, había escogido para sí la Biblia. Aquí no se quiere hacer la raposería de pagar con la misma moneda pero que no se venga hablando de citas equivocadas del killer sólo porque no os encaja la pesadilla con el fantasma. Por lo que a nosotros respecta, aquí se trata de poner un freno en nombre de y por la Tradición: el caso de Odín y de las runas no puede por tanto ser considerado como el escroto, casi una cubierta útil para tapar el mal allí donde faltan los utilísimos musulmanes a quienes adjudicar un exterminio. La Tradición, en definitiva, no se plantea nunca el bíblico problema de enderezar la madera torcida de la humanidad. Eso es asunto vuestro. La Tradición, precisamente, no es bíblica y sobre todo no admira a Churchill. Más bien contempla el Sol. Y el Carro de Krsna.

viernes, 22 de julio de 2011

RELIGIOSIDAD INDOEUROPEA

por Julius Evola

INTRODUCCIÓN

Este texto que presentamos a continuación tiene un valor especial en tanto que Evola rechaza aquí lo sostenido por un conocido suyo, el joven y talentoso Adriano Romualdi, muerto tempranamente de manera trágica, y por extensión por el maestro de éste, el pensador alemán Hans Günther importante investigador sostenedor de un racismo biológico.
Lo que ambos autores sostienen es la adhesión a una herencia común a los europeos que trascendería los distintos nacionalismos particularistas, tal es lo que denominan como indoeuropeo y respecto de lo cual se encargan de darnos una serie de caracteres que según ellos serían propios de tal raza. Evola, si bien concuerda con gran parte del valor que se atribuye a los mismos, pone en claro en este texto que él no es racista y que tales valores, si bien pueden haber tenido su manifestación (incluso mejor que en otros casos) entre tales pueblos no son exclusivos de ninguna raza en particular sino que forman parte del patrimonio de toda la humanidad en su conjunto. Es decir que él no cree en la existencia de razas superiores y considera que el fenómeno de la decadencia no es de carácter racial, como el producto de determinados mestizajes, sino que forma parte del mal uso que pueden haber efectuado determinadas comunidades de su libertad.
Y en segundo lugar considera que el término raza solamente tiene valor positivo por su carácter selectivo presente en el seno de cualquier comunidad, representando aquella condición propia de determinadas élites que poseen naturalmente ciertos valores que en los demás en cambio deben ser adquiridos a través de un largo aprendizaje. No es pues una categoría propia y común de un determinado pueblo, en este caso el indoeuropeo, sino que es una cosa que aparece en forma excelente y paradigmática solamente en algunos.
El tercer valor de este texto es el rechazo de Evola hacia la idea de lo indoeuropeo concebido como fundamento doctrinario a utilizar por parte de los pueblos que constituyen una determinada comunidad de naciones, lo que hoy ha dado en llamarse como la Unión Europea. Evola desdeña de tal posibilidad y considera que no es detrás de un ideal racial de superioridad lo que puede darle una unidad a su continente, sino en cambio el rechazo pleno del ideal democrático, aun concebido bajo la forma racista, a fin de que los hombres de raza verdaderos, las élites, sean los que efectivamente gobiernen. Hoy la quiebra de la unidad europea, su inminente colapso monetario, entidad en la que ésta se funda, le está dando plena razón a su escepticismo formulado hace 41 años respecto del ideal de Europa una sostenido en su momento también por los indoeuropeistas. (M.G.)


En el período anterior se sostuvo por parte del movimiento que estuviera en el poder en la Europa central la exigencia justa de que una lucha política no puede ser completa si no se encuentra fundada en una concepción del mundo. El término que habría de convertirse en un estereotipo, Weltanshcaung, significaba la actitud general que el hombre debía asumir no sólo ante el mundo y la vida, sino también en relación a los valores éticos y espirituales, en modo tal de abarcar en una cierta manera los mismos problemas religiosos. Y para llevar a cabo esta lucha en un plano superior se pensó que la mejor fórmula fuese la del retorno a los orígenes, es decir la remisión a las ideas y a la manera de sentir que fueron conocidos antes de que manifestasen todo su poder aquellos factores que han dado forma a la civilización última conduciéndola hacia el spengleriano ‘ocaso’ (espiritual) ‘del Occidente’.
Muchas veces sin embargo la mencionada orientación tuvo un aspecto ‘racista’. Se habló de ‘arianidad’, de herencia nórdica-germánica y de cosas similares. El peligro de una limitación de los horizontes debida sea al racismo, como a una utilización unilateral y tendenciosa de las ideas en función simplemente germánica, resultó algo sumamente evidente. Esto se nos aparece de manera notoria en un libro que en el Tercer Reich tuvo una gran difusión, El mito del siglo XX, de Alfred Rosenberg, el cual en el fondo era apenas una compilación basada en materiales de tercera mano sumamente heterogéneos. Menores reservas en cambio se nos imponen respecto de las investigaciones de un especialista, el profesor Hans Günther, autor de numerosas obras sobre las razas y las civilizaciones antiguas, comprendidas las de Grecia y de Roma. Es digno de mención un ensayo suyo en el cual trató de definir la concepción fundamental del mundo y la religosidad de los pueblos indoeuropeos manteniéndose en un plano desapegado de las contingencias políticas. Este ensayo ha sido reeditado (en una sexta edición) aun después de la guerra y ahora ha aparecido en una traducción italiana (para las Ediciones Ar) a cargo de Adriano Romualdi y Carlo Minutoli. El título originario de la obra era Frömigkeit nordischer Artung, es decir ‘La religiosidad de tipo nórdico’; el italiano es en cambio Religiosidad indoeuropea, modificación esta última que nos parece oportuna y que permite obviar las diferentes reservas que, en razón del uso del término ‘nórdico’, habría que hacerle a las tesis del autor. ‘Indoeuropeo’ es un concepto sumamente más vasto en tanto que el mismo retoma diferentes estirpes y civilizaciones pertenecientes a la raza blanca, comprendidas sus manifestaciones asiáticas (los Indoeuropeos de Irán, de la India, etc.) que son también tenidas en consideración por Günther, aun si nos queda el inconveniente relativo a la tesis respecto de que el núcleo originario formativo de todas estas civilizaciones hubiese sido de origen ‘nórdico’. Aun concediendo que tal término debe ser entendido aquí en manera particular, con referencia a migraciones de pueblos primordiales, en modo tal de no aplicarse meramente a las poblaciones nórdico-escandinavas o germánicas-septentrionales de los tiempos más recientes, sin embargo no puede dejar de haber a tal respecto algunos equívocos.
Los mismos podrían ser favorecidos en parte por el amplio “Ensayo sobre el problema indoeuropeo” de Adriano Romualdi que aparece como introducción del texto de Günther y que en cuanto a su extensión es más del doble del mismo. Se trata de una monografía desarrollada muy seriamente, con una amplia y variada documentación que retoma todo aquello que a partir de investigaciones filológicas, antropológicas, étnicas, históricas y culturales se ha manifestado respecto de los orígenes indoeuropeos, manteniéndose sin embargo la tesis nórdica con un notorio acento racista.
Pero independientemente de ello nos parece apropiado atenerse a la extensión propia del concepto de ‘indoeuropeo’ y no sin relación por lo demás con aquello que ha impulsado a la actual traducción italiana del ensayo de Günther. Se trata a tal respecto de la actitud de retomar la exigencia de la ‘lucha por la concepción del mundo’ en un marco ya no más germánico-nacionalsocialista, sino europeo. Escribe al respecto Romualdi (p. 6):
“Todos nosotros, y en particular nosotros, los de la nueva generación, sentimos que nos encontramos en una encrucijada histórica. Las antiguas perspectivas nacionales, tal como fuimos educados, se quiebran a nuestro alrededor por todas partes. Una autosuficiencia de la patria italiana, o francesa o germánica, y con ésta la particular interpretación histórica sea italiana, francesa o germánica, no existe y no debe existir más. Nacionalistas sin nación, tradicionalistas sin tradición, nosotros buscamos reconocernos todos en una patria y en una tradición más vastas”.
A tal respecto vuelve a proponerse la idea indoeuropea sea como mito de los orígenes comunes, sea como idea capaz de otorgarle un sentido a una unidad europea u occidental que no se reduzca a un conglomerado informe. Pero es justamente por ello que la connotación ‘nórdica’, a pesar de cualquier precisión que se efectúe, aparece como una cosa equívoca. Puesto que la mayoría no puede ser llevada a alguna referencia concreta, entre otras cosas incluso se hace ostensible que son justamente los pueblos europeos nórdicos (comprendidos a esta altura lamentablemente los mismos Alemanes) aquellos que son en la actualidad los últimos en sentir exigencias de tal tipo y en encarnar este tipo de concepción del mundo.
Pero ya a esta altura es necesario decir algo respecto del ensayo de Günther. En general, hay que resaltar que hubiera sido oportuno atenerse sobre todo a una consideración de carácter morfológico reduciendo al máximo los factores raciales, es decir definir sólo una cierta forma de los valores y del modo de sentir y de comportarse, presentándolo sobre todo como un ‘ideal’. En efecto se le podría formular a Günther una muy fundada objeción metodológica, resaltando cómo él muchas veces se mueva en un círculo vicioso. En efecto, él reconoce que las fuentes de su investigación no pueden estar constituidas por el material aportado por los pueblos nórdicos en sentido propio, incluso las antiguas concepciones germánicas habrían sido alteradas por aportes extraños, célticos y ‘druídicos’, incluso la mitología nórdica por excelencia, la de los Edda, sería muy poco utilizable como verdadero documento del espíritu nórdico; Günther considera como fuentes mejores aquellas que se pueden recabar del antiguo mundo helénico, romano, iránico, y en parte también hindú, dentro de cuyo conjunto él sin embargo opera una cierta discriminación: aísla ciertos elementos de otros, que se encuentran presentes pero que no pueden ser remitidos a una idea en el fondo preconcebida en forma apriorística como ‘nórdica’ (o ‘aria’ o ‘indoeuropea’), él los refiere a influencias extrañas, a alteraciones raciales producidas por cruzas, etc.: procedimiento equivalente a aquello que en lógica se define como petición de principio. Tal objeción perdería parte de su fuerza en el caso de que se tratase de una impostación esencialmente ‘morfológica’. Luego las referencias de Günther se refieren esencialmente a élites, y aquí vale como un postulado que es en las élites en donde se habrían conservado los valores de la raza originaria portadora de una superior concepción del mundo. Es así como Günther dice (pg. 116):
“En verdad mucho de aquello que nos es descripto como formando parte de la religión indoeuropea no es otra cosa sino la expresión de castas inferiores que habían aprendido a expresarse en lengua indoeuropea”,
lo cual es una señal del mencionado procedimiento de discriminar a priori. No hay pues duda de que por parte del autor se ha idealizado y generalizado mucho, haciendo silencio respecto de todo aquello que no se conformaba con su tesis.
En cuanto a las características que según Günther no serían indoeuropeas, hallamos la concepción de un Dios trascendente al cual uno se aproxima servilmente y por miedo, así como la concepción del hombre como mera ‘creatura’.
“Puesto que no es el siervo de un Dios soberano, el Indoeuropeo no reza prostrado de rodillas, sino de pié, con los ojos hacia el cielo y los brazos extendidos hacia adelante”. (pg. 122)
Él tiene un sentimiento de vinculación y de familiaridad con lo divino, con los ‘dioses’. El mundo para él no es ‘creado’, sino eterno, ‘sin principio’ y sin fin. No conoce un dualismo entre ‘este mundo’ y el ‘otro mundo’, por lo menos aquel dualismo a través del cual el primero es devaluado respecto del segundo y sólo en el segundo concentra el espíritu. En parte como consecuencia, no es sentido ni siquiera un contraste “entre cuerpo perecedero y alma inmortal, entre la carne y el espíritu”. Carecería pues de la ‘redención’, como del pecado, de la salvación por obra de un ‘Salvador’ y no como una “autoredención del alma que se purifica y se sumerge en lo profundo del propio ser” (tal sería la orientación del misticismo indoeuropeo), como aquella superación de las pasiones en la cual consistiera la vía del primer buddhismo y también del estoicismo. En cuanto al ‘pecado’, en la manera de sentir indoeuropea se sustituiría el concepto de ‘culpa’ por el de responsabilidad que un ‘alma noble’ es capaz de asumir.
Por parte del Indoeuropeo el mundo habría sido concebido como orden y como kosmos, como un todo formado por una ratio superior. Pero esta característica nos parece que no concuerda demasiado con la otra, indicada por igual por Günther, relativa a una concepción ‘agonista’: el mundo como arena de una permanente lucha, en correspondencia con “la vocación hereditaria y congénita al combate” por parte del Ariano o Indoeuropeo. En efecto, esta segunda concepción presupone evidentemente un dualismo, no la existencia de un orden racional universal, sino también la presencia de alguna cosa antitética respecto del mismo, del kosmos, contra la cual combatir. Mayores reservas impone luego la idea, para nosotros errada, de que los Indoeuropeos “habrían tenido siempre la inclinación en ver en la fuerza del Destino una cosa superior a los mismos dioses, sobre todo los Hindúes, los Helenos y los Germanos” (pg. 129).
No vemos cómo pueda fundarse una idea semejante, la cual, en todo caso ha prevalecido en áreas no reputadas propiamente como indoeuropeas (como en la tardía civilización etrusca y en la pelásgica, no-helénica y justamente Bachofen pudo mostrar el origen pelásgico, no-helénico, que en cambio Günther denominaría ‘no-nórdico’, de aquello que en la antigua Grecia se resintió de aquella oscura idea fatalista). Günther en cambio la conserva pues le sirve para indicar, como ulterior característica del hombre indoeuropeo, la aceptación del destino o el mantenerse inquebrantable frente al mismo:
“orgullosa fiereza con la cual se acepta el Destino que incumbe a la propia existencia, que él hace frente de pié manteniéndose así fiel a sí mismo” (pg. 131).
Por lo demás Günther opera un grave menoscabo de la herencia de la espiritualidad indoeuropea al negar y desconocer aquella que podemos denominar como la “dimensión de la trascendencia” en el orden humano no menos que en el divino (en donde reinaría el Destino y no una suprema libertad), no teniendo en forma apriorística para nada en cuenta testimonios múltiples y unívocos en un sentido opuesto. Por suerte Günther no ha insistido en una tesis anterior, según la cual los Indoeuropeos ‘nórdicos’ tan sólo cuando emigraron al Asia y al haber hallado tierras insoportables por el clima y ambiente fueron determinados a invertir su originario impulso de ‘afirmación de la vida’ por uno en el fondo extraño a su raza (artfremd), el de liberarse de la vida, comprendida ahora como ‘dolor’. De hecho un ideal fundamental indoeuropeo ha sido el de la “Gran Liberación”, de la conquista de lo Incondicionado (por ejemplo en el buddhismo de los orígenes), de la salida del ‘ciclo de la generación’ (en la Hélade).
Y esto ha sido así porque en Günther han tenido primacía ciertas preocupaciones ‘racistas’ las cuales a pesar de todo lo que hemos recién mencionado no han podido evitar terminar dándole un carácter naturalista a sus interpretaciones. Así pues, por ejemplo, para él resulta inexistente el hecho de que justamente en la tradición indo-aria la ‘vía de los dioses’ (deva-yana) que conduce hacia lo Incondicionado fue contrapuesta a la ‘vía de los padres’ (pitri-yana) que es la de aquellos cuyo destino es el de perpetuarse en la vida de su estirpe de aquí abajo.
Aquí es donde se hacen sentir las consecuencias de la presunta inescindibilidad entre cuerpo y alma, la cual termina coartando toda superior concepción de la inmortalidad. En el fondo Günther termina reduciendo los horizontes espirituales a una ‘inmortalidad inmanente’ (efímera), que consiste en la perpetuación y continuidad en la estirpe y en la raza, respecto de la cual un sujeto forma siempre parte, lo cual “en el orden de las generaciones produce perennemente la vida” (pg. 147). Si bien con intentos de mitigación, Günther termina viendo en el panteísmo, que implica una negación de toda verdadera trascendencia, un rasgo fundamental de la religiosidad ‘ariana’ (hallamos en él la expresión “inspirado panteísmo naturalista”), lo cual equivale a degradarla arbitrariamente, así como sostener un sospechoso ‘culto a la vida’ como contraparte. Es bueno tener presente que no se debe confundir con el ‘panteísmo’ una concepción sacralizadora del mundo, que fue propia de los orígenes y que debe decirse tradicional en sentido general, y que de ninguna manera debe sostenerse como una prerrogativa únicamente ‘aria’ o indoeuropea.
Es en el campo de la ética que en parte las caracterizaciones de Günther tienen un valor más convincente. Él habla de los ideales de la firmeza y de la grandeza de ánimo, de un natural dominio de sí mismo, de un también natural sentimiento de las distancias y de no promiscuidad, de la desconfianza por todo abandono del alma y por lo tanto hacia un desordenado, anhelante misticismo. Además, el sentimiento del honor, la disposición a la fidelidad y a la lealtad, una medida, consciente dignidad y la humanitas en la acepción clásica, el amor por la verdad y la repugnancia por toda mentira. La libertad es un ideal, sin embargo en la perspectiva indicada por el dicho de Goethe:
“Todo aquello que libera a nuestro espíritu sin elevarnos a un mayor señorío sobre nosotros mismos, nos corrompe”.
La ética que se articula en tales valores, para Günther sería ‘natural’ en el Indoeuropeo, no ligada a preceptos exteriores (así como la religiosidad indoeuropea sería ‘natural’ y no determinada por ‘revelaciones’).
En esto se puede estar de acuerdo tan sólo en parte, pero con referencia a una concepción no-racista de la raza. El ser ‘de raza’ en un sentido superior encuentra justamente como una cosa natural actuar y comportarse de una determinada manera, sin referencias externas. Pero aquí no es el caso de hablar de algo que sea propio de la ‘raza’ indoeuropea. Tales cualidades éticas naturales del ‘hombre de raza’, para dar un ejemplo, están también presentes entre otros pueblos (bastará tan sólo la referencia a la nobleza tradicional del Japón) y la mención a lo ‘tradicional’ no es una cosa extrínseca, a tal respecto se puede considerar también aquello que se convierte en congénito en base a una rigurosa tradición. En cuanto a la ‘nobleza’, resaltémoslo de pasada, es bastante curioso el hecho de que Günther hable frecuentemente del espíritu y de la noble ética de una “aristocracia campesina” (en todo caso, habría que hablar de una aristocracia feudal). Aquí nos parece percibir el eco de un slogan ‘racial’ del hitlerismo, ‘sangre y tierra’, por el cual en nombre de un determinado ‘arraigo’ y de una cierta política era liquidado el precedente mito de las razas arias originarias como las de los cazadores y conquistadores emigrantes ávidos de grandes distancias y de lejanos horizontes.
Se ha ya hecho mención al hecho de que para aislar los elementos ‘nórdicos’ Günther ha debido poner sistemáticamente a cargo de postuladas contaminaciones raciales debidas a cruzas y a influjos exógenos desnaturalizadores todo aquello que en las sociedades indoeuropeas, aun siéndoles cosas presentes de hecho, no correspondería a los mismos valores y comportamientos. Nuevamente esto delata la subyacencia del racismo biológico el cual tiene muy poco en cuenta el hecho de que las mezclas no son el único factor de alteración puesto que son posibles procesos de involución, de decadencia y de colapso en el contexto del mantenimiento de una suficiente integridad originaria de sangre. Ya al comienzo hemos notado que justamente los actuales pueblos mayormente ‘nórdicos’, que se han mantenido tales más que los otros, son particularmente insensibles a los ideales ‘nórdicos’ tal como Günther los define. En el contexto histórico bastará tan sólo recordar este ejemplo. Günther considera justamente como extraño a la línea ‘aria’ el espíritu de la Reforma protestante en razón de su exasperación de los conceptos del pecado y de la naturaleza irremediablemente corrompida del hombre, del confiarse a la sola fe, a la necesidad de la gracia gratuitamente acordada por Dios, de la servidumbre humana (de servo arbitrio- Lutero). Bien, la Reforma hizo pié sobre todo entre los pueblos alemanes y nórdicos, mientras que los pueblos más al sur o al occidente, a los que se reputa como alterados en mayor medida por cruzas, permanecieron refractarios a la misma.
Hacia el final de su ensayo (pg. 172) Günther escribe:
“Con el siglo XX los Indoeuropeos comenzaron a eclipsarse en el mundo de la espiritualidad y de la historia. Hoy en día todo aquello que en la música, el arte, la literatura (se debería agregar: la moral y las formas políticas predominantes) del ‘Occidente libre’ es reputado como particularmente ‘progresivo’ no refleja más una espiritualidad indoeuropea”.
Esto nos parece justo, pero tan sólo si somos capaces tal como dijimos de definir aquello que es indoeuropeo en términos esencialmente morfológicos y generales, sin estrictas referencias étnico-raciales. En cuanto luego a la capacidad de conjunto de los valores ‘indoeuropeos’ (también con el fin de superar alteraciones, unilateralidades o evidentes idealizaciones del tipo de las precedentemente mencionadas) de poder operar como una nueva solidaridad y unidad supranacional occidental, dados los tiempos actuales por los que transitamos, a diferencia de lo que dice Romualdi, somos sumamente escépticos: no creemos para nada que pueda visualizarse algún suelo apto de resonancia y cristalización.
Por lo demás, un análogo sentimiento parece manifestarse en el mismo Günther cuando en el prefacio de la última edición de su interesante ensayo (pgs. 105-106), al referirse “a nuestros tiempos, en la era del ocaso del Occidente Spengler dice: ‘Aun si aquello que permanece en el mundo europeo occidental tuviese que perecer por la carencia de verdaderos Indoeuropeos de raza, es decir de verdaderos Occidentales, permanecerá de todos modos un sentimiento arraigado en la tradicional espiritualidad indoeuropea, aquel sentimiento que fuera ya de los últimos Romanos, Romanorum ultimi, en un imperio ya no más ‘romano’ el sentimiento del carácter inquebrantable ante el destino… por lo cual ya Horacio exhortaba: Quocirca vivite fortes, - fortiaque adversis opponite pectora rebus!”
Una instancia de tal tipo, por lo demás recabable tan sólo por parte de pocos y quizás a ser modulada mayormente en el sentido de una desapegada impasibilidad, nos parece más realista que cualquier optimismo de trasfondo ‘nostálgico’ (en el sentido negativo dado a este término en relación a un cierto aspecto de ciertas orientaciones políticas italianas), con la correspondiente nueva evocación de los orígenes nórdicos.

Il Conciliatore, agosto 1970.

domingo, 19 de junio de 2011

EL FORTÍN

Nº 59 (Mayo-Junio 2011)

LA CLAVA
(Columna de combate doctrinario)

BIN LADEN Y LOS MILITARES ARGENTINOS
por Marcos Ghio
Días pasados en un interesante escrito, Cosme Beccar Varela hacía notar, glosando un dicho televisivo del periodista Lanata, la circunstancia peculiar y dramática al mismo tiempo por la que hoy en día, a diferencia de lo que aconteciera en otras épocas, el oficio militar ha caído en un descrédito tan grande en el seno de la sociedad argentina que cualquiera de su integrantes se siente en condiciones de poder execrar pública e impunemente a un general sin que éste atisbe ni siquiera a una reacción de defensa y que incluso se haya dado el caso de que el uniforme, que en otras épocas despertaba sentimientos de admiración, hoy por el contrario deba ser casi escondido y recluido en los cuarteles como un signo de vergüenza y humillación. (SIGUE)
ARGENTINA: A PROPÓSITO DE LA NUEVA DISYUNTIVA ELECTORAL
DEMOCRACIA E IMPOSTURA

2 de Mayo 2011
¡GLORIA AL HÉROE!

LA OLA DEMOCRÁTICA

LA GUERRA TOTAL (en 2011)
por Marcos Ghio

LA GUERRA TOTAL* (en 1936)
por Julius Evola

REPORTES DE LA AGENCIA KALI-YUGA
por Walter Preziosi

LA MUERTE DE OSAMA BIN LADEN Y LA GUERRA DE CIVILIZACIONES

LAS REPRESALIAS DE AL QAEDA

DOCTRINARIA:

ACERCA DE LA DEMOCRACIA.
EL IGUALITARISMO. DERECHOS Y DEBERES
por Eduard Alcántara