lunes, 13 de noviembre de 2017

EL FORTÍN Nº 86

Nº 86 (Agosto-Noviembre 2017)

A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA

MEINVIELLE Y EVOLA: ANTICOMUNISMO GÜELFO O GIBELINO

Conferencia dictada en Buenos Aires el 10/11/17 en ocasión de presentarse la obra de Julius Evola, Escritos sobre el Comunismo.

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Esta charla versará sobre las relaciones existentes entre dos formas distintas de concebir el anticomunismo y por extensión las causas últimas que originaron el movimiento iniciado en Rusia con la Revolución de 1917, de la cual se cumplen en estos días los 100 años. La razón de esta diferencia esencial deriva de un conflicto originado en la alta Edad Media entre güelfos y gibelinos y en el que, de acuerdo a nuestro punto de vista, se encuentra la explicación última de la decadencia que hoy vivimos por lo que a partir de allí se abren aun en la actualidad dos perspectivas antagónicas. Por tal razón, en ocasión de presentar la obra de Julius Evola a nuestra lengua, Escritos sobre el comunismo, la pondremos en contraste con lo que otro autor de extracción güelfa a quien conociéramos en vida, el padre Julio Meinvielle, escribiera sobre el mismo tema.



jueves, 9 de noviembre de 2017

A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA Y DE LA DECLARACIÓN BALFOUR

A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA Y DE LA DECLARACIÓN BALFOUR


Se cumplen en el día de hoy dos fechas concurrentes y sumamente beneficiosas para la fuerza sionista: la Revolución Rusa de 1917 y la Declaración de viceministro británico Balfour por la cual se establecía que iba a constituirse el Estado de Israel. Que la revolución rusa fue un hecho sionista queda demostrado por una serie de datos esenciales. Además de la composición judeo ashkenazi mayoritaria del grupo dirigente de tal revolución hay dos acontecimientos a nuestro entender esenciales. La revolución de noviembre fue en realidad un golpe de Estado efectuado por la minoría bolchevique que, gracias a los oficios de Kerensky quien gobernara el país luego de la Revolución de Febrero de ese año, se hizo de un verdadero arsenal militar con la excusa de que tenía que detenerse el golpe de estado del mes de julio que debería haber efectuado el general zarista Kornilov, cosa que nunca sucedió. Pero los actos indicativos de tal orientación y que denotan el contenido último de tal revolución fueron el asesinato inmediato y fulminante del monje Prainatis en su propio monasterio por el grave delito de haber revelado textos secretos del Talmud y la ejecución efectuada pocos meses más tarde de la totalidad de la familia real en el exilio de los Urales en que se encontraba. Se recuerdan al respecto los siguientes hechos sintomáticos. Quien le leyó al zar Nicolás II la orden de ejecución (dos veces pues el zar no lo podía creer) y que procedió a organizarla fue el bolchevique Jacob Yurovsky quien actuó en tal hecho practicando una ceremonia de crimen ritual, práctica reconocida especialmente por el eminente estudioso judío de la Universidad e Haifa e hijo del rabino italiano Toaff. El mismo reconoció que la misma se efectuaba en ciertos comunidades de origen ashkenazi con la finalidad de producir hechos mágicos y propiciatorios. En este caso además de matarse a los 7 miembros de la familia (la pareja real y sus cinco hijos) se trató de componer el número once que bien sabemos tiene un carácter sagrado pues once fueron los discípulos que permanecieron fieles a Jesús luego de su crucificción. Para resolver tal inconveniente se incluyó en la lista de ejecutados al médico del zar y como faltaban aun tres para alcanzar la mágica cifra, se incluyeron a tres sirvientes en la lista, participando de tal ceremonia hasta un adolescente quien fue sacrificado para completar el fatídico número requerido. En julio de 1991 fueron encontrados 9 esqueletos y los dos restantes en 2007 hace 10 años por lo que quedó comprobado que efectivametne fueron 11 los ejecutados.
En la foto de abajo aparece una foto de Lenin sin barba ni bigote utilizada con la finalidad de ingresar clandestinamente a Rusia en circunstancias previas a la Revolución y favorecido por el ejército alemán.

viernes, 3 de noviembre de 2017

IZQUIERDA Y DERECHA EN SENTIDO TRADICIONAL

IZQUIERDA Y DERECHA EN SENTIDO TRADICIONAL

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La derecha y la izquierda siempre fueron caracterizadas como las vías adoptadas por las personas en los distintos ámbitos de la vida, aun en el político. En la antigua Roma quien por vez primera estableció con exactitud estas dos vías fue Menenio Agripa en el siglo V a.C. en donde, a través de un famoso discurso, desbarató una revuelta de la plebe que se había recluido en el monte Aventino (el primer paro general que conoce la historia) considerando que se encontraba en condiciones de gobernarse a sí misma sin la participación de los patricios. Ante lo cual formuló la recta via consistente en una concepción organicista del orden social en donde así como en un cuerpo el cerebro es el que ordena y no ejecuta, las otras partes en cambio son ordenadas y ejecutan. De este modo se formularon así dos vías distintas: la recta (derecha) via y la sinistra (izquierda) via que significaba un desvío respecto del orden natural.
Tuvieron que pasar 2300 años para que la plebe, que había sido convencida por un discurso que apelara al sentido común, volviese a la palestra con un reclamo similar al del monte Aventino. Luego de haber tomado por asalto la Bastilla liberando a violadores consuetudinarios como el marqués de Sade, efectuó una asamblea en donde aparecieron dos partidos: los Girondinos que se ubicaron a la derecha y los Jacobinos a la izquierda y en el centro los que no estaban decididos todavía. Los Girondinos querían una monarquía parlamentaria del estilo constitucional como la británica y los Jacobinos en cambio la República. Pero en ninguno de los dos casos se trató de una posición de derecha pues tal monarquía no era ni la absoluta y menos aun la tradicional. En la misma como ahora el rey reina pero no gobierna, sino en cambio lo hace el pueblo, es decir tanto en la pretendida izquierda y derecha rige aquí el principio democrático que es justamente lo que rechaza el fascismo. Pero la cosa no terminó allí. Más tarde tales categorías, tal como hoy sucede, pasaron a ser sinónimo de conservar o cambiar. Por derecha pasó a comprenderse el que defiende el statu quo y por izquierda el que quiere cambiarlo sin tener para nada en cuenta qué es aquello que se conserva y qué tipo de cambio se propone. Por tal razón hoy se ha llegado a la hipérbole de no sólo considerar como de derecha a los antiguos jacobinos liberales que antes representaban la izquierda sino incluso a los antiguos comunistas que se oponen a las reformas que se proponen. Por lo tanto si de lo que se trata es de repudiar al sentido relativista que la modernidad le ha dado a tales conceptos como a tantos otros, desde ya que estamos de acuerdo con hacerlo y en tal sentido no somos ni de izquierda ni de derecha en tanto que no nos reputamos ni girondinos ni jacobinos. En cambio si de lo que se trata es de considerar a ambos conceptos de acuerdo a su sentido original y verdadero, estamos sin más con la recta via que propusiera Menenio Agripa contrastando con la sinistra via de la plebe vuelta a exhumar con la nefasta Revolución Francesa.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LENIN Y MUSSOLINI

LENIN Y MUSSOLINI

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En vísperas de conmemorarse el centenario de la revolución bolchevique de 1917 vale la pena aquí mostrar ciertas similitudes y diferencias que tuvieran dos significativos socialistas marxistas en circunstancias previas a tal evento que, como bien sabemos, estuvo determinado por esa gran tragedia histórica que fuera la Primera Guerra Mundial. Y a tal respecto puede acotarse aquí que ambos protagonistas tuvieron una actitud semejante respecto del análisis de dicha situación previa. Lenin y Mussolini fueron acusados ambos como ‘blanquistas’ y traidores del marxismo por parte de sus camaradas socialistas de la Segunda Internacional. La gran herejía estribaba en no haberse opuesto a la guerra en nombre de tal ideología que la consideraba como una epopeya de burguesías capitalistas en contra de los intereses históricos del proletariado. Ambos sostenían en cambio que lejos de significar un retroceso, la guerra iba a actuar como un factor acelerador del proceso revolucionario y por el contrario iba a debilitar a la burguesía sosteniendo por lo tanto la intervención de sus respectivos países en tal contienda oponiéndose así al pacifismo de sus antiguos camaradas de ruta.

Pero una vez arribados a este punto es donde comienzan las diferencias significativas entre los dos protagonistas históricos. Mientras que Mussolini, fiel a su postura, se enroló como voluntario en la guerra que pregonaba, Lenin en cambio tuvo una conducta en apariencias sorprendente. Se recluyó en un exilio ostentoso, hizo una pausa en su actividad política, acusó a los seguidores que pregonaban acciones de mayor protagonismo como ‘izquierdistas infantiles’ (de allí su famoso folleto, El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo) y para sorpresa de muchos, en vez de enrolarse en la contienda bélica, se puso a estudiar filosofía y específicamente se adentró en los análisis de las obras más filosóficas de Marx y Engels tratando de descifrar sus meandros, comprendiendo a las mismas como una clave para la praxis revolucionaria. Los nuevos filósofos, decía Marx, no debían remitirse a contemplar el mundo, sino abocarse a transformarlo. Y para ello el instrumento apropiado era la dialéctica, es decir aquella disciplina práctica por la cual se trata no solamente de descubrir los conflictos sociales sino de actuar sobre los mismos para estereotiparlos y convertirlos en irresolubles. Por lo tanto la táctica aquí consistía en que luego de haberla promovido desde sus escritos, mantenerse afuera de la guerra, preparar en secreto un ejército de revolucionarios profesionales adiestrados en las sutilezas de la praxis para que una vez que la burguesía y el zarismo hubiesen entrado en una crisis irresoluble, entrar en acción y dar el golpe de gracia para destruirlos, sin descuidar por otro lado de ser necesario de ponerse en servicio de la burguesía del país contra el cual había impetrado combatir. Esto es, utilizar todo lo que estaba a su alcance en función de tal meta última que era la conquista del Estado.

Lejos de tal maquiavelismo y en forma romántica y heroica Mussolini hizo en cambio el culto de la guerra. La misma fue concebida no como un medio sino como una instancia superior, metafísica, como un huracán que remueve las aguas turbias, justamente como una acción contraria al espíritu burgués economicista que busca la paz para saturarse de consumo y de materialismo. Y en tal aspecto consideró que sus antiguos camaradas socialistas eran, por tal rechazo hacia tal instancia superior, también ellos unos burgueses. La guerra fue para él una verdadera catarsis y si se quiere encontrar un punto de partida del fascismo como nuevo movimiento político debe acudirse justamente a tal instancia. Lanzado en lo más duro y áspero de la contienda Mussolini quedó herido de gravedad y estuvo agonizando por varios días en un hospital de campaña recuperándose de sus heridas. Y fue en tal instancia, tal como nos relata el padre Innocenti en su especial obra sobre el catolicismo de Mussolini, en donde se produjo su verdadero cambio y conversión en fascista. Durante su agonía física tuvo simultáneamente una serie de teofanías. Se le apareció la Cruz de Cristo y se sintió como llamado a una gran obra. Más tarde, una vez salido de tal embate trágico y tormentoso y tras el encuentro con Dios, todo en él cambió. Abandonó a su amante hebrea, se casó y por Iglesia con la mujer de su vida, Donna Rachele, constituyendo una familia y quien fuera un ateo agresivo que desafiaba a Dios por no haberlo fulminado como prueba de su inexistencia y habiendo sido además el autor de la novela Los amoríos del cardenal, ya en el poder firmó el Concordato con el Vaticano, puso al catolicismo como religión del Estado italiano y fue más lejos todavía, gracias a este cambio profundo producido por la guerra. Luego de haber sostenido el Estado proletario como ideal de juventud cuando dirigiera el socialista pasquín Avanti no apoyó como contraste el Estado burgués y democrático cayendo así en el juego dialéctico como su contemporáneo Lenin, sino el Imperio, es decir el retorno de Italia al antiguo ideal tradicional del Imperio Romano. Lo cual hizo suspirar al tradicionalista Julius Evola quien en su fundamental texto Sintesi della dottrina della razza (incluido por nosotros como capítulo de la versión castellana titulada La raza del espíritu) consideró que con Mussolini retornaba la antigua raza ario romana que calificaba ahora como la raza del hombre fascista.

El encuentro entre Evola y Mussolini presagiaba grandes proyectos, entre ellos el de dar un paso mayor superando el racismo biológico propio de la otra expresión del fascismo existente en Alemania y de este modo dar el último paso hacia la consumación del retorno a la Tradición. Lamentablemente las revelaciones recibidas por el Duce en el hospital de campaña no fueron suficientes –y esto por supuesto no es dicho por el padre Innocenti- como para percibir que lo sagrado suele manifestarse muchas veces acompañado de aquellos que lo confiscan para sí y distorsionan. Evola alertaba en Imperialismo pagano de lo errado que era subordinar tal instancia superior a la institución eclesiástica, la misma que ya en ese entonces había adherido al liberalismo y a la democracia. Fue justamente el influjo güelfo en el fascismo el que no solamente coartó tal evolución necesaria hacia un racismo espiritual y no biológico, saboteando así el influjo evoliano, mientras que entre bastidores acusaba al gran esoterista como un mago negro para separarlo así de la figura de Mussolini, sino que fue el mismo quien junto a otros sectores modernos impidiera que el Duce pudiese gobernar del mismo modo que un Emperador romano. Fue así como en septiembre de 1943 un Consejo Superior votó ‘democráticamente’ la destitución de su jefe. Nunca un Imperio hubiera admitido un procedimiento similar. El tradicionalismo fue pues a medias debido justamente al influjo güelfo, el movimiento deletéreo de Occidente encargado de desconsagrar al Estado convirtiéndolo en un ente de democracia.

La última etapa de la República Social resulta irrelevante desde el punto de vista de la doctrina. Aplicando ciertas tácticas inútiles como las de querer disputar a los comunistas la hegemonía sobre el movimiento obrero, fue elaborada una famosa Carta de Verona, la que nunca se llegó a aplicar por lo que no puede hablarse de un retorno al socialismo por parte del Duce ante sus fracasos con la burguesía y la Iglesia católica que le clavara el puñal por la espalda. Vale aquí solamente -y no es poco- el espíritu legionario expresado por aquellos que, continuando con el mismo espíritu del Mussolini guerrero, quisieron seguir combatiendo desde posiciones perdidas por el honor y la dignidad.

Mientras Mussolini yacía colgado como una res en una plaza de Milán la herencia de Lenin, quien muriera años antes de cáncer cerebral, seguía un impulso arrollador. Aplicando la dialéctica como procedimiento de acción Lenin, el filósofo, se dejó usar por los alemanes para lograr que Rusia fuese derrotada en la guerra siendo llevado de golpe desde el exilio para hacer la revolución comunista y obtener así el retiro de su país de la contienda. Ya en el poder por ‘táctica’ y aplicando una vez más la dialéctica abandonó el mismo comunismo para adherirse al capitalismo de Estado tal como sigue sucediendo ahora. Y no es casual enterarnos que los güelfos hoy hagan migas con los herederos de Lenin invitando a sus teóricos y ‘doctrinarios’ a dictar conferencias en centrales sindicales, pero eso es ya hablar de otro asunto.

Digamos para finalizar que si bien Lenin y Mussolini quisieron hacer una revolución a partir de una guerra, las mismas fueron radicalmente opuestas. El primero en tanto desdeñó comprometerse en la misma ratificó el espíritu burgués hundiéndolo hasta las miasmas más extremas del materialismo. Fue por lo tanto una revolución por lo bajo, por lo que es menos que la misma burguesía. El segundo, aun habiendo fracasado, fue un intento fallido por superar a la burguesía volviendo a la Tradición pero que sigue siendo válido para recordar y reivindicar.



Marcos Ghio


1/11/17







martes, 31 de octubre de 2017

DE IZQUIERDAS Y DERECHAS

DE IZQUIERDAS Y DERECHAS



En un cierto foro de Facebook se manifestaba que el fascismo no era un movimiento de derecha en tanto que por tal postura había que entender las categorías impuestas a partir de la Revolución Francesa y se nos preguntaba qué otros nucleamientos que se autocalifacaran como de derecha existieron antes de dicho evento. Ésta fue nuestra respuesta. Ahora bien respecto de su inquisición relativa a saber cuándo en la antigüedad se utilizó la palabra derecha como nucleamiento político que permitiera distinguirla de la caprichosa definición relativista impuesta por la Revolución Francesa le contestaré que en la antigüedad no había partidos y con mayor razón tampoco se podía hablar de nucleamientos políticos de izquierda. Nadie tenía necesidad de calificarse como de derecha por la sencilla razón de que se trataba de una cosa normal serlo del mismo modo que no existía ni tampoco ahora un partido de la justicia porque se supone que se trata de un valor y el mismo se predica en manera espontánea sin necesidad de tener que crear al respecto un nucleamiento ad hoc. Ahora bien, es verdad que a veces existieron conatos de izquierda en la misma antigüedad y entendemos por tal la idea hoy impuesta de que la soberanía emana del pueblo y no de lo alto. Se recuerda al respecto la famosa revuelta del Aventino en la antigua Roma por la cual los plebeyos que vivían en tal monte se atrincheraron con la intención de autogobernarse sin los patricios. La misma fue desbaratada con un simple discurso efectuado por Menenio Agripa en donde de manera precisa expuso la concepción organicista del Estado y calificó de sinistra via la decisión asumida por la plebe de ese entonces siendo sinistra la palabra izquierda usada por el latín y conservada por otras lenguas como el italiano y que en la nuestra ha pasado a tener el significado de siniestro. La Revolución Francesa significó el retorno a tal sinistra via y por contraste aquello que antes era una cosa normal asumida por cualquiera, como por ejemplo respirar o caminar, tuvo la necesidad por primera vez en la historia de ser formulado como posición o bando político. Por supuesto que tal sinistra via justamente por lo siniestro de su significado lo ha subvertido todo y así como hoy resulta bueno ser un transgresor también es chic reputarse como de izquierda. Se diría que hoy todo el mundo se reputa como tal o si no lo hace es por timidez como la Alt Right o la nouvelle école de Alain de Benoist que son demócratas y es más hasta disputan con la izquierda convencional para ver quién entre ellos es más democrático, de allí la exaltación del populismo propio de tal pretendida 'derecha' que, insistimos, que no tiene nada de tal cosa pues populismo es izquierda aun más extrema. Por eso sintetizando si decir que no se es derecha es manifestar que no se tiene nada que ver con esta pseudo derecha liberal y materialista desde ya que estoy yo también de acuerdo pero también es lícito poner en evidencia que no se trata propiamente de una derecha en el sentido clásico y tradicional sino de una simple distorsión.

viernes, 13 de octubre de 2017

CUANDO LOS JUDÍOS LITIGAN EN ARGENTINA


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Un hecho importante ha sucedido en la Argentina y del cual acabamos de enterarnos. El periodista de origen judío Pedro Brieger (ver foto) logró condenar al Centro Simón Wiesental por agravio hacia su persona, ya que su representante lo acusó, en ocasión de una nota sobre un hecho ocurrido en Israel, de Judenrat o de Kapó, es decir el término con el que se calificaba a aquellos judíos que colaboraban con los nazis en los campos de concentración. En su defensa el aludido hizo notar que es hijo de dos ex prisioneros de tal campo en Alemania y que por lo tanto tal calificativo lo afecta sobremanera. Nosotros queremos decir que tal sentencia contrasta con la que se nos aplicara años atrás cuando litigáramos contra un periodista de Página 12, en ese entonces propiedad del titular de dicho Centro, el cual había manifestado en un libro que eramos responsables ideológicos de la profanación de tumbas hebreas en la Argentina y alegaba como prueba al respecto que en una conferencia habíamos manifestado que el ex presidente Alfonsín había trasladado la capital del país a Viedma para consumar el plan Andinia, manifestando poseer un video demostratorio. Luego de demostrarse que nunca espresé tal cosa y al no poder tampoco exhibir tal 'prueba' por haberla 'perdido', el juez se amparó para rechazar mi demanda en el argumento de que se trataba de una simple opinión lo que había vertido y que en todo caso quien se tenía que quejar por lo dicho era el ex presidente Alfonsín quien está muerto. Vemos ahora que el criterio ha cambiado, pero la circunstancia se debe a que quien se puede sentir agraviado por una simple opinión puede obtener una sentencia favorable por el hecho de tratarse de un ciudadano judío el cual como vemos goza en la Argentina de privilegios muy especiales y para el cual no rige por lo tanto aquella máxima del Talmud de que "Cuando un judío y un Goi comparecen en una corte absolved al judío." (Babha Kama, 113a),

martes, 10 de octubre de 2017

RAJOY NO ES FRANCO

RAJOY NO ES FRANCO


En un perfecto catalán aprendido desde hace varias décadas en escuelas en las cuales ha sido impuesto como la lengua obligatoria y principal, en sustitución del castellano o español, el actual gobernante de Cataluña de apellido Puigdemont ha repudiado la actitud contraria a su separatismo por parte del gobierno de Rajoy al cual ha comparado con el eminente estadista Francisco Franco. En homenaje al último gran caudillo de España no podemos de ninguna manera aceptar dicha afrenta. Franco, a diferencia de esta parodia que hoy 'gobierna' a nuestra Madre Patria, jamás hubiera permitido la insolencia del aludido hablando, en el ejercicio de una función pública, en una lengua que no fuera la oficial de la propia nación. Lo hubiera inmediatamente mandado a detener por subversivo, y no hubiera obligado a sus gobernados a tener que acudir a los oficios de un traductor para entender lo que el ácrata quería manifestar. Y antes de eso habría prohibido el uso del catalán en las aulas escolares de España permitiendo en todo caso a aquel que quisiese cultivar dicho idioma que hubiese en las escuelas cursos optativos. Menos aun habría aceptado que nuestra lengua oficial hubiese sido reputada como extranjera y en un grado aun inferior al mismo inglés al tener que escuchar en tal idioma colonial la expresión de que Cataluña no es España. Ante semejantes afrentas y otras que se vienen efectuando con una obtusa pasividad por parte del poder central a esta altura del partido queremos decir: ¿qué importancia puede tener que se declare o no la independencia? Se trata de una pura formalidad. Ya es un hecho real que en la práctica Cataluña es un Estado independiente, hasta se ha dado el lujo de desobedecer su fuerza policial a las órdenes emitidas por el poder central de reprimir. Es sólo cuestión de días o hasta de horas que tal hecho se consume. Para detener esto se necesita un gobierno en serio que tome medidas duras y drásticas como sabía hacer el generalísimo.