viernes, 1 de mayo de 2015

RAMÍREZ: LOS LÍMITES DEL NACIONALISMO

LOS LÍMITES DEL NACIONALISMO

   

      Frente a las dos grandes ideologías de la subversión moderna, el liberalismo y el marxismo, se ha intentado y se lo sigue haciendo, dar una respuesta través del nacionalismo. Tanto el liberalismo como el marxismo han difundido  concepciones del mundo y de la vida de carácter universal pretendiendo darle validez en todo tiempo y lugar, y haciendo abstracción de las peculiaridades típicas de cada pueblo, de su religión, cultura, usos y costumbres.
     A riesgo de simplificar en extremo, digamos que para el liberal su verdadera patria está donde está la libertad; para el marxista la suya se identifica con el lugar dónde reina la igualdad, y para todos ellos donde hay democracia, la gran subversión moderna que los aúna a todos.
     Frente a estas dos grandes ideologías modernas, los nacionalismos han intentado una respuesta pero que por su misma naturaleza está limitada a determinado espacio y a determinado pueblo, no se plantea ir más allá de las fronteras y teniendo siempre presente la idea moderna del estado-nación. La idea del estado-nación si bien tuvo un lento desarrollo, eclosionó manifiestamente a partir de la revolución francesa, y esta idea yace en el fondo de toda concepción nacionalista, o sea que los nacionalismos no pueden vertebrar una concepción universal a diferencia del  liberalismo y el marxismo que sí lo hacen. Los nacionalismos viven encerrados en esa idea. Escuchaba a un nacionalista decir que la idea más valedera que había aportado la modernidad era la del estado-nación, y otro que decía intentando rebatir la idea de un movimiento tradicional universal, “que si  no podemos arreglar los problemas entre nosotros cómo vamos a ir a buscar ayuda en los de afuera”.  Ambos ejemplos, y podemos citar muchos más, ponen de manifiesto los límites que a sí mismos se imponen los nacionalistas. En el primer caso tomando como base de su política al concepto moderno de “nación”, es decir, que parten de una idea moderna para combatir al mundo moderno lo cual es una incoherencia. En el segundo caso, se renuncia al desarrollo de un movimiento universal y mundial para enfrentar a las dos ideologías subversivas.
Queremos hacer la salvedad de la diferencia entre nacionalismos y nacionalidades. Estas últimas siempre han existido, se trata de agrupamientos naturales y espontáneos que pueden coexistir en una realidad superior como ser el Imperio al cual se encuentran subordinados. Imperios de esta naturaleza los hubo como lo fueron el hispánico y el austrohúngaro y que superaron las ideas de nacionalismo y de racismo pero nunca cayeron en los estrechos límites del estado-nación. En este sentido Imperio es lo contrario de Nación.
     Y viendo las cosas en un sentido más material, ¿cómo puede un estado nacional con sus solas fuerzas hacer frente al apabullante poderío de las fuerzas que pretenden imponer un gobierno mundial de orden material, económico y financiero? ¿De entidades que cuentan cada una de ellas con presupuestos superiores al de muchos estados en conjunto? ¿De organizaciones en las cuales son unos pocos los que deciden qué hacer en el mundo, mientras en los estados democráticos, el gobierno, no el poder, se encuentra repartido en la nefasta división de poderes que se contraponen unos con otros en el marco de una democracia de masas libradas a sus sentimientos y pasiones del momento?
    Únicamente una política fundada en la concepción tradicional del mundo y de la vida, de carácter universal, heroico, viril y guerrero podrá superar a la concepción ya finiquitada del estado-nación.
     Tenemos el ejemplo ante nuestros ojos del  naciente Estado Islámico que no se encierra en fronteras nacionales sino que tiende a abarcar territorios de varias naciones y concita la adhesión de regiones apartadas en África y Asia, apoyándose en la religión y no en sucedáneos perimidos de la modernidad.

San Carlos de Bariloche, 20 de abril del 2015

JULIÁN  RAMÍREZ



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